|
El
dólar, Wall Street y la guerra contra Irak
Ramón
Fernández Durán* / Paremos
la Guerra- 17/03/03
Se ha escrito mucho sobre los intereses petroleros que
hay detrás de la futura intervención militar de EEUU
(y Gran Bretaña) contra Irak, pues no en vano dicho país
se asienta sobre las segundas reservas de crudo más
importantes del mundo (de alta calidad y bajo coste de
extracción), después de las de Arabia Saudí,
y además hoy en día las empresas petroleras anglo-estadounidenses
no operan en dicho país (donde sí están la
francesa TotalFinaElf, la rusa Lukoil
y empresas chinas). Y también se ha mencionado el interés
que tiene EEUU (y en menor medida el Reino Unido) en un rediseño
del mapa geopolítico de todo Oriente Medio, en el
que se verán ayudados por Israel (y al que apoyarán),
que intentará, con toda seguridad, al calor del ataque contra
el régimen iraquí, el aplastamiento "definitivo"
del pueblo palestino y su expulsión a otros territorios de
la zona.
Sin
embargo, ni esas "poderosas" razones,
ni el keynesianismo militar de apoyo al complejo militar-industrial
de EEUU, ni otras de consumo más interno, como el hecho de
que una política exterior centrada en la futura guerra contra
Irak le haya permitido al partido republicano conseguir una victoria
electoral en noviembre, permiten entender en toda su complejidad
todo aquello que se encuentra detrás de este cambio histórico
en las relaciones internacionales, que amenaza con llevarse
por delante las NNUU, la OTAN y hasta a la propia UE. Sin
introducir otros elementos de análisis no podemos comprender
claramente lo que está aconteciendo, y porqué se está
produciendo una brecha tan importante dentro de Occidente, así
como cuáles son las verdaderas razones para que la "vieja
Europa" se oponga al gigante estadounidense. En este
sentido, pensamos que es imprescindible introducir las consideraciones
monetario-financieras y, en concreto, la rivalidad dólar-euro,
para poder captar en todas sus dimensiones este fortísimo
cambio en el escenario internacional.
Tras
la Segunda Guerra Mundial, EEUU se convierte en la (super)potencia
hegemónica del campo occidental y logra imponer su moneda,
el dólar (mediante el patrón dólar-oro), como
divisa hegemónica en ese ámbito; eso sí, EEUU
aceptaba una cierta disciplina en el manejo de ese enorme poder
porque se comprometía a respetar una paridad fija del dólar
con el oro (35 $ la onza de oro). Esto lo podía hacer
porque controlaba el 80% de las reservas de oro del planeta, por
aquel entonces, así como en razón a su potencia
económica, financiera, política y militar, que no
tenía parangón en el campo occidental en aquel momento.
En 1971, este orden monetario-financiero entra en crisis,
y Nixon desvincula el dólar del oro, rompiendo todos los
compromisos. Y en 1973, el sistema de cambios fijos diseñado
en Bretton Woods (BW) en 1944 (donde se había establecido
también el patrón dólar-oro), deja de existir
incapaz de soportar las tensiones monetario-financieras. A pesar
de todo, todavía permanecía incólume el tercer
pilar del orden monetario-financiero de BW, esto es, el
control a la movilidad de capitales por parte de los Estados-nación.
En
los setenta, asistimos a una creciente debilidad del dólar,
debido también a la crisis de la hegemonía de EEUU
a escala mundial (Vietnam, Centroamérica, revolución
iraní, invasión soviética de Afganistán,
etc), y a un desplazamiento de los centros de poder económico
(y en menor medida financieros) hacia Europa occidental y Japón.
Todo ello se va a traducir, a nivel monetario internacional, en
la creación de una especie de "no sistema" en el
que el dólar pasaría a compartir su hegemonía
(indiscutible) con otras divisas centrales que cobran una creciente
importancia (especialmente el marco -moneda ancla de todo el entramado
monetario europeo occidental- y el yen). Ante esta creciente erosión
del poderío del dólar, EEUU decide dar un
brusco giro monetario-financiero para volver a apuntalar su hegemonía
monetaria (y reforzar aún más la financiera) a través
de lo que se conoce como el Régimen Dólar-Wall Street
(RDWS).
En
1979, la Reserva Federal decide una brusca subida de tipos de interés
(para hacer atractivas las inversiones en dólares) y EEUU
acomete, en paralelo, una importantísima desregulación
financiera con el fin de levantar la paridad del dólar y
reforzar aún más la hegemonía de Wall Street
en los mercados financieros mundiales. Un dólar fuerte
iba ayudar a consolidar un Wall Street fuerte, pues iba
a hacer atractivas las inversiones en dólares en este mercado,
y viceversa. Esta era la esencia del RDWS. Asimismo, EEUU
decide imponer la libre circulación mundial
de capitales para que estos acudieran a invertir en Wall
Street, fortaleciendo aún más de esta forma el RDWS.
