El ejemplo que Caracas dio

El símbolo de ese rasgo de primitivismo, la humillación como instrumento estructural del chavismo, es el de Diosdado Cabello armado de un mazo en su programa de TV.

El símbolo del rasgo de primitivismo, la humillación como instrumento estructural del chavismo, es el de Diosdado Cabello armado de un mazo en su programa de TV.

 

El futuro inmediato del país es el de convertirse en un foco de violencia crónica

 

Elizabeth Burgos / Revista Zeta

Elizabeth_Burgos_1La sistemática humillación ejercida por el chavismo le ha impedido construir un contrato social en el que imperara la coexistencia y rompió toda posibilidad de negociación, sin percatarse que desde ese mismo momento, fallaba en su proyecto. Al sustituir la democracia por una dictadura y ante el evidente estupor de los hermanos Castro, los venezolanos de todas las categorías coincidieron en la defensa de la democracia.

En víspera de la que se espera constituya un momento crucial de la fase histórica que vive el país, la Toma de Caracas este jueves 1º de septiembre que la MUD convocó para exigir el respeto del derecho constitucional de la celebración del referéndum revocatorio, según declaraciones de integrantes de la MUD, eran el “comienzo de una nueva etapa que definirá la determinación irreversible de la gente para exigir de manera organizada, pacífica y en la calle que se le respeten sus derechos, en especial el referéndum revocatorio” que el Consejo Nacional Electoral trata de impedir. La Toma de Caracas marcó el comienzo de una nueva dinámica en la lucha política por el retorno a la democracia.

El motivo y la consigna de la movilización eran claras: respeto de la Constitución con el objeto de ponerle término a un gobierno, cuyo objetivo es la destrucción del orden existente para darle paso al “mar de la felicidad” según el modelo que impera en Cuba. No se puede negar que no lo haya logrado, y de manera inaudita en la historia del mundo. Se rechazó la imitación servil del modelo isleño que instaló el hambre y la penuria en un petro Estado y en un tiempo récord en ello sobrepasó a Cuba, en donde el hambre y la penuria que hoy se vive en Venezuela era la norma. Ella apareció en Cuba al cabo de 20 años de castrismo, cuando la URSS desapareció y dejó de mantener la economía de la isla.

Tal vez, lo que no se esperaban los hermanos Castro en su voluntad de destruir el orden institucional existente en aras de construir el paraíso comunista, fue que contrariamente al logro castrista de crear un Estado fuerte, centralizado, absolutamente controlado por los hermanos Castro, ocurriera que en lugar del surgimiento de un paradigma nuevo, lo que se logró fue la descomposición del Estado, que a la par del debilitamiento de las instituciones, dio paso al surgimiento de una sociedad que se habitúa a vivir en un estado de guerra latente y en la que la delincuencia es un hecho banal. Una sociedad sometida a la dinámica de la delincuencia corre el peligro, si ya no es un hecho consumado, de convertirse en organización social en la que los límites de lo legal e ilegal se borran. Si a ello se agrega el ejemplo que da la cúpula dirigente, manifiestamente organizada en mafia delincuente, el futuro inmediato del país es el de convertirse en un foco de violencia crónica.

Los hermanos Castro seguramente pensaron que era suficiente el control que ejercería la presencia militar y el aparato de seguridad cubanos sobre el Estado venezolano. Habituados al ejercicio totalitario del poder, no tomaron en cuenta la huella que ha dejado la democracia en los venezolanos. El derrumbe de las instituciones democráticas generó un caos generalizado, en lo social y en lo económico.

Además del móvil político, en la Toma de Caracas se percibe una dinámica subjetiva, una demostración de un sentimiento que el tiempo necesario en la búsqueda del camino pacífico del regreso a la democracia, obligó a la disidencia democrática a silenciar. Lo que se nota, es el resarcirse de la humillación a la que han sido sometidos los demócratas desde que accedió al poder el teniente-coronel Hugo Chávez, que ungido por un sentimiento de resentimiento, utilizó como método de gobierno, el uso sistemático de la humillación. Desde la figura sádica de amenazar con freír en aceite las cabezas de los adecos, pasando por la expulsión de los miles de técnicos y gerentes de PDVSA, son ejemplos que ilustran el método.

