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Artículo
Caracas / Venezuela - Lunes 7/04/03
 
 

Deuda y Guerra
David Llistar / Rebelión (España) - 27/03/03



Observatorio de la Deuda en la Globalización (ODG)

Quienes trabajamos en temas Norte-Sur nos concentramos a menudo sobre los efectos y no sobre las causas, lo cual nos resta toda eficacia a medio y largo plazo. Y cuando nuestra atención es sobre las causas, no siempre las tenemos bien identificadas. En este mismo sentido el movimiento social de deuda, sentimos esta inminente guerra estúpida como algo terriblemente injusto aunque distinto a las problemáticas Norte/Sur y en definitiva lejano a la generación de deudas en la globalización.

Este documento pretende romper con esa separación y apunta directamente a que, de todos los mecanismos de control de que disponen los grupos de poder y privilegio, la guerra no es solamente la parte más estridente y mediática, sino, sobre todo, la que más genera deuda social, ecológica, financiera y moral entre pueblos. O si quieren, la guerra es la mayor de las contribuciones a la "deuda histórica" que separa el mundo rico del empobrecido.

Efectivamente, en este caso la deuda se genera con el pueblo iraquí (que no con el gobierno de Sadam) en concepto de matarlos, subyugar al resto y tomar el petróleo de sus subsuelos. Es así como la guerra, especialmente si se concibe para controlar recursos como el petróleo y una posición geoestratégica clave, acaba destruyendo cualquier posibilidad de autogobierno y desarrollo autocentrado. Por más que Condoleeza Rice, Aznar y Rumsfeld argumenten lo contrario. Ya lo hemos visto en Afganistán.

Vayamos al tema de la deuda y preguntémonos: ¿Qué tipo de deudas están involucradas en la invasión de Irak? ¿Tiene sentido reconceptualizar ese conflicto a través del prisma de las deudas Centro-Periferia? ¿Tendría sentido acuñar el término 'deudas de guerra' entre dos países? Deudas financieras en juego. La doctrina de la deuda odiosa.

Admitamos la lógica del sistema y tomemos esta guerra como una inversión económica a largo plazo donde USA van a sacrificar más de 100.000 millones dólares para después rescatar mucho más capital en forma de royalties petroleros, bajadas de precio del crudo, reactivación de su industria militar y del amilanamiento de la comunidad internacional. Por supuesto, una inversión con altos daños colaterales, aunque difícilmente cuantificables (quién puede contar cuánto vale la muerte de su hermano, o contraer una leucemia). Daños que como veremos no entran en los balances de los países agresores porque, en definitiva, nadie los va a asumir.

En dicha inversión están en juego dos factores de riesgo, por un lado las concesiones petrolíferas de un escenario post-invasión (o post-Sadam), en un Irak posiblemente anglo-americano y, por el otro, la anulación de los derechos adquiridos de algunos países durante los últimos años (Francia, Rusia y China principalmente). Estos y otros países, en los que se encontraba el Estado español, han recibido o iban a recibir concesiones de explotación de petróleo en el país con las casi primeras reservas mundiales, además de interesantes oportunidades comerciales en un país por reconstruir. En concreto REPSOL-YPF era buena candidata a la riquísima zona de extracción de crudo de An Näsirïyah junto a la AGIP italiana.

Entre los derechos adquiridos se encuentran las deudas financieras, aquello que Irak pasó a deber, quien sabe si para comprar armas y controlar a sus pueblos (deuda odiosa), o si tal vez fuera en beneficio de alguna gente de su país. En cualquier caso, actualmente existen contratos de endeudamiento con estados como Rusia, Francia y China. Con el Estado español la deuda de Irak es, según el ODG, de 258 millones de euros.

Pues bien, la llamada deuda externa no es más que la suma de los contratos firmados por Irak y sus distintos acreedores. Estos contratos están sostenidos por la llamada legalidad internacional.

