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¿Por
qué el apoyo incondicional de España
a EE.UU. en la actual guerra contra Irak?
Eduardo
Núñez / Liga Antiimperialista - 27/03/03
Desde
que, nuevamente, empezaran a sonar los tambores de guerra en Oriente
Medio, muchos nos hemos preguntado por qué España
se ha constituido en un aliado incondicional de EE.UU.
(Estados Unidos). Más allá de las respuestas simplistas
de índole política o personal con que nos vienen acostumbrando
los medios, es importante migrar de lo secundario a lo principal,
de la apariencia al fondo. Necesariamente este paso, en el contexto
de la sociedad capitalista contemporánea, no puede ser otro
que el estudio de los intereses económicos de los diferentes
bloques imperialistas. En este sentido, en las últimas décadas,
España se ha adentrado paulatinamente entre los países
de mayor influencia económica en el escenario mundial. Recientemente
Carlos Checa, estratega y asesor del presidente
Clinton durante su último mandato, afirmaba refiriéndose
a Aznar: "Juega Fuerte. Quiere que España supere
su status de potencia regional iberoamericana para convertirse en
uno de los grandes" [1]. En efecto, más allá
de los deseos, aspiraciones y sueños de Aznar, la conclusión
que cabe extraer de esta afirmación es que España
es una potencia emergente que aspira a un hueco en la lucha por
el reparto de las áreas de influencia económica.
El conflicto en Oriente Medio
nos está ofreciendo toda una serie de datos y pistas que
nos permiten aproximar la estrategia política que está
adoptando España para hacerse con un lugar entre las principales
economías del mundo. No obstante, para interpretar y concluir
correctamente, es preciso, a mi modo de ver, situar algunos aspectos
importantes que caracterizan la actual situación internacional.
Los
intereses reales de Estados Unidos en la guerra
La
entrada en el siglo XXI está viéndose determinada
por la crisis estructural capitalista que se inició en 1974.
En la actualidad, las principales economías industriales,
Japón, la Unión Europea y Estados Unidos se encuentran
en una profunda recesión económica. Esta
crisis económica, a diferencia de anteriores crisis, se está
viendo agravada por el hecho de que la economía japonesa
se encuentra estancada desde principios de los noventa, así
como por el desbordamiento de la economía ficticia asociada
a los valores tecnológicos en Estados Unidos y Europa.
Tras la caída de los países socialistas y
el derrumbe de la URSS, toda la década de los noventa, se
ha caracterizado por el recurso a la guerra por parte de EE.UU.
como única vía posible para contrarrestar las crisis
cíclicas del capitalismo. La actual escalada bélica
responde a la necesidad de prorrogar nuevamente la temida crisis
que, según muchos expertos, puede ser de una dimensión
superior a la de los años treinta del siglo pasado.
La
crisis de EE.UU. marca el compás de la agonía económica
internacional. La espectacular desproporción entre
la economía financiera y la economía productiva, el
déficit en la balanza de pagos, la caída del índice
bursátil de los valores tecnológicos, el aumento del
paro y de las desigualdades sociales, son algunos de los rasgos
fundamentales de la crisis norteamericana.
Pero,
¿por qué EE.UU. recurre a la guerra para solucionar
la crisis?
La
guerra contribuye a prolongar el auge de la economía norteamericana
y a retrasar la esperada crisis. Cada guerra iniciada por EE.UU.
en Oriente Medio ha venido seguida de un alza del precio del petróleo.
El aumento del precio de este combustible ha hecho incrementar espectacularmente
los beneficios de los principales monopolios del petróleo
y ha fortalecido el dólar en el sistema monetario internacional.
La hegemonía del dólar es vital para contrarrestar
el balance de pagos deficitario de EE.UU., un ataque al dólar
podría desencadenar una reacción en cadena de consecuencias
económicas desastrosas e incalculables.
También
es una guerra contra la Unión Europea
En este contexto de crisis,
el control del petróleo es clave para EE.UU. ya que asegura
su hegemonía respecto a Japón y la Unión Europea.
Las
justificaciones dadas por la Casa Blanca para iniciar la guerra
contra Irak carecen de todo fundamento racional. Uno de
los pretextos consiste en atribuir una importancia desproporcionada
al petróleo iraquí en el mercado internacional. Bajo
ese supuesto existiría el peligro de un posible colapso energético
en occidente o una subida espectacular del precio del petróleo
si el gobierno de Irak decidiese unilateralmente parar sus exportaciones.
