|
Un
2003 con olor a petróleo y pólvora
Elson
Concepción Pérez / Granma
(Cuba) - 11/01/03
Llegamos
al año 2003 y el olor a pólvora se incrementa en la
zona del Golfo. Tras el petróleo, cual imán seductor,
se lanzan intereses imperiales en una cruzada belicista patrocinada
por Washington y apoyada por Londres.
A
estas alturas, a nadie le quepa la menor duda de que la obstinación
de Estados Unidos por lanzar una guerra de agresión contra
Iraq no tiene que
ver en lo absoluto con la posible presencia de armas de exterminio
masivo en aquella nación ni con la labor de los inspectores,
ni siquiera con el presidente Saddam Hussein.
La
meta se llama petróleo y el gobierno de Bush, asesorado por
los más cercanos halcones
del Pentágono, solo fija su mirada en la perspectiva
de controlar el crudo iraquí, lo que equivaldría a
las mayores reservas mundiales.
El
mandatario estadounidense ha proclamado que la seguridad
energética es la clave de su política exterior,
y para ello el Departamento de Energía alertó que
la demanda mundial de petróleo se incrementaría en
un 61% en los próximos 25 años, período en
que la dependencia de Estados Unidos del energético extranjero
aumentaría del 55 al 68%.
Con
ese pronóstico, la mayor economía mundial y el Gobierno
de la potencia que se erige dueña del mundo
unipolar, concibe la guerra contra Iraq como la alternativa propicia
para anclarse en el Golfo y desde Bagdad extender sus tentáculos
hacia esa región, incluyendo a zonas más alejadas
como las del Mar Caspio, donde ya se elaboran y ejecutan planes
iniciados con la agresión e invasión a Afganistán
y la presencia norteamericana en repúblicas asiáticas
de la ex Unión Soviética.
Los
estrategas de la administración Bush definen cuatro zonas
geográficas como fundamentales para el suministro de petróleo
y gas natural, donde se incluyen, además de Arabia Saudita
y la zona del Golfo, la zona del Caspio, África y América
Latina.
Larry
Lindsey, quien fuera hasta hace poco asesor económico del
presidente George W. Bush,
justo al abandonar el cargo en diciembre pasado aseguró que
"un cambio de gobierno en Iraq podrá sumar entre
tres y cinco millones de barriles de petróleo, por lo que
una exitosa culminación de la guerra sería bueno para
la economía", según aparece en la revista
británica The Economist.
Sin
embargo, dentro de los propios Estados Unidos hay analistas y expertos
que enfatizan en cuanto a que "esa guerra pondría
en riesgo el centro de producción petrolera más grande
del mundo", además de que "los
costos de la contienda serían una grave amenaza, no solo
para la economía estadounidense, sino mundial".
El
Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales,
con sede en Washington, dio a conocer un documento en que se señala
que una guerra contra Iraq acumularía un costo hasta el 2004
que oscila entre 55 000 millones de dólares (si la guerra
es breve y exitosa) y 120 000 millones (si el escenario se complica).
Por
otra parte, la inminente agresión a Iraq, elevaría
los costos del barril de petróleo entre los 40 y los 80 dólares,
algo desastroso para las economías nacionales, e, incluso
para la de Estados Unidos.
Según
la tesis del vicepresidente norteamericano, Richard
Cheney, su país enfrenta la más seria
carestía de energía desde los embargos de petróleo
de los años setenta, y en los próximos 20 años
debe importar dos de cada tres barriles de crudo, lo que la convierte
en una nación muy dependiente de otras naciones que "no
siempre tienen a Estados Unidos en el corazón",
léase gobiernos no afines con la política imperial
de Washington.
En
este contexto, vale decir que el 55% de las importaciones estadounidenses
de crudo provienen de cuatro países: 15% de Canadá,
14% de Arabia Saudita, 14% de Venezuela y 12% de
México.
El
vicepresidente Cheney, quien parece llevar la voz cantante en lo
que respecta a la política energética de Estados Unidos,
calculó en su más reciente informe que los países
petroleros del Medio Oriente y el Golfo, y en especial Arabia Saudita,
continuarán siendo clave en el suministro de crudo al territorio
norteamericano, que en los próximos 25 años duplicará
sus importaciones del Golfo Pérsico.
Entonces,
no existe la menor duda de cuál es el objetivo de una guerra
contra Iraq.
El
petróleo, que equivale a seguridad energética para
Estados Unidos, es el camino hacia el que conducen los proyectiles,
cohetes, bombas y demás medios de guerra y muerte que ya
el imperio concentra en las cercanías de Iraq, esperando
que el emperador Bush
de la orden de ataque...
| |
|
Arriba |
 |
Portada |
|