Si Bush y sus allegados están siendo capaces de 'legitimar' ante amplios sectores de televidentes una guerra eminentemente ruin y rastrera, no cabe duda que serán capaces de anular los contratos que sean necesarios y legalizar los que crean convenientes para sus intereses. Es por ello, que el gobierno francés o el ruso –tan belicistas como puedan ser el norteamericano o el británico-, sufren por unos contratos que podrían no reconocérseles y piden una no intervención unilateral norteamericana. ¿Y deberían no reconocerse tales contratos de deuda financiera? A la luz de que mucha de la deuda externa iraquí pueda ser lo que los movimientos sociales llamamos 'deuda odiosa' (deuda que se contrae por un gobierno a expensas o contra los intereses de su mismo pueblo), ésta no debería ser asumida de ninguna forma por el pueblo iraquí. Ello incluiría por ejemplo toda la deuda contraída por la compra de armamento químico, biológico o convencional a la misma Administración Reagan a través de su, por entonces, enviado especial a la zona, Donald Rumsfeld. No es extraña pues, atendiendo a intereses petrolíferos en primer lugar, y a reconocimiento de deudas y posiciones privilegiadas de negocio con el régimen iraquí, la postura encontrada de los bloques USA-UK y Francia-Rusia-China. ¿Por qué si no iban a romper estos países su 'buena amistad'? Lo que sí resulta muy extraña, es la fe y la falta lógica alguna aplicada por el Gobierno de Aznar.

No son sólo el 90% de la población española, y una buena canasta de argumentos, sino incluso los empresarios españoles (quién sabe si también REPSOL (¿?)), los que están en contra de la colaboración española a la invasión de Irak.

La deuda financiera como un instrumento de presión geopolítica

Recientemente hemos constatado que hay gobiernos que lideran posturas y que pretenden 'convencer' desde conversaciones, cenas, estadías en ranchos, reuniones y llamadas telefónicas, a otros gobiernos que, por una razón u otra, están involucrados en el conflicto. En una especie de partida de póker privada, los cabezas de familia se juegan el patrimonio de sus familias, y donde no está prohibido venderlo todo, incluido el último de los sentidos democráticos. Pues bien, una de las armas de presión y disuasión más utilizadas durante los últimos 20 años ha sido la sutil munición financiera. Esto es, nos referimos a nuevos créditos, anulaciones arbitrarias de deuda bilateral o multilateral, 'ablandamientos' de deudas antiguas, control de las calificaciones sobre conveniencia de invertir en un país (agencias de rating), llamados a la banca a boicotear financieramente a un país 'paria', etc.. En general, estas armas se han empleado durante los 90, dentro del llamado Consenso de Washington, para obligar a los estados de la periferia a aplicar los programas neoliberales de ajuste estructural. Pero hoy esta munición financiera, se está desplegando a la par que las tropas norteamericanas y británicas alrededor de Irak, igual que lo hicieran en Afganistán.

Veamos las tres principales reacciones financieras para países involucrados coyunturalmente en el conflicto. Por un lado, gobiernos de países limítrofes o geoestratégicos, los llamados 'pivotes geoestratégicos', como Pakistán o Turquía o Kuwait o Qatar… a los que se les ha aplicado la 'munición financiera' en positivo, mediante tratos de favor financiero, cuando estos aceptan jugar a favor del centro del sistema. En segundo lugar, los países 'paria', 'bribones', 'gamberros', acusados de ser 'malos'; se les suele acusar de todo: autoritarios, mal pagadores, terroristas, de poseer armas de destrucción masiva, castigar a sus poblaciones, etc.. A estos, como Cuba, el mismo 'Eje del Mal' tan mal inventado por Condolezza Rice (Irak, Corea del Norte e Irán), el Afganistán talibán, Zimbabwe,.. y aplicaciones más suaves (Siria, Venezuela, y un futuro Brasil si Lula cumple sus promesas,..). Para todos ellos, la munición es en negativo: embargo comercial-financiero ley Helms-Burton (para Cuba), petróleo por alimentos para Iraq, embargo de petróleo en la fría Corea, etc.. Y en tercer lugar, países cuya presencia en espacios de toma de decisión como el Consejo de Seguridad de la ONU, la OPEP, la OTAN, o el FMI, pueden acelerar, frenar o vetar ciertas decisiones colegiadas.