Primero lo hace en el marco de la OCDE, obligando a los países
centrales a prescindir de este último vestigio de BW, y luego
lo va imponiendo poco a poco a los países periféricos
a través de los llamados Planes de Ajuste Estructural
que impulsan el FMI y el BM (dos instituciones donde el
peso de EEUU es manifiesto), cuyo objetivo, en teoría, era
hacer frente al "problema de la deuda externa",
que la fortaleza del dólar y la subida de los tipos de interés
habían hecho estallar. Este nuevo marco iba a permitir
a EEUU encarar su creciente desequilibrio exterior por cuenta corriente,
convirtiéndose en los ochenta en el principal deudor internacional,
cuando hasta entonces el resto del mundo había sido deudor
suyo.
Todo
ello le va a posibilitar imponer un régimen de acumulación
mundial progresivamente financiarizado, y en ese proceso se va a
ver ayudado por el Reino Unido (el otro gran polo desregulador financiero),
que buscaba de esta forma, también, robustecer el papel de
la City como uno de los principales centros financieros del planeta.
La "economía financiera" iba a dominar
cada vez más la "economía real", y la creciente
especulación financiera (con base fundamentalmente en Wall
Street y la City) iba a sojuzgar progresivamente al mundo occidental.
Este proceso se intensifica en los noventa, con la caída
del Muro de Berlín, cuando el capitalismo se vuelve (otra
vez) global. Con ello asistimos a una proliferación de crisis
monetario-financieras, que afectan a todos los países, pero
fundamentalmente más a los periféricos, y que terminan
alcanzando hasta al sudeste asiático, como resultado también
de haber levantado los controles a la circulación de capitales.
Si en los ochenta los países periféricos habían
perdido su autonomía en el diseño de su política
económica (como resultado de la aplicación del llamado
"Consenso de Washington"), en los noventa perderían
la capacidad de manejo de su política monetaria (incapaces
de mantener el valor de su moneda), y desde finales de los noventa
asistimos a un escenario de creciente dolarización de las
economías periféricas, convirtiéndose el dólar
en moneda de curso legal en algunas de ellas (Ecuador, Salvador,
Guatemala, etc), curiosamente a partir del momento en que irrumpe
el euro como divisa mundial. El euro se está transformando
ya (y lo puede hacer aún más a medio plazo) en una
seria amenaza para la hegemonía del dólar a escala
mundial, y está provocando una pérdida de los beneficios
que lleva aparejados: entre otros, los derechos de señoreaje.
De ahí que EEUU esté imponiendo poco a poco,
a través del FMI, la adopción del dólar
como moneda de curso legal a los países periféricos.
El
triunfo del RDWS en los noventa provocaría una "exuberancia
irracional" de los mercados financieros en EEUU (tal
como la definió Greenspan), pero la burbuja financiero especulativa
se empezó a pinchar ya en marzo de 2000. Tras los
atentados del 11-S, se profundiza la debilidad del dólar
y Wall Street, hasta que el ataque a Afganistán, el 7 de
octubre, contribuye a apuntalar al dólar y aupar Wall Street
a los niveles previos al 11-S. Más tarde, los "escándalos"
de fraudes contables de Enron y, sobre todo, de
AOL, Worldcom, etc, precipitan una brusca caída
no sólo de Wall Street sino también del dólar,
una revalorización del euro y un fuerte auge del oro (que
continúa hasta el presente). En este contexto se produce,
en junio de 2002, en West Point, el anuncio por parte de Bush de
la amenaza de "guerra preventiva" y su
posible concreción en el caso de Irak. En julio, en plena
debacle financiera, Bush
acude a Wall Street a reclamar "responsabilidad corporativa",
y el congreso de EEUU se reúne en pleno "descanso
veraniego" para aprobar una legislación más
estricta sobre contabilidad corporativa. Estas medidas, y sobre
todo la decisión en octubre de las dos Cámaras de
dar carta blanca a Bush para atacar Irak, más la aprobación
posterior por unanimidad en el Consejo de Seguridad de la resolución
1441, y la decisión más tarde de la OTAN en Praga
de apoyar a EEUU, producen un repunte de las cotizaciones y sobre
todo un reforzamiento del dólar. Parece, pues, que
la estrategia que se perseguía era intentar solventar la
crisis del RDWS manu militari, que todos los centros de poder "aceptan",
en principio, porque la mayoría de la riqueza mundial está
denominada en dólares.
