Naufragio del caudillismo siglo XXI

Si bien el tte. coronel escogió monárquicamente a su sucesor, el grave problema que confronta es cómo transferirle su liderazgo al anodino de Maduro. Ha seleccionado a un genuflexo, cuyos únicos méritos han sido el nivel de docilidad y de compromiso para con el proceso.

Si bien el tte. coronel escogió monárquicamente a su sucesor, el grave problema que confronta es cómo transferirle su liderazgo al anodino de Maduro. Ha seleccionado a un genuflexo, cuyos únicos méritos han sido el nivel de docilidad y de compromiso para con el proceso.


Más allá de las apariencias, la precariedad ideológica tanto de Nicolás como la de Diosdado es terrible


José Rafael López Padrino
/ Soberania.org

Jose_Rafael_Lopez_Padrino_1Históricamente los regímenes nazi-fascistas han promovido un despreciable culto a la personalidad en torno a un mesías-caudillesco. Figura que ha sido equivocadamente asociada a la noción de salvación, de redención emancipatoria, de liberación social y política, así como de esperanza para sus pueblos. Regímenes que lograron supeditar la voluntad de los ciudadanos a los intereses antidemocráticos de los proyectos en el poder. Fueron experiencias nefastas como las vividas en la Alemania nazi y la Italia fascista durante el siglo pasado.

El tte. coronel como buen representante de ese caudillismo facho-mesiánico, había interpretado su liderazgo como signo inequívoco de “escogido por la providencia” para completar la labor inclusa del Libertador Simón Bolívar. Llegó a considerarse invulnerable, eterno, inmortal, y por ende su relevo en el poder era algo impensable. Sin embargo, su inesperada enfermedad lo obligó a reconsiderar su imaginaria inmortalidad y lo forzó a la escogencia de su sucesor: Nicolás Maduro un mediocre exdirigente sindical sin brillo y sin méritos propios. A pesar de que Maduro dista mucho de encarnar los intereses de la revolución militar del siglo XXI que el tte. coronel representa, potencialmente puede garantizar transitoriamente la unidad del PSUV en medio de la profunda conflictividad grupal que se vive en sus filas.

Si bien el tte. coronel escogió monárquicamente a su sucesor, el grave problema que confronta es cómo transferirle su liderazgo al anodino de Maduro. Ha seleccionado a un genuflexo, cuyos únicos méritos han sido el nivel de docilidad y de compromiso para con el proceso. Pero ello no es suficiente para garantizar la transferencia del mesianismo que él logró establecer con importantes sectores de la población venezolana. El endiosamiento del caudillo agonizante pesa como una losa sobre la imagen frágil y vulnerable del delfín escogido.

La falta de liderazgo de Maduro en el seno del oficialismo explica el porqué a pesar de los grandes esfuerzos (financieros, propaganda, victimización, etc.) para apuntalarlo como cabeza visible del neochavismo, su rol como líder debe ser compartido -en contra de su voluntad- con Diosdado Cabello (representante del sector militar) a fin de preservar la maltrecha unidad del fachochavismo. Es evidente que Maduro carece de la figura del soldado listo para el combate, de la del protector del pueblo desposeído y la del líder sobrenatural que fue creada perversamente en torno al vocinglero de Miraflores.

Los movimientos caudillescos-autoritarios, como el fachochavismo son huérfanos ideológicamente y por ende solo se nutren del imaginario popular creado en torno al líder o mesías. Por ello el discurso de Maduro se ha radicalizado, su actitud histriónica se ha hecho más evidente y ha hecho suya la vieja retórica basada en la manipulación social, la generación de odios y exclusiones, etc., a fin de buscar la mayor identidad con el autoritario del Palacio de Misia Jacinta y así garantizar la continuidad del proyecto fachochavista.

Más allá de las apariencias, la precariedad ideológica tanto de Nicolás como la de Diosdado es terrible. Escucharlos hablar dan pena ajena. Ambos, han reducido su mensaje en torno a la fidelidad y lealtad para con el tte. coronel, aunado a la ya desgastada perorata del pasado basada en la mentira, la manipulación, el maniqueísmo y la descalificación. Se trata de una vieja estrategia desarrollada por los regímenes de inspiración fascista, orientada a sembrar el miedo y el odio social y provocar una mayor polarización política en el país.

La historia latinoamericana nos habla de experiencias previas donde los “herederos del poder” no lograron “calzar las botas” del caudillo predecesor. La figura de Perón en Argentina, de Velasco Alvarado en Perú, de Castro en Cuba, et., ilustran el fracaso de los escogidos en equipararse con sus predecesores. Venezuela es un nuevo ejemplo para la historia.

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