Este argumento se cae por su propio peso cuando han sido,
durante toda la década de los noventa hasta hoy, los bombardeos
"quirúrgicos" anglo-estadounidenses, así
como el embargo económico, los que han limitado la exportación
del petróleo iraquí. Otro de los argumentos
más utilizados ha sido el de las armas de destrucción
masiva iraquíes. Esto en boca de un país que el pasado
año 2002 tuvo un presupuesto militar de 366.000 millones
de dólares, una cantidad muy superior a la suma de los diez
países siguientes que más gastan en armamento, es,
cuanto menos, de un cinismo extremo. Irak no tiene
potencial militar alguno, no puede tenerlo tras doce años
de bombardeos sistemáticos y de inspecciones que no han encontrado
ni una sola prueba que corrobore tal acusación. Ni siquiera
el mismo Scott Ritter, inspector de Naciones Unidas durante
1997 y 1998 que reconoció abiertamente su ejercicio de espionaje
al servicio de EE.UU. durante sus inspecciones, se atrevió
nunca a afirmar la existencia de tales armas.
El
grueso del consumo interno de petróleo en Estados Unidos
proviene de Venezuela, Canadá y México. Por tanto,
no existe una dependencia directa de EE.UU. respecto al petróleo
de Irak, es más, la importancia de este petróleo se
ha ido relativizando tras la caída de la URSS y en la medida
que avanzaba la implantación de multinacionales norteamericanas
como Chevron-Texaco en los yacimientos del Caspio
y la región de eurasia.
Pero
entonces, ¿cuál es la finalidad de la guerra en Irak?
La
UE con una economía más dinámica y robusta
que la norteamericana se está conformando como el principal
competidor de EE.UU. La UE, a finales de 2004, cuando se
hayan incorporado los nuevos Estados miembros, además de
Gran Bretaña y los países escandinavos, conformará
un mercado de 450 millones de personas frente a los 280 millones
de norteamericanos, el PIB(Producto Interno Bruto) europeo superará
con creces el norteamericano.
Además,
EE.UU. está recibiendo duros golpes en América Latina
en la medida en que se ve frenada la aplicación del ALCA.
La consolidación de Chávez en Venezuela tras el golpe
de Estado fallido en Abril del año pasado, la resistencia
de la insurgencia en Colombia frente al Plan
Colombia, la llegada al poder de Lula en Brasil y el
incremento de los movimientos revolucionarios en toda América
Latina no contribuyen a la consolidación de los
intereses imperialistas norteamericanos en Latinoamérica
y, por tanto, debilitan su potencial en el panorama internacional.
Volviendo al conflicto en
Oriente Medio. ¿Adónde va el 10 por ciento de las
reservas de petróleo mundial?, es decir, ¿a dónde
va el petróleo de Irak?
La
mayoría del petróleo iraquí tiene por destino
Europa, sobretodo Francia y Alemania cuyas economías son
el principal motor de la UE, y de Japón. EE.UU. sabe que
controlando el petróleo iraquí asegura su hegemonía
mundial y su dominio sobre la UE y Japón. La postura
de Francia contra la guerra no responde a ánimos pacifistas
sino al hecho de que ve peligrar su posición económica
en la región, mucho mejor consolidada que la de EE.UU.
Con
la guerra, EE.UU. busca eliminar y aplacar al que,
seguro, será su futuro competidor más fuerte, la
UE. Esta estrategia pasa por eliminar la competencia en
la industria del petróleo y asegurar el monopolio de las
empresas norteamericanas y anglosajonas, de Exxon-Mobil,
Chevron-Texaco y BP-Amoco. Con
ello, a su vez, contribuye a reforzar el dólar y a debilitar
el euro. Un euro fuerte y un posible paso de países de la
OPEP al euro podrían constituir un ataque al dólar
de consecuencias inimaginables.
España
se desmarca de sus aliados naturales
Los
aliados naturales de España, como consecuencia del proceso
de convergencia europea, están en la UE. Esta es una cuestión
estratégica, a largo plazo, para el capitalismo español.
Pero si esta premisa es cierta ¿cómo es posible
entender el alineamiento de Aznar con EE.UU.?
Hasta
el momento EE.UU. ha demostrado en reiteradas ocasiones que puede
dividir a la UE. Durante la guerra de Yugoslavia esto sucedió
en reiteradas ocasiones y, ahora, en el conflicto de Oriente Medio
vuelve a percibirse. La estrategia norteamericana pasa por
aprovechar los conflictos de intereses entre los Estados miembros
de la UE para sacar tajada, fortalecer sus posiciones y, de paso,
debilitar a Europa.
