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La
doctrina Bush y el tercer Golpe de Estado
Antonio
Guillermo García Danglades* / Soberania.info
- 25/03/03
La oposición venezolana insiste en su deseo de materializar
un golpe de Estado contra el gobierno legitimo y democrático
de Hugo Chávez. Esta vez enfila sus baterías hacia
una intervención norteamericana amparada bajo la nueva 'Estrategia
de Seguridad Nacional', mejor conocida como 'Doctrina Bush'. En
este sentido, se ha venido produciendo una serie de declaraciones
de manera sistemática en Venezuela, Colombia y Estados Unidos
señalando al gobierno venezolano de auspiciar un 'Estado
Forajido' que ofrece albergue a grupos catalogados por la administración
Bush como terroristas, con el objetivo de provocar la invocación
de la 'Doctrina Bush' sobre Venezuela con el apoyo de la derecha
colombiana y la oposición pitiyanqui, reaccionaria y neoliberal
de Venezuela.
'La
gran forma de conducirnos con las naciones extranjeras es en extensión
a nuestras relaciones comerciales tener con ellas la menor conexión
política posible.'
George Washington: 'Farewell Address to the American People',
1796.
'No
hay nada más disparatado que creer que la guerra puede ser
evitada por la guerra. Por la guerra no se puede evitar más
que la paz.'
Harry S. Truman: Memorias. 1948.
'En
el mundo al que hemos entrado, el único camino hacia la seguridad
es el camino de la acción; y nuestra nación actuará.'
George W. Bush: West Point, 1 de Junio de 2002
De doctrina en doctrina
Desde
finales del siglo XIX, la política exterior norteamericana
ha sido esencialmente la misma. La 'Doctrina Monroe'
de 1823 que surgió como respuesta a las pretensiones de la
Santa Alianza europea de intervenir en los estados independientes
de América del Sur para reinstaurar sus colonias al servicio
de Fernando VII, inició el camino hacia la ruptura definitiva
con la tradición aislacionista de la política exterior
norteamericana que se produciría cuando el presidente Wilson
involucró a su país en la primera Guerra Mundial.
En su 'Farewell Address to the American People',
documento publicado por el American Daily Advertiser de Filadelfia
el 19 de Septiembre de 1796 y endorsado por John Adams, Thomas Jefferson,
James Madison y otros miembros fundadores de la republica, George
Washington delineaba los principios del beneficio mutuo
y comercio pacífico con el resto del mundo, 'sin
forzar nada', y recomendaba evitar inmiscuirse en los asuntos
políticos y conflictos de otras naciones, pero permanecer
fuertes y preparados para la defensa de cualquier ataque.
Durante
la crisis Anglo-Americana de 1895-96, el presidente norteamericano
Grover Cleveland invocó la 'Doctrina
Monroe' y exigió a Gran Bretaña que desistiera
de sus pretensiones de adjudicarse una larga porción del
territorio venezolano en la frontera con la Guyana Británica,
y sometiera la disputa al arbitraje internacional. El fuerte lenguaje
utilizado por Cleveland fue interpretado como un ultimátum
que pudo muy bien haber desatado una guerra entre las dos potencias.
De acuerdo al catedrático Christopher Layne, 'Estados
Unidos estaba dispuesto a pelear contra Gran Bretaña si fuese
necesario para establecer su supremacía sobre el hemisferio
occidental.' (La Feber y May en Layne 1994) Sin embargo,
algunos historiadores señalan que el conflicto nunca estalló
porque 'Gran Bretaña estaba restringida de ir a la
guerra al no tener una distribución favorable de sus capacidades
militares' (Layne 1994), mientras que otros estiman que
el hecho de compartir un idioma, historia y cultura fue un factor
decisivo que evitó un conflicto de grandes proporciones.
No
obstante, la 'Doctrina Monroe' no fue siempre utilizada
como una política defensiva frente a Europa, sino como lo
manifiesta acertadamente el catedrático Manuel Salgado
Tamayo (2002) en su trabajo 'El Plan Colombia y
el ALCA', 'una amenaza contra cualquier pretensión
de cerrar el paso al expansionismo norteamericano', convirtiéndose
así en un instrumento imperialista que bajo la tesis de la
'responsabilidad global' desplazaba la política aislacionista
de 'evitar enredos políticos' con otras naciones. En este
sentido, Salgado Tamayo destaca la guerra contra México en
1846 y 1948 en la que Estados Unidos se adjudico Texas, Arizona,
Nuevo México, California, Nevada, Utah y parte de Wyoming;
la Guerra Hispano Norteamericana de 1898 en la que logra apoderarse
de Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam; y el Tratado Hay-Bunau Varilla
de 1903 con el cual consigue la división del territorio colombiano
para crear artificialmente a Panamá y hacerse del control
de la construcción y posterior administración del
canal, así como de todos los asuntos geoestratégicos
de la región centroamericana y del Caribe.