Analicemos la presión ejercida por ejemplo por el eje USA-UK-Estado español sobre los países del actual Consejo de Seguridad de la ONU, cuya decisión ha inclinado la balanza hacia la guerra, o hacia la postura sindicada por Francia-Rusia-China (mantener los privilegios adquiridos en Irak) y la postura pacifista-electoralista de Alemania. Se trata de 6 países de la periferia: Angola, Camerún, Guinea, Pakistán, México y Chile. Los cuatro primeros, muy endeudados y dependientes de países centrales, bilateralmente y a través del FMI. México y Chile, especialmente ligados comercialmente a los USA a través del NAFTA y del tratado de libre comercio Chile-USA respectivamente. En definitiva, fuerte dominación financiero-comercial por USA.

¿Cómo actúa este control geopolítico? El ODG está siguiendo atentamente los movimientos del Gobierno Aznar en su aspirado papel de 'potencia mundial' y solamente durante la semana empleada para elaborar este artículo, hemos podido presenciar el despegue de tres 'mísiles financieros': un crédito FAD a Turquía por valor de 161,3 millones de euros (equivalente a 33% del presupuesto disponible en FAD para todos los países en desarrollo), una conversión de deuda con el gobierno de Angola de 800 millones de dólares o la promesa de nuevos créditos y una visita a México del presidente Aznar de la cual se desconocen los acuerdos. Toda esta sobreactividad de operaciones financieras no puede explicarse mas que por las tesis de que la deuda externa actúa como palanca política internacional.

Nueva deuda ecológica

Esta es la guerra del petróleo. De nuevo, cuando el poder y las fuentes de recursos naturales se encuentran separados, se producen tensiones que suelen colapsar en guerras. De la misma manera que la Alemania nazi de Hitler no dudara en invadir los países limítrofes en busca de nuevas fuentes de recursos (aplicando la temida 'política Lebensraum') hoy, Estados Unidos de Bush, consciente de que entra en un periodo donde las reservas de petróleo no cubrirán las necesidades mundiales (junto a una imperiosa necesidad de crecer por algún lado), debe apoderarse –sea como sea- de los principales yacimientos mundiales de crudo. La agarrotada economía norteamericana no puede seguir creciendo si no es rebajando los costes de producción, es decir, rebajando y controlando el precio del barril de crudo. La invasión de Irak y el posterior reparto y explotación de sus recursos petrolíferos por compañías norteamericanas y británicas, no diverge en absoluto de las invasiones coloniales de África, América Latina y Asia más que en la tecnología utilizada. Se trata, de nuevo, del expolio de unas comunidades por otras, del subdesarrollo impuesto a fuerza de potencia militar, de la pobreza obligatoria.

Analicémoslo en términos de la deuda ecológica producida por la guerra. En primer lugar durante el primer día del ataque, las 3.000 bombas prometidas por Condoleeza Rice, entre convencionales, químicas, bacteriológicas y radiactivas (uranio empobrecido), no harán distinciones entre las víctimas inmediatas y aquellas que mueran por contaminación, heridas producidas durante el ataque o falta de infraestructuras sanitarias. Si los pozos, oleoductos o gasoductos son incendiados, el impacto ambiental será aun mayor.

