La tragedia del movimiento obrero venezolano

Hoy una buena parte de este movimiento se divide entre creer en las promesas de la oposición o en los cuentos de la camarilla militar.

Hoy una buena parte de este movimiento se divide entre creer en las promesas de la oposición o en los cuentos de la camarilla militar.

 
La tragedia del movimiento obrero venezolano: apoyar al gobierno o votar por la oposición

 

Pablo Hernández Parra / Soberania.org

Pablo_Hernandez_Parra_1La clase obrera ha tenido su derrota más grave a lo largo de su existencia, no tanto en la caída de la URSS o del “socialismo chino”, como el no haber podido mantener una continuidad teórica, organizativa y programática en la dirección de sus luchas contra el capital. La infinita división en el seno del llamado movimiento obrero se hizo más evidente cuando el MARXISMO fue convertido en una nueva religión y cada sacerdote reclamó la herencia del Mesías y con ello la supuesta custodia de la verdad revolucionaria. De tal manera que ni siquiera las experiencias históricas han podido ser aprovechadas y aún tenemos la deuda de sacar las debidas lecciones de lo ocurrido al movimiento desde el triunfo de los bolcheviques en 1917.

Esto ha originado el círculo vicioso que se repite inexorablemente luego de las derrotas o efímeros triunfos: cada nueva generación de trabajadores debe comenzar de nuevo a luchar por lo que ya se había conquistado. El ejemplo lo tenemos hoy con el movimiento obrero venezolano, una vez más está luchando por las mismas libertades y derechos por los cuales luchaban los obreros contra Juan Vicente Gómez. Hoy una buena parte de este movimiento se divide entre creer en las promesas de la oposición o en los cuentos de la camarilla militar.

De tal manera que mientras el trabajador como Sísifo en cada momento de su historia tiene que comenzar a recuperar lo que una vez conquistó, la burguesía ha mantenido su cohesión y dirección a lo largo de más de 200 años y ha cumplido con sus objetivos en una interminable lucha contra el trabajo en la cual ha apelado a todas las formas de lucha posibles: legales e ilegales, pacificas, pero también violentas. Lo fundamental es que la burguesía como clase propietaria, con claridad de sus intereses generales, ha mantenido la continuidad de su dominio y control de la sociedad a través de su Estado y formas de gobierno que ha ido modificando por lo menos a lo largo de los últimos 2.000 años.

El modelo de Estado que Hugo Chávez y el ejército han establecido en Venezuela es la coronación del modelo de Estado que ya Pedro Tinoco y Fedecámaras establecían como programa en los años 60 del siglo pasado y que comenzaron a establecer con CAP I y luego con la Reforma del Estado. Fue la época cuando la izquierda en medio de la lucha armada proponía un gobierno popular, democrático y nacionalista o de liberación nacional. Al final la gran mayoría de los partidos y dirigente de la época, desde el PCV y MIR, hasta Bandera Roja y Causa R, han terminado en los brazos del Estado del capital, trabajando o sirviendo de comparsa en sus diferentes gobiernos desde los mismo años 70 del siglo pasado, en un desfile interminables de arrepentimientos, confesiones y autocriticas que aún no terminan.

Hoy, para ironía y tragedia de la historia, los trabajadores afines al gobierno están llamando a la burguesía para establecer planes de producción para recomponer el aparato productivo. Imagínense el retroceso político sufrido por el movimiento obrero cuando uno de esos burócratas, como el Sr. Francisco Torrealba, es miembro principal del Estado Mayor de la Represión, nombrado para ese fin por el otro “obrero y colega en el sindicato del Metro”, Nicolás Maduro. Un “obrero” en el Estado Mayor que administra la violencia de un gobierno que ha enterrado con violencia las conquistas y reivindicaciones de los trabajadores. La farsa de ayer, convertida hoy en tragedia.

Una de las consecuencias ideológicas más nefastas del verdadero legado de Chávez, ha sido enterrar a nivel de conciencia de la población las ideas del socialismo y la revolución. Hay muy pocos ejemplos de cómo un caudillo al servicio de capital haya vulgarizado y falsificado una idea como lo hizo Chávez con el mega fraude del Socialismo Bolivariano o del siglo XXI, o sea, de un socialismo sin contenido de clase. El desastre de las empresas básicas de Guayana y PDVSA, son un ejemplo del accionar “revolucionario” del lumpen militar y de la izquierda “construyendo el socialismo”, y de cómo un grueso sector de los obreros se puso a la cola de un caudillo militar y su camarilla para llevar adelante un supuesto “socialismo” que ha terminado en una verdadera debacle.

Chávez y los militares se disfrazaron de “socialistas”, se pusieron una franela y una gorra roja para llevar adelante el mayor saqueo y estafa cometido en la historia de Venezuela. A lo largo de 16 años el partido militar y el lumpen político de izquierda y derecha que lo acompañan (Ejemplo: Maduro y Ali Rodríguez provienen de la llamada izquierda, pero Jorge Arreaza, Francisco Arias Cárdenas y Diosdado Cabello provienen del anticomunismo furibundo de la derecha) lograron el mayor triunfo ideológico desde que la iglesia y los conquistadores impusieron el idioma y el cristianismo en la sociedad venezolana. Este lumpen superó a los curas y agentes coloniales falsificando la idea del socialismo y del papel de la clase obrera, hasta el punto de que el socialismo se puede realizar a partir del Estado del capital. Y todo este proceso de contrarrevolución que han llevado adelante ocasionado la mayor crisis en todos los órdenes entre la población, lo hicieron a nombre del “socialismo, antimperialismo y revolución”.

