|
La
Gran Colombia al revés
Jaime
Galarza Zavala* / Rebelión
- 08/03/03
En carta dirigida por Simón Bolívar al Cónsul
británico en Bogotá desde Guayaquil, el 5 de Agosto
de 1829, expresó: "Los Estados Unidos parecen
destinados por la Providencia para plagar la América de miserias
a nombre de la libertad".
Más
que una amarga profecía, propia del visionario, esa previsión
tenía por base las experiencias que Bolívar hiciera
respecto de la actitud norteamericana hacia la causa independentista
del Sur. Wahington no sólo permaneció sordo
a las invocaciones de hermandad continental, sino que apoyó
a España en su demencial campaña para conservar sus
colonias.
Once
años antes, el 20 de Agosto de 1818, desde Angostura, Bolívar
se dirigió a Bautiste Irvine, delegado norteamericano para
Venezuela, protestando por la captura que las autoridades estadunidenses
ejecutaran entonces, de las goletas Tigre y Libertad, que intentaron
transportar pertrechos para los patriotas. Reclamó el Libertador:
"Hablo de la conducta de los Estados Unidos del Norte
respecto a los independientes del Sur, y de las rigurosas leyes
promulgadas con el objeto de impedir toda especie de auxilios que
pudiéramos procurarnos allíŠ Se ha visto imponer
diez años de prisión y diez mil pesos de multa, que
equivale a la muerte, contra los virtuosos ciudadanos que quisiesen
proteger nuestra causa, la causa de la justicia y de la libertad,
y la causa de la América".
Bolívar,
además, tuvo otra previsión. Conciente de que las
riquezas de Venezuela y Sud América cayesen en manos de extranjeros
y testaferros, decretó expresamente: "Las minas
de toda clase pertenecen a la República".
La
experiencia asumida por Bolívar conformó los ideales
que consignara en 1816 en su célebre Carta de Jamaica, en
relación con aglutinar a los pueblos del continente ("Mi
patria es América") en una poderosa unión que
fuese imbatible ante todas las potencias del orbe. De allí
nació la que debía ser la primera célula del
poderoso organismo: la Gran Colombia, integrada por Venezuela,
Colombia y Ecuador, en sus denominaciones actuales.
Los
grupos de poder criollo, basados en la explotación de siervos
y esclavos y en el permanente contubernio con los intereses norteamericanos,
sepultaron el sueño de Bolívar, entregaron
los minerales y el petróleo a Estados Unidos y sus socios,
y establecieron dictaduras de hierro o democracias de plastilina
en las tierras liberadas con torrentes de sangre.
De
allí que la figura de Bolívar reaparezca con tanta
porfía en el continente. Si José Martí afirmó
que lo que no logró hacer Bolívar en América,
está por hacerse todavía, otro de sus grandes seguidores,
el jefe de la Revolución Liberal Ecuatoriana, General Eloy
Alfaro, cuando luego de numerosas batallas ganó el poder
a fines del Siglo XIX, intentó reconstruir la Gran Colombia,
cobijado en su enorme liderazgo continental, siendo saboteado en
sus tenaces propósitos por los mismos círculos antibolivarianos,
comandados por Washington.
Hoy
se ha vuelto a prender en Venezuela la llama bolivariana, al margen
de las limitaciones, errores y defectos de quien proclama una revolución
bajo el signo del bolivarismo: Hugo Chávez.
En
el caso, los Estados Unidos quieren una Gran Colombia al revés.
Una que sirva de plaza de armas para aplastar cualquier brote de
soberanía y cambios sociales en Sud América.
Para
ello, Colombia debe afianzar su actual rol de mandadero de la CIA
y el Pentágono, Ecuador debe permitir que la Base de Manta,
entregada a Estados Unidos, so capa de combatir el narcotráfico,
se emplée a fondo para la guerra de exterminio contra la
insurgencia colombiana, lo mismo que debe hacer Venezuela con su
vecindad y sus enormes recursos. Esto sin contar con que la nueva
Gran Colombia, erigida por Washington al revés, debe poner
los muertos y encima pagar los ataúdes.
*
Escritor y periodista ecuatoriano. 25 de april del 2002
| |
|
Arriba |
 |
Portada |
|