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É
finita la commedia (El espectáculo ha terminado)
Alan
Woods
/ El Militante - 19/03/03
En el siglo XVIII,
las elecciones en Inglaterra eran algo muy divertido. En lugar de
pronunciar discursos largos y aburridos, los políticos, invitaban
a los votantes a la taberna para que estuvieran bebidos el día
de las elecciones y comprar sus votos en los que eran conocidos
como "municipios corrompidos", pequeñas
zonas rurales de las que nadie había oído hablar y
en las que nadie quería vivir, pero que tenían derecho
a voto y enviaban representantes al parlamento de su Santa Majestad.
Durante
las últimas semanas, el Consejo de Seguridad de la
ONU tenía la misma apariencia que un viejo municipio
corrompido el día de las elecciones. Sólo que aquí,
estaban en juego miles de millones de dólares y no unos cuantos
tragos de ginebra barata. En la ONU se podían ver escenas
caóticas con gente luchando para comprar votos. Hasta
ayer, los diplomáticos británicos y estadounidenses
en la ONU luchaban para conseguir el número de votos necesarios
en el Consejo de Seguridad.
Sin
embargo, esta operación era vista de forma diferente en Downing
Street y en la Casa Blanca. Para Blair, prácticamente,
era una cuestión de vida o muerte. Para Bush, era algo irritante,
pero una maniobra diplomática necesaria. Si pudiéramos
conseguir una resolución del Consejo, mucho mejor, pero por
esta cuestión no vamos a comprometer ninguna acción
militar. Por otro lado, los británicos intentaban desesperadamente
encontrar una fórmula de compromiso para asegurar la mayoría
en el Consejo de Seguridad, el gobierno creía que calmaría
las críticas en casa.
Esta
es la esencia del problema. Existe una creciente divergencia en
la opinión pública británica y estadounidense.
En Gran Bretaña, sólo el 19 por ciento de la opinión
pública apoyaría la participación británica
en un ataque a Iraq sin una nueva resolución de la ONU. Sin
embargo, de acuerdo con una reciente encuesta publicada por New
York Times/CBS News, en EEUU el 55 por ciento apoyaría
una invasión estadounidense incluso sin el voto del Consejo
de Seguridad, Aquí está la fuente de las
crecientes tensiones existentes entre Londres y Washington y cada
vez son más evidentes las diferencias en cuestión
de tácticas.
Hasta ayer, EEUU
y Gran Bretaña en el Consejo de Seguridad sólo contaban
con el apoyo de España y Bulgaria, dos de los diez miembros
no permanentes. De los otros miembros no permanentes, Alemania y
Siria se han alineado con los franceses. Pakistán ha enviado
mensajes contradictorios sobre cuál será su voto.
Eso deja a Chile, México, Angola, Camerún y Guinea
como potenciales "votantes". Sin embargo, incluso si consiguen
los nueve votos necesarios para la nueva resolución, cualquiera
de los cinco miembros permanentes (EEUU, Gran Bretaña, China,
Francia y Rusia) podrían utilizar su derecho a veto para
bloquearla, Francia y Rusia ya han anunciado explícitamente
que están dispuestos a utilizarlo.
Blair,
personalmente, llamó a los líderes de estos seis países
para pedirles su apoyo. Por su parte, el presidente Bush también
ha gastado mucho dinero en llamadas telefónicas a México
y Chile. El presidente Fox antes estaba próximo a Bush, pero
fue ultrajado por la negativa de Bush a conceder una amnistía
a los inmigrantes mexicanos en EEUU. Por lo tanto, aquí podría
haber margen para el regateo. Pero las cosas no son tan simples.
La opinión pública en Chile y México está
mayoritariamente en contra de la guerra. Y ¿por qué
deberían votar a favor de una resolución y granjearse
todo el odio cuando los franceses ya han dicho que utilizarán
el veto? The Economist señalaba el dilema al que se enfrentaban
estos países indecisos: "A ninguno de ellos
le entusiasma la idea de estar en la lista negra de EEUU, la potencia
militar más fuerte del mundo, y el mayor contribuyente de
los prestamistas multilaterales como el FMI y el Banco Mundial.
Cuando Yemen se negó a apoyar una resolución que autorizaba
la Guerra del Golfo de 1991, EEUU canceló la ayuda anual
de 24 millones de dólares. Muchos de los miembros no permanentes
son igualmente reticentes a alinearse con Francia, el líder
de la coalición contra la guerra, por temor a las consecuencias
políticas internas que tendría el apoyo a una guerra
a la que se oponen la mayoría de sus votantes".
También
hay problemas con los africanos. El presidente de Guinea, después
de haber sido cortejado por Washington y Francia, parecía
que estaba cerca del primero cuando de repente negó que su
país tuviera decidido ya el voto. Esto implicaba que los
países africanos, después de las llamadas telefónicas
todavía dudaban entre Francia y EEUU. Bush estaba
furioso. Probablemente fue lo que hizo pensar a Washington que la
segunda resolución promovida por Blair era una pérdida
de tiempo.
Al
final, aparecían problemas por todas partes. Algunos países
querían que los inspectores de armas continuaran con su trabajo
un mes o más, pero los estadounidenses inmediatamente
descartaron la idea de dar más tiempo a Iraq, ni
siquiera diez días más de la fecha propuesta - 17
de marzo - por la enmienda británica a la segunda resolución.
El
miércoles las negociaciones cada vez parecían más
sombrías. Paradójicamente, los estadounidenses mostraban
su confianza en conseguir la mayoría. Este "alegre
optimismo" tiene una explicación simple. Los
diplomáticos estadounidenses sólo estaban dispuestos
a pasar por esta farsa para complacer a "sus aliados
más cercanos" en Londres. Básicamente,
lo que menos les importa es el resultado. Los británicos
eran más pesimistas, pero después, realmente se tomaron
las cosas en serio.