Sin
embargo, la crisis que se abre en diciembre con Corea del
Norte, que es respondida por Rumsfeld
diciendo que EEUU podría mantener dos
guerras al mismo tiempo, produce una brusca crisis del
dólar, pues los inversores mundiales se asustan ante tamaño
desvarío, por los costes que todo ello puede llevar aparejado.
Es por eso que Powell
desmiente a Rumsfeld, y que Bush defiende también ("paradójicamente"
en este caso) la diplomacia para atajar el problema. Al
mismo tiempo, la crisis venezolana, que no estaba
en el guión, hace subir el petróleo y provoca una
creciente inquietud en los mercados financieros mundiales.
Otra vez el dólar vuelve a caer y los mercados financieros,
y en concreto Wall Street, flexionan una vez más a la baja.
Y a ello se suma, a partir de mediados de enero, las crecientes
tensiones entre las dos orillas del Atlántico Norte, que
se manifiestan abiertamente tras el posicionamiento en contra de
la guerra de los dos países claves del euro: Francia y Alemania,
curiosamente después de la crítica de Prodi a la actitud
de EEUU. Tensiones que se trasladan a las NNUU, a la OTAN y a la
propia UE, sobre todo después de la famosa carta de "los
ocho", promovida por Aznar a instancias de The Wall
Street Journal.
El
hecho de que la Administración
Bush se hubiera visto obligada (por las dos Cámaras
y por la presión de Blair) a acudir a la vía de las
NNUU para intentar "legitimar" su nueva
concepción estratégica, le había metido en
una auténtica ratonera. Y es por eso que ante la incapacidad
de conseguir sus objetivos en el Consejo de Seguridad de las NNUU,
no le haya quedado más remedio que lanzar el ataque militar
al margen de la llamada "legalidad internacional".
Pero queda claro su intento de apuntalar el RDWS mediante una estrategia
de mostrar y ejercer el músculo militar. EEUU necesita desesperadamente
el aflujo de capitales del resto del mundo para hacer frente a su
creciente desequilibrio exterior por cuenta corriente que ya alcanza
el 5% de su PIB. Y como resultado de la debilidad de Wall
Street, se pretende reimpulsar el RDWS afianzando el dólar
a través de una estrategia militar que vuelva a catapultar
al billete verde, mientras que se reducen aún más
los impuestos a los poderosos y se eliminan la fiscalidad sobre
dividendos en Wall Street para propiciar las inversiones en dicho
mercado. Al mismo tiempo, el futuro ataque contra Irak
le permite dividir a la UE, lo que puede redundar
en un debilitamiento del euro, al no existir un proyecto político
(claro) y militar (potente) que lo respalde; máxime tras
la ampliación de la UE a los países del Este (miembros
ya de la OTAN), que se está convirtiendo en un verdadero
Caballo de Troya de EEUU dentro de la Unión.
De
cualquier forma, ante las crecientes tensiones entre los dos lados
del Atlántico Norte y la correspondiente inseguridad que
todo ello había generado, los capitales estaban dejando de
confiar en esa estrategia. Y es por eso, por lo que EEUU
subraya su actitud fuertemente belicista que permita "acabar"
con dicha inseguridad, abogando por un ataque fulminante contra
Irak (se había hablado incluso de utilizar el arma
nuclear), con el objetivo de lograr una guerra "corta"
que devuelva la confianza a los mercados financieros y, sobre todo,
que permita afianzar al dólar. El drama
humano, social y ecológico que todo ello generará
da lo mismo, pues los "mercados" exigen una auténtica
carnicería humana para dar seguridad a los inversores.
Es de resaltar como las bolsas han subido espectacularmente,
y el dólar se ha revalorizado respecto del euro, después
de que se iniciasen los bombardeos masivos contra Irak.
Sin embargo, la resistencia sobre el terreno que está encontrando
la intervención militar de EEUU y Reino Unido puede llegar
a alterar estas tendencias. Detrás pues de la "inevitable"
guerra contra Irak hay mucho más que petróleo. Hay
un fortísimo olor a dinero.
Pero
contra estos designios de unas estructuras político-militares
ebrias de poder, apoyadas por elites económico-financieras,
se está levantando de forma también imparable un verdadero
clamor mundial que ha dejado de creerse ya tanta mentira. Lo cual
está planteando un muy serio problema de legitimidad (y gobernabilidad)
a los poderes hegemónicos mundiales. Problema que
se agravará aún mucho más si imponen la guerra
(permanente) contra el sentir de la "opinión
pública" planetaria.
¡No
a la guerra! ¡No al genocidio del pueblo iraquí!
* Miembro de Ecologistas en Acción
| |
|
Arriba |
 |
Portada |
|