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Deuda
y Guerra
David
Llistar / Rebelión
(España) - 27/03/03
Observatorio
de la Deuda en la Globalización (ODG)
Quienes trabajamos en temas Norte-Sur nos concentramos a menudo
sobre los efectos y no sobre las causas, lo cual nos resta toda
eficacia a medio y largo plazo. Y cuando nuestra atención
es sobre las causas, no siempre las tenemos bien identificadas.
En este mismo sentido el movimiento social de deuda, sentimos esta
inminente guerra estúpida como algo terriblemente injusto
aunque distinto a las problemáticas Norte/Sur y en definitiva
lejano a la generación de deudas en la globalización.
Este
documento pretende romper con esa separación y apunta directamente
a que, de todos los mecanismos de control de que disponen los grupos
de poder y privilegio, la guerra no es solamente la parte más
estridente y mediática, sino, sobre todo, la que más
genera deuda social, ecológica, financiera y moral entre
pueblos. O si quieren, la guerra es la mayor de las contribuciones
a la "deuda histórica" que separa el mundo rico
del empobrecido.
Efectivamente,
en este caso la deuda se genera con el pueblo iraquí (que
no con el gobierno de Sadam) en concepto de matarlos, subyugar al
resto y tomar el petróleo de sus subsuelos. Es así
como la guerra, especialmente si se concibe para controlar recursos
como el petróleo y una posición geoestratégica
clave, acaba destruyendo cualquier posibilidad de autogobierno y
desarrollo autocentrado. Por más que Condoleeza
Rice, Aznar y Rumsfeld
argumenten lo contrario. Ya lo hemos visto en Afganistán.
Vayamos
al tema de la deuda y preguntémonos: ¿Qué
tipo de deudas están involucradas en la invasión de
Irak? ¿Tiene sentido reconceptualizar ese conflicto
a través del prisma de las deudas Centro-Periferia? ¿Tendría
sentido acuñar el término 'deudas de guerra' entre
dos países? Deudas financieras en juego. La doctrina de la
deuda odiosa.
Admitamos
la lógica del sistema y tomemos esta guerra como una inversión
económica a largo plazo donde USA van a sacrificar más
de 100.000 millones dólares para después rescatar
mucho más capital en forma de royalties petroleros, bajadas
de precio del crudo, reactivación de su industria militar
y del amilanamiento de la comunidad internacional. Por
supuesto, una inversión con altos daños colaterales,
aunque difícilmente cuantificables (quién puede contar
cuánto vale la muerte de su hermano, o contraer una leucemia).
Daños que como veremos no entran en los balances de los países
agresores porque, en definitiva, nadie los va a asumir.
En
dicha inversión están en juego dos factores
de riesgo, por un lado las concesiones petrolíferas
de un escenario post-invasión (o post-Sadam), en un Irak
posiblemente anglo-americano y, por el otro, la anulación
de los derechos adquiridos de algunos países durante los
últimos años (Francia, Rusia y China principalmente).
Estos y otros países, en los que se encontraba el Estado
español, han recibido o iban a recibir concesiones de explotación
de petróleo en el país con las casi primeras reservas
mundiales, además de interesantes oportunidades comerciales
en un país por reconstruir. En concreto REPSOL-YPF
era buena candidata a la riquísima zona de extracción
de crudo de An Näsirïyah junto a la AGIP
italiana.
Entre
los derechos adquiridos se encuentran las deudas financieras, aquello
que Irak pasó a deber, quien sabe si para comprar armas y
controlar a sus pueblos (deuda odiosa), o si tal vez fuera en beneficio
de alguna gente de su país. En cualquier caso, actualmente
existen contratos de endeudamiento con estados como Rusia, Francia
y China. Con el Estado español la deuda de Irak es,
según el ODG, de 258 millones de euros.
Pues
bien, la llamada deuda externa no es más que la suma de los
contratos firmados por Irak y sus distintos acreedores. Estos
contratos están sostenidos por la llamada legalidad internacional.