"Les
hice una oferta que no podían rechazar"
Tony
Blair está actuando como un hombre que ha perdido todo contacto
con la realidad. En su desesperación por conseguir
una resolución en el Consejo de Seguridad, Blair intentó
enmendarla para que fuera aceptable para los estados indecisos.
Los "seis puntos" de la enmienda llevaban todas las marcas
de la prisa y la improvisación, ni siquiera sus autores se
lo tomaban en serio, y menos aún los demás. Las condiciones
fueron redactadas cuidadosamente para que no pudieran ser aceptadas,
y al final el documento dice que si se aceptan todas las condiciones,
el Reino Unido, comenzará a considerar que Sadam Hussein
está colaborando. Ni una palabra de EEUU o España.
Pero es EEUU quien decide todo.
Todo
esto iba destinado al consumo interno. El primer ministro en la
Cámara de los Comunes dijo que Gran Bretaña estaba
trabajando "a todo gas" para conseguir
una segunda resolución que pudiera mantener la autoridad
de la ONU. De paso, espera que también haga algo con su propia
autoridad que cae según pasan los minutos. Pero si
la ONU se niega a mantener su propia autoridad, ¿entonces
qué? Blair propuso nuevas condiciones que Sadam
Hussein debe cumplir si quiere evitar la guerra. Pero Bush y Blair
llevan tiempo diciéndole a Sadam que es lo que debe hacer
sin conseguir ningún avance destacado.
Blair
dijo que la segunda resolución propondría "una
serie de pruebas claras que Iraq debería cumplir si quiere
demostrar que está colaborando plenamente".
Según estas nuevas condiciones, Sadam debe declarar (en televisión
y en árabe) que ha ocultado armas de destrucción masiva
y que ahora está dispuesto a entregarlas. Debe permitir que
treinta científicos y sus familiares vuelen a Chipre para
mantener reuniones con los inspectores de armas de la ONU. Debe
"inmediatamente" (no después,
sino ¡inmediatamente!) destruir 10.000 litros de ántrax
y otros materiales biológicos y químicos que los iraquíes
supuestamente todavía tienen. Debe prometer en la televisión
iraquí y en árabe, que se desarmará. Iraq debe
dar explicaciones de un supuesto zumbido aéreo sin identificar
y no declarado que han descubierto los inspectores. Debe destruir
todos (no algunos, sino todos) los mísiles al-Samoud 2 y,
finalmente, debe explicar sus unidades químicas móviles.
El
tono insistente de esta declaración demuestra su impotencia
interna. ¿Por qué Iraq "debe" hacer
alguna de estas cosas? En general, un estado soberano no
tiene que hacer nada en contra de su voluntad. Según el criterio
aceptado generalmente, Iraq es un estado soberano. Dice que no tiene
las armas que supuestamente dicen que tiene. ¿Por qué
debe destruirlas? Y la única forma de obligarle a hacer algo
que no quiere es utilizando la fuerza, eso significa la fuerza militar.
En este sentido, Búfalo
Bush, tiene una posición más fuerte. Pero en este
punto, de acuerdo con su lógica primitiva, que el problema
se resuelva es sólo el principio.
El
problema es que según las normas existentes, no se puede
atacar a un estado soberano a menos que sea un caso de autodefensa
o si representa un peligro real para ti. En el momento actual, un
país abatido, pobre, hambriento y desangrado no representa
una amenaza para nadie. No ha atacado a EEUU o
Gran Bretaña. Por esa razón, la acción planificada
de EEUU y Gran Bretaña simplemente es un acto de agresión
descarada, no provocada e imperialista.
El
fracaso de la enmienda de Blair y su contenido deliberadamente provocador,
estaba claro incluso para un viejo halcón de la Guerra Fría
como Zbigniew Brzezkinski. Éste culpaba tanto a la administración
Bush como a Tony Blair de "despilfarrar" el
apoyo de EEUU en el mundo. En cuanto a la enmienda británica,
la calificó de "frívola".
Un niño de seis años de edad podía ver que
estaba redactada de tal forma que los iraquíes nunca podrían
aceptarla. Como dijo Brzezhinski en las noticias de la BBC 2, la
primera exigencia - que Sadam Hussein aparezca en la televisión
iraquí y diga en un árabe claro que tiene armas de
destrucción masiva y que va a destruirlas - estaba "destinada
a humillar" y provocar su rechazo.
¿Qué
significado tiene esta exigencia? Obligar a Sadam Hussein a admitir
que tiene las armas de destrucción masiva que niega tener,
que los inspectores de la ONU no han encontrado y que ni EEUU, ni
Gran Bretaña, han podido demostrar. Se trata de una
provocación y una trampa. Incluso si Sadam Hussein
hubiera aceptado hacer esto, ¿cuál sería la
respuesta de EEUU? Su repuesta sería que esto demuestra que
ha estado mintiendo todo el tiempo, que no se puede confiar en él,
que no se puede tratar con esta clase de hombres y que se debe cambiar
el régimen. En pocas palabras, "todos los caminos
conducen a Roma".
En el momento de
escribir este artículo, las seis naciones indecisas todavía
no han aceptado la enmienda, a pesar de contener dos concesiones
británicas clave: ampliar la fecha tope del 17 de marzo para
que Iraq cumpla las condiciones y una lista de las exigencias de
desarme. Ahora parece descartada la perspectiva de una segunda resolución
del Consejo de Seguridad que de luz verde a la acción militar.
"É
finita la commedia"
En
Londres el ambiente rayaba en la desesperación. En Washington,
al contrario, el ambiente era de frustración y enfado ante
este nuevo retraso. Bush considera que el retraso es una imposición
intolerable. Ya ha descartado la propuesta de los miembros indecisos
del consejo que planteaba prolongar el plazo de las inspecciones
otros 45 días. La Casa Blanca ni siquiera acepta una prórroga
de un mes por que, en realidad, Bush
ya hace mucho tiempo que tiene todo decidido.