En
1904, el 'Corolario Roosevelt' vino a legitimar
el carácter intervencionista de la 'Doctrina Monroe' al establecer
que cualquier país podría ser invadido por Estados
Unidos si no actuaba 'con una eficacia razonable y con el
sentido de las conveniencias en materia social y política,
si mantiene el orden y respeta sus obligaciones...' En
este sentido, el presidente Teodoro Roosevelt, señalaba que
'la injusticia crónica o la importancia que resultan
de un relajamiento general de las reglas de una sociedad civilizada
pueden exigir a fin de cuentas, en América o fuera de ella,
la intervención de una nación civilizada y, en el
hemisferio occidental, la adhesión de los Estados Unidos
a la doctrina de Monroe puede obligar a los Estados Unidos, aunque
en contra de sus deseos, en casos flagrantes de injusticia o de
impotencia, a ejercer un poder de policía internacional.'
A partir de esta posición imperialista se produjeron, de
acuerdo a las investigaciones del periodista e historiador argentino,
Gregorio Selser (1922-1991), más de 10 mil ocupaciones, agresiones
y desembarcos en América Latina.
En
lo sucesivo, la política exterior norteamericana
hacia América Latina cambiará de nombre de acuerdo
a las circunstancias políticas del contexto internacional:
la 'Unión Panamericana' de 1910, la política
del 'Buen Vecino' bajo la cual se crearon la OEA
y el TIAR, y la 'Alianza para el Progreso' promovida
por el presidente John F. Kennedy en la cual se planteaba el desarrollo
de la región latinoamericana. Esta fórmula progresista,
aunado al acercamiento con el régimen de Fidel Castro[i],
el eventual retiro de las tropas norteamericanas de Vietnam y la
promoción de los derechos civiles de las minorías
negras que ponía fin a la política segregacionista,
representaban, sin lugar a dudas, una amenaza para el sector
reaccionario de la política norteamericano. Estas contradicciones
fueron resueltas mediante un golpe de Estado magnicida que saco
a Kennedy del poder y le dio un vuelco radical a la política
exterior norteamericana. En este sentido, el presidente
Richard Nixon y su secretario de Estado, Henry Kissinger, se encargaron
de profundizar la intervención norteamericana en América
Latina con el financiamiento y apoyo irrestricto a los regímenes
totalitarios de derecha, golpes de Estado, asesinatos de lideres
políticos de izquierda y la aplicación del 'Plan Cóndor',
que tal y como lo había advertido el Libertador Simón
Bolívar, 'plagó la América de miseria a nombre
de la libertad.'
Al
finalizar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos y la Unión
Soviética emergieron como las dos potencias mundiales, pero
sus diferencias ideológicas las llevarían a una pugna
de intereses que devino en lo que hoy conocemos como la Guerra Fría.
Para enfrentar el nuevo escenario internacional, Estados
Unidos elaboró la 'Doctrina Truman' de 1948, la cual consistió
en facilitar apoyo financiero y logístico a todos aquellos
países que se distanciara de la influencia comunista. Asimismo,
la administración Truman estableció la política
de 'contención' que consistió en el crecimiento desproporcionado
de la capacidad militar nuclear con el objetivo de neutralizar la
expansión soviética y limitar su área de influencia
a los territorios que ya dominaba.
Con
el fin de la Guerra Fría tras la caída del Muro de
Berlín y la disolución de la Unión Soviética,
surgió la noción del 'fin de la historia'
de Francis Fukuyama que suponía la consolidación
del capitalismo y estabilización del sistema internacional.
En este contexto de post-Guerra Fría, la política
exterior de Reagan y Bush padre se basó en la promoción
del neoliberalismo en América Latina como la base fundamental
para la creación del 'Mercado Común de las Américas',
conocido hoy como ALCA, cuyo aspecto político
y militar fue auspiciado por Bill Clinton a través de la
guerra contra el narcotráfico y la aplicación del
'Consenso de Washington' que contemplaba la homogenización
de las economías regionales de acuerdo al paradigma neoliberal.
Esta fracasada política dejó el terreno abonado
para que el nefasto gobierno de George
W. Bush profundizara la implementación del 'Plan
Colombia' y diera pasos definitivos hacia la materialización
del ALCA.