Chávez en lugar de buscar construir un contrato social en el que imperara la coexistencia, rompe toda posibilidad de negociación, sin percatarse que desde ese mismo momento, declara la guerra, que es una forma de paroxismo, y falla en su proyecto. De hecho, el proyecto castro-chavista falló desde la primera fase de su gobierno. Se quiso repetir la gesta de Fidel Castro que llegó al poder mediante el derrocamiento de Fulgencio Batista, pero Chávez lo logró mediante elecciones. Al prestarse a la dinámica de la democracia, aunque lo hiciese de manera instrumental, el proyecto de revolución radical, estaba destinado al fracaso.

En Chávez, la idea de imponer una manera de pensar, de tener como fuente de inspiración las categorías de la Guerra Fría, que pese al empeño del PCV, del MIR, de las guerrillas en los años 1960-1970 nunca lograron formar parte del imaginario de la mayoría de los venezolanos y regentar el país a contracorriente de la Historia, bloqueó su empeño de cambio radical de sociedad. La división simplista entre ricos y pobres, en particular, el uso radical de la exclusión, le impidió ver la diversidad de exigencias de la sociedad, la diversidad de actores que la integran, en particular en un país sometido a una acelerada fase de modernidad: un siglo de economía petrolera y casi medio siglo de régimen democrático, significan mucho. Influenciado por el simplismo de análisis castrista, el chavismo intentó poner en marcha un proyecto político basado en la idea simple que en Cuba funcionó debido a la manera de toma del poder y a aspectos históricos, como es su relación ambivalente con EE.UU.

En lugar de cambio social, el chavismo generó un sistema de poder oligárquico, más cercano al que existió bajo la monarquía española, que al que se ha ido construyendo desde el advenimiento de la República. Proceso que el gran historiador Germán Carrera Damas ha plasmado en su muy amplia obra histórica. Para Carrera Damas, la fase suscitada por la irrupción de Chávez en el panorama histórico de Venezuela, corresponde a una crisis o a una fase de la democracia.

Fase que, como lo hemos visto, ha logrado que coincidan en la defensa de la democracia, categorías sociales que no lo hacían en un mismo espacio. Hoy, al igual que en las tragedias griegas, todas esas categorías constituyen el coro que clama al unísono. Han percibido que la capacidad de funcionamiento de un sistema social, radica en su poder de organizar la coexistencia entre individuos. La definición de una sociedad se basa, precisamente, en la idea de la coexistencia. Todo atentado contra la coexistencia (Durkheim dixit) constituye en sí una patología. El fin de la coexistencia significa caer en la violencia.

Volviendo al hilo de la humillación como instrumento estructural del chavismo, el símbolo de ese rasgo de primitivismo es el de Diosdado Cabello armado de un mazo en su programa de TV en el que se dedica a la humillación sistemática de los opuestos al autoritarismo de la oligarquía reinante. Si en 16 años de poder absoluto, de enriquecimiento desmedido, desde la altura de su poder, se dedica de manera sistemática a romper la convivencia social, en lugar de favorecerla, significa que todavía no ha logrado sobrepasar el resentimiento que parece lo ha caracterizado, lo que demuestra la dimensión patológica de su personalidad. Patología de la que también sufren muchos de los personajes que integran la oligarquía creada por Chávez.

La humillación verbal como propiedad instrumental, Chávez la usó y abusó de ella con toda categoría de personas. La evolución de las circunstancias ha hecho que la humillación se practique en la fase de Maduro a nivel físico, como es el caso de las vejaciones a las esposas que van a visitar a los maridos presos políticos, la práctica de la tortura a los presos políticos, la siembra de pruebas falsas en los montajes de los expedientes para condenar injustamente, etc., etc. Nada nuevo en materia de represión a la cubana.

En Venezuela se ha llegado a un límite, se percibe que la sociedad ya no da más, que aún los más comedidos de la oposición, han comprendido que no obtendrán nada de una oligarquía dispuesta a defender el poder a como dé lugar.

Según declaraciones de responsables de la MUD, la Toma de Caracas ha sido el comienzo de una fase de movilización masiva y constante: ¿será el ejemplo que Caracas dio? (Revista Zeta No. 2065, 03/09/2016)

Elizabeth Burgos | Especializada en etnopsicoanálisis e historia.
• Artículos recientes de Elizabeth Burgos
• Artículos anteriores (2008-2011) de
Elizabeth Burgos
• E-mail: eburgos@orange.fr

Leave a Comment

Complete la operación * Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.