La
poderosa maquinaria militar estadounidense ya está rodando.
Pronto estará preparada para entrar en acción. Cuando
llegue el momento (ya se ha retrasado un poco debido a la oposición
de Turquía al despliegue de tropas estadounidenses, pero
eso puede cambiar) no va a tolerar la más mínima resistencia.
Los jefes militares estadounidenses, ansiosos por evitar la lucha
en las altas temperaturas primaverales del desierto iraquí,
dicen que ya están preparados para invadir. Bush dice que
no necesita una segunda resolución que le conceda la autoridad
para lanzar un ataque, porque ya tiene ese mandato con la
resolución 1.441, aprobada por unanimidad en el
Consejo de Seguridad el pasado mes de noviembre.
Al
final, Tony Blair se está aferrando a una segunda resolución
como un hombre que se está hundiendo y se agarra a una paja
para salvarse. Bush tiene prisa. Blair está
en apuros. Una prueba de la desesperación fue que incluso
Blair fue a Alemania, donde Schröder, quien parece tener un
sentido del humor macabro, le llevó a ver una exposición
de pintura del bombardeo de Dresden (por los británicos).
Esperan que el primer ministro británico esté agradecido
por esa lección tan instructiva en arte e historia, porque
eso es todo lo que va a conseguir. Alemania votará en contra
de una segunda resolución. Es decir, votarán en contra
si la cuestión finalmente se somete a votación.
Quien
decide no es Blair sino el Ranger Solitario
de la Casa Blanca. Nos podemos imaginar la conversación
telefónica entre ellos: "Tony, quiero este asunto
listo para el fin de semana. Y cuando digo este fin de semana no
es el próximo. Es decir, en cuarenta y ocho horas. Por
supuesto, todavía hay unos poco cabos por atar. Los turcos
nos están poniendo las cosas difíciles porque se niegan
a permitirnos el acceso a su territorio para nuestros objetivos
legítimos. Pero les hemos amenazado con cerrarles el grifo
del dinero así podrán ver la luz. Si no es así,
peor para ellos. Su
economía se arruinará. Las cosas empeoran según
pasan los días. También hay que esperar y ver que
ocurrirá cuando cerremos el grifo económico a los
africanos. No tienen suficiente para comer. Se creen con
el derecho de ponerse en el camino de la única superpotencia
mundial".
Frustrado
por la ausencia de espíritu de lucha de Londres, Bush
busca un títere más flexible en Madrid. Ana
Palacio, la ministra española de exteriores, una dama con
una capacidad intelectual limitada y muy bocazas, públicamente
sugirió que la guerra podría comenzar antes de que
se celebrase la votación en el Consejo de Seguridad. Como
Palacio no es la más elegante de un gobierno de derechas
particularmente obtuso, sus palabras fueron escritas por alguien
y ese alguien se sienta en Washington.
El
mensaje de Washington es alto y claro. La diplomacia se
ha agotado. Ha pasado el tiempo de los juegos. Los estadounidenses
mueven la mano y sus fieles servidores le prestan atención.
De repente el tono de la discusión ha cambiado. En lugar
de sonrisas y abrazos ahora es el momento de presionar al "aliado
más cercano" de EEUU.
El
corte más cruel de todos
"Muy
bien, si tenemos que ir, vayamos", esto es lo que
dijo el loro al gato que estaba arrastrándole por la cola
escaleras abajo.
Estas
son las palabras que vienen a la mente cuando observamos la conducta
del primer ministro británico durante las últimas
veinticuatro horas. Por primera vez, se pueden ver síntomas
de desesperación. La cara angelical, a menudo adornada con
una sonrisa de autosatisfacción, ahora es una cara contrariada.
Y tiene una buena razón para estar preocupado. El aliado
más fiel de EEUU y el perro faldero más obediente,
recientemente ha sufrido un golpe duro en los dientes. El Secretario
de Defensa estadounidense, Donald
Rumsfeld, ha anunciado al mundo que "EEUU
iniciará la guerra sin Gran Bretaña".
En
una conferencia de prensa le preguntaron si EEUU iría a la
guerra con o sin Gran Bretaña, el Secretario de Defensa estadounidense
respondió con su estilo habitual: "La decisión
final todavía no está clara, igual que su papel [el
de Gran Bretaña] en caso de que se decida utilizar la fuerza".
Además añadió unas palabras dirigidas al Pentágono:
"Hasta que no conozcamos la resolución, no sabemos
cuál será su papel y el grado en el que están
dispuestos a participar".
Pero Gran Bretaña
ha apoyado incuestionablemente a Bush desde el principio. En la
actualidad hay más de 25.000 soldados en el Golfo, más
de una cuarta parte del total de las fuerzas armadas de Su Majestad.
También es verdad que las fuerzas estadounidenses superan
los 200.000 soldados, casi diez veces más. Pero debemos ser
justos: Gran Bretaña ha tenido muchos problemas y gastos,
y nuestro amigo estadounidense no ha puesto un solo centavo. En
contraste, los amigos de Washington en el Consejo de Seguridad,
no han hecho otra cosa que gemir y quejarse desde el primer día
y ahora quieren conseguir grandes sumas de dinero a cambio de sus
votos.
¡Que rechazo
tan cruel! Es la misma vieja historia. La relación amorosa
de Gran Bretaña con EEUU no es correspondida. Rechazan cruelmente
todos nuestros progresos, no agradecen ni miran todos nuestros regalos.
