Esteban sin renta

Esteban es nadie sin renta petrolera y sin Esteban su revolución es nada.
Desmontando la institucionalidad convencional del Estado, el gobierno transgresor ha hecho de la renta petrolera su más formidable arma para destruirnos y entregar residuos de Nación a sub-imperios de ficción
Víctor J. Poleo Uzcátegui / Soberania.org
Esteban según Laureano
Esteban es nadie sin renta petrolera y sin Esteban su revolución es nada. Salvo no muchos contra-ejemplos (v.gr.: Becas Ayacucho), también en nada devino aquella Gran Venezuela que nunca alcanzamos a ser cuando, engatillada por el Embargo Árabe de 1974, nos ocurriera la primera gran oleada rentista del Siglo XX. Aquella Gran Venezuela, suerte de ignorancia advertida, hizo de esa revolución rentista nuestro primer gran experimento fallido en simularnos grandes. Antes que materializar logros fabulados, la Gran Venezuela nos desnudó por primera vez los grandes daños causados a la Sociedad y a la Economía por gracia de la irresponsable administración de una riqueza no trabajada por nuestro sistema económico; una riqueza que nos es transferida desde economías foráneas que demandan petróleo y no lo tienen; una riqueza cuyas ocurrencias y magnitudes son aleatorias.
Si alguna capacidad predictiva anida en la historia, valga entonces invocarla hoy. En nuestra breve pero intensa historia de apenas cuatro décadas rentistas, revolucionariamente rentistas, es válido afirmar que sin renta petrolera los gobiernos fueron nada o poco más que nada. Por extensión, nada o poco más que nada también lo ha sido Venezuela, ese colegiado propietario de una renta petrolera usurpada por sus gobiernos transgresores. Sin embargo, el pasado se enaniza ante al presente: Esteban materializa una aberrante singularidad histórica y es que los demonios de la renta nunca antes fueron tan criminalmente sembrados a presente, y muy a futuro, como hoy post 2003. En efecto, Laureano dixit: un delirante Esteban nos quiere reducir a la nada, renta mediante, cual si fuéramos conejillos sacrificables en su mediocre nihilismo socialistoide, nihilismo del cual Nietzsche en nada es responsable.
Demonios de la renta petrolera
Una vez más, iniciando el siglo XXI, desatados están los demonios de la renta: inflación y devaluación; paridades varias de la moneda, descapitalización y fuga de capitales; exorbitantes (palabreja de Esteban) deudas internas y externas; desempleo y empobrecimiento; despilfarro y corrupción. Los demonios de la renta son sembradíos de deuda social y, acorde con la enfermiza sabiduría del tándem Metzaros-Giordani, nuestra deuda social es sembradío fértil para experimentar el post-capitalismo, precisamente aquí, en Venezuela. A este criminal experimento hemos llegado hoy porque, en el pasado, las lecciones por aprender no fueron aprendidas por las clases políticas en funciones de gobierno cuando, en su momento, se vieron en presencia de nuevas oleadas rentistas (v.gr.: cuando la revolución iraní seguida de la guerra Irán-Irak en los 80s).
Gobiernos hubo, no obstante, que reincidieron en corregir nuestra grandeza invocando las mismas causas que otrora le dieran lugar y así, predeciblemente sin éxito, idearon varios otros grandes ensayos revolucionarios de la clase El Gran Viraje. De aquellos vientos, estas tormentas. Luego de 35 años eludiendo aprender lecciones, el mediatizado Socialismo del Siglo XXI emerge de la acumulación intolerable de nuestros atávicos males rentistas, males que capitaliza la revolución de Esteban envileciendo, aun más, ese casi 40% de la población víctima de deuda social.