Respecto a posibles impactos ambientales posteriores a la guerra, es fácil predecir que dependerá de las condiciones de extracción de las nuevas empresas. Muy posiblemente estas compañías intentarán recuperar rápidamente la inversión y, en consecuencia, forzarán el ritmo de extracción y comercialización descuidando, en ausencia de regulación alguna, la vertiente social y medioambiental. Como la propia definición de 'pasivo ambiental' dice, se generará deuda ecológica toda vez que se produzca un impacto ambiental en el funcionamiento (ordinario o extraordinario) de una empresa que esté en poder de una organización de otro país.Nada más sucio, a la luz de la historia reciente, que una compañía petrolera.

Las reparaciones de guerra por invadir sin legitimidad de ningún tipo

Existe la denominación 'deuda de guerra', utilizada antaño en distintas guerras, que reposa en el hecho que un país que haya sido invadido y objeto de destrucción, ilegítimamente se supone, reciba del país o países agresores una compensación económica en concepto de reparaciones de guerra. En caso de que hubiera alguna invasión 'legítima', hecho que rechazamos, esta debería recibir dicho calificativo de alguna instancia de consenso internacional. Tal es la función que se le atribuye a la ONU. Lo que aún sería más difícil de aceptar es que en realidad, la legitimidad de una invasión la pueda conceder un órgano tan poco representativo y diseñado en torno al poder, como es el Consejo de Seguridad de la ONU. En tal caso, parece hoy ser esto incluso mejor, que el atraco unilateral con el que amenaza repetidamente la Administración norteamericana y en la que parece estar ciegamente de acuerdo la Administración española y el Partido Popular.

Por otro lado, no es esta la reconceptualización que nosotros proponemos para el término 'deuda de guerra'. Para el ODG un análisis basado en términos económicos, no deja de ser parcial y debe completarse con el resto de análisis que puedan girar alrededor de la vida de los/las iraquíes: morales, sociales, geopolíticos y medioambientales. Sin embargo profundicemos en la concepción económica de las reparaciones en el caso presente de Irak.

Tenemos cuatro ejemplos históricos que sientan jurisprudencia y que podrán sernos de ayuda para, aprendiendo de la historia, predecir el escenario post-guerra en Irak más allá de promesas falsas: la guerra de Cuba entre España y USA (1895-98), la Alemania de la II Guerra Mundial (1939-45), la destalibanización norteamericana de Afganistán (2001) y la propia Guerra del Golfo (1990-91).

La primera, la guerra de Cuba nos llama la atención por ser la primera en que se repudia la deuda odiosa. Esto es,USA, después de ganar la guerra a España, accede por intereses propios a avalar la propuesta de los cubanos de anular toda la deuda colonial que Cuba tenía con España por entender que los créditos se consumieron por intereses ajenos a la población cubana, en concreto la misma represión que los españoles ejercieran sobre la población cubana. Los pesados contratos de deuda con España prescribieron. ¿Qué sucederá con la deuda odiosa que Irak debe a países como Rusia o Francia? La segunda, la demacrada Alemania del fin de la Segunda Guerra Mundial, endeudada hasta las rodillas y con la economía completamente desmontada, recibe una vez expulsado Hitler un trato bien especial: el Acuerdo de Londres (justo hace 50 años). En él, y en base al nuevo orden mundial de la época, Alemania se convertiría en el parachoques del creciente poder soviético.