Si
Bush y sus allegados están
siendo capaces de 'legitimar' ante amplios sectores de televidentes
una guerra eminentemente ruin y rastrera, no cabe duda que serán
capaces de anular los contratos que sean necesarios y legalizar
los que crean convenientes para sus intereses. Es por ello, que
el gobierno francés o el ruso –tan belicistas como
puedan ser el norteamericano o el británico-, sufren
por unos contratos que podrían no reconocérseles y
piden una no intervención unilateral norteamericana.
¿Y deberían no reconocerse tales contratos de deuda
financiera? A la luz de que mucha de la deuda externa iraquí
pueda ser lo que los movimientos sociales llamamos 'deuda
odiosa' (deuda que se contrae por un gobierno a expensas
o contra los intereses de su mismo pueblo), ésta no debería
ser asumida de ninguna forma por el pueblo iraquí. Ello incluiría
por ejemplo toda la deuda contraída por la compra de armamento
químico, biológico o convencional a la misma Administración
Reagan a través de su, por entonces, enviado especial a la
zona, Donald Rumsfeld.
No es extraña pues, atendiendo a intereses petrolíferos
en primer lugar, y a reconocimiento de deudas y posiciones privilegiadas
de negocio con el régimen iraquí, la postura encontrada
de los bloques USA-UK y Francia-Rusia-China. ¿Por qué
si no iban a romper estos países su 'buena amistad'?
Lo que sí resulta muy extraña, es la fe y la falta
lógica alguna aplicada por el Gobierno de Aznar.
No
son sólo el 90% de la población española, y
una buena canasta de argumentos, sino incluso los empresarios españoles
(quién sabe si también REPSOL (¿?)), los que
están en contra de la colaboración española
a la invasión de Irak.
La
deuda financiera como un instrumento de presión geopolítica
Recientemente
hemos constatado que hay gobiernos que lideran posturas y que pretenden
'convencer' desde conversaciones, cenas, estadías en ranchos,
reuniones y llamadas telefónicas, a otros gobiernos que,
por una razón u otra, están involucrados en el conflicto.
En una especie de partida de póker privada, los cabezas de
familia se juegan el patrimonio de sus familias, y donde no está
prohibido venderlo todo, incluido el último de los sentidos
democráticos. Pues bien, una de las armas de presión
y disuasión más utilizadas durante los últimos
20 años ha sido la sutil munición financiera.
Esto es, nos referimos a nuevos créditos, anulaciones
arbitrarias de deuda bilateral o multilateral, 'ablandamientos'
de deudas antiguas, control de las calificaciones sobre conveniencia
de invertir en un país (agencias de rating), llamados a la
banca a boicotear financieramente a un país 'paria', etc..
En general, estas armas se han empleado durante los 90, dentro del
llamado Consenso de Washington, para obligar a los estados
de la periferia a aplicar los programas neoliberales de ajuste estructural.
Pero hoy esta munición financiera, se está
desplegando a la par que las tropas norteamericanas y británicas
alrededor de Irak, igual que lo hicieran en Afganistán.
Veamos
las tres principales reacciones financieras para países involucrados
coyunturalmente en el conflicto. Por un lado, gobiernos de países
limítrofes o geoestratégicos, los llamados 'pivotes
geoestratégicos', como Pakistán o Turquía
o Kuwait o Qatar… a los que se les ha aplicado la 'munición
financiera' en positivo, mediante tratos de favor financiero,
cuando estos aceptan jugar a favor del centro del sistema. En segundo
lugar, los países 'paria', 'bribones', 'gamberros', acusados
de ser 'malos'; se les suele acusar de todo: autoritarios, mal pagadores,
terroristas, de poseer armas de destrucción masiva, castigar
a sus poblaciones, etc.. A estos, como Cuba, el
mismo 'Eje del Mal' tan mal inventado por Condolezza
Rice (Irak, Corea del Norte e Irán), el Afganistán
talibán, Zimbabwe,.. y aplicaciones más suaves (Siria,
Venezuela, y un futuro Brasil si Lula cumple sus
promesas,..). Para todos ellos, la munición es en
negativo: embargo comercial-financiero ley Helms-Burton (para Cuba),
petróleo por alimentos para Iraq, embargo de petróleo
en la fría Corea, etc.. Y en tercer lugar, países
cuya presencia en espacios de toma de decisión como el Consejo
de Seguridad de la ONU, la OPEP, la OTAN, o el FMI, pueden acelerar,
frenar o vetar ciertas decisiones colegiadas.
