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Guerra
contra la Opep
Walter
Martínez / Ultimas
Noticias - 09/02/03
Clase
Nimitz el USS Washington es una muestra del poderío que tiene
EEUU en materia bélica.

Foto: AP
“La
primera víctima de una guerra es la verdad”.
Esta frase es un viejo lugar común en las escuelas de periodismo.
Esta semana se puso dramáticamente en evidencia. El
“Dossier de Inteligencia” presentado por la Oficina
del Primer Ministro Británico resultó ser un vulgar
plagio. Sencillamente, como malos estudiantes, se copiaron
la tarea. El Secretario de Estado, Colin
Powell, cuando presentó el miércoles
ante el Consejo de Seguridad de la ONU videos, fotografías
y grabaciones que según Washington demuestran que Irak
sigue en clara violación de la Resolución 1441, felicitó
calurosamente a sus colegas británicos por el “Dossier”.
El
viernes, “avergonzados funcionarios (en Londres) admitieron
que una gran parte del informe fue copiado palabra por palabra -incluyendo
errores gramaticales- de la tesis de un estudiante”. (Reuters,
Feb 7).
“Ese
es el tipo de cosas que el propio Saddam Hussein
hace”, dijo Jenny Tongue, del opositor partido Demócrata
Liberal.
Glen
Rangwala, especialista en Iraq de la Universidad de Cambridge le
dijo a Reuters que 11 de sus 19 páginas fueron “tomadas
completamente de documentos académicos”. Algunos
de ellos tienen 12 años de antigüedad.
Según
Powell, Irak posee un programa de armas biológicas e intenta
fabricar armas nucleares. Acabamos de conmemorar los 40 años
de la Crisis de los Misiles. Nunca estuvimos tan cerca de una guerra
nuclear. Todo el mundo recordó a Adlai Stevenson en 1962,
cuando espectacularmente, descubrió las fotos obtenidas sobre
Cuba por los avionesespía U2, y le dijo al Embajador soviético
quien se negaba a responder: “Estoy dispuesto a esperar por
su respuesta hasta que el mismo infierno se congele”.
Eran
otros tiempos. El Presidente era nada menos que John Fitzgerald
Kennedy. Powell no persuadió a los miembros permanentes del
Consejo de Seguridad y, por lo tanto, con derecho a veto en caso
de una nueva Resolución. Por lo que respecta a Bush Jr.,
irá a la guerra con los miembros de su coalición,
con o sin una nueva Resolución que lo autorice. Su
meta es controlar el petróleo de Irak.
Luego,
lo ocuparán militarmente, y puede que hasta dividan su territorio.
Generarán una especie de nuevo Plan Marshall y lo pondrán
a producir petróleo a su máxima capacidad histórica.
Si lo logra, puede ser el fin de la Opep. Así retoma
lo que él considera la tarea inconclusa de su padre en la
I Guerra del Golfo y releva con el testigo en la mano la carrera
de Ronald Reagan.
La
Opep de rodillas. “Pondremos a la Opep de rodillas”.
Esa fue una de las frases que caracterizaron a la Administración
Ronald Reagan. El mismo que apenas iniciado su gobierno sufrió
una huelga nacional de controladores aéreos. Parecía
ganada de antemano, dado el alto grado de especialización
de sus protagonistas que se consideraban insustituibles.
Resultado:
escuchó a sus asesores y botó de un plumazo a 5.000
controladores. El Washington National Airport se llama hoy “Ronald
Reagan”.
El
“Gran Comunicador” cumplió 92 años en
retiro obligado en su rancho de California. El Alzheimer lo mantiene
incomunicado en lo que alguna vez fue llamada “La Casa Blanca
del Oeste”. Cuando supo lo que se le venía encima,
se retiró con gran estilo en un inolvidable mensaje leído
por su esposa Nancy en contraplano con una pantalla gigante en la
que él aparecía de smoking. Los más poderosos
grupos económicos lo habían entrenado y llevado de
la categoría de conferencista anticomunista en las grandes
fábricas, a gobernador de California por dos veces, y luego
directo a la Casa Blanca. Así ganaron la Guerra Fría.
