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Caracas / Venezuela -
 


Democracia si, pero en Estado de sitio
Miguel Salazar y Fabiola Guzmán / Semanario Las Verdades de Miguel No. 4 (Venezuela) - 23/04/04

El Plan Colombia es el propio y seguro escenario para permitir la ejecución de una de las fases más difíciles de la intervención extranjera que se inclina por la secesión del territorio venezolano.

Tan pronto Alvaro Uribe se terció el tricolor presidencial dio media vuelta y se perdió en los pasillos del Palacio de Nariño rumbo a su despacho. No se sabe si llevaba en mente el decreto de Estado de Conmoción Interior en Colombia, pero lo cierto es que a los cinco días de haber iniciado su Gobierno le dio el ejecútese alegando la necesidad de conjurar la grave perturbación de orden público que afronta su país.

El decreto de Uribe, que revive la tesis de "democracia sí, pero en Estado de sitio", es el propio y seguro escenario para permitir la ejecución de una de las fases más difíciles del Plan Colombia, como es el permitir con displicencia la motorización de fuerzas extranjeras en el territorio colombiano rumbo a la frontera con Venezuela, específicamente por los lados de la Guajira y al sur del Estado Táchira, preparando el embudo invertido, vale decir, el cómo esas tropas irán penetrando en suelo venezolano a cuenta gotas, con el agravante de la protección que han de recibir de parte de un importante gobernador regional.

Inicialmente, gracias a una amplia cobertura mediática, el Plan Colombia se presentó como un instrumento de ayuda diseñado por el Pentágono para combatir el narcotráfico; sin embargo, con el curso de los meses, la estrategia mostró su verdadero rostro y dejó ver que ciertos grupos de poder están dispuestos a la "vietnamización" de Colombia con tal de provocar el derrocamiento del Presidente venezolano, a quien una costosa propaganda (apenas incipiente) que incluso arropa a algunos medios de comunicación en Venezuela, hará ver como aliado de la guerrilla y el propio narcotráfico. "Chávez es una amenaza para el continente", es el tema en boga, sobre todo en los círculos decididamente anticomunistas, que se suponían enterrados bajo las piedras del derribado muro de Berlín.

Desde que inició su campaña electoral, Uribe había anunciado que emplearía "mano dura" contra las organizaciones alzadas en armas, las cuales se han fortalecido a lo largo, de más de cuatro décadas. Anteriormente, el Plan Colombia aprobado por Washington había reforzado a las Fuerzas Armadas en busca de una solución militar contra la guerrilla, pero su resultado ha sido inútil. Aunque para el Pentágono ese fracaso militar que le atribuyen a las Fuerzas Armadas de Colombia, favorece su tesis de sustituirlas por guardias policiales que se encargarían de reservar para elementos estadounidenses el control de la industria del narcotráfico.

Nunca como ahora la industria de la droga había consolidado y multiplicado sus inversiones. Se pensó (otra vez gracias a una campaña mediática) que la derrota de los carteles de Cali y Medellín traería como consecuencia, si no la desaparición definitiva, al menos la disminución de esa actividad; pero no, todo lo contrario, desde que se puso en marcha el Plan Colombia, el narcotráfico se ha expandido geométricamente.

Es posible deducir entonces que en el camino se fue quedando el argumento de combatir el narcotráfico y por ello los cañones enfilan ahora hacia el Gobierno venezolano, comprometiéndolo antes con la subversión armada, específicamente con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia.

Grandes núcleos de paramilitares desplazados hacia Venezuela han creado centros de abastecimiento que fungen de invernaderos en el oriente y centro del país. En combinación con organizaciones gremiales de ganaderos criollos la derecha colombiana, sostén de las llamadas Autodefensas de Colombia, ha invertido en líneas de taxis y compañías de seguridad que van tejiendo una poderosa red de información que le permitirá a los ejecutores del Plan Colombia contar con una solvente quinta columna en el propio corazón del territorio venezolano.

Vale recordar el anuncio del gobierno de Uribe sobre la creación de una fuerza integrada por un millón de informantes civiles. La propuesta ha encontrado cierta oposición en el Senado colombiano, donde se argumenta que esa "red ciudadana" va a terminar armada. Expresó que temía que terminaran disparando contra sus enemigos políticos, contra quienes no les caigan bien y contra cualquier sujeto que embarace a la hija menor de uno de ellos. A su entender, puede haber más guerra sucia en Colonbia.