Analicemos
la presión ejercida por ejemplo por el eje USA-UK-Estado
español sobre los países del actual Consejo de Seguridad
de la ONU, cuya decisión ha inclinado la balanza hacia la
guerra, o hacia la postura sindicada por Francia-Rusia-China (mantener
los privilegios adquiridos en Irak) y la postura pacifista-electoralista
de Alemania. Se trata de 6 países de la periferia:
Angola, Camerún, Guinea, Pakistán, México y
Chile. Los cuatro primeros, muy endeudados y dependientes de países
centrales, bilateralmente y a través del FMI. México
y Chile, especialmente ligados comercialmente a los USA a través
del NAFTA y del tratado de libre comercio Chile-USA respectivamente.
En definitiva, fuerte dominación financiero-comercial por
USA.
¿Cómo
actúa este control geopolítico? El ODG está
siguiendo atentamente los movimientos del Gobierno Aznar en su aspirado
papel de 'potencia mundial' y solamente durante
la semana empleada para elaborar este artículo, hemos podido
presenciar el despegue de tres 'mísiles
financieros': un crédito FAD a Turquía
por valor de 161,3 millones de euros (equivalente a 33% del presupuesto
disponible en FAD para todos los países en desarrollo), una
conversión de deuda con el gobierno de Angola
de 800 millones de dólares o la promesa de nuevos créditos
y una visita a México del presidente Aznar
de la cual se desconocen los acuerdos. Toda esta sobreactividad
de operaciones financieras no puede explicarse mas que por las tesis
de que la deuda externa actúa como palanca política
internacional.
Nueva
deuda ecológica
Esta
es la guerra del petróleo. De nuevo, cuando
el poder y las fuentes de recursos naturales se encuentran separados,
se producen tensiones que suelen colapsar en guerras. De
la misma manera que la Alemania nazi de Hitler no dudara en invadir
los países limítrofes en busca de nuevas fuentes de
recursos (aplicando la temida 'política Lebensraum') hoy,
Estados Unidos de Bush, consciente de que entra en un periodo
donde las reservas de petróleo no cubrirán las necesidades
mundiales (junto a una imperiosa necesidad de crecer por algún
lado), debe apoderarse –sea como sea- de los principales yacimientos
mundiales de crudo. La agarrotada economía norteamericana
no puede seguir creciendo si no es rebajando los costes de producción,
es decir, rebajando y controlando el precio del barril de crudo.
La invasión de Irak y el posterior reparto y explotación
de sus recursos petrolíferos por compañías
norteamericanas y británicas, no diverge en absoluto de las
invasiones coloniales de África, América Latina y
Asia más que en la tecnología utilizada. Se trata,
de nuevo, del expolio de unas comunidades por otras, del subdesarrollo
impuesto a fuerza de potencia militar, de la pobreza obligatoria.
Analicémoslo en términos
de la deuda ecológica producida por la guerra. En primer
lugar durante el primer día del ataque, las 3.000 bombas
prometidas por Condoleeza Rice, entre convencionales, químicas,
bacteriológicas y radiactivas (uranio empobrecido), no harán
distinciones entre las víctimas inmediatas y aquellas que
mueran por contaminación, heridas producidas durante el ataque
o falta de infraestructuras sanitarias. Si los pozos, oleoductos
o gasoductos son incendiados, el impacto ambiental será aun
mayor.
