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Caracas / Venezuela - Martes 1/04/03
 
 

Un 2003 con olor a petróleo y pólvora
Elson Concepción Pérez / Granma (Cuba) - 11/01/03





Llegamos al año 2003 y el olor a pólvora se incrementa en la zona del Golfo. Tras el petróleo, cual imán seductor, se lanzan intereses imperiales en una cruzada belicista patrocinada por Washington y apoyada por Londres.

A estas alturas, a nadie le quepa la menor duda de que la obstinación de Estados Unidos por lanzar una guerra de agresión contra Iraq no tiene que ver en lo absoluto con la posible presencia de armas de exterminio masivo en aquella nación ni con la labor de los inspectores, ni siquiera con el presidente Saddam Hussein.

La meta se llama petróleo y el gobierno de Bush, asesorado por los más cercanos halcones del Pentágono, solo fija su mirada en la perspectiva de controlar el crudo iraquí, lo que equivaldría a las mayores reservas mundiales.

El mandatario estadounidense ha proclamado que la seguridad energética es la clave de su política exterior, y para ello el Departamento de Energía alertó que la demanda mundial de petróleo se incrementaría en un 61% en los próximos 25 años, período en que la dependencia de Estados Unidos del energético extranjero aumentaría del 55 al 68%.

Con ese pronóstico, la mayor economía mundial y el Gobierno de la potencia que se erige dueña del mundo unipolar, concibe la guerra contra Iraq como la alternativa propicia para anclarse en el Golfo y desde Bagdad extender sus tentáculos hacia esa región, incluyendo a zonas más alejadas como las del Mar Caspio, donde ya se elaboran y ejecutan planes iniciados con la agresión e invasión a Afganistán y la presencia norteamericana en repúblicas asiáticas de la ex Unión Soviética.

Los estrategas de la administración Bush definen cuatro zonas geográficas como fundamentales para el suministro de petróleo y gas natural, donde se incluyen, además de Arabia Saudita y la zona del Golfo, la zona del Caspio, África y América Latina.

Larry Lindsey, quien fuera hasta hace poco asesor económico del presidente George W. Bush, justo al abandonar el cargo en diciembre pasado aseguró que "un cambio de gobierno en Iraq podrá sumar entre tres y cinco millones de barriles de petróleo, por lo que una exitosa culminación de la guerra sería bueno para la economía", según aparece en la revista británica The Economist.

Sin embargo, dentro de los propios Estados Unidos hay analistas y expertos que enfatizan en cuanto a que "esa guerra pondría en riesgo el centro de producción petrolera más grande del mundo", además de que "los costos de la contienda serían una grave amenaza, no solo para la economía estadounidense, sino mundial".

El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales, con sede en Washington, dio a conocer un documento en que se señala que una guerra contra Iraq acumularía un costo hasta el 2004 que oscila entre 55 000 millones de dólares (si la guerra es breve y exitosa) y 120 000 millones (si el escenario se complica).

Por otra parte, la inminente agresión a Iraq, elevaría los costos del barril de petróleo entre los 40 y los 80 dólares, algo desastroso para las economías nacionales, e, incluso para la de Estados Unidos.

Según la tesis del vicepresidente norteamericano, Richard Cheney, su país enfrenta la más seria carestía de energía desde los embargos de petróleo de los años setenta, y en los próximos 20 años debe importar dos de cada tres barriles de crudo, lo que la convierte en una nación muy dependiente de otras naciones que "no siempre tienen a Estados Unidos en el corazón", léase gobiernos no afines con la política imperial de Washington.

En este contexto, vale decir que el 55% de las importaciones estadounidenses de crudo provienen de cuatro países: 15% de Canadá, 14% de Arabia Saudita, 14% de Venezuela y 12% de México.

El vicepresidente Cheney, quien parece llevar la voz cantante en lo que respecta a la política energética de Estados Unidos, calculó en su más reciente informe que los países petroleros del Medio Oriente y el Golfo, y en especial Arabia Saudita, continuarán siendo clave en el suministro de crudo al territorio norteamericano, que en los próximos 25 años duplicará sus importaciones del Golfo Pérsico.

Entonces, no existe la menor duda de cuál es el objetivo de una guerra contra Iraq.

El petróleo, que equivale a seguridad energética para Estados Unidos, es el camino hacia el que conducen los proyectiles, cohetes, bombas y demás medios de guerra y muerte que ya el imperio concentra en las cercanías de Iraq, esperando que el emperador Bush de la orden de ataque...


 
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