Por ello el bloque aliado decidiría anular hasta el 70% de las deudas del régimen nazi y anteriores (de nuevo odiosas en buena parte), limitar por distintos medios el pago del servicio de la deuda restante nunca más allá del 5% de sus exportaciones y, sobre todo, una inyección de capital enorme –el Plan Marshall-. Después de ese trato con voluntad política que hoy intentan recordar una y otra vez el Gobierno norteamericano como si de una ONG se tratara, Alemania se convirtió en el motor de Europa. ¿Habrá algún plan Marshall para Irak? ¿Será necesario proteger los intereses anglosajones del segundo eslabón del Eje del Mal? La tercera, la liquidación del régimen talibán en Afganistán con el pretexto de que albergaba a Osama Bin Laden y de que infringía los derechos humanos sobre su población, entre otros motivos grandilocuentes, ha deparado la redestrucción de un país ya destruido. Esta es la historia de un estado que substituyó un régimen fundamentalista por un gobierno títere. Las promesas de ayuda y reconstrucción hechas por los gobiernos anglosajones se constatan hoy como promesas falsas. Los derechos humanos siguen hoy infringiéndose y la mujer afgana sigue tan oprimida como lo estuvo antes. Eso sí, el nuevo gobierno de la Alianza del Norte no tardó en conceder el permiso para la construcción del gasoducto que alimentaría las compañías norteamericanas. En definitiva, deuda ecológica, deuda social (miles de muertos inocentes) y nadie hará frente a las reparaciones porque la comunidad internacional, con la ayuda de la CNN y la destrucción de la estación de Al Yazzira, legitimó la invasión anglonorteamericana de Afganistán, y también porque hoy, Afganistán con gasoducto norteamericano ya no es noticia. El poder y los recursos vuelven a estar juntos.

De las tres guerras internacionales expuestas, no cabe duda que la última, la de Afganistán, es la más parecida a la situación de Irak. Es probable que una ocupación anglo-norteamericana, legitimada o no por el Consejo de Seguridad de la ONU, haga disponer del fabuloso crudo iraquí a las monstruosas ExxonMobil, ChevronTexaco, BP y Royal Dutch Shell, y algunas migajas a los países que arroparon a Bush en la guerra, (entre ellas la española REPSOL-YPF, hoy en mala posición financiera para expandirse). Sin embargo existen algunos matices, como la lejanía al 11 de septiembre, la discrepancia dentro del mundo occidental al unilateralismo fundamentalista del 'Eje del Bien' así como el gran despertar de la sociedad civil mundial. Todo este enfrentamiento podría tener efectos colaterales extremadamente difíciles de calcular.

Sin embargo, si algo es fácil de predecir, es que nadie va asumir ninguna de las múltiples reparaciones y deudas que, como hemos señalado a lo largo del artículo, sufrirá en sangre propia la población iraquí. Absurdo, porque cualquiera diría –incluso Aznar si alguien de su familia fuera iraquí- que las personas son más importantes que los dólares de los barriles de chapapote.

Final:

Este artículo para nada es optimista, como no lo es la realidad escondida bajo los discursos de los políticos y empresarios de este mundo. Pero hemos pretendido unir conceptualmente la deuda y la guerra. Si se asumen como ciertas las hipótesis desarrolladas, se deberá estar de acuerdo en que la guerra provoca deuda como el fuego provoca cenizas. "Deuda de guerra". No tiene sentido por lo tanto, mantenerlos como temas distintos, ni dentro ni fuera de la RCADE o de las ONGDs, ni de nadie de los/las que trabajamos para un mundo con igualdad de oportunidades. Y sin embargo, muchos/as dirán que quieren un tercer mundo sin pobreza pero dudarán cuando se les pregunte sobre la conveniencia de reducir su propio consumo (del coche por ejemplo), cuando se cuestionen las actuales pseudo-democracias mediático-liberales y, en definitiva, el marco actual de valores capitalistas.

La deuda de guerra, composición de deuda odiosa, presiones geopolíticas no democráticas, deuda ecológica y deuda social, deuda cuyas reparaciones nadie asumirá, debe ser hoy, la metamorfosis del problema contra el que debemos luchar a la luz de un buen entendimiento de lo que ocurre en el mundo. Y, por ende, identificar de nuevo a los actores ofensivos que la provocan, atendiendo a cercanía y a nuestra capacidad de desarmarlos de ese mismo poder que utilizan para hacer la guerra. Nos referimos al mismísimo Partido Popular, y en segundo término, a los productos norteamericanos y británicos. Pero esto ya es para otro artículo.


 
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