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La
guerra como estrategia industrial
Red
Voltaire* / Red
Voltaire - 25/03/03
El control de los recursos energéticos de Irak representa
una jugada estratégica primordial para los Estados Unidos.
La empresa económica se sitúa sobre el mercado armamentista
y, sobre todo, en el de la reconstrucción. Cinco grandes
sociedades se reparten desde ahora el mayor negocio público
desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Detrás de ellas
encontramos a George Schultz, Donald
Rumsfeld y Dick Cheney.
Jacques
Chirac no cesa de repetir que a los ojos de los europeos
“la guerra es siempre la peor de las soluciones, el
acta de un fracaso”. Como lo resalta Robert Kagan,
el ensayista preferido de George W. Bush, es precisamente esa la
manera de pensar que determina la contradicción fundamental
entre la vieja Europa y los neo-conservadores
que detentan el poder en Washington, para quienes la guerra
es un acto creador que permite regenerar al mundo, como
la destrucción de los empleos puede ser la forma de modernización
de los medios de producción.
Desde
ese punto de vista, la destrucción de Irak
marca la apertura del mayor negocio público
del mundo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Incluso antes
de que el presidente Bush dirigiera su ultimátum a Irak,
el Pentágono, que se prepara a ejercer un protectorado
militar sobre el país, había firmado ya los
contratos para la reconstrucción.
Cinco grandes sociedades estadounidenses se reparten la gigantesca
torta. En primer lugar el Grupo Betchel. Esta sociedad
de BTP, la más importante de los Estados
Unidos, es controlada desde hace cuatro generaciones por la familia
Betchel y uno de sus administradores no es otro que George
Schultz, quien fuera Secretario de Estado de Ronald Reagan.
Él preside, por otra parte, el Consejo de Orientación
del Comité por la Liberación de Irak, el lobby pro-guerra
financiado por la Lockheed Martin.
La
alianza Lockheed Martin-Betchel augura un nuevo tipo de de negocios:
la destrucción de un país por un comerciante de armas
y luego su reconstrucción por un negociante en hormigón.
Schultz ocupa igualmente la dirección de Gilead Science,
el gigante farmacéutico del cual Donald Rumsfeld
ha sido ejecutivo hasta su reincorporación al gobierno. Esta
firma viene de obtener importantes negocios públicos en el
marco de la prevención de ataques químicos y biológicos.
En efecto, Rumsfeld ha logrado convencer a su opinión pública
que el régimen de Saddam Hussein tendría todavía
algunas de las armas de destrucción masiva que él
mismo le vendió durante la guerra Irán-Irak
y que Bagdad tendría intención de usar contra el pueblo
estadounidense. En el transcurso de los últimos años
Gilead Science ha sacado gran partido de los beneficios generados
por los antivirales que producen para tratamiento del SIDA. El alto
precio de sus tratamientos no permiten su difusión en el
Tercer Mundo, algunos de cuyos Estados han intentado fabricarlos
fuera de licencia pero han sido condenados por la Organización
Mundial del Comercio (OMC). En 1998, antivirales idénticos
fueron producidos sin licencia por una fábrica pirata de
Al-Shifa (Sudán) y por reclamos de Rumsfeld y de Schultz,
el entonces presidente Bill Clinton acusó al centro
de Al-Shifa de ser una cobertura para la fabricación de armas
de destrucción masiva para Al-Qaeda y lo hizo bombardear.
Diversas encuestas internacionales mostraron posteriormente que
tales acusaciones carecían de fundamentos.
El
segundo premiado en el negocio de la reconstrucción de Irak
es la Compañía Halliburton.
Líder mundial en equipos petroleros, esta sociedad conoce
bien al país donde ha reconstruido lo esencial de las instalaciones
de perforación y refinación después de la guerra
de 1991. Su presidente era entonces Dick Cheney,
quien venía de comandar la destrucción del país
en calidad de Secretario de Defensa de George H. Bush (el
padre) Y aun cuando oficialmente Cheney dimitió de sus funciones
privadas desde su designación como Vice-presidente de George
W. Bush (el hijo), continúa sin embargo cobrando emolumentos
residuales que se aproximan al millón de dólares anuales.
Es pues desde esa posición equívoca que él
comandará esta nueva destrucción de Irak, la cual
no dejará de aportarle nuevos beneficios.
Los
otros favorecidos de la destrucción de Irak son The Fluor
Group, Parsons Corporation y The Louis Berger Group, tres sociedades
que se han mostrado particularmente generosas con los “think
tanks” de los fundamentalistas.
En
tales condiciones uno puede preguntarse acerca del tipo de blancos
que serán bombardeados por los Estados Unidos: ¿responderán
únicamente a objetivos militares o también a la preparación
de la más vasta obra de construcción del mundo?
*
Tradución: Ángel Cristóbal Colmenares E.
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