Ambas
iniciativas se acelerarían notablemente tras el ataque
terrorista perpetrado contra Estados Unidos el 11 de septiembre
de 2001, aunque el centro de gravidez de la política exterior
norteamericana se encontrara en el Medio Oriente.
La
Doctrina Bush
En
su primera alocución publica tras el ataque terrorista del
11 de septiembre, el presidente Bush anunció una 'monumental
batalla entre el bien y el mal', y quien no estuviera al
lado de Estados Unidos, estaría a favor del terrorismo. De
esta manera se comenzaba a hilvanar la no-tan-nueva 'Estrategia
de Seguridad Nacional de Estados Unidos' (20 de septiembre
de 2002), mejor conocida como 'Doctrina Bush',
elaborada por una logia neoconservadora integrada por el vicepresidente
Dick Cheney,
el secretario de Defensa, Donald
Rumsfeld, y los ideólogos reaccionarios Karl
Rove y Paul Wolfowitz, vicesecretario de Estado que en
1992, inmediatamente después que Bill Clinton venciera en
las elecciones presidenciales al padre de Bush, escribió
un documento en el que se establecían los parámetros
estratégicos hacia la consecución de un nuevo orden
mundial bajo el mando supremo de Estados Unidos. El documento titulado
'Defence Planning Guidance' considera que Estados
Unidos debía 'impedir la competencia de quienes aspiren
a jugar un papel preponderante en el ámbito regional o global',
y contemplaba el uso de armas nucleares, biológicas y químicas
de manera preventiva, 'aun en conflictos en los que los
intereses estadounidenses no estén directamente amenazados.'
(Ed Vulliamy: 'Two men driving Bush into war.' The Observer, 23
de Febrero de 2003) De esta forma se planteaba por primera vez el
'ataque preventivo' como el eje fundamental de una política
de seguridad y defensa que diez años mas tarde seria la base
de la nueva política exterior norteamericana, distanciándose
radicalmente de la política de 'contención'
puesta en práctica desde el fin de la Segunda Guerra
Mundial.
En
septiembre de 2000, un proyecto secreto titulado 'Reconstruyendo
las defensas de Estados Unidos: para el nuevo siglo' elaborado
por Cheney, Wolfowitz, Rumsfeld, Jeb Bush, Lewis Libby y demás
miembros del grupo reaccionario 'Project for the New American
Century', proponía el mantenimiento y expansión
de una 'Pax global Americana' y 'la preeminencia
de las fuerzas militares estadounidenses.' Para ello, el
documento establecía cuatro misiones fundamentales para las
fuerzas militares estadounidenses:
1) defender el territorio americano;
2) pelear y ganar decididamente múltiples
y simultáneos teatros de guerra;
3) ejercer las tareas de 'gendarme' asociadas a
la construcción de un clima de seguridad en regiones criticas;
y
4) transformar las fuerzas estadounidenses para
explotar la 'revolución en asuntos militares' que asegurara
una superioridad a largo plazo a través de la aplicación
de tecnologías avanzadas y el mejoramiento de las capacidades
militares. En este sentido, el documento urge mantener la superioridad
estrategia nuclear, restituir la fuerza del personal militar, reposicionar
las fuerzas militares estadounidenses para responder a las realidades
estratégicas del siglo 21, modernizar las fuerzas militares
de manera selectiva, desarrollar e instalar mísiles globales
de defensa para defender a Estados Unidos y sus aliados, y controlar
el nuevo espacio común internacional y el ciberespacio.
El
documento también señala que si bien la estrategia
estadounidense había sido contener la expansión soviética
durante la Guerra Fría, los retos de hoy requieren asegurar
y expandir 'las zonas de paz democrática', impedir el surgimiento
de nuevos poderes rivales que compitan con la superioridad estadounidense,
defender las regiones clave, preservar el predominio norteamericana
a través de la transformación de la guerra realizada
con nuevas tecnologías, y dar forma al orden de seguridad
internacional de acuerdo con los principios e intereses estadounidenses...
tan pronto como sea posible..' Asimismo, el documento se refiere
a la necesidad de mantener el liderazgo de las misiones pacificadoras
en Estados Unidos y no en las Naciones Unidas, auspiciar el proceso
de democratización en China, preparar 'nuevos métodos
de ataque electrónico, no letal, biológico capaces
de atacar genotipos específicos', y calificar a
Corea del Norte, Libia, Siria e Irán como regímenes
peligrosos cuya existencia 'justifica la creación
de un sistema de control y mando en todo el mundo.' (Neil
Mackay: 'Bush planned Iraq 'regime change' before becoming President'
Sunday Herald de Escocia, 18 de Septiembre de 2002) Según
este documento, para llevar a cabo tan ambicioso proyecto, Estados
Unidos requiere proveer suficiente fuerza y recursos presupuestarios
al aparato militar. En este sentido, se recomienda incrementar gradualmente
el gasto de defensa para llevarlo a un mínimo de 3,5 o 3,8
puntos del Producto Interno Bruto, lo cual le agregaría de
15 a 20 millardos de dólares al gasto anual de defensa. No
obstante, el documento señala que una transformación
de las capacidades militares de esta magnitud sería un proceso
largo, por lo que un incremento masivo del gasto militar requería
de 'un evento catastrófico y catalizador,
- un nuevo Pearl Harbor.'