Utilizaron todo el potencial del insaciable “complejo tecnológicomilitarindustrial”
contra el cual siempre nos advirtió el exPresidente General
Dwight D. Eisenhower, el ganador de la Segunda Guerra Mundial. Contra
la Urss, el viejo aliado contra el Tercer Reich, negociaron desde
una posición de fuerza.
“Una
buena guerra” siempre ayuda a la economía de los Estados
Unidos. En este escenario "M.A.D." (loco), estuvimos
al borde del holocausto nuclear con la “Mutua y Asegurada
Destrucción”. O, lo que el dos veces Premio Nobel,
de Física y de la Paz, Linus Paulin llamó: “La
paz por el terror”.
Cañones
o mantequilla. Para la exUnión Soviética significaba
elegir entre “cañones o mantequilla”.
Ya
sabemos lo que pasó. Para Estados Unidos, en cambio, fabricar
más cañones significa al mismo tiempo tener más
mantequilla en la mesa.
Pero
se les atravesó un viejo factor que parecía controlado:
el costo de la creciente demanda de energía. Para nosotros:
Petróleo. La gran diferencia radica en que Eisenhower decía
lo que pensaba y a Ronald Reagan le escribían los libretos.
“Ike”
fue un Comandante en Jefe de verdad, en el más sangriento
de los conflictos de la Historia de la Humanidad hasta el presente
y en el primero en que fue utilizado el armamento nuclear. “Ronny”
no pasó de vestirse de oficial de la armada en "Hellcats
of the Navy" (1957), otro filme clase “B” y, por
cierto el único en el que aparece con Nancy Davis, conocida
luego como Nancy Reagan, quien llegó a ser una elegante Primera
Dama que, entre otras cosas, puso a valer a los astrólogos
en su en torno social cuando estaba en la Casa Blanca. Durante el
apogeo del “McCarthismo en Hollywood”, cuado Ronald
Reagan era sindicalista y denunciante de pistola al cinto, 24 filmes
y gran número de los más brillantes profesionales
fueron incluidos en la infame “Blacklist”. Algunos colaboraron.
Otros,
muchos, se negaron a declarar contra sus amigos y colegas. Para
sobrevivir, tuvieron que escribir libretos con nombres falsos. Es
el caso, precisamente, de Bernard Gordon, coguionista de “Hellcats
of the Navy”. Recién en los 90 fueron reivindicados
los verdaderos nombres de quienes tuvieron que ampararse en el anonimato
o en el exilio para sobrevivir. Como prueba de la mala conciencia
de aquellos tiempos de la Guerra Fría, mediante contribución
pública, fue erigido un sobrio Monumento a las Víctimas
de la Lista Negra de Hollywood. Consiste en una serie de bancos
de piedra que invitan a sentarse y pensar. Están ubicados
entre viejos olivos, frente a la Gallería Fisher en el Exposition
Boulevard de la University of Southern California. En este lugar
de recogimiento, tallado en la piedra de uno de los bancos que nos
recuerdan los dólmenes, dice para las generaciones futuras:
“Este jardín debería hacerte pensar cómo
el odio y el miedo pueden envenenar la vida diaria. Es un monumento
a la Primera Enmienda y a la memoria de aquellos creativos artistas
y a otros que se convirtieron en víctimas de la Guerra Fría.
La lista negra acabó carreras y arruinó vidas.
Silenció
el debate público, socavó el debido proceso y la libertad
de pensamiento, y debilitó la elaborada protección
a las minorías que salvaguarda la libertad estadounidense”.
La
gran ironía de la historia es que Eisenhower y Reagan tienen
sus nombres en sendos portaviones nucleares. Ambos son de
la clase “Nimitz” y representan dramáticamente,
para bien o para mal, el alcance doctrinario y global de la mayor
maquinaria militar que haya conocido la humanidad.
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