No abren nuestras cartas. Y lo peor de todo es que a Bush y Rumsfeld
les importan más las opiniones de Francia, Alemania y Rusia
que lo que pueda decir la pobre y vieja Gran Bretaña. Después
de todo, nuestros esfuerzos se dan por sentados, mientras que ellos
deben correr detrás, lisonjeados, sobornados y cortejados,
mientras que siempre se puede confiar en Gran Bretaña, la
vieja y buena Gran Bretaña.
La
dependencia servil de Gran Bretaña
Detrás
de esta pelea se encuentra el abismo que se ha abierto entre Europa
y EEUU, y la posición especial que tiene Gran Bretaña
entre los dos. Como hizo la ignorante Thatcher antes que él,
Blair cree que existe una "relación especial"
entre Gran Bretaña y EEUU, cuando esta relación lo
único que expresa es el colapso de Gran Bretaña como
potencia independiente en el mundo y su completa dependencia de
EEUU.
El
capitalismo británico lleva más de un siglo de lento
e ignominioso declive. Después de la Primera Guerra Mundial
perdió su estatus de "taller del mundo".
Su base manufacturera se ha reducido drásticamente, igual
que su parte del comercio mundial. A pesar de todos sus aires y
adornos en Europa, la relación de Francia y Alemania es muy
pobre. Al final, estos dos países son las potencias decisivas
de la UE. Gran Bretaña no. Y los cálculos a largo
plazo de Washington, París y Berlín, en última
instancia, son más importantes que Londres.
Sin embargo, una
cosa es despreciar a los británicos y otra cosa es que conozcan
este desprecio. Los comentarios de Rumsfeld eran un ejemplo típico
de la mezcla de arrogancia de gran potencia, crudeza y estupidez
que caracteriza a la política exterior de la administración
Bush.
Los
británicos, en privado horrorizados, en público quitan
importancia a las palabras de Rumsfeld, profesando optimismo en
que Gran Bretaña y EEUU están "en el
camino de conseguir los nueve votos del Consejo de Seguridad"
necesarios para asegurar al menos una "mayoría
moral", a pesar de las amenazas de veto de Francia
y Rusia. El portavoz de Blair dijo que el punto central de Blair
seguía siendo conseguir una segunda resolución de
la ONU e insistía en que "entre nosotros y los
estadounidenses existe una cooperación total en los planes
militares". El hecho de que nadie se crea esto, no
quita el mérito a aquellos que tienen el valor (o el cinismo
descarado) de decirlo.
Los comentarios
de Rumsfeld provocaron llamadas frenéticas a Washington del
gobierno de Tony Blair, que se enfrenta a una crisis política
por la implicación británica en cualquier campaña
bélica contra Irak sin el apoyo de la ONU. Más tarde,
Rumsfeld, publicó una declaración donde respaldaba
la sugerencia de que las tropas británicas no lucharían
en la región del Golfo junto con el ejército estadounidense.
Pero
en Whitehall, la sede del gobierno, había pánico.
Las palabras de Rumsfeld provocaron tal consternación que
la oficina de Rumsfeld tuvo que publicar una declaración
escrita clarificando la cuestión e insistiendo en que su
objetivo principal era conseguir una segunda resolución porque
"es importante para el Reino Unido" y ambos países
están trabajando para conseguirlo. [...] En caso de tomar
la decisión del uso de la fuerza, tenemos razón para
creer que habrá una contribución militar significativa
del Reino Unido".
Sin
embargo, Sir Chistopher Meter, embajador británico
en Washington, admitió que nadie realmente duda de que EEUU
seguiría adelante sin Gran Bretaña. Dijo lo siguiente
en Channel 4 News: "Tengo muy claro que irán
a la guerra bajo cualquier circunstancia".
Es
obvio que los cometarios de Rumsfeld no eran accidentales. Al hacer
esta amenaza, Bush (es decir, sus asesores) demostraba una comprensión
profunda de la psicología humana. Como todos los reformistas
de derechas, Tony Blair tiene una actitud completamente
servil hacia las grandes empresas, los ricos y los poderosos, y
este servilismo se multiplica por cien cuando se trata de la guerra,
que afecta a los intereses fundamentales de la clase dominante.
Blair despliega una actitud particularmente servil y pelotillera
hacia la gran potencia imperialista: EEUU. Este pelotilleo refleja,
por un lado, la posición subordinada del imperialismo británico
a escala mundial y, por el otro lado, el servilismo típico
de los dirigentes obreros de derechas en presencia del poder. No
pueden evitarlo, es como una aguja magnética que apunta siempre
al norte.
Estos
dirigentes laboristas de derechas realmente les gusta actuar como
hombres de estado mundiales y participar en la guerra. Es un pasatiempo
inofensivo (excepto para los que se encuentran en la línea
de frente) ¡y es bueno para su imagen! Por esa razón,
los comentarios de Rumsfeld fueron particularmente dañinos.
No podían llegar en peor momento para Blair, que acababa
de reunir por primera vez un "gabinete de guerra"
embrionario con ministros y personal militar. Supuestamente,
tenía que tener un efecto galvanizador en la opinión
pública británica. Las pantallas de televisión
mostraban juicios, generales y funcionarios civiles saliendo y entrando
de las oficinas del gabinete, como en una guerra verdadera.
Después,
los estadounidenses dejaron caer una bomba política no menos
potente que la bomba BOAB que probaron recientemente. El ejército
británico, ese hermoso cuerpo de lucha de hombres y mujeres,
de ahora en adelante, sólo será necesario para servir
el té y las galletas a la agradecida población iraquí,
para dirigir el tráfico en Bagdad - después de ser
"liberada" por el ejército estadounidense
- . Fue una humillación pública.
Así
es como entiende la diplomacia el actual inquilino de la Casa Blanca.
A través de la agencia de su amigo Donald, George W. Bush,
simplemente cogió a Tony Blair por una delicada parte de
su anatomía y apretó.