Mientras en Colombia la restricción de las libertades constitucionales que se deriva del decreto de Estado de Conmoción Interior sirve para maniatar a las organizaciones asediadas por las ahora fraccionadas Autodefensas, en Venezuela un Estado pleno de garantías donde incluso se confunde la impunidad con la democracia, hace del país un teatro fácil para el desplazamiento de la invasión silenciosa.

Por ahora, la inversión del narcotráfico en la dotación de la fuerza pública colombiana es sólo una presunción; sin embargo, no luce descabellada si se toma en cuenta que después de la ayuda norteamericana, es el narcotráfico la fuente de la cual Colombia recibe sus mayores ingresos. Vale decir que el Plan Colombia y el narcotráfico han creado un peligroso desequilibrio en el área militar de América Latina.

Cualquiera de las vías es buena para justificar el desenfrenado gasto castrense; de hecho, el Ejecutivo del vecino país dispuso el cobro de un nuevo impuesto ciudadano que será del 1,2% del patrimonio líquido, lo cual se traduce en unos 770 millones de dólares más para el Ejército. La ministra de Defensa, Lucía Ramírez, indicó que los recursos recaudados se destinarán para dotar con mejores equipos y armamento a las fuerzas militares, y ampliar el número de hombres en las filas. Entretanto, el Gobierno colombiano insiste en armar y organizar a un millón de civiles; salvo que esa milicia no será para desplazarse por el interior del país, sino para llevarla como fuerza de choque a la frontera con Venezuela.

Puede que pase mucho tiempo antes de que los venezolanos se den cuenta de lo que significa para Venezuela el auge armamentista que vive Colombia. Hace unos días, en una luminosa mañana dé Barinas, el caporal de un fundo me dijo que las llamadas Fuerzas Bolivarianas de Liberación no eran sino parte de una estrategia foránea destinada a convencernos de la relación de Chávez con grupos guerrilleros. En realidad no es vaga la tesis de que esos grupos cuadran perfectamente en la estrategia del Plan Colombia para desestabilizar la frontera, para justificar incluso una incursión del Ejército colombiano en territorio venezolano, bajo el pretexto de golpear los supuestos descansos de los distintos grupos en armas que operan en los llanos y selvas del Arauca.

Pocos estamos conscientes de cómo la violencia colombiana ha penetrado sigilosa en nuestra sociedad. Hay un interés supremo por hacer ver que los crímenes que abultan las páginas rojas de cada día son responsabilidad del Gobierno, cuando en verdad es una consecuencia inmediata de la penetración de la droga en todos los estratos de nuestro país. El esquema colombiano del narcotráfico está terminando por copar nuestras ciudades. Se trata de la primera avanzada contra la paz nacional, digamos que la vanguardia de la próxima "guarimba", esa que dejará la mesa servida para la más demoledora retaguardia del Plan Colombia.

La denominada práctica de la "guarimba", utilizada como punta de lanza en la planificación de los últimos disturbios que estremecieron el este de Caracas, se quedará como juego de niños cuando se implemente la segunda avanzada. En la primera, la fuerza de choque estaba constituida por adolescentes y zagaletones casi sin experiencia en violencia callejera, salvo la obtenida en las refriegas liceístas y universitarias organizadas por Bandera Roja. En esta nueva oportunidad, el lugar de esos muchachos será ocupado por elementos paramilitares de antigua militancia en las Autodefensas de Colombia. El tema de la infiltración debemos asumirlo como un grave problema, porque enquistados en las oleadas de desplazados de la guerra colombiana, que a diario superan nuestra frontera, vienen centenares de infiltrados preparados no sólo para el oficio de informantes sino para algo más, allanar el camino a los contingentes de extranjeros armados. Cuando se intensifique el conflicto colombiano y las tropas de intervención desplieguen su alto poder de fuego, con el uso incluso de sustancias que arrasan con sembradíos y arboledas, entonces el éxodo adquirirá matices dramáticos. El horror, ¿qué no aguijonea? Estamos a las puertas de una guerra feroz. Son tiempos de malas noticias. La probabilidad de que Estados Unidos intervenga de un modo abierto en Venezuela y no escudado en los paramilitares de las Autodefensas de Colombia constituye un verdadero acertijo; sin embargo, toda la estrategia de estrangulamiento prevista en el Plan Colombia tiene en cuenta el sentimiento de patriotismo insurgente en un amplio estamento de la Fuerza Armada Nacional y es posible que el Pentágono esté considerando seriamente escarmentar a los venezolanos. Lo grave del asunto estriba en que la antesala de una intervención la constituirá el más terrible enfrentamiento que se haya vivido en la historia republicana. Vale preguntarse si no estamos en el recibidor de aciagos episodios copiados al carbón de la guerra a muerte. Vale la reflexión.