Los nuevos demonios
A diferencia del pasado, sin embargo, sufrimos hoy un experimento inédito en nuestra historia republicana. Arguyendo erradicar los males rentistas -heredados unos y suyos los más-, esta revolución militarista dragonea subyugarnos como Sociedad y aniquilarnos como Economía, renta mediante. La gran misión Energía nos descapitalizó primero (2003) de centenarios e irrecuperables conocimientos petroleros y, alentada por arrebatos habaneros, descoyunta intencionalmente el Sistema Eléctrico nacional, mecanismo cierto para ambientar la desmovilización política de la población. En igual tenor, la gran misión Vivienda despedaza nuestras capacidades de ingeniería constructiva y, a la par, una otra variopinta de misiones habaneras pavimenta el camino a la barbarie, imposible confrontación del cuartel vs. la universidad.
Lo grande de esta revolución rentista radica en desinstitucionalizarnos como Estado para someternos como Sociedad. Dicho de otra forma: se quiere desvenezolanizar Venezuela y fusionarnos en esa misma cosa que es venecuba (Raul dixit, 2004). Para ello, la revolución rentista invierte en reemplazar nuestra Economía por economías de gobiernos amigos, sólo importando que ellos sean liderados (que no conducidos) por mercenarios prestos al sicariato. He allí el guión en progreso, guión cuya autoría post-2003 es en mucho cosecha senil del Ayatolá del Caribe y cuya ejecución es capitaneada por su pro-cónsul en Venezuela, el notariado Alí Rodríguez. Desmontando la institucionalidad convencional del Estado, el gobierno transgresor ha hecho de la renta petrolera su más formidable arma para destruirnos y entregar residuos de Nación a sub-imperios de ficción.
El guión
Así las cosas, los otrora Brasil del hermano Lula (muito obrigado) y la Argentina de la parejita Kirchner (que grande sos vos, ché) son invitados como graciosos proveedores de carne, pollos y huevos, amén de montadores de gasoductos al Sur, puentes, metros e hidroeléctricas (Macagua I y Tocoma). El patético Lutkashenko de Bielorrusia y el ya desaparecido Gadafi fingen fabricar viviendas (Guasimal) y gerenciar plantaciones al Sur del Lago. Los silovikis, hijos de Putin, trasiegan en rampacuatro su juguetería armamentista a las FARC, Libia, Siria e Irán. Los timadores cubanos nos re-venden chucherías eléctricas y médicos de incierto profesionalismo.
China, en fin, se erige sin requerirlo en nuestra nueva metrópolis (la que antes fuera Washington en el imaginario revolucionario) y, a cambio de los grandes yacimientos de crudos extra-pesados del Orinoco, nos facilita un grande y pesado fondo monetario (Washington redivivo). El BCV es reemplazado por FONDEN, una oficina bancaria para la captura impune de la renta petrolera y su delictivo transvase a Miraflores. El guion, en fin, dicta que las clases medias, trabajadoras, profesionales y creativas de Venezuela sean marcadas como objetivo militar y sujetas a pogroms eliminatorios. El guion dibuja una nueva sociedad transmutable en batallón, un hombre nuevo caudillable por el taita rentista.
Desgobiernización de la renta petrolera
Ahora bien, si acaso anhelamos un futuro ajeno a grandes y delirantes venezuelas, urge entonces desgobiernizar la renta petrolera. Y no faltan razones de Estado para ello. La Nación y sus nacionales -nosotros todos- en tanto que propietarios del barril en tierra somos también, en buena doctrina de Estado, los naturales propietarios de la renta petrolera. No existe en los documentos fundacionales de la República mandato alguno que ceda tal propiedad a los gobiernos, tanto como no existe una institución ad hoc que la administre. Gracias a un vacío institucional tal, los gobiernos nos han históricamente usurpado la propiedad de la renta y, para mayor agravio, no pocas veces han beneficiado de su co-propiedad al Capital Petrolero global (Empresas Mixtas). Primus inter pares es el gobierno actual, uno que ha perfeccionado ad nauseam una mala praxis metodológica totemizada en las regalías y los tributos fiscales petroleros, praxis acientífica que vulnera nuestros derechos económicos a la propiedad plena de la renta.