Crisis
en el Partido Laborista
Era
la primera vez que EEUU sugería que Gran Bretaña podría
ver reducido su papel en la guerra contra Iraq - o no tomar parte
en absoluto - debido a las dificultades políticas de Tony
Blair. Cuando se preguntó la razón, Rumsfeld dijo
que la situación de Gran Bretaña era "distintiva",
que tenía un parlamento electo y que (horror de los horrores)
este parlamento estaba exigiendo que el primer ministro no siguiera
adelante con sus planes belicistas.
Sí,
ese es realmente el gran problema, cuando el electorado comienza
a hacer pregunta delicadas sobre la conducta de los gobiernos y
sus representantes en el parlamento, entonces, realmente empiezan
a escucharles. Eso no tiene nada que ver con la concepción
que Bush y Rumsfeld tienen de la democracia ("los gobiernos
deben dirigir, la opinión pública debe callar y seguirles").
Rumsfeld está
claramente preocupado con la oposición que existe a una invasión
de Iraq entre la opinión pública británica
y los parlamentarios laboristas. Según pasan las semanas
todos los intentos de Blair y compañía de cambiar
esta opinión lo único que consiguen es endurecer la
opinión contra la guerra de Iraq.
Esta
fue la razón por la cual Blair estaba tan desesperado por
conseguir una segunda resolución de las Naciones Unidas.
La presión sobre Blair aumentó cuando cuarenta parlamentarios
laboristas públicamente le pidieron que se retirara. Es la
primera vez que la dirección de Blair recibía este
tipo de desafíos en público. Es un síntoma
del crecimiento tremendo de la oposición dentro del laborismo
y del movimiento sindical británico. Incluso antes del discurso
de Rumsfeld, Blair ya estaba hundido en un pantano político.
Después, sus "buenos amigos" de
Washington le empujaron un poco más. Pero entonces, ¿quiénes
son los buenos amigos? El objetivo de esta amenaza estadounidense
era presionar a Blair y recordarle quién es el jefe.
El mensaje de la Casa Blanca era: no importa la opinión pública
británica, no importa el Partido Laborista, olvidad la segunda
resolución. ¡Seguimos adelante! Al día
siguiente, Blair dijo que estaba dispuesto a ir la guerra junto
con EEUU sin una resolución de la ONU.
Esto
profundizará las divisiones que ya se han abierto en el Partido
Laborista. Pero Blair todavía tiene algunas cartas en la
manga. La maquinaria del partido puede engatusar, amenazar y bravuconear.
La presión sobre los parlamentarios laboristas se ha intensificado.
Se hacen llamamientos de "apoyo a nuestros chicos"
enviados al Golfo como carne de cañón para
Bush. Por lo tanto, es posible que durante algún tiempo puedan
restaurar la disciplina de partido. Clare Short, la ministra de
desarrollo exterior, ha acusado a Blair de imprudencia y de destruir
el Partido Laborista.
No
importa lo que diga Blair en las reuniones de gabinete o en los
pasillos góticos de Westminster, el ambiente de la opinión
pública británica está firmemente en contra
de la guerra. Según las encuestas, el 75 por ciento
de la población no apoya la guerra sin una resolución
dela ONU. Y como no habrá tal resolución,
el hueco que se ha abierto ente la camarilla de Blair y sus votantes
pronto se convertirá en un abismo.
Si la guerra es
breve, como esperan fervientemente Bush y Blair, pueden superar
la crisis durante un tiempo, pero esto no está claro. Lo
que sí es cierto es que la oposición a esta guerra
es más profunda e importante que en cualquier otro momento
del pasado. Incluso durante la guerra de Vietnam, la oposición
tardó años en desarrollarse hasta convertirse en un
movimiento de masas. Al principio no existía una oposición
visible. Pero ahora, la guerra está actuando como un poderoso
catalizador de la furia acumulada y de la frustración de
millones de personas.
Durante un tiempo,
Blair puede que tape la olla a presión del Partido Laborista,
pero sólo temporalmente. Ocurra lo que ocurra, las heridas
en el Partido Laborista son profundas y duraderas. Mañana
se producirán nuevas crisis y divisiones. Se preparará
el camino para el surgimiento de una corriente de masas de izquierda
en el Partido Laborista y en los sindicatos. Es el principio del
fin del Nuevo Laborismo.
Los
límites del poder estadounidense
Están
equivocados aquellos que defienden que todo esto "es por el
petróleo". Si ese fuera el caso, EEUU podría
conseguir el control del petróleo iraquí sin recurrir
a la guerra. Hay medios más económicos de conseguir
ese objetivo particular. Es verdad, el petróleo está
en la ecuación, como otros muchos factores, incluida la ambición
personal de Bush, su deseo de venganza y otras cosas por el estilo.
Pero no es la explicación fundamental de por qué
EEUU está decidido a invadir Iraq.
Por
primera vez está claro que todo esto es por el poder de EEUU.
El cambio en la correlación de fuerzas en todo el mundo desde
la caída de la Unión Soviética, ha concentrado
un poder colosal en manos de EEUU. Tiene un enorme poder pero no
ha aprendido a utilizarlo con moderación. Esto le puede llevar
a excederse. Corea del Norte le desafía abiertamente,
y no hace nada. Como un matón de colegio sólo
ataca a los niños más débiles. Pero tarde o
temprano, este matón recibirá un golpe aún
más fuerte.
Bush ha solicitado
un aumento del presupuesto militar en 380.000 millones de dólares
lo que llevaría a EEUU a tener la supremacía sobre
sus rivales. Para subrayar este punto, el Pentágono acaba
de probar una nueva arma de destrucción masiva, la añadirá
a su enorme colección. Se llama MOAB, el arma convencional
más grande jamás fabricada por EEUU. Una bomba que
pesa aproximadamente 10.000 kilogramos, guiada por satélite
hasta su objetivo, forma una nube visible a millas de distancia,
como una bomba nuclear. Podrían utilizar este pequeño
juguete en su ataque a Iraq. Tiene más peso que todos los
argumentos de los abogados y todo el jaleo del Consejo de Seguridad.