Y
como arte de magia, exactamente un año mas tarde, y pese
a todas las advertencias realizadas por la CIA y diversos servicios
de inteligencia, se producía el ataque terrorista del 11
de septiembre que le daría puerta franca a la promulgación
e implementación de la 'Estrategia de Seguridad Nacional
de Estados Unidos' elaborada por la logia neoconservadora
que maneja la defensa, seguridad estratégica y política
exterior de la administración Bush.
El
1 de Junio de 2002, durante el acto de conmemoración de los
200 años de la academia West Point, el presidente Bush señalaba
la 'irrelevancia' de la política de contención
y disuasión practicada por Estados Unidos durante la Guerra
Fría en la tarea de 'desmantelar células terroristas'
en mas de 60 países, y la necesidad de 'llevar la
guerra hacia el enemigo, destruir sus planes y confrontar la peor
de las amenazas antes de que ésta emerja.' Para
Bush, 'en el mundo al que hemos entrado, el único camino
hacia la seguridad es el camino de la acción; y nuestra nación
actuara.'The Observer, 16 de Marzo de 2003). De esta manera, el
presidente Bush expresaba las líneas generales de la 'Doctrina
Bush', la cual establece 'la libertad, democracia y libre empresa'
como el 'único modelo sostenible' a ser alcanzado a través
de guerras ilimitadas, unilaterales y 'preventivas', ejecutadas
contra ' terroristas y tiranos' así como contra 'redes oscuras
de individuos' que planeen ataques 'inminentes' con 'tecnología
moderna.'
Esta nueva noción de 'seguridad' cambia 'drásticamente'
la manera de 'defender' a Estados Unidos de sus 'enemigos.'
En este sentido, 'Estados Unidos hará responsables
a aquellos países comprometidos con el terrorismo, incluso
aquellos que dan refugio a terroristas - porque los aliados del
terrorismo son enemigos de la civilización... Y, como una
cuestión de sentido común y de autodefensa, Estados
Unidos actuará contra esas amenazas en surgimiento antes
de que éstas terminen de formarse... En el nuevo mundo en
que hemos entrado, el único camino hacia la paz y la seguridad
es el de la acción.' A diferencia de lo que aconsejaba
sabiamente el prócer norteamericano George Washington, la
política exterior trabajará 'activamente para llevar
la esperanza de democracia, desarrollo, mercados libres y libre
comercio a todos los rincones del mundo...' Aunque esta política
fue concebida por la logia neoconservadora de la administración
Bush en septiembre de 2000 sobre la base de ideas y proyectos que
vienen hilvanándose desde 1992, esta pretensión imperialista
llamada 'Doctrina Bush' es justificada bajo el pretexto del ataque
terrorista del 11 de septiembre, que según el presidente
estadounidense, demostró que 'estados débiles,
como Afganistán, pueden representar un peligro tan
grande para nuestros intereses nacionales como los estados poderosos...
la pobreza, las instituciones débiles y la corrupción
pueden hacer que los estados débiles sean vulnerables a las
redes de terroristas y a los carteles narcotraficantes dentro de
sus fronteras.'
De
acuerdo al catedrático norteamericano, James Petras
('Doctrina Bush: la construcción desenfrenada del Imperio'
Rebelión, 7 de octubre de 2002), el objetivo de las amenazas
de Bush proferidas en su doctrina es 'la conquista global...
y todo país, grande o pequeño, que no acepte o apoye
la conquista imperial de Estados Unidos se convierte en un enemigo.'
Según Petras, la 'Doctrina Bush' no esta diseñada
únicamente contra terroristas activos y fuertemente armados,
sino que también 'prevé destruir 'planes' y 'amenazas
emergentes' 'discusiones, ideas, debates' licencia para asesinar
a todo 'radical' asociado con 'tecnologías peligrosas'.'
