|
Venezuela:
La re-nacionalización de PDVSA
Aram
Aharonian / ALAI,
América Latina en Movimiento - 06/01/03
La alta gerencia de la estatal venezolana Petróleos
de Venezuela (PDVSA) se presentó siempre como la cima de
la eficiencia, la eficacia y la pulcritud en el manejo de una empresa
pública. Sólo ellos, decían, podían
manejar un negocio tan complejo. Pero así le fue
a Venezuela. Falta develar muchos misterios que aún permanecen
en la caja negra de contabilidad de PDVSA, un Estado dentro del
Estado. Hoy el gobierno está dispuesto a abrir esa caja negra
para dejar al descubierto las enormes cantidades de dinero estafadas
a la nación y los groseros privilegios acumulados por esta
autocalificada "meritocracia petrolera", además
de la compleja red de intereses que han desarrollado en el marco
de la denominada terciarización y de sus relaciones non sanctas
con transnacionales y proveedores extranjeros.
Esta
"meritocracia" fue propulsora del golpe
de Estado de abril y del saboteo de la principal industria y
principal fuente de ingresos fiscales, poniendo en peligro la salud
de la economía -y de los venezolanos- y el futuro del país.
Pero
ha llegado la hora de reconquistar la industria, de renacionalizarla,
de ponerla al servicio de la seguridad integral de Venezuela y de
quienes la integran, señaló el presidente de la empresa
-y ex secretario general de la OPEP- Alí Rodríguez
Araque. El 2003 será el año de la reestructuración
total de la empresa y de su renacionalización. Y
dentro de la reestructuración estará la reformulación
de los sistemas de distribución interna del combustible (formación
de cooperativas de camiones cisternas), y la provisión de
bienes y servicios de empresarios nacionales a PDVSA, que en 2002
los compró por ocho mil millones de dólares en el
exterior, de empresas transnacionales y socias de su gerencia mayor.
De
los 33 mil empleados que tiene la estatal venezolana, seis mil son
parte de la alta gerencia y del nivel de supervisión que
forman parte de la burocracia residenciada en Caracas, con salarios
estrafalarios y cuyo costo es de mil millones de dólares
al año. Noventa gerentes fueron despedidos ya, y muchos otros
se quedarán sin trabajo y quizá pasen a la justicia
penal por actos de sabotaje. Pero este gobierno siempre se ha caracterizado
en darle otra oportunidad a la gente: así sucedió
en abril (y quizá éstas sean las consecuencias), y
ahora intentará no perder mucho de este capital humano que
con tanto esfuerzo y dinero ha formado.
Todo
el poder
Lo
que preocupa de esta huelga
petrolera, es que de triunfar se estaría institucionalizando
un poder político tan gigantesco en manos de la gerencia
de PDVSA, que no sólo les permitiría poner y quitar
presidentes, sino de hecho, dominar el país.
Debo reconocer que me aterroriza siquiera pensar en una PDVSA privatizada,
para que los dueños de la empresa pasen a ser los amos y
señores de Venezuela.
Esta
ofensiva va mucho más allá de Chávez, y parte
del plan es la consolidación del poder político de
la autollamada "meritocracia"
de PDVSA, que sería incluso superior a la que tuvieron los
militares durante las dictaduras en el Cono Sur.
Este
movimiento subversivo desatado en Venezuela ha llamado la atención
de los gobernantes de las Américas. Y como después
de la era de las dictaduras militares las legislaciones nacionales
y regionales se blindaron con leyes y disposiciones contra cualquier
intento por romper el hilo constitucional o cometer asesinatos de
lesa humanidad, es necesario estudiar la forma de adelantar
una legislación que sea también dura con el personal
petrolero que utilice a la empresa como instrumento político,
La
estrategia del alboroto constante, los insultos y las amenazas lanzadas
permanentemente a través de los medios de comunicación
fue esbozada para evitar cualquier reflexión sobre este tema.
El
mercado, el poder
Venezuela
es un objetivo importantísimo del capital petrolero internacional.
Sus reservas no convencionales en la Faja del Orinoco son comparables
en volumen y reservas probadas mundiales de crudos convencionales
en Arabia Saudita (270 mil millones de barriles). "Para
controlar a Venezuela es necesario intervenir militarmente en Colombia",
señaló el senador norteamericano P. Coverdell, al
apoyar la implementación del Plan Colombia.
En
el panorama geopolítico actual, quien domine las reservas
petroleras no solo domina la economía sino también
el ámbito militar global, ya que hasta ahora no se vislumbra
una fuente alternativa de energía. Y las reservas petroleras
bajo dominio de los principales países consumidores -de acuerdo
a datos de la Agencia Mundial de Energía- solo garantizan
abastecimiento para un plazo promedio de cinco años, al ritmo
de la demanda actual: dos terceras partes de las reservas globales
se encuentran en los espacios controlados por la coalición
de estados miembros de la OPEP. No por casualidad el golpe
de abril y el intento de diciembre intentaron sacar a Venezuela
de esta coalición tercermundista.
