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Soberanía
Antonio
Guillermo García Danglades / Rebelion
- 05/03/03
"La
imparcialidad que es la gran base de la neutralidad desaparece en
el acto en que se socorre a una parte contra la voluntad bien expresada
de la otra… hablo de la conducta de los Estados Unidos del
Norte con respecto a los independientes del sur…"
Simón Bolívar, 20 de Agosto de 1817
La
soberanía es el ejercicio de la autoridad suprema que reside
en el pueblo y que se ejerce a través de los poderes públicos
de acuerdo a su propia voluntad y sin la influencia de elementos
extraños. Para el catedrático de la UNAM,
Enrique Pérez De León, "la autodeterminación
de la voluntad colectiva de un pueblo es la soberanía."
De León sostiene que "la soberanía es la cualidad
de una sola potestad pública que manda sobre los suyos y
que en nombre de los suyos trata con los demás… que
no admite limitaciones o determinaciones jurídicas extrínsecas."
La soberanía no es una mera formalidad, es un principio
jurídico que a pesar de estar expuesto a las corrientes de
la globalización financiera que caracteriza al contexto internacional
actual, debe ser defendida para garantizar la seguridad del Estado.
La Carta de las Naciones Unidas establece que las relaciones de
amistad entre las naciones están "basadas en el respeto
al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación
de los pueblos" (Articulo 1) y en el "principio de la
igualdad soberana de todos sus Miembros." (Articulo 2) En 1817,
en plena lucha por la independencia de Venezuela, El Libertador
Simón Bolívar defendió de manera categórica
y contundente la soberanía nacional cuando ordenó
la captura y confiscación de las goletas norteamericanas
Tigre y Libertad por haber violado el bloqueo decretado por los
patriotas al pretender suministrar armas a las tropas realistas
en el Orinoco. A través de su representante, John B. Irvine,
Estados Unidos solicitó la devolución e indemnización
de las goletas, a lo que El Libertador se negó rotundamente
respondiendo en una carta fechada en Angostura el 24 de julio de
1818:
"....
las goletas mercantes Tigre y Libertad, pertenecientes a los ciudadanos
de los Estados Unidos del Norte Peabody, Tuckey y Coultar... olvidando
lo que se debe a la fraternidad, a la amistad y a los principios
liberales que seguimos, han intentado y ejecutado burlar el bloqueo
y el sitio de las plazas de Guayana y Angostura, para dar armas
a unos verdugos y para alimentar unos tigres que por tres siglos
han desangrado la mayor parte de la sangre americana... Espero con
sumo placer que éste sea el primero y el último punto
de discusión que haya entre ambas repúblicas americanas,
pues siento un profundo dolor que el principio de nuestras transacciones
en lugar de ser congratulaciones, sea, por el contrario, de quejas...
no son neutrales los que prestan armas y municiones de boca y guerra
a unas plazas sitiadas y legalmente bloqueadas."
Ante
la insistencia de los norteamericanos, Bolívar dejó
claro que la goleta Libertad partió de Martinica dos meses
antes con municiones hacia Angostura, y que estando en el río
Orinoco fue detenida por buques republicanos que le exigieron su
regreso, e incluso le ofrecieron auxilio para que su retorno se
hiciera en las mejores condiciones posibles. No obstante, la goleta
fue encontrada nuevamente remontando el río y navegando hacia
Angostura. Bolívar argumentaba que por haber introducido
elementos militares a los enemigos, las embarcaciones violaron la
neutralidad, se convirtieron en beligerantes en respaldo de las
tropas realistas y por esa razón debían ser tratadas
necesariamente como tal.
Cansado
de la "estupidez ilustrada" de los norteamericanos,
Bolívar vuelve a escribir el 20 de agosto:
"La
imparcialidad que es la gran base de la neutralidad desaparece en
el acto en que se socorre a una parte contra la voluntad bien expresada
de la otra, que se opone justamente y que además no exige
ser ella socorrida... hablo de la conducta de los Estados Unidos
del Norte con respecto a los independientes del sur, y de las rigurosas
leyes promulgadas, con el objeto de impedir toda especie de auxilios
que pudiéramos procurarnos allí... mister Cobett ha
demostrado plenamente en su semanario la parcialidad de los Estados
Unidos a favor de la España en nuestra contienda... negar
a una parte los elementos que no tienen y sin los cuales no pueden
sostener su pretensión, cuando la contraria abunda en ellos
es lo mismo que condenarla a que se someta y en nuestra guerra con
España es destinarnos al suplicio, mandarnos a exterminar."
