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Los
Sofismas Tecnológicos de los Custodios de Intesa
Anónimo
/ Soberanía.info
- 02/02/03
"Este ha sido un país muy peculiar, muy
contradictorio, muy impredecible, muy sin esqueleto. El día
que se escriba la historia de los venezolanos con la riqueza petrolera
eso va a ser espantoso." Arturo U. Pietri
Ajuste de Cuentas
La
semana pasada dos directivos y un abogado de Intesa, defendían
en un programa de TV -moderado por Napoleón Bravo- algunos
de sus actos frente a la situación nacional. Resultó
sorprendente escuchar como justificación de su negativa a
entregar las claves de acceso a los sistemas, que las mismas son
de naturaleza personal.
Tal
excusa es carente de buena lógica, al igual que la comparación
que los mismos hicieron, a efectos de explicar en forma simple,
que las supuestas claves personalizadas de Intesa son equivalentes
a las claves que comúnmente cada ciudadano posee. Estas últimas
provistas por corporaciones bancarias para que el usuario maneje
su propio dinero a través de algún sistema de telecajero
automático o semejante.
Sostenemos
que tal similitud es absurda porque se deja de lado el hecho más
importante del fenómeno, el bien que se protege.
Uno es propiedad de la nación y el otro del individuo en
sí. La información y otros recursos que la
gente de Intesa debía proteger no les pertenece, sino que
fueron contratados para manejarla, operarla y cuidarla en nombre
de Venezuela. Las claves de acceso resultan entonces ser
solamente instrumentos de protección del bien. Dicho de otro
modo, un medio, no un fin.
Por
otra parte, hay que recordar que la tecnología actual permite
emplear dispositivos biométricos como mecanimos del proceso
de "autenticación"(*). Todo ello aspira a permitir
que los sistemas telemáticos puedan determinar, bajo un nivel
aceptable de confianza, que el usuario con el cuál van a
tratar es realmente quién dice ser.
Según
los académicos Kaufman, Perlman y Speciner, los mecanismos
de autenticación se dividen en aquellos que examinan "lo
que ud. sabe", "lo que ud. posee" o, "lo que
ud. es". Los primeros tradicionalmente preguntan algo y de
la respuesta depende se permita acceder al sistema completo y, en
consecuencia, al bien que se asegura. Los segundos, esperan que
ud. haga del conocimiento del sistema, algo de lo que dispone y
le identifica unícamente, por ejemplo una tarjeta magnética
especial. Los últimos operan con base a características
físicas del usuario, como pueden ser la naturaleza orgánica
de su retina, su voz o sus huellas dactilares.
Ninguno
es perfecto, todos son factibles de trampear, incluso cuando se
combinan entre sí. Sim embargo los últimos son más
complicados de vencer y además de mayor coste. Ahora bien,
generalmente aquellas instituciones que demandan mayor seguridad
aplican mayor sofisticación tecnológica en sus sistemas
de protección. Pueden invertir más dinero en herramientas
y mecanismos de seguridad. Es por ello que tradicionalmente la biometría
se emplea en ciertas instituciones militares, gubernamentales o
de alta investigación tecnológica. Sin embargo, no
conocemos reportes de casos en que algún efectivo militar,
empleado gubernamental, o científico, haya apelado a que
su voz, ojo, o mano son "personales" y en consecuencia
haya negado el acceso a la corporación que le emplea o al
estado para el cual trabaja, a una infraestructura, un sistema o
cualquier información del tipo clasificada.
Es
por todo esto que no se comprende que algún custodio termine
por negar lo que protege a su verdadero dueño. Tampoco se
puede aceptar normativas internas, a menudo elaboradas por los mismos
custodios, que pretendan imponer mecanismos burocráticos
para permitir el acceso o la gestión de nuevas claves y más
cuando incluyen dilación. Recuérdese que
la informática brinda entre sus beneficios, la reducción
de tiempo para hacer las cosas programables y la reducción
de errores en los productos.
Así
pués, ninguna buena política corporativa de gestión
de la tecnología de la información y de las comunicaciones,
puede exigir que bajo una situación de crisis o de lucha
de supervivencia, se manejen los procesos en forma semejante a cuando
la situación es normal. Mucho menos se debe obstaculizar
el trabajo, bajo el amparo de satisfacer los pasos que indica un
"flujograma" hecho a veces bajo premisas distintas a las
que extraordinariamente puedan acontecer. Adicionalmente,
hay que evitar que una legislación interna de una empresa,
sobrepase o contradiga leyes nacionales o incluso a la misma constitución
de la república.
Todos
esos elementos nos hacen dudar de los méritos de la directiva
de Intesa. Creemos que cuando hay buena voluntad se buscan
soluciones a los problemas, se acometen las dificultades con nuevas
ideas y propuestas, y sobretodo, se colabora con el empleador a
razón de cumplir las metas. Es en vista de todo esto que,
casi como paradoja recursiva informática, nos viene a la
memoria aquella vieja pregunta que ya los romanos se hacían:
"¿Y quién custodia a los custodios?.
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