Respecto
a posibles impactos ambientales posteriores a la guerra, es fácil
predecir que dependerá de las condiciones de extracción
de las nuevas empresas. Muy posiblemente estas compañías
intentarán recuperar rápidamente la inversión
y, en consecuencia, forzarán el ritmo de extracción
y comercialización descuidando, en ausencia de regulación
alguna, la vertiente social y medioambiental. Como la propia
definición de 'pasivo ambiental' dice, se
generará deuda ecológica toda vez que se produzca
un impacto ambiental en el funcionamiento (ordinario o extraordinario)
de una empresa que esté en poder de una organización
de otro país.Nada
más sucio, a la luz de la historia reciente, que una compañía
petrolera.
Las
reparaciones de guerra por invadir sin legitimidad de ningún
tipo
Existe
la denominación 'deuda de guerra', utilizada
antaño en distintas guerras, que reposa en el hecho que un
país que haya sido invadido y objeto de destrucción,
ilegítimamente se supone, reciba del país o países
agresores una compensación económica en concepto de
reparaciones de guerra. En caso de que hubiera alguna invasión
'legítima', hecho que rechazamos, esta debería recibir
dicho calificativo de alguna instancia de consenso internacional.
Tal es la función que se le atribuye a la ONU. Lo que aún
sería más difícil de aceptar es que en realidad,
la legitimidad de una invasión la pueda conceder
un órgano tan poco representativo y diseñado en torno
al poder, como es el Consejo de Seguridad de la ONU. En
tal caso, parece hoy ser esto incluso mejor, que el atraco
unilateral con el que amenaza repetidamente la Administración
norteamericana y en la que parece estar ciegamente de acuerdo
la Administración española y el Partido Popular.
Por
otro lado, no es esta la reconceptualización que nosotros
proponemos para el término 'deuda de guerra'.
Para el ODG un análisis basado en términos económicos,
no deja de ser parcial y debe completarse con el resto de análisis
que puedan girar alrededor de la vida de los/las iraquíes:
morales,
sociales, geopolíticos y medioambientales. Sin embargo profundicemos
en la concepción económica de las reparaciones en
el caso presente de Irak.
Tenemos cuatro ejemplos históricos
que sientan jurisprudencia y que podrán sernos de ayuda para,
aprendiendo de la historia, predecir el escenario post-guerra en
Irak más allá de promesas falsas: la guerra de Cuba
entre España y USA (1895-98), la Alemania de la II Guerra
Mundial (1939-45), la destalibanización norteamericana de
Afganistán (2001) y la propia Guerra del Golfo (1990-91).
La
primera, la guerra de Cuba nos llama la atención por ser
la primera en que se repudia la deuda odiosa. Esto es,USA, después
de ganar la guerra a España, accede por intereses propios
a avalar la propuesta de los cubanos de anular toda la deuda colonial
que Cuba tenía con España por entender que los créditos
se consumieron por intereses ajenos a la población cubana,
en concreto la misma represión que los españoles ejercieran
sobre la población cubana. Los pesados contratos de deuda
con España prescribieron. ¿Qué sucederá
con la deuda odiosa que Irak debe a países como Rusia o Francia?
La segunda, la demacrada Alemania del fin de la Segunda Guerra Mundial,
endeudada hasta las rodillas y con la economía completamente
desmontada, recibe una vez expulsado Hitler un trato bien especial:
el Acuerdo de Londres (justo hace 50 años). En él,
y en base al nuevo orden mundial de la época, Alemania
se convertiría en el parachoques del creciente poder soviético.
Por
ello el bloque aliado decidiría anular hasta el 70% de las
deudas del régimen nazi y anteriores (de nuevo odiosas en
buena parte), limitar por distintos medios el pago del servicio
de la deuda restante nunca más allá del 5% de sus
exportaciones y, sobre todo, una inyección de capital enorme
–el Plan Marshall-. Después de ese trato con voluntad
política que hoy intentan recordar una y otra vez el Gobierno
norteamericano como si de una ONG se tratara, Alemania se convirtió
en el motor de Europa. ¿Habrá algún
plan Marshall para Irak? ¿Será necesario
proteger los intereses anglosajones del segundo eslabón del
Eje del Mal? La tercera, la liquidación del régimen
talibán en Afganistán con el pretexto de
que albergaba a Osama Bin Laden y de que infringía los derechos
humanos sobre su población, entre otros motivos grandilocuentes,
ha deparado la redestrucción de un país ya
destruido. Esta es la historia de un estado que substituyó
un régimen fundamentalista por un gobierno
títere. Las promesas de ayuda y reconstrucción
hechas por los gobiernos anglosajones se constatan hoy como promesas
falsas. Los derechos humanos siguen hoy infringiéndose
y la mujer afgana sigue tan oprimida como lo estuvo antes. Eso sí,
el nuevo gobierno de la Alianza del Norte no tardó en conceder
el permiso para la construcción del gasoducto que
alimentaría las compañías norteamericanas.