Bolívar se negó a recibir a Irvine, quien aseguraba
que las naves estaban perdidas en el Orinoco y que su confiscación
violaba el derecho a la libertad de empresa. Bolívar pone
fin a la retórica del representante norteamericano al recordarle
que "no hay ningún derecho que esté por
encima del derecho a la libertad." De esta manera,
El Libertador consolidaba el monopolio de la autoridad del Estado
sobre sus instituciones y territorio en nombre del pueblo de Venezuela.
Aun
cuando dos años mas tarde, el vicepresidente Francisco Antonio
Zea, en ausencia de Bolívar, devolvió las goletas
a los norteamericanos, la actuación de El Libertador durante
la crisis de las goletas entre Venezuela y Estados Unidos rescató
el principio de la soberanía por el cual los patriotas luchaban
ofreciendo su propia vida.
Otra
situación excepcional que exigió el concurso de la
sociedad venezolana en defensa de la soberanía fue la incursión
de la corbeta colombiana Caldas en las aguas territoriales
del golfo de Venezuela el 13 de agosto de 1987, y que produjo una
crisis diplomática entre el gobierno colombiano del presidente
Barco y el de Jaime Lusinchi que estuvo muy cerca del enfrentamiento
armado. El presidente Lusinchi reaccionó con agresividad
para rechazar la provocación colombiana, decretó estado
de alerta militar en el golfo y ordenó una gran movilización
de tropas hacia la frontera para defender la soberanía de
Venezuela.
De
acuerdo a Jorge Bendeck Olivella en su libro "La corbeta
solitaria", el para ese entonces comandante general
del Ejército, general Italo del Valle Aliegro, "había
recorrido las unidades de avanzada para poner en alerta sus blindados
y sus mísiles, colocándolos a distancia de tiro de
las posiciones colombianas." Por su parte, "el
comandante colombiano tenía autorización para lanzar
seis de sus ocho cohetes Exocet, dos en cada una de las unidades
venezolanas, mientras que el submarino Tayrona haría el resto
del trabajo." Según Bendeck, "la tripulación
colombiana sabía que la Fuerza Aérea Venezolana se
haría sentir, por lo que estaba planteado, en el plano militar,
una batalla a muerte." (El Universal, 9 de Agosto
de 1997) El contralmirante Luis Velasco Collazo, estima que Colombia
cometió varios errores al interpretar de manera errónea
el Tratado de No Agresión firmado por los dos países
en 1939, no informar sobre los acontecimientos a sus conciudadanos,
y subestimar al pueblo de Venezuela ya que Colombia nunca pensó
que las FAN recibirían un contundente apoyo aun cuando el
país estuviera desencantado de uno de los gobiernos mas corruptos
y vulgares de la era puntofijista. Una semana mas tarde, el presidente
Barco ordenó el retiro del Caldas del golfo de Venezuela
abriendo el camino al dialogo para dirimir un conflicto limítrofe
que aun aguarda por solución.
Estos
antecedentes obligan a realizar una lectura mucho mas responsable
sobre las recientes declaraciones del secretario general de la OEA,
el departamento de Estado norteamericano y los gobiernos de España
y Colombia en las cuales se pretendía tutelar los actos soberanos
de los poderes públicos venezolanos a propósito de
la detención de uno de los líderes del recientemente
fracasado paro insurreccional, Carlos Fernández. Ante
esta violación a la autodeterminación de los pueblos
y al ejercicio soberano del Estado, el presidente Chávez
respondió con la propiedad que le otorga el derecho internacional
público para defender de manera categórica, pero con
sumo respeto, la soberanía de Venezuela.
Desgraciadamente,
la oposición rechazó el discurso del presidente responsabilizándolo
de los actos terroristas ocurridos en las misiones diplomáticas
de España y Colombia el pasado 25 de febrero, como
parte de una estrategia que busca desesperadamente una intervención
extranjera directa que obligue la renuncia del presidente.
Ante
estas circunstancias, el pueblo bolivariano de Venezuela deberá
invocar nuevamente "la protección de Dios, el ejemplo
histórico de nuestro Libertador Simón Bolívar
y el heroísmo y sacrificio de nuestros antepasados aborígenes
y de los precursores y forjadores de una patria libre y soberana,"
para defender la patria ante esta nueva agresión contra la
dignidad y libertad.
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