Chávez es la continuidad histórica de los planes y objetivos de la burguesía en la época de la globalización. Lejos de ser una ruptura con el Estado venezolano, fue su coronación. El control en propiedad del yacimiento petrolero venezolano y el endeudamiento masivo, con el consecuente final de la soberanía nacional, tales eran los grandes objetivos de la globalización en Venezuela que se cumplieron con pasmosa velocidad en los últimos 10 años.

Hoy el Estado está quebrado, el petróleo privatizado e hipotecado, PDVSA en el suelo, la deuda se transformó en eterna y tenemos a un presidente como un vulgar mendigo (con el perdón de los mendigos) paseando por el mundo, pidiendo prestado, dando lástima propia y ajena, en una acción sin precedente en la historia mundial.

Regalar y pedir prestado es la ciencia financiera del lumpen proletario, escribía Carlos Marx y hoy vemos una vez más lo que significa el modelo de gobierno y el Estado que se mueve en la cabeza del lumpen: Sencillamente la de un Estado forajido, delincuente, paralelo, sostenido exclusivamente en las armas, en la mentira, el fraude y la estafa.

Y el daño ocasionado es aun más grave y continúa con toda impunidad a la vista de todos. Hoy, en el seno del llamado chavismo, ha nacido una corriente con careta “revolucionaria” que tiene el descaro de reclamarse herederos del legado de Chávez acusando a la otra fracción de traicionar el pensamiento del fallecido caudillo. Una farsa mayor es difícil de concebir. Estos “griegos modernos” han armado un Caballo de Troya y pretenden con semejante estafa conseguir compradores en el mercado electoral. Por lo menos los griegos construyeron un caballo y se escondieron en él al contrario a estos “mareados” que cual reyes desnudos pretenden vender su “virginidad revolucionaria”, creyendo que son una creación divina “sin pecado concebida” y como nuevos Mesías, un judío los ha proclamado: El Nuevo Sujeto Histórico.

La definición de un gobierno del lumpen no encierra una burla o una simple figura del lenguaje. Es la descripción de un gobierno de los desclasados sociales, de los parásitos que viven alrededor del Estado, pero siempre del trabajo ajeno. Estos personajes son como el capital: vampiros que se alimenta de la sangre del trabajo ajeno. Estos lumpen y sanguijuelas viven de la Renta Petrolera y su ocupación es exclusivamente al servicio del capital y los patronos. Existen porque la minoría propietaria los necesita y emplea, más no la sociedad.

¿Cuáles bienes y servicios socialmente útiles y necesarios producen o realizan los militares, policías, politiqueros de oficio, importadores con empresas de maletín, gestores o lobistas, intermediarios, diputados y jueces, en fin, todo eso que se llama Estado, gobierno, poderes nacionales, estadales y demás organismo públicos?

Social y productivamente hablando son el cuerpo parasitario de empleados, testaferros, mercenarios, sicarios, payasos al servicio del capital y los patronos con una única función: someter y controlar a las mayorías trabajadoras y asalariadas en beneficio exclusivo de sus amos. En palabras sencillas, el papel de esta banda no es otro que la de proteger los privilegios, propiedad y ganancias de la minoría garantizando a través de los aparatos de coerción, violencia y control ideológico, la seguridad los negocios del capital y su envoltura política llamada “orden constitucional y estado de derecho.”

En Venezuela, para el capital y patronos desde la época de Gómez, esta función y papel de los “empleados públicos” les ha resultado totalmente gratis y fuente de acumulación de capital. Los sueldos y salarios, junto a lo que se roban estos “empleados” es el producto principalmente del trabajador petrolero que produce la Renta y de los millones que pagan impuestos, tarifas y multas, que compones el tesoro nacional, verdadero botín de guerra de esta banda organizada llamada Estado y gobierno venezolano. Y estos “empleados del capital” como administradores de la Renta Petrolera, su papel no es otro que repartir dicha renta entre los diversos sectores del capital nacional y extranjero, de acuerdo al poder de cada uno de ellos dentro de la economía y política.

Como vemos, los patronos tiene a su servicio a una banda delictiva hoy dirigida por militares, policías y políticos, que se pagan y se dan el vuelto, eso sí, luego de enviar el petróleo confiable y seguro al mercado mundial y pagar religiosamente la deuda, la repatriación de capital y las importaciones al capital extranjero. Toda la lucha a cuchillo de hoy desatada entre gobierno y oposición nos es más que la lucha a muerte entre caimanes del mismo pozo por las migajas que deja la renta petrolera. Son las hienas repartiéndose el despojo que han dejado los leones luego del festín.

Ante esta nueva tragicomedia montada por los actores principales del capital, como son gobierno y oposición, en cualquiera de sus presentaciones, los trabajadores y asalariados deben levantar su programa, política y organización autónoma e independiente. Su misión como clase productiva no es luchar por adornar las cadenas del capital que pesan sobre él, ni mendingar los desechos de la renta o buscar una solución a sus problemas apelando al Estado venezolano. El Estado no es la solución porque es parte del problema. Todo trabajador con conciencia de sus intereses, fiel a su condición de clase, debe plantearse el control efectivo y real de la economía y política del país. Si con su trabajo se crea toda la riqueza de la sociedad, es hora de que sus creadores asuman la propiedad y control de todo el proceso trabajo y del producto de dicho proceso.

Asumamos nuestro papel como clase y no como mercancía electoral o carne de cañón de los agentes del capital.

Pablo Hernández Parra | Profesor de la Universidad Yacambú, Barquisimeto, Edo. Lara, Venezuela.
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