En el reciente conflicto
de Oriente Medio, España se ha desmarcado de las posiciones
de los dos motores de la UE, Francia y Alemania, para hacer prevalecer
y reforzar sus intereses regionales.
¿Es posible una fragmentación
de la UE? ¿Hasta cuando va a poder hacer uso EE.UU. de las
contradicciones existentes en el seno de la UE?
No obstante, este teórico
punto flaco parece temporal en la medida que el proceso de convergencia
europea avanza y unifica los intereses de los Estados europeos que
conforman la UE. Al final, todos los intereses económicos
en juego, incluidos los de España, pasarán, ineludiblemente,
por la defensa del proyecto europeo común, por la construcción
de la Europa imperialista capaz de hacer frente a EE.UU.
Los
intereses del capitalismo español, alianza a corto plazo
para EE.UU.
La
alianza de España con EE.UU. es táctica, a corto o
medio plazo, y responde, por un lado, al intento de fortalecer sus
intereses regionales en América Latina donde es el segundo
mayor inversor del mundo y, por el otro, a engrosar vertiginosamente
los beneficios de la principal empresa energética española
Repsol-YPF.
Hemos
hecho referencia a cómo el alza del precio del petróleo
en tiempos de guerra hace incrementar los beneficios de los grandes
monopolios petroleros. Observemos el siguiente cuadro [2] correspondiente
a los años 1999 y primer trimestre de 2000, durante los cuales
se atacaba a Irak mediante los denominados bombardeos "quirúrgicos".
| Compañía
petrolera |
Beneficios
primer semestre de 2000* |
Incremento
respecto a 1999 |
| Exxon-Mobil |
7.500 |
116%
|
| Shell-Royal
Dutch |
6.106 |
87%
|
| BP-Amoco-Arco
|
6.317 |
197%
|
| Total
Fina - Elf |
2.971 |
165%
|
| Texaco |
1.199 |
154%
|
| Chevron |
2.247 |
218%
|
| Repsol
- YPF |
1.144 |
303%
|
*
En millones de dólares - Fuente:
El periódico, 11-9-2000
El
cuadro habla por si solo; está claro que Repsol-YPF
se beneficia con la guerra, el porcentaje de la tercera columna,
que expresa el incremento de beneficios, es, incluso, mayor que
el de la gigante norteamericana heredera de Standard-Oil, Exxon-Mobil,
o la anglo-estadounidense BP-Amoco-Arco.
El lector atento, tras mirar
el cuadro anterior, reflexionará: "Sí, pero,
por ejemplo, la gigante franco-belga TotalElfFina también
experimenta beneficios con la guerra y, en cambio, ahora Francia
y Bélgica se muestran contrarias a la guerra. ¿Cómo
puede explicarse esto?"
La
respuesta es sencilla. En los últimos años Francia
y Bélgica habían conseguido contratos petrolíferos
ventajosos con Irak del orden de 20.000 millones de dólares.
Estos contratos colocaban a Francia y Bélgica en
una situación ventajosa respecto a EE.UU. Pero,
las multinacionales norteamericanas no están dispuestas a
respetar los negocios hechos por la burguesía franco-belga,
este es el origen del divorcio entre ambos bloques. El "no"
a la guerra de Francia y Bélgica no responde a ánimos
pacifistas, sino a que estos dos Estados ven en su "no"
a la guerra la posibilidad de seguir incrementando sus beneficios
en mejores condiciones.
Este
hecho es importante, por que el argumento de "los beneficios
en tiempos de guerra", a secas, no explica por si
solo las posturas de cada una de las potencias en la guerra. Los
contratos hechos, en los últimos años, por TotalElfFina
con el gobierno iraquí no van a ser respetados por EE.UU.,
sí lo van a ser los intereses de la multinacional española
Repsol-YPF. De ahí la diferencia de posturas en
el seno de la UE.
Pero,
parece ser que no sólo Repsol-YPF va sacar partido de esta
guerra, la portada de La Vanguardia del día 18 de marzo de
2003 dice: "Firmas españolas pueden tener contratos
para reconstruir Irak", "Un banco americano
cita a ACS, Ferrovial y Dragados como posibles beneficiadas"
[3]. En la noticia puede leerse como Ken Rumph, analista
de Merrill Lynch en Londres, sitúa a las constructoras
españolas y británicas en mejores condiciones de hacer
negocio, una vez finalizada la guerra, que las empresas francesas.