La
invasión a Irak
Desde
el inicio de su mandato, la administración Bush puso en practica
los primeros pasos de su doctrina aislacionista. Sin pudor alguno,
Estados Unidos abandonó el Protocolo de Kyoto, se negó
a firmar el tratado que establece la Corte Penal Internacional,
se retiró unilateralmente del Tratado de Mísiles Antibalísticos
que tenía con Rusia, se desentendió del conflicto
palestino-israelí, desestimó el problema sobre inmigración
ilegal que le planteaba México y puso en el congelador la
política de 'compromiso constructivo' que mantenía
con China.
Bajo
la premisa de que 'la agresión es la mejor defensa',
Estados Unidos se enfrentó a Francia, Rusia, China,
Alemania y al resto de la humanidad a fin de llevar a cabo una invasión
imperialista a Irak violentando flagrantemente el sistema internacional
que obliga el consentimiento del Consejo de Seguridad de la ONU
para llevar a cabo este tipo de acción militar,
y que jamás habría sido aprobada por falta de pruebas
fehacientes que demuestren que Irak planeaba ataques inminentes
con armas de destrucción masiva y por el resultado satisfactorio
que habían tenido los inspectores de la ONU bajo el liderazgo
de Hans Blix en
organizar y monitorear satisfactoriamente el desmantelamiento las
capacidades militares de Irak no permitidas por la ONU.
Tal
y como lo establece la 'Doctrina Bush', el objetivo de Estados
Unidos no es desarmar a Irak sino derrocar a Saddam Hussein y producir
un 'cambio de régimen' que 'contagie' al Medio Oriente con
la 'democracia occidental' y 'libre mercado', y de esta manera lograr
pleno acceso al suministro de petróleo barato y posterior
desmantelamiento de la OPEP así como expandir su hegemonía
en el Medio Oriente y sureste Asiático. Esta invasión
ya había sido delineada mucho antes del ataque terrorista
del 11 de septiembre. El documento 'Reconstruyendo las defensas
de Estados Unidos: para el nuevo siglo' escrito en septiembre de
2000 y que sirve de inspiración a la 'Doctrina Bush', sugiere
que Kim Jong II en Corea del Norte y Saddam Hussein en Irak pueden
comenzar una guerra utilizando armas biológicas y nucleares,
y que los Estados Unidos debe no solo vencer estos ataques sino
sacar a estos regímenes del poder y conducir operaciones
de estabilidad en la post-guerra. Asimismo, el documento
señala que Estados Unidos ha buscado por décadas jugar
un papel predominante en la seguridad del Golfo Pérsico,
y en este sentido resalta que 'mientras el conflicto sin resolver
con Irak provee una justificación inmediata' para intervenir,
'la necesidad de mantener una presencia estadounidense sustancial
en el golfo trasciende el asunto del régimen de Saddam Hussein.'
(The Observer, 16 de Marzo de 2003)
En
su estupendo articulo 'Things to Come' publicado por The New York
Times el pasado 18 de Marzo, el catedrático Paul
Krugman sostiene que ya es del dominio publico que la guerra
en Irak es producto de la 'invención de un grupo
de intelectuales neoconservadores, quienes lo ven como un proyecto
piloto' al que le seguirán Irán, Siria y Corea del
Norte ya que la 'Doctrina Bush' esta diseñada para la ejecución
de una serie de guerras que conlleve a un 'cambio de régimen'
en los países catalogados como terroristas o que le den albergue
al terrorismo, aun como en el caso de Irak, no existan
evidencias claras de alguna conexión con la organización
al-Qaeda. Por su parte, el analista George Friedman de la organización
reaccionaria de inteligencia Stratfor asegura que el presidente
de Venezuela, Hugo Chávez, 'es el próximo
en la agenda militar de Bush.' ('Oil war: 23 years in the
making', Toronto Star, 9 de Marzo de 2003)
El
tercer golpe
Inmediatamente
después de producirse el golpe
de Estado del 11 de abril contra el gobierno de Venezuela, la
administración Bush manifestó que 'las acciones
antidemocráticas ejecutadas o alentadas por el gobierno de
Chávez provocaron la crisis en Venezuela', con lo
cual exoneraba de toda culpa a la logia cívico-militar neoconservadora
que secuestró al presidente y disolvió la Asamblea
Nacional y Poder Judicial. Estados Unidos prefirió referirse
al 'golpe' como un 'cambio de régimen'
ya que según el vocero presidencial, Ari Fleisher,
'Chávez había perdido su trabajo por el mensaje
que le envió a su pueblo.' (Richard Prasad: 'One
Wild Weekend in Venezuela' 20 de Abril de 2002) De acuerdo a distintas
fuentes, miembros de la administración Bush se reunieron
en mas de una ocasión con la coalición cívico-militar
que organizaba el golpe de Estado, y aunque Estados Unidos asegura
haber manifestado en todo momento que la oposición debía
respetar la constitución, un oficial del Departamento de
la Defensa admitió que el mensaje no había sido claro
ya que nunca 'disuadimos a estas personas', dando a entender
que si bien no participarían directamente en el 'cambio de
régimen' se harían la vista gorda con el resultado
de la operación. De acuerdo al periodista Richard
Prasad, 'el apoyo tácito al régimen de Carmona tuvo
mucho que ver con la economía y política del petróleo.'