Formaba
parte de su programa de fabricación de armas de destrucción
masiva, que, en manos de EEUU, como todo el mundo sabe, están
dedicadas exclusivamente para la causa de la paz, la armonía
y la hermandad humana. Los generales estadounidenses - bien
conocidos por su humanitarismo y su amor a la paz - ahora se frotan
las manos ante la perspectiva de probar estos juguetes en una "teatro
de guerra" real, como ellos lo llaman.
Guerra
y revolución
Ocurra
lo que ocurra, la guerra es sólo cuestión de días.
Pero el resultado de la guerra no será el esperado por Bush
y Blair. Una guerra en Iraq tendrá consecuencias
internacionales serias. Provocará numerosas bajas
civiles y desestabilizará Oriente Medio. Sus repercusiones
se dejarán sentir en todo el mundo, abriendo una nueva página
de inestabilidad, sin paralelos, a todos los niveles, política,
militar, diplomática, económica y financieramente.
Las ondas sísmicas pueden duran un tiempo hasta que se consiga
recuperar de nuevo un equilibrio inestable. Esto creará nuevas
amenazas y peligros para el capitalismo y el imperialismo.
El
problema con el poder imperial es que constantemente necesita sobrepasarse.
Está muy claro en el caso actual de EEUU. La insolencia
de los imperialistas estadounidenses es asombrosa. Ahora dicen que
se negarán a pagar la reconstrucción de la posguerra
en Irak después de haberla devastado ellos, dejando esta
cuestión a los "donativos de las naciones". Es
decir, EEUU tiene mucho dinero para atacar a la población,
pero nada en absoluto para alimentarla, proporcionar una vivienda
o curar sus heridas. Esta es la expresión fiel del humanitarismo
imperialista.
En
este caso se aplica el antiguo refrán: "El orgullo
precede a la caída". La camarilla de Bush que
gobierna la nación más poderosa sobre el planeta está
henchida con su propia importancia. Pero en esencia son seres pequeños,
personas con un intelecto limitado y piensan que con un puñetazo
pueden resolver cualquier problema. Si se resisten, les aplastarán.
Pero no es tan fácil.
Un puñetazo
puede ser útil en determinadas circunstancias, pero no ayudará
a escapar de un campo de minas. Por esa razón es necesario
tener un mínimo de tacto. Un elefante en un campo de minas
se destruirá debido a su propio peso. Y para EEUU el mundo
ahora es un campo de minas muy grande e inestable. El caos provocado
por el capitalismo global en todo el mundo no se puede curar con
bombas e invasiones: sólo provocarán más caos.
La
inestabilidad global se ha adueñado del mundo y ha tomado
posesión de él. Todo aquello que antes parecía
estable ahora ya no lo es. Todo lo que parecía a salvo ya
no lo está. Sobre todo, la psicología de millones
de personas ha comenzado a cambiar de una forma dramática.
El descontento ya estaba presente, como las fuerzas colosales, pero
invisibles, que se acumulan debajo de la superficie del planeta
antes de que se produzca el terremoto. Cuando estas fuerzas alcanzan
un punto crítico, cualquier pequeño alboroto puede
ponerlas en movimiento con resultados catastróficos. La guerra
venidera desatará fuerzas en todo el mundo que hasta el momento
actual eran impensables.
Están
apareciendo nuevas grietas en todas partes. El primer efecto de
la política de Bush ha sido fracturar completamente occidente.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la OTAN,
la UE, EEUU y Europa, todo está profundamente dividido. Las
tensiones entre Europa y EEUU son particularmente serias. La burguesía
europea ya no confía en los estadounidenses para representar
sus intereses. Los estadounidenses maldicen a los franceses, pero
Chirac sólo dice lo que otros están pensando. La
verdad es que son cosas que llevan ya tiempo diciéndolas,
aunque sólo en privado. Ahora, los antagonismos entre Europa
y EEUU se han abierto. Y no va a ser fácil que desaparezcan.
A la
amenaza de guerra hay que añadir la perspectiva de una nueva
recesión en la economía mundial. Aquellos que ayer
hablaban de recuperación de la economía mundial se
han confundido. En la City londinense, los inversores han sufrido
duras pérdidas después de que el índice FTSE
100 cayera cien puntos. Los precios de las acciones en la bolsa
londinense han perdido 40.000 millones de libras. Las acciones
de las aseguradoras y los bancos son las que más han sufrido,
mientras que las grandes petroleras como Shell y BP han subido.
El FTSE 100 está en su nivel más bajo en ocho años.
Hace unos años alcanzó el nivel record de los 7.000
puntos, ahora, está por debajo de la mitad y los expertos
dicen que en un futuro próximo bajará de los 3.000
puntos.
Si
la bolsa se puede considerar algo parecido a un termómetro
que indica aproximadamente la salud de la economía capitalista,
o al menos la situación de los inversores, entonces, demuestra
que tiene una fiebre alta. Este fenómeno no se limita a la
bolsa de Londres. Se están registrando resultados similares
en París, Frankfurt y otras bolsas europeas. No se puede
atribuir sólo al nerviosismo ante la perspectiva de una guerra.
Aquí también la guerra (y la subida de los precios
del petróleo) es sólo un catalizador que expresa un
problema subyacente más serio. La economía mundial
sufre sobreproducción ("sobrecapacidad"),
además de una enorme deudas y desequilibrios que son herencia
del período pasado y que todavía no han desaparecido.
Las cifras de los beneficios empresariales indican que la tan cacareada
recuperación realmente no existe, como ya pronosticamos.
El aumento del desempleo, los cierres de fábricas y las bancarrotas
están en el orden del día.