Valga preguntarnos, en efecto, por qué la regalía es 30% del precio del barril en boca de pozo (Ley Petrolera del 2001) y no, en oposición racional, un 29% o un 31%. (pregunte Ud. a los silvascalderones y mommeres). La inútil importancia de la regalía radica en su pretensión de hacer de la renta petrolera una actividad económica tributable al Fisco, cual si fuera un IVA cualquiera, desconociendo que su formación ocurre en economías foráneas y desde ellas nos es transferida por gracia de los precios del petróleo, precios que no dicta Venezuela, precios del único bien transado en los mercados internacionales que es varias veces sus costos in situ. Es por demás vergonzosa la insuficiencia cuantitativa de los tributos fiscales petroleros para justipreciar la renta petrolera. De allí los grandes apuros revolucionarios en presencia de ganancias súbitas del Capital (marzo 2008) y de precios exorbitantes del barril de petróleo (abril 2011). Justamente por ello, sin renta Esteban es nadie.
Consejo de Estado
Todo ello nos conduce a llenar un ya intolerable vacío institucional, no otro que otorgar rango constitucional a un Consejo de Estado para la más sabia administración de la renta. De lo contrario -en ausencia de un debate nacional y de rectificaciones necesarias-, las clases políticas que hoy pugnan por gobernar la Nación en el Siglo XXI mal podrían brindarnos un futuro deseable, un futuro distinto al pasado y al presente. Y no es todo: en un futuro tal vez no lejano subyace una Venezuela privada de nuevas oleadas rentistas. En efecto, la égida de altos niveles de precios post Embargo Árabe (1974) ha previsiblemente activado el reemplazo de las gasolinas de motor, el segmento más preciado del barril de petróleo y quid de la renta petrolera. A la par, y en igual dirección, actúan las fuerzas que privilegian el Ambiente. El Sistema Energía mundial es sujeto de cambios estructurales que focalizan en una disminuida dominancia del petróleo y, por derivación, en una disminuida dominancia de la OPEP.
De allí entonces que, en aras de ocupar espacios en la emergente matriz energética mundial, los factores del poder global dibujen a conveniencia el tránsito a nuevos estados de equilibrio entre la oferta y la demanda de Energía, en particular de los yacimientos de Energía sitos en el Medio Oriente y el Golfo Pérsico ante los mercados crecientes del Asia. Venezuela -que no dicta precios del petróleo y cuyos crudos extra-pesados del Orinoco son de discreta importancia en los mercados internacionales de la Energía-, exhibe una aún más vulnerable posición: ya privada de sus conocimientos petroleros en 2003, sus yacimientos son canjeados a futuro en aras de una artificiosa geopolítica de la Energía. La pregunta sigue latente: quienquiera que suceda al actual taita -este monstruoso Boves de la renta petrolera-, ¿será acaso embrión de un nuevo taita que ambiciona su personalísima gobiernización de la renta petrolera? Ante un desafío de tales dimensiones es obligante un cambio político en Venezuela, solo viable por una clase política gobernante investida de sabiduría y ética.
Enmiendas constitucionales
En apariencia una opción, la enmienda constitucional (art. 341) prefigura los mecanismos para re-institucionalizar la propiedad y administración de la renta petrolera, activables por el consenso de al menos un 30% del universo asambleísta o de un 15% de la población votante. Los siguientes son los artículos en los cuales enfocar un cambio político para la sabia administración de la renta petrolera:
- Hacienda Pública: artículos 226 y 236 numeral 11.
- Actividad petrolera excluyente de capitales privados nacionales: artículo 303.
- Consejo de Estado: artículos 251 y 252.
Cercenando la mano que le da de comer
La cubanería castrista puede ser ducha en invadir y someter pueblos. No por ello, sin embargo, su fin está lejos. Propiciando un Estado fallido para Venezuela, la cubanería cercena la mano que le da de comer, implosiona el secuestro de la renta petrolera por un establo de operadores criollos sin ética ni conocimiento. Ya veremos.
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