Toda
esta situación ha convertido a los yacimientos, oleoductos,
refinerías, almacenes, puertos, embarcaderos, llanaderos,
vías marítimas y vías internacionales de transporte
comercial en entes sobre los que desde ahora recae el esfuerzo militar
del Estado venezolano. La Fuerza Armada ha comprendido
que la política de defensa nacional debe salvaguardar los
puntos críticos de la actividad petrolera, palanca fundamental
para el logro de la necesaria libertad de acción, o sea,
la soberanía nacional.
Datos
y cifras que asombran
Mientras
la producción se elevó de 1990 a 1998 en tan solo
50%, los costos se elevaron en un 175%.
Por cada dólar que invierte Shell recibe 14, mientras que
PDVSA recibe 7, Texaco y Exxon 13. La distancia entre costo
de producción por barril (14 dólares) y precio internacional
de barril se ha hecho tan estrecha que pronto no iba a ser rentable
la empresa, dejándola en condiciones de venderla al mejor
(o peor) postor.
Durante
años la alta gerencia de PDVSA cacareó sobre la internacionalización
de la empresa, diseñada para tener capacidad de refinación
de los crudos pesados venezolanos (aunque en la realidad los crudos
que se envían son livianos), pero solo ha servido para producir
una transferencia de renta petrolera al exterior. Estas empresas
no son auditadas por la central de PDVSA. Los aportes patrimoniales
de la estatal venezolana a sus refinerías en el exterior
rondan los 2.500 millones de dólares, pero lo que realmente
se ha comprado son activos desfasados tecnológicamente y
en graves dificultades financieras, verdadera chatarra tecnológica.
El costo de lo invertido allí impidió la construcción
de un millón de viviendas en el país, un sistema nacional
de transporte ferroviario y suburbano, 50 hospitales y dos refinerías
en Venezuela, de configuración adaptada a sus crudos pesados.
Con
la supuesta intención de disminuir costos, actividades fundamentales
que antes eran hechas por la misma empresa, pasaron a manos de terceros,
por ejemplo la informática-administrativa,
el relevamiento geoespacial de los yacimientos (que acarrea también
un problema de soberanía, ya que es el instrumento para la
cuantificación y la calificación de reservas de crudos
y de gas). Así se desnacionalizó la información
que califica como secreto de Estado ofreciéndolas
a la norteamericana Intesa-SAIC y la alemana Schuymberger-Geoquest.
El Comisario de PDVSA denunció en 2001 que Intensa realizó
cobros indebidos por 55 millones de dólares, pero la gerencia
superior decidió aceptar un reintegro de apenas 2,2 millones.
Los
ingresos fiscales han ido en franco descenso y con ello los aportes
a la educación, la salud, la infraestructura, la agroindustria,
la ciencia y la tecnología del país. Los costos operativos,
la llamada siembra del petróleo en el petróleo
mismo, se han elevado escandalosamente. En el año
2000 la factura petrolera consolidada fue de 50 mil millones de
dólares, y mientras el Estado venezolano recibía solo
10 mil millones de dólares (el 20% del total), los
restantes 80 mil millones (80%) correspondían a los denominados
costos operativos y la transferencia de rentas al capital petrolero
internacional. En los años 80, un 70 por ciento iba al fisco
y apenas el 30% correspondía a los gastos operativos: la
meritocracia operativa logró revertir la relación
en detrimento del colectivo.
Mientras
cada empleado de PDVSA le produce anualmente un promedio de 777
mil dólares, los de Exxon producen en promedio 1.800.000
dólares, los de Shell 1.600.000, los de Texaco 1.900.000
y los de BP-Amoco "apenas" 1.300.'000 dólares.
Estas empresas tienen una producción promedio de 1.690.000
dólares por empleado. ¿Qué pasó
entonces con la "meritocrática" gerencia de PDVSA?
Cada dólar de activo le produce a la estatal venezolana 0,72
centavos, pero los de Exxon rindieron 1,34, los de Shell 1,41, Texaco
1,34 y BP-Amoco 1,09.
Peor
que cualquiera en la región
PDVSA
encabezaba el ranking de los mayores empresas de América
Latina para el 2000, con ventas por 52.234 millones de dólares.
Pero cuando se ordenan las empresas regionales por rentabilidad,
Petroecuador aparece de primera, con un porcentaje de 57,9, seguida
por Pemex Exportación y Producción (18,8%). Petrobras
aparece en la posición 18 con un 14,8% y PDVSA en
la 24, con 13,2%.
En
el renglón "utilidad por ventas",
la segunda es Petroecuador con 85%, Petrobras aparece en la posición
32 con un 20% y PDVSA recién asoma en la penúltima
posición, la 49, con 13,7%. En otro relación, la de
"retorno por patrimonio", Petroecuador es la número
dos con 70,7%, Petroperú está en la sexta posición
con 50,3%, Petrobras en la duodécima con 39,9%, Ecopetrol
en la 28 con 25% y en el último lugar del ranking, en
el puesto 50 aparece PDVSA con apenas 19,2%. Cabe destacar que todas
estas empresas son estatales.
| |
|
Arriba |
 |
Portada |
|