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A los fiascos sufridos por los invasores
wasps del Medio
Oriente ante la resistencia unida shiíta-sunita y
a los horrores revelados contra prisioneros iraquíes se añade la
paradójica secuela para quienes lanzaron la invasión
en busca del botín petrolero.
Los precios del barril de
crudo por encima de 41 dólares y de la gasolina por sobre
1.500 Bs. el litro en Estados
Unidos reflejan el cierre forzado
de instalaciones en Iraq y la perspectiva de caída duradera
de la producción en ese país ante la emigración
de mercenarios corporativos que servían a la Halliburton,
Kellog y demás empresas occidentales que recibieron el gran
regalo de manos de los Bush y
los Blair. Si a ello se añade
la precaria existencia de gas que ya padece USA, queda clara la
especulación alimentada por el pánico que hace subir
las cotizaciones de los hidrocarburos.
Hasta ahora la OPEP se ha
mantenido firme, y las amenazas de incremento sustancial de la
producción rusa y del Caspio no se han cumplido. Por
eso el petróleo se ha convertido en un arma política
para los musulmanes y una de las palancas utlizables por sus líderes
para buscar salidas al conflicto bárbaro desatado por los
cruzados occidentales. Ante las presiones explícitas ejercidas
por éstos y algunos de sus aliados, el frente de los exportadores
parece romperse por su eslabón más débil,
Arabia Saudí, cuyo gobierno, según Bob
Woodward en
su último libro, Plan de Ataque, habría recibido
la solicitud formulada por Bush en vísperas de la invasión:
garantizar petróleo barato a USA. Ya hoy los saudíes
conceden a ese país una rebaja de un
dólar por barril.
La propuesta saudí ante la OPEP,
de elevar en más
de dos millones de barriles diarios la producción conjunta,
en el momento mismo en que la Liga Arabe exige duramente la salida
de los invasores de Iraq, sería una manera de honrar su
lealtad tradicional a la Casa Blanca, aunque algunos la presentan
como la contrapartida que ofrecen en una negociación secreta
de la paz con la Casa Blanca. Sería una maniobra sui géneris!.
La posposición de la decisión de la OPEP hasta el
3 de junio quizas sea una señal de las dificultades en su
seno para formular una política común por parte del
mundo islámico. O quizá la manera de otorgar
un plazo a Bush y Blair para responder.
En todo caso, hoy la OPEP tiene
la sartén por el mango y la opinión pública
musulmana está en el clímax del rechazo a la agresión.
La cercanía del verano en el Norte señala aumento
del consumo de gasolina. Por eso la propuesta de Al Naimi goza
de escaso apoyo. Tendría que actuar al margen de la OPEP
para complacer a Bush. Y eso sería una ruptura casi suicida,
imperdonable para la comunidad islámica.
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