LA SIN RAZÓN DE UN POTENCIAL INVASOR

Lea por qué para el lingüista estadounidense, profesor y activista político, licenciado por la universidad de Pensilvania, no es remota una intervención directa de Estados Unidos en Venezuela.

NOAM CHOMSKY

Venezuela influye en el conflicto colombiano porque a largo plazo, Venezuela será el más importante de los países del área. Desde los años 20, Estados Unidos ha sido el poder dominante en ese país. De hecho, Venezuela fue el principal exportador de petróleo hasta los años 70 y todavía es uno de los más importantes para Estados Unidos. También tiene recursos importantes en otras materias que Estados Unidas ha explotado y, por lo tanto, no verá con buenos ojos que las cosas se salgan de control. La invasión a Venezuela no es una quimera, de hecho, una de las informaciones poco conocidas sobre la crisis de los misiles en Cuba revela que una de las principales preocupaciones de los hermanos Kennedy consistía en que si Cuba se volvía demasiado independiente, podía impedir los planes para una invasión estadounidense a Venezuela que se contemplaba en aquellos tiempos, debido a los movimientos guerrilleros y populares. Es decir, esto no es un asunto que Estados Unidos toma a la ligera.

Parte de la preocupación sobre Colombia está vinculada a Venezuela. En este, momento, la posición de Washington frente a Venezuela es ambivalente. Por ahora nadie sabe con exactitud hacia dónde se dirige el proceso venezolano. Nadie sabe qué parte del discurso de Hugo Chávez es populista y qué parte refleja una tendencia hacia reformas sustanciales. Estados Unidos está preocupado.

También existe un serio problema con las inversiones en la industria petrolera, que han sido bajas, debido a la corrupción y a la mala administración de los últimos años, de tal manera que no puede aumentarse la producción con la velocidad que le gustaría a Estados Unidos. Es decir, es una situación compleja que Washington querrá mantener bajo control y asegurarse de que no vaya en la dirección equivocada.

Venezuela es un país rico e importante, que tiene muchos problemas. Sus problemas económicos son muy serios y existe una deuda interna socioeconómica que tiene que resolverse. Mucha gente sufre seriamente, porque la riqueza del país no llega a ellos. Si habrá esfuerzos serios para cambiar esto con un programa popular de reformas, y si este programa incluye tomar el control sobre los recursos del país y usarlos para tales fines, entonces Estados Unidos no estaría muy contento. Washington siempre ha estado en contra de esto. El grado de su descontento dependerá del nivel de cooperación que logra.

Ha habido situaciones de este tipo antes. Por ejemplo, en los años 50 la CIA estimó que las dos peores crisis para Estados Unidos eran Bolivia y Guatemala. Ambos países tenían gobiernos populares. En Bolivia, el gobierno estaba en manos de un grupo trotskista-laborista; en Guatemala se trataba de los gobiernos democráticos de Juan José Arévalo y Jacobo Arbenz. Y a Estados Unidos no le gustó ninguno de los dos. Quería neutralizar y destruir a ambos. Pero lo hizo de maneras muy diferentes.

En el caso de Guatemala, simplemente organizó una invasión militar que derrumbó al gobierno y comenzaron 40 años de terror masivo. En Bolivia usó un camino diferente: esencialmente optó al gobierno, lo que en cierto sentido fue sorprendente, porque técnicamente se trataba de un gobierno marxista, de una dirigencia trotskista. Pero, lentamente los integraron al sistema estadounidense y terminaron subordinados al poder de Washington. De hecho, éstas son decisiones tácticas. Nos preguntamos si importa para América Latina quién gane las elecciones en Estados Unidos... yo creo que no mucho.