Al
otro lado del Atlántico, las últimas cifras de EEUU
demuestran un aumento inesperado del paro. Esto es sólo el
principio. La guerra en Iraq, llega después de la
"huelga" en Venezuela, y los preparativos bélicos
del ejército estadounidense están disparando el consumo
de petróleo y gasoil, lo que está empujando al alza
los precios del petróleo. Inevitablemente, subirán
aún más durante los próximos meses, ejerciendo
un efecto depresor sobre los márgenes de beneficio que ya
estaban deprimidos debido a la sobreproducción y a la mala
situación de los mercados mundiales.
Las
promesas de Arabia Saudí de aumentar la producción
no serán suficientes para contrarrestar la escasez global
de petróleo. La producción petrolera de Kuwait ya
ha caído debido a los preparativos de guerra. Como ocurrió
en 1973-74, un aumento profundo de los precios del petróleo
puede ser el "accidente" que hunda al
mundo en una severa recesión. De este modo, una crisis alimenta
a otra, preparando el camino para un estallido masivo de la lucha
de clases en un país tras otro, en un continente tras otro.
Auge
de la lucha de clases
La
situación actual no tiene paralelo en la historia. Hay muchos
imponderables que hacen difícil pronosticar de forma exacta
cómo se desarrollarán los acontecimientos. Pero
una cosa está clara: la crisis del capitalismo es profunda
y global. Esta situación puede provocar cambios
bruscos y repentinos en la conciencia de la clase obrera. Y este
proceso ya ha comenzado.
En
primer lugar, tuvimos las manifestaciones de masas contra la globalización,
fueron un síntoma del cambio de ambiente entre la juventud,
particularmente entre los jóvenes de clase media y los estudiantes.
Pero como ocurre a menudo en la historia, el viento primero llega
a la copa de los árboles. El fermento entre los estudiantes
y la clase media, es una anticipación del movimiento de la
clase obrera. Éste ha comenzado con las huelgas generales
de masas que recorrieron Europa el año pasado. Esto
supuso la entrada en escena decisiva de la clase obrera.
Ahora es una realidad
el movimiento del proletariado, algo que habían desechado
todos los cínicos miserables, escépticos y renegados.
La profundidad y el alcance del movimiento es mayor que todo lo
que hemos presenciado desde la tormentosa década de los años
setenta. La situación prebélica actual ha afectado
a la clase de una forma sin precedentes. Incluso antes de que se
dispare el primer tiro ya hay síntomas claros, en un país
tras otro, de movimientos de protesta en las fábricas.
Esta
oposición a la guerra entre los trabajadores normales, normalmente
no conocidos por su militancia, ha obligado a la CES (Confederación
Europea de Sindicatos) a convocar un paro de quince minutos el viernes
14 de marzo. A pesar de su limitado alcance, este acto, convocado
bajo la consigna de "No a la guerra",
es algo tremendamente significativo y demuestra claramente que la
CES está sufriendo una enorme presión desde abajo.
Incluso los dirigentes sindicales españoles han amenazado
con la convocatoria de una huelga general contra la guerra.
Ya informamos de
los dos maquinistas de tres británicos que se negaron a transportar
material bélico en Escocia, a principios de esta semana hubo
una huelga de una hora de los trabajadores portuarios italianos
que también se niegan a cargar material bélico. En
muchos países europeos, los sindicatos están discutiendo
acciones huelguísticas para cuando comience la guerra. Es
el caso de los sindicatos ferroviarios y de comunicaciones de Gran
Bretaña. Incluso en EEUU, la moderada dirección del
AFL-CIO, que ha apoyado todas las guerras imperialistas en las que
ha participado EEUU, ha criticado (aunque tímidamente) los
planes bélicos de Bush.
Es una situación
realmente extraordinaria. En el pasado, los marxistas siempre han
defendido que la consigna de una huelga general contra la guerra
no era apropiada, porque en el caso de una guerra, cuando comienza
la movilización general y la sociedad cae presa de sentimientos
patrióticos, es el momento menos favorable para esta consigna.
Eso ocurrió en 1914, 1939 y cuando comenzó la guerra
del Vietnam. En ese momento esta consigna simplemente sería
algo ultra-izquierdista.
Pero
la situación ahora es completamente diferente. El ambiente
de la aplastante mayoría en Europa está en contra
de la guerra. Los ejemplos anteriores demuestran que capas de la
clase obrera están dispuestas a responder cuando llegue el
momento. Los marxistas en los sindicatos y en los centros
de trabajo deben estar en la primera línea de lucha, dirigir
una agitación sistemática contra la guerra vinculándola
a las reivindicaciones de clase y a la perspectiva del socialismo.
En esta situación
hay que poner en el orden del día la cuestión de la
huelga. Donde los sindicatos todavía están a medio
camino, debemos apoyar activamente esta consigna e intentar generalizarla
tanto como sea posible en el movimiento. La consigna de los comités
de acción debe ser un punto central, para desarrollar y extender
el movimiento huelguístico. Por supuesto, no se trata de
defender consignas aventureras que pasan por encima de la cabeza
de los trabajadores y que no conectan con los deseos de la mayoría
de los trabajadores. Debemos intentar ganar a la mayoría
a través del trabajo paciente, basado en los hechos, las
cifras y los argumentos.
Las
tareas de los marxistas en los sindicatos es doble: conseguir la
acción más amplia posible contra la guerra y a través
de la acción colectiva y la discusión, elevar el nivel
de la clase, comenzando con la vanguardia activa en los sindicatos
y comités de empresa. Hay que organizar reuniones
de masas para discutir nuestra actitud hacia la guerra durante las
horas de trabajo. Hay que presentar resoluciones que no sólo
condenen la guerra, sino que pidan una acción decisiva. Nuestra
consiga debe ser la de Lenin: explicar pacientemente.