España
también se beneficia como potencia regional en América
Latina en la medida que colabora con EE.UU. La penetración
de capital español en América Latina a lo largo de
la última década ha sido espectacular. Las
recetas del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional para
las economías nacionales de América Latina permitieron
la compra, a precios ridículos, de las principales empresas
públicas por parte de las multinacionales españolas.
En estas condiciones Repsol-YPF comercia en nueve países
latinoamericanos, Telefónica en siete, Endesa en doce, Gas
Natural en cinco y los bancos BBVA (Banco Bilbao Vizcaya Argentaria)
y BSCH(Banco Santander Central Hispano) en 11 países. Unión
Fenosa, Agbar (Aguas de Barcelona), Endesa controlan el agua, el
gas y la distribución de la electricidad en la mayoría
de las capitales Latinoamericanas. YPF, empresa argentina de energía
financiada con fondos públicos, fue vendida por Menem a Repsol
a un precio irrisorio.
El
capitalismo español en América Latina necesita de
EE.UU. para consolidar sus intereses en la zona. En un
clima de creciente inestabilidad económica, de ascenso de
los movimientos revolucionarios y las luchas populares, España
depende del liderazgo militar norteamericano, entre otras
cosas, en la aplicación del Plan Colombia.
Este plan contrainsurgente tiene como objetivo eliminar
a la guerrilla colombiana de las FARC, lo que sería el preludio
de una agresión a Venezuela. Esta estrategia estadounidense
la resumía Coverdell, senador conservador ponente del Plan
Colombia en Abril de 2000, con su célebre frase: "Para
controlar a Venezuela es necesario intervenir militarmente en Colombia"
[4].
El
25 de febrero del presente año Joaquín Almunia, diputado
del PSOE (Partido Socialista Obrero Español), escribía
en el periódico La Vanguardia: "La política
de Aznar nos sitúa en la periferia del proyecto europeo,
y arriesga nuestros intereses en América Latina y en el Mediterráneo.
... ¿Qué obtendremos a cambio de un giro tan brutal
e inexplicado en política exterior? ... ¿La colaboración
del FBI y de la CIA en la lucha contra el terrorismo?"
[5].
El
efímero exsecretario general de los socialistas no da en
el clavo en una sola de sus consideraciones. Si bien es acertado
afirmar que la política de Aznar sitúa a España
en la periferia del proyecto europeo, esto es sólo temporalmente,
es algo momentáneo, la convergencia europea no tiene marcha
atrás. La cuestión de la colaboración en materia
de "seguridad" con el FBI y la CIA, aún siendo
muy posible que sea cierto y nada sorprendente, no deja de ser una
respuesta simplista que no llega al trasfondo de la cuestión.
Ahora bien, precisamente en la cuestión clave es donde Almunia
no acierta ni de lejos. La estrategia del gobierno español
lejos de arriesgar los intereses de la burguesía española
en América Latina, los consolida. España necesita
de EE.UU. para afianzarse en el cono sur que es, precisamente en
esa área, donde España es una potencia económica
importante.
Seguir
organizando la resistencia contra la guerra ...
El
conflicto en Irak es una guerra imperialista de rapiña, una
guerra por el control de los recursos petrolíferos, una guerra
que tiene su origen en la crisis capitalista. EE.UU. quiere eliminar
su sacrosanta "libre competencia" en Oriente Medio para
neutralizar así a su más inmediata competidora: la
UE.
La
principal víctima de esta guerra es el pueblo iraquí.
Los trabajadores del mundo entero, en general, y de los principales
bloques imperialistas, tanto de la UE como de EE.UU., en particular,
no sacan beneficio alguno de esta guerra.
El
capitalismo de forma inevitable conduce a la guerra. Las
contradicciones entre los diferentes bloques imperialistas (EE.UU.,
la UE y Japón) en tiempos de crisis se van a ir agudizando.
Son los trabajadores, independientemente de su nacionalidad u origen,
los que van sufrir las consecuencias de la guerra. Es preciso seguir
organizando la resistencia, continuar luchando contra el
capitalismo.
Notas:
[1].
La Vanguardia, 27 de febrero de 2003
[2].
El Periódico, 11 de septiembre de 2000
[3].
La Vanguardia, 18 de marzo de 2003
[4].
Ponencia del Plan Colombia en el senado norteamericano en Abril
de 2000.
[5].
La Vanguardia, 25 de febrero de 2003
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