DE QUÉ SE REIRÁ EL COMANDANTE

La pregunta es sencilla: ¿Plan Colombia? Nuestros dos entrevistados, ambos generales, uno comandante general del Ejército, el otro vicecanciller de la República, sintetizan. En la respuesta del primero no hay mención alguna al Plan Colombia (¿lo ignora ex profeso?), mientras el segundo deja abierta una terrible interrogante: ¿Cuál será el propósito del Plan Colombia? Entretanto, tal como van las cosas nosotros nos preguntamos si no sería más acertado hablar de despropósito.

REACCIONES ANTE LAS VERDADES DE MIGUEL

El comandante general del Ejército, más que una sonrisa, asoma una mueca. La mención del semanario parece no simpatizarle. El vicecanciller no pierde la compostura. La alusión al Plan Colombia y el preludio de un golpe militar arranca una conducta displicente y burlona en el primero. En la contraparte está la diplomacia y el equilibrio. ¿Quién tendrá la razón? ¿Y el lector, qué piensa?

DEL PLAN COLOMBIA COMENTAN LOS GENERALES, USTED, LECTOR, TIENE LA PALABRA

General de división Raúl Isaías Baduel

En principio como soldado y como venezolano, pienso que es mentira lo que dice el Gobierno de Colombia de que nosotros los venezolanos, y en especial el Gobierno, estamos cruzados de brazos en lo que se refiere a la frontera. A veces, de una manera interesada, se ha querido señalar a nuestro país diciendo que Venezuela no resguarda adecuadamente la frontera, cosa que me parece desconsiderada porque nuestro país permanentemente, desde que yo recuerdo, siempre ha resguardado nuestra frontera con el hermano país, de por sí esta frontera es la más extensa de esta parte del mundo; son irresponsables y tendenciosas las declaraciones que muchas veces aparecen en los medios de comunicación, de personas achacándole a Venezuela la gran oleada de violencia que tiene ese país y además dicen que Venezuela sustenta esa violencia con su apoyo, cosa que es completamente falsa. Mi mayor deseo es que el hermano país acabe con ese problema, porque nosotros los venezolanos somos también afectados por esa escalada de violencia.

General de brigada Arévalo Méndez, vicecanciller de la República

Es un plan concebido con muchas fallas estructurales que se centra en lo bélico y no en el desarrollo socio económico en ningún aspecto, en ese plan el objetivo a lograr es unas Fuerzas Armadas Colombianas avocadas a cuidar un gobierno y de allí el abandono de la frontera. Si ese plan estuviera centrado verdaderamente en el desarrollo socioeconómico para combatir los males, para combatir las causas que desatan la violencia en Colombia alabáramos al Plan Colombia. "Seguimos teniendo muchas dudas". Los resultados no indican que se estén logrando los objetivos planteados. No ha cesado el cultivo de drogas en Colombia, más bien se ha incrementado, no ha cesado el problema de la violencia definitivamente, no, no ha cesado tampoco el que los grandes capos o barones de la droga saquen la droga y la distribuyan en Estados unidos y Europa. Y si no se han cumplido todos esos objetivos cuál es entonces el propósito del Plan Colombia.


Ayuda estadounidense a Colombia desde el año 2000 a la fecha


1. Total de ayuda a Colombia (2000-2003): 2,440 mil millones de dólares (6,954 billones de pesos)

2. Ayuda a los militares y policías de Colombia, 2000-2003: 97 mil millones de dólares (5,615 billones de pesos, o 80,5%)

3. Estimación de ayuda a Colombia para 2004: 688,29 millones de dolares (1,96 billones de pesos)

4. Estimación de ayuda a los militares y policías de Colombia para 2004: 552,59 millones de dolares (1,57 billones de pesos, o 80,3%)

5. Fondos estadounidenses sólo para mantener los aviones y helicópteros dotados a Colombia, 2003: 191,01 millones de dólares (544,38 mil millones de pesos)

6. Helicópteros UH-60 "Blackhawk" dotados a Colombia desde 1999: 22 unidades


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