La simulación
como mecanismo de dominio
Alberto Buela
/ Mi
Amigo Pic (España)
- 10/05/04
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La
simulación en nuestra sociedad se aproxima cada vez más
a la perfecta imitación y, lo grave, es que en muchos casos
logra sustituir lo real y verdadero.
Ello se da no sólo en el plano de lo concreto con la simulación
de los materiales, el oro, la plata, el mármol, la madera
por materiales sintéticos, sino que se da también
en el orden espiritual. Así se reemplazan los profundos
mensajes religiosos por las cómodas recetas de los pastores
electrónicos o esotéricos predicadores
del futuro,
la profundidad de la filosofía perenne por retazos de pensamiento
ocurrente, la función arquitectónica de la política,
por una política no soberana. Esto es, por una no-política.
Así, en estos tres campos principalísimos de la actividad
humana como los son: la religión, la filosofía y
la política asistimos al reinado del simulacro sobre la
realidad, sobre lo que es.
Esta tensión entre lo que aparece y lo
que es, que recorre todo el pensamiento tanto occidental como
oriental desde que el hombre se puso a meditar sobre sí y
el mundo que lo rodea, se inclina en nuestros días, abrumadoramente,
sobre la apariencia en detrimento de la realidad.
Y
decimos que esta tensión es permanente en todo hombre
de toda latitud porque nadie quiere en su sano juicio engañarse
o ser engañado, mentirse o que le mientan. Esto lo vio magistralmente
Descartes cuando al comienzo nomás de su Discurso
del método afirma: "El buen sentido es la cosa mejor
repartida del mundo, pues cada cual cree estar bien provisto de él,
incluso los más difíciles de contentar en cualquier
otra cosa, no suelen apetecer más del que ya tienen".
Detengámonos un momento sobre el análisis de
los términos apariencia y simulacro.
El primero viene del latín apparentia: cosa
que parece y no es. Y el segundo, que viene de similis, significa
falsa semejanza. Como vemos los dos términos se
complementan uno a otro. De ahí que en el obrar humano el
simulacro se exprese en la frase: actúa como
si y su vehículo
sea la apariencia.
La religión, específicamente la cristiana, se ha
transformado en un gran naranjal donde cada uno se sirve la naranja
que más le place. Así bajo la mascarada de la libertad
religiosa se desnaturalizó la antigua ascesis como camino
a la virtud. La sana libertad religiosa según la
cual todo hombre puede practicar el culto que más desee,
fue reemplazada por el simulacro de libertad entendida como: el
hacer lo que se quiere. La
libertad del loco diría Max Scheler, que
cree que es libre porque hace lo que quiere y en realidad es sólo
esclavo de sus propias pasiones.
En el plano filosófico hoy padecemos el simulacro
de filosofía,
los sedicentes filósofos sólo "oscurecen las aguas
para que parezcan más profundas". Sus exposiciones son anecdóticas
y sus propuestas inviables. Los más profundos terminan en
un desencantado nihilismo, entreteniéndose en el debate
pseudocultural o culturoso, dejando de lado el debate político.
En
cuanto al domino político asistimos, entre otras cosas,
al simulacro del régimen democrático. Así,
la democracia participativa ha sido reemplazada, más y más,
por una democracia procedimental o formal que ha malogrado los
mejores esfuerzos políticos de los últimos años.
Al respecto observa el politólogo Carlos
Strasser: "La
democracia parlamentaria se ha extendido por todo el orbe - África-Asia-América-
pero ha perdido profundidad y es cada vez menos posible" (1).
El
ser humano, que hoy posee una información sobre sí mismo
mucho mayor que en cualquier otra época, se torna, paradójicamente
al mismo tiempo, más y más desconocido para sí. Hace muchos años un filósofo mal conocido, Max
Stirner (1806-1856) en su solo libro El único
y su propiedad fue
el primero que se percató de la singularidad del tema cuando
afirmó: "La cuestión ¿qué es el
hombre?, viene a ser entonces: ¿quién es el hombre?.