La política petrolera de Chávez ha consistido en fortalecer
a la OPEP por medio de la restricción de la oferta de crudos
a fin de provocar un alza en los precios del barril en lugar de
dejar que las fuerzas del mercado determinaran su precio real, como
seguramente habría sido la política de Carmona satisfaciendo
así los deseos de la administración Bush.
Varios
países de América Latina se plegaron a la posición
de Washington. El periodista uruguayo, Aram Rubén
Aharonián, revela en su crónica 'Venezuela:
Un golpe con olor a hamburguesa, jamón y petróleo'
del 28 de abril de 2002, que César Gaviria sugirió
ante el Consejo Permanente de la OEA 'que como el gobierno de Chávez
había sido depuesto, el embajador Valero no debía
entrar a la reunión. La noticia se la transmitió el
representante chileno Esteban Tomic y la presidenta del Consejo,
la salvadoreña Margarita Escobar. Estados Unidos, Ecuador,
El Salvador, Costa Rica, Nicaragua y Colombia hacían esfuerzos
para que se reconociera el gobierno de facto, mientras que México,
Argentina y Brasil 'con el apoyo unánime de los países
caribeños' insistían en el estreno de la Carta Democrática.
Estos países se molestaron por segunda vez con Gaviria
cuando notificó que el gobierno de Carmona había destituido
a Valero, y fue el representante de Barbados quien le increpó
por servir de enlace entre los golpistas y la OEA, y por ordenar
el cese de funciones de un embajador sin que se cumplieron los respectivos
trámites.' Finalmente se impuso la posición democrática
y la OEA aplicó por primera vez su Carta Democrática
a favor del depuesto gobierno, mientras el pueblo Venezolano junto
a la FAN restituían la institucionalidad democrática.
La
posición del gobierno norteamericano y sus países
aliados frente al golpe de Estado en Venezuela demostró que
el 'cambio de régimen' de la 'Doctrina Bush' poco tiene que
ver con los principios democráticos universales, pero sí
con la seguridad estratégica de Estados Unidos. En
este sentido, Joel Sangronis Padrón ('La coordinadora democrática
de Irak' Panorama, 18 de Marzo de 2003) sostiene que 'Estados Unidos
necesita controlar las reservas petroleras del Medio Oriente (y
del mundo), no sólo para reactivar su economía, cuyo
desempeño en los dos últimos años ha sido negativo,
sino también -y esto quizás es lo más importante-
para sustentar su posición de dominio frente a sus competidores
comerciales (y eventualmente militares en un futuro), Europa, Japón
y China; esta última sería la razón de la oposición
de Francia y Alemania a la agresión a Irak.' En efecto,
la base teórica de la 'Doctrina Bush' exige, como lo vimos
anteriormente, 'preservar el predominio norteamericano, y dar forma
al orden de seguridad internacional de acuerdo con los principios
e intereses estadounidenses.' Tal y como lo ofrecía
Carmona Estanga, y ahora la Coordinadora democrática, miembros
del Congreso Nacional Iraquí 'han adelantado que al establecerse
el nuevo gobierno desconocerán todos los contratos petroleros
firmados por el actual régimen y privatizarán
y entregarán la explotación petrolera a un consorcio
integrado exclusivamente por firmas norteamericanas. De igual forma
revisarán la permanencia de Irak en la OPEP y por supuesto,
ajustarán su producción a las necesidades de los EEUU.'