En definitiva, deuda ecológica, deuda social (miles de muertos
inocentes) y nadie hará frente a las reparaciones porque
la comunidad internacional, con la ayuda de la CNN
y la destrucción de la estación de Al Yazzira,
legitimó la invasión anglonorteamericana de Afganistán,
y también porque hoy, Afganistán con gasoducto norteamericano
ya no es noticia. El poder y los recursos vuelven a estar
juntos.
De
las tres guerras internacionales expuestas, no cabe duda que la
última, la de Afganistán, es la más
parecida a la situación de Irak. Es probable que
una ocupación anglo-norteamericana, legitimada o no por el
Consejo de Seguridad de la ONU, haga disponer del fabuloso
crudo iraquí a las monstruosas ExxonMobil, ChevronTexaco,
BP y Royal Dutch Shell, y algunas migajas a los países
que arroparon a Bush en la guerra, (entre ellas la española
REPSOL-YPF, hoy en mala posición financiera
para expandirse). Sin embargo existen algunos matices, como la lejanía
al 11 de septiembre, la discrepancia dentro del mundo occidental
al unilateralismo fundamentalista del 'Eje del Bien' así
como el gran despertar de la sociedad civil mundial. Todo
este enfrentamiento podría tener efectos colaterales extremadamente
difíciles de calcular.
Sin
embargo, si algo es fácil de predecir, es que nadie va asumir
ninguna de las múltiples reparaciones y deudas que, como
hemos señalado a lo largo del artículo, sufrirá
en sangre propia la población iraquí. Absurdo,
porque cualquiera diría –incluso Aznar si alguien de
su familia fuera iraquí- que las personas son más
importantes que los dólares de los barriles de chapapote.
Final:
Este
artículo para nada es optimista, como no lo es la realidad
escondida bajo los discursos de los políticos y empresarios
de este mundo. Pero hemos pretendido unir conceptualmente la deuda
y la guerra. Si se asumen como ciertas las hipótesis desarrolladas,
se deberá estar de acuerdo en que la guerra provoca
deuda como el fuego provoca cenizas. "Deuda de guerra".
No tiene sentido por lo tanto, mantenerlos como temas distintos,
ni dentro ni fuera de la RCADE o de las ONGDs, ni de nadie de los/las
que trabajamos para un mundo con igualdad de oportunidades. Y sin
embargo, muchos/as dirán que quieren un tercer mundo sin
pobreza pero dudarán cuando se les pregunte sobre la conveniencia
de reducir su propio consumo (del coche por ejemplo), cuando
se cuestionen las actuales pseudo-democracias mediático-liberales
y, en definitiva, el marco actual de valores capitalistas.
La
deuda de guerra, composición de deuda odiosa, presiones geopolíticas
no democráticas, deuda ecológica y deuda social, deuda
cuyas reparaciones nadie asumirá, debe ser hoy, la metamorfosis
del problema contra el que debemos luchar a la luz de un buen entendimiento
de lo que ocurre en el mundo. Y, por ende, identificar de nuevo
a los actores ofensivos que la provocan, atendiendo a cercanía
y a nuestra capacidad de desarmarlos de ese mismo poder que utilizan
para hacer la guerra. Nos referimos al mismísimo Partido
Popular, y en segundo término, a los productos norteamericanos
y británicos. Pero esto ya es para otro artículo.
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