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La
lógica del Plan Colombia según Noam Chomsky
René
Báez Tobar* / ALAI,
América Latina en Movimiento - 08/03/03
El
New York Times calificó al catedrático liberal Noam
Chomsky como "el intelectual vivo más importante,
aunque polémico". Tiempo atrás, Guy Sorman lo
había incorporado a su selección de los "verdaderos
pensadores de nuestro tiempo". A comienzos de este año,
Chomsky fue el conferencista principal del II Foro Social Mundial
reunido en Porto Alegre y que, bajo la divisa "Por la Paz",
congregó a decenas de miles de impugnadores de la macdonalización
del planeta.
El
prestigio del profesor del MIT tiene sólidos pilares. A su
condición de autoridad máxima en el campo de la lingüística,
añade una vasta obra -aproximadamente una treintena de títulos-
dedicada a la disección de la política exterior de
su país, particularmente al análisis de sus impactos
en América Latina. Un estilo penetrante y sin concesiones
singulariza el discurso chomskiano.
En
una entrevista con Heinz Dieterich publicada bajo el título
"Washington: el principal gobierno terrorista del mundo"
(1998), Chomsky explica las coordenadas de la estrategia norteamericana
en los siguientes términos: "A Estados Unidos
no le importa si un país tiene una democracia formal u otro
régimen. Le importa que se supedite a su sistema de dominación
mundial. El principio fundamental es: ¿permitirá un
país que se le robe?, ¿permitirá que las corporaciones
extranjeras inviertan y exploten a su voluntad? Si lo permite, puede
tener el sistema político que le plazca: puede ser fascista,
comunista, lo que se quiera... Pero si un país comienza a
dirigir sus recursos hacia su propia población entonces debe
ser destruido"
En
la instrumentación de esa cruda doctrina, las "drogas
ilegales" han desempeñado una recurrente utilidad.
En
su libro Rollback I, II y III (1995), Chomsky recupera un antecedente
poco conocido del actual Plan
Colombia: el operativo French Conecction. Conforme
a su descripción: "La droga ha provocado una
serie de actividades subversivas y contrainsurgentes de parte de
Washington desde los años posteriores a la segunda guerra
mundial, cuando ayudó a la mafia a establecer el tráfico
de heroína en Francia como parte de una estrategia para socavar
al movimiento obrero europeo..." Asimismo, aludiendo
directamente a la cruzada antinarcóticos en América
Latina, explica: "La Casa Blanca necesitó tres
años para destruir la economía chilena y organizar
una fracción golpista contra Salvador Allende. A fin de que
no se repita tal experiencia está formando actualmente sus
fracciones golpistas -bajo el absurdo pretexto del combate al narcotráfico-
para que golpes de estado 'preventivos' se puedan dar cuando la
destrucción de la gobernabilidad democrática por el
neoliberalismo lo exija".
En
una reciente entrevista concedida al propio Dieterich y en referencia
al Plan Colombia, sustenta que tal operación político-militar
comporta esencialmente una confrontación con los "disidentes
del establishment", término que en la semiótica
del Pentágono "puede incluir campesinos organizados,
líderes sindicales, activistas de los derechos humanos, intelectuales
independientes, candidatos políticos, cualquier cosa".
De otro lado, no cree que el programa de marras -rebautizado por
George W. Bush
como Iniciativa Regional Andina- vaya a derivar en un nuevo Vietnam.
Su argumentación es convincente: "Estados Unidos
ha aprendido la tradicional lección imperial de que es un
error mandar a sus propias fuerzas a una guerra colonial.
Es demasiado sangriento, demasiado horroroso, particularmente cuando
se trata de un ejército de ciudadanos (citizen's army) que
no lo podrá hacer apropiadamente. Lo mejor es tener
un ejército de mercenarios, es decir, respetar el patrón
colonial tradicional. Gran Bretaña controló
a la India básicamente con tropas hindúes; los ingleses
fueron una especie de reserva... "(La cuarta vía al
poder, 2000). Una variante complementaria introducida por
el departamento de Defensa, producto de la "privatización
de las relaciones internacionales" de los Estados Unidos, es
la contratación de compañías especializadas
en "guerras sucias". Este sería el caso de la DynCorp
que ha comenzado a operar desde la Base de Manta.
*
René Báez Tobar. Decano de la Facultad de Economía
de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador.30 de abril
de 2002.
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