De La Habana a Villa Rosa

Villa Rosa fue una campanada de lo que les espera de seguir aferrándose a un poder que ya no tienen y una muestra del poder de “la calle”.

Villa Rosa fue una campanada de lo que les espera de seguir aferrándose a un poder que ya no tienen y una muestra del poder de “la calle”.

 

Esta es una lección que deberían estudiar los chavistas

 

Alfredo Michelena / El Nuevo País

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Las FARC se sentaron a negociar con el Gobierno de Juan Manuel Santos cuando entendieron que de seguir la guerra serían barridos del mapa. La política de Seguridad Democrática del presidente Álvaro Uribe los obligó a ir a la mesa de negociaciones. Esta fue una jugada muy bien pensada de los faracos que hubieran perdido la guerra o al menos habrían sido reducidos a ser un grupo insignificante.

Las negociaciones de La Habana les brindan a las FARC y a sus líderes excelentes condiciones para continuar su vida política en Colombia. Muchos creen que son demasiadas. En todo caso son muchas más de las que podrían haber logrado en unos años más de guerra cuando su fuerza se habría diezmado aún más. Sus líderes no irán a la cárcel y sus penas serán de máximo 8 años, con penas sustitutivas que no suponen cárcel, sin inhabilitación política y sin extradición a EE.UU. Las FARC mantienen su inmensa fortuna -se estima un ingreso de un millardo de dólares al año solo por narcotráfico. Y como si no fuera poco, los faracos tienen como retaguardia la frontera venezolana donde ahora estarán sus aprestos, armas, hombres y dinero, para apoyar la paz o la guerra si es que esta vuelve. Y de paso apoyar al chavismo venezolano.

Esta es una lección que deberían estudiar los chavistas. Ellos también están perdiendo la “guerra” a pasos agigantados.  Y si tienen vocación política deben salir del síndrome del perro que muerde y no suelta aunque muera en el intento. Cada día que pasa la oposición crece y la gente está más dispuesta a salir a la calle a demostrarlo –1S. Ellos tienen el poder de fuego y el formal de las instituciones que han capturado, pero casi 9 de 10 venezolanos quieren que se vayan. Y al final se tendrán que ir. El problema para ellos es definir cuándo. Y esto es el dilema de Maduro, quien además llegó por carambolas al poder y tampoco es el líder del chavismo que puede imponer una salida a todos. Por ahora los une el terror de perder el poder.

Deben entender que cada día que pase saldrán del poder en forma más precaria. No es lo mismo una negociación que un armisticio. Y la diferencia es el tiempo y en qué condiciones quieren salir de ese hueco donde han caído. Eso lo entendieron las FARC.

Villa Rosa fue una campanada de lo que les espera de seguir aferrándose a un poder que ya no tienen y una muestra del poder de “la calle”. Es preferible una salida anticipada, negociada, que tener que salir repartiendo golpes. Las cacerolas también ponen a correr a los dictadores.

Alfredo Michelena | Sociólogo, Msc Economía (London), diplomático, columnista , articulista de la revista Zeta y editor de Diplodemocracia.
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