Ante
el fracaso del golpe de Estado mediante el saboteo
criminal contra la industria petrolera, y la inminente extinción
de la misión facilitadota de Cesar Gaviria que buscaba promover
una 'salida electoral' y provocar un 'cambio de régimen'
en Venezuela, Estados Unidos ha quedado al margen de la dinámica
política venezolana. Es por ello, que la administración
Bush se apresuró a integrar el grupo de países amigos
de Venezuela que comenzaba a tomar cuerpo bajo el liderazgo de Brasil,
país al cual estamos 'hermanados ideológicamente por
un proyecto de transformación que busca la dignificación
del ser humano.' (Alo Presidente, 2 de Marzo de 2003) No
obstante, el gobierno de Lula ha impedido que Estados Unidos utilice
al 'Grupo de Amigos' como un instrumento para el derrocamiento del
presidente Chávez. De acuerdo al propio canciller
brasilero, Celso Amorim, la idea fue 'crear un grupo que sea efectivamente
de apoyo al secretario general de la OEA, pero que al mismo tiempo
ofrezca una perspectiva que hoy parece que no existe, o que no está
clara, de una solución negociada, consensuada, con base en
la Constitución, sin rupturas en Venezuela', con lo cual
quedaba establecido el marco de acción de este grupo. Asimismo,
Marco Aurelio García, asesor de Lula en asuntos internacionales,
se opuso rotundamente al adelanto de elecciones en Venezuela argumentando
que la misma no era constitucionalmente viable, complicada y difícilmente
podría resolver la situación política en un
país que requiere ante todo vencer la intolerancia.
Al
quedar minado el camino hacia un 'cambio de régimen' en Venezuela
a través del 'Grupo de Amigos', se produce una serie de declaraciones
de manera sistemática en Venezuela, Colombia y Estados Unidos
en las que se señala a la frontera colombo-venezolana como
la zona 'donde se concentra la mayor cantidad de organizaciones
ilegales, principalmente miembros de las FARC y paramilitares' (Tal
Cual, 13 de Marzo de 2003), con lo cual se pretende crear una matriz
de opinión que presente a Venezuela como un 'Estado
Forajido' que ofrece albergue a grupos catalogados por
la administración Bush como terroristas que justifique la
invocación de la 'Doctrina Bush', que como vimos anteriormente,
establece que 'los Estados débiles pueden ser tan peligrosos
para nuestro interés nacional, como los Estados fuertes',
y que las amenazas contra la 'democracia y libertad económica'
por parte de 'terroristas y tiranos' así como de 'países
comprometidos con el terrorismo, incluso aquellos que dan refugio
a terroristas', serán combatidas militarmente a través
de guerras ofensivas 'preventivas.' Para llevar a cabo
esta estrategia golpista, la oposición reaccionaria habría
contado nuevamente con el apoyo de Estados Unidos.
El presidente del comité de Relaciones Internacionales de
la Cámara de Representantes estadounidense, Henry
Hyde, ya había iniciado una ofensiva contra el gobierno
de Chávez cuando advirtió el pasado año sobre
la constitución de un 'Eje del Mal' en el
continente americano conformado por Castro, Chávez
y Lula, el cual podría obtener rápidamente
armas biológicas provenientes de Cuba y un arsenal nuclear
construido por Brasil.[ii] Asimismo, Gina María Ramírez
('Powell en Bogotá con golpistas venezolanos', Diciembre
de 2002) argumenta que el secretario de Estado norteamericano, Colin
Powell, se habría reunido con Pedro Carmona
y otros golpistas venezolanos en el Hotel del Fondo de la Policía
Nacional durante su visita a Bogota el 4 y 5 de diciembre del pasado
año. Según Ramírez, a esta reunión
habrían asistido 'el general colombiano [Mora Rangel], Colin
Powell, la Embajadora Patersson, Pedro Carmona, el comandante de
la Fuerza Aérea [Colombiana, general Velasco], el director
de la Nueva Central Nacional de Inteligencia militar, Rosso José
Serrano, dos delegados de la plaza Altamira, dos directores de medios
venezolanos y directores y enviados de dos diarios, una revista
y una Cadena Radial de Colombia.' Inmediatamente después,
un medio de comunicación colombiano anunciaba que 'las
FARC ya están en Caracas', coincidiendo con los
reiterados señalamientos que hacia al respecto el general
golpista venezolano Enrique Medina Gómez.