¡Por
una política militante contra la guerra!
El
movimiento hacia la guerra plantea la necesidad de reivindicaciones
específicas, como la paralización de todas
las mercancías destinadas a la guerra. ¡Ferroviarios!
¡Estibadores! ¡ Camioneros! ¡No toquéis
el material destinado para la guerra!
Se deberían
presentar inmediatamente resoluciones en este sentido, en cada sección
sindical y comité de empresa. Cualquier intento de disciplina
obrero ante las acciones contra la guerra debe contar con el pleno
apoyo del movimiento. Debemos recordar la vieja consigna de los
pioneros del movimiento obrero: una ofensa a uno de nosotros, es
una ofensa a todos.
Esta
guerra, como cualquier otra guerra, significa muerte y destrucción
para muchos y enormes beneficios para unos pocos. Exigimos
la confiscación de los beneficios de guerra de los manufactureros
de armas, y que se pongan a disposición de la comunidad,
los ancianos, los enfermos, los niños, los sin techo y los
parados. ¡Ni un penique ni un centavo para esta guerra
criminal! ¡Exigimos un programa de obras públicas útiles!
La clase obrera
debe defender los derechos democráticos. ¡Ninguna restricción
de los derechos democráticos con la excusa de la guerra!
¡Exigimos la derogación de todas las leyes antisindicales!
¡Defender el derecho a huelga y manifestación! En el
pasado sólo el uso de estas armas han conquistado la democracia
y ¡sólo con ellas podemos defender nuestros derechos
ahora!
Blair,
Aznar, Berlusconi, todos estos "demócratas"
han ignorado las opiniones de la mayoría. Han ignorado las
voces de millones de manifestantes. Debemos organizar nuevas e incluso
más masivas manifestaciones. Pero los trabajadores deben
organizar manifestaciones que realmente puedan dañarles:
debemos plantear la cuestión de las huelgas y las huelgas
generales contra esta política reaccionaria.
El poder del movimiento
obrero es imponente. Ninguna rueda gira, ninguna bombilla se enciende,
ningún teléfono suena, sin el permiso de la clase
obrera. Es el momento de hacer realidad ese poder. Nuestra consigna
debe ser: "Somos muchos, ellos pocos". ¡Hay que
hacer oír la voz de la clase obrera!
En
última instancia, la única forma de parar
la guerra es a través de la transformación socialista
de la sociedad. Pero esto no es cosa de un día.
La forma de preparar las fuerzas para la revolución socialista
es a través de la organización de toda una serie de
acciones políticas, a través de las cuales la clase
obrera y la juventud ganen experiencia y aprendan las lecciones
que puedan prepararles para cosas mayores.
Una parte vital
de la lucha por la transformación socialista de la sociedad
es la lucha por la transformación de las organizaciones de
masas de la clase obrera, los sindicatos, el Partido Laborista y
los partidos comunistas y socialistas. Las burocracias que han tomado
el poder en estas organizaciones y que las han apartado de su objetivo
histórico, sólo representan a una pequeña capa.
Están en el poder debido a la apatía y la inercia
de los trabajadores. Debemos luchar para reclamar que estas organizaciones
queden libres de burócratas y arribistas, debemos volver
a convertirlas en vehículos reales para la transformación
de la sociedad.
¡Sindicalistas!
¡Socialistas! ¡Comunistas! Exigid la convocatorio de
una conferencia para discutir la cuestión de la guerra y
la elaboración de un programa militante para llevar a cabo
una acción contra la guerra. Sobre todo en Gran Bretaña,
es necesario pedir la convocatoria de una conferencia del
Partido Laborista para exigir la destitución de los parlamentarios
que han votado a favor de la guerra, empezando con Tony Blair.
El
momento actual puede sentirse como la hora en que la oscuridad está
cerniéndose sobre la faz del planeta. Las fuerzas
de la reacción se pueden ver en todas partes. Pero después
de la oscuridad siempre viene el amanecer. Este carnaval de reacción
y guerra está preparando el terreno para acontecimientos
explosivos en todo el mundo. En estos acontecimientos la clase obrera
y sus organizaciones jugarán un papel clave, y dentro de
ellas, la tendencia marxista estará en primera línea.
La audiencia para nuestras ideas se doblará, triplicará
y cuadruplicará, cuando las masas, comenzando con la vanguardia,
asimilen las lecciones de los grandes acontecimientos. La sociedad
y el movimiento obrero se verán sacudidos de arriba a abajo.
Tarde o temprano, en uno u otro país, estarán preparadas
las condiciones para la revolución social.
Los
imperialistas estadounidenses creen que pueden hacer lo que quieran
en cualquier parte del mundo y en cualquier momento. El resultado
final será caos en todos los frentes. Habrá
posibilidades revolucionarias en todas partes. Para aquellos reaccionarios
que identifican revolución con caos les decimos: es
vuestro sistema lo que está en bancarrota en todo el mundo.
Eso es lo que está provocando el caos. La revolución
no provoca el caos, sólo pone fin al caos actual creando
un orden social nuevo que abolirá radicalmente las causas
del caos.
La
ciencia moderna nos dice que después del caos llega el orden.
Pero para que esto ocurra es necesario un catalizador, como en la
química. Este catalizador no es otro que un partido y dirección
revolucionaria de la clase obrera. A aquellos que miran la próxima
guerra con temor y sacan conclusiones pesimistas sobre el futuro
de la humanidad debemos decirles: La guerra es mala, pero
es el producto de las contradicciones del capitalismo global.
Si quieren erradicar la guerra, únete a la tendencia marxista
internacional y lucha por la transformación del movimiento
contra la guerra en una lucha consciente contra el capitalismo,
por la transformación socialista de la sociedad en todo el
mundo. La única forma de luchar contra la guerra
es con la guerra de clases.
Londres, 13 de marzo
de 2003
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