Y a ti te toca responder comenzando por quién es. La respuesta
está personalmente presente en el que interroga: la pregunta
es su propia respuesta" (2).
Esto
quiere decir que el hombre, contando
con un sinnúmero
de instrumentos adecuados para investigarse a sí mismo,
se desconoce más y más porque no puede preguntarse
genuinamente por sí. Ha
perdido la capacidad de la pregunta antropológica por antonomasia: ¿quién soy?.
Y en esta pérdida mucho tienen que ver los simulacros de
preguntas y lo que es peor aún, las paródicas respuestas.
No
estamos acaso atosigados por afirmaciones tales como: el
hombre es sujeto, tiene que dejar de ser objeto. Si toda la filosofía
moderna desde Descartes para acá sostiene semejante sandez.
La brutal dicotomía
entre sujeto-objeto reduce al hombre, que es su propia pregunta,
a quedar atrapado en su propia apariencia. Lo dice bien Jean
Baudrillard cuando afirma: "el
objeto es el espejo donde el sujeto acude a atraparse en su propia
ilusión" (3) . Se
produce el comienzo de la alienación.
El hombre no es sujeto
ni objeto, el hombre es hombre y todo lo que ello conlleva. La dicotomía
sujeto-objeto nace del dualismo cartesiano entre res
cogitans - res
extensa .
El hombre es sujeto y objeto a la vez. Es una unidad psicofísica.
Una unidad de materia y forma; de cuerpo y alma decían los
viejos filósofos. La aparente pregunta del hombre como sujeto,
es un (trompe d´oeil) pintado telón de fondo
de los teatros. Este último, uno de los sentidos prístinos
de la apparentia.
Ciertamente que el simulacro mayor de
nuestros días es
el que armaron y realizan aquellos que tienen realmente el poder.
Ya decía el primer ministro inglés Disraeli "ignoran
los pueblos quiénes están detrás
de los bastidores" .
Hoy personajes como los de la Comisión Trilateral, los Bildelberger,
los de la Reserva Federal de USA, o incluso, los de nuestros disminuidos
Bancos Centrales son grandes desconocidos para la gran masa de
ciudadanos. No tienen que rendir cuenta de sus decisiones que en
algunos casos afectan negativamente a millones de hombres.
No sólo se nos escamotea la información sobre estos
temas sino que lo que es peor, se nos entrega una información
totalmente distorsionada: un
simulacro de información.
La simulación termina transformándose en el mecanismo
de dominio de los pueblos.
Por qué no llamar a las cosas por su nombre, por qué no
decir la verdad lisa y llana. Porque esto
provocaría el
alzamiento enardecido de los pueblos esquilmados, hambreados y
empobrecidos. Pero
ello no es querido ni permitido por los amos del mundo. Por supuesto
que esta opinión nuestra ha sido
ya denostada por el pensamiento progresista bajo el nombre de "teoría
conspirativa".
Así por el solo hecho de insinuar que el mundo está manejado
por personajes a quienes el bienestar general les es indiferente (4) uno
se hace acreedor al sayo de troglodita o reaccionario. El mero
ocuparnos sobre el tema del simulacro, la simulación,
la apariencia, el disimulo nos ubica dentro de la categoría
de "filósofos de la sospecha", denominación que nos
torna políticamente incorrectos y nos pone fuera del circuito
de la "producción de sentido" de la sociedad liberal democrática.
............................................................
Notas
(1) Strasser,
Carlos: reportaje en el diario La
Nación ,
Bs.As. 17-1-04.
(2) Stirner, Max: El único y su propiedad ,
Madrid. Ed.Simbad, 1984, p. 219.
(3) Baudrillard, Jean: La transparencia del mal ,
Barcelona, Anagrama, 1991, p. 183.
(4) En Iberoamérica, según datos de abril 2004 del PNUD, el
44% es pobre y el 20% es indigente. Y en Argentina el 47% es pobre y el 21%
es indigente. ¿Qué pretenden los dueños del poder?
Alberto Buela [Argentina] 10.V.2004
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