Recientemente, el mismo Powell elogió el 'compromiso
total' del presidente Uribe 'para
limpiar Colombia de narcoterroristas y narcotraficantes,
y de todos aquellos que intentan destruir la democracia colombiana',
pero no mencionó los esfuerzos de Venezuela por erradicar
las actividades irregulares en la frontera. Asimismo, el presidente
del Comando Sur de Estados Unidos, general James. T. Hill,
manifestó ante el Senado norteamericano que 'el presidente
venezolano Hugo Chávez, estaba llevando a su país
a un régimen cada vez más autoritario' por
lo que recomendó 'observar el proceso más detenidamente'
tal y como se lo pidió a su propio personal militar. (Panorama,
14 de Marzo de 2003)
En
este contexto intervencionista se inscribe la insistencia
del gobierno Colombiano para que Venezuela, Brasil y Ecuador,
países que comparten su frontera y cuyos gobiernos discrepan
de la política hegemónica norteamericana, declaren
a las FARC como grupo terrorista. No obstante, los gobiernos
de Chávez, Lula y Gutiérrez se han negado a ello,
y aunque han dejado claro que esta posición no significa
'una expresión de respaldo o solidaridad con ese grupo irregular',
para la oposición implica tácitamente que el gobierno
de Venezuela provee albergue a los grupos insurgentes del vecino
país. En este sentido, el sector reaccionario de la oposición
venezolana que ha tenido una participación activa en los
recientes intentos por derrocar al gobierno venezolano, realizó
una manifestación de protesta frente a la Embajada de Estados
Unidos en Caracas exigiendo que la administración Bush reconociera
el 'terrorismo de Estado' practicado por el presidente Chávez,
a lo que la embajada norteamericana respondió ofreciendo
asistencia 'en material de videoconferencia para elevar el mensaje
internacionalmente.' (Unión Radio, 19 de Marzo de 2003)
Conclusión
Estados
Unidos ha venido combinando la coerción militar e inducida
de manera intelectual, moral y cultural para asegurar el 'consenso
espontáneo', político e ideológico por parte
de los grupos subordinados de América Latina a fin de asegurar
el libre acceso a los recursos naturales y energéticos así
como al gran mercado que representa la región suramericana.
En este sentido, la administración Bush parece dispuesta
a provocar un 'cambio de régimen' en Venezuela que facilite
la cruzada hegemónica norteamericana, aunque para ello deba
también enfrentar a Brasil y a los movimientos populares
democráticos que han surgido recientemente en México,
El Salvador, Ecuador, Bolivia, Argentina y Uruguay.
Aun
cuando el golpe de Estado del 11 de abril demostró que la
política intervencionista de Estados Unidos ha sido esencialmente
la misma durante mas de un siglo, los métodos para instrumentarla
han cambiado de acuerdo a la visión idealista o realista
que del contexto político internacional tengan los representantes
demócratas o republicanos respectivamente. Si bien resulta
difícil concebir una invasión militar a Venezuela
con las mismas características de la que ahora se cierna
sobre Irak, la administración Bush no desistirá
en forzar un 'cambio de régimen' en Venezuela tal y como
lo propone su nueva doctrina, con el apoyo irrestricto de la derecha
colombiana y la oposición golpista venezolana. La estrategia
que hoy persiguen estos grupos reaccionarios es la de concebir una
patraña mediática que involucre al ejecutivo con las
guerrillas insurgentes del vecino país, y así abonar
el terreno para la invocación de la 'Doctrina Bush' que legitime
una intervención diplomática por medio de la OEA provocando
la dimisión del presidente Chávez, con lo cual se
produciría de facto un tercer y definitivo golpe de Estado.
Notas:
[i] De acuerdo a Peter Kornbluh ('JFK & Castro: The Secret Quest
For Accommodation' Cigar Aficionado, 16 de Agosto de 1999), documentos
recientemente desclasificados por el gobierno estadounidense, revelan
que en la primavera de 1963, posterior a la Crisis de los Cohetes,
la administración Kennedy y el gobierno de Fidel Castro iniciaron
una serie de conversaciones secretas a través del intermediario
estadounidense, James Donovan, con el objetivo de lograr un acercamiento
que aliviara el conflicto entre estos dos países y normalizara
las relaciones bilaterales.
[ii] A mediados de 2002, la administración Bush agregó
a Cuba a su 'Eje del Mal' ya que dice tener pruebas que comprometen
al gobierno de Castro con la investigación y desarrollo de
un programa para el desarrollo de armas biológicas, y que
'ha proporcionado tecnología de uso mutuo a otros estados
parias.' (BBC, 7 de Mayo de 2002) Asimismo, el congresista Hyde
advierte en una carta dirigida al presidente Bush que el presidente
Lula de Brasil ha indicado 'un interés en revivir el programa
de armas nucleares en Brasil, el cual desde 1965 a 1994 no solamente
perdió enormes recursos, que habrían podido ayudar
a solventar problemas de los más pobres, pero que únicamente
tuvo éxito en diseñar una bomba nuclear de 30 kilotón,
la cual podría ser rápidamente puesta a prueba si
el programa se retoma'. Existe un prospecto real que Castro, Chávez
y Lula da Silva, podrían constituir un axis diabólico
en las Américas, que puede tener armas nucleares y mísiles
balísticos (los cuales Brasil ha desarrollado en 1990).'
* Antonio Guillermo García Danglades es analista internacional
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