Economía mundial está a merced del petróleo
The Economist*
/ El
Universal (Venezuela)
- 25/05/04
|
La turbulencia en el Medio Oriente una
vez más está ayudando
a desestabilizar el mercado petrolero y poner a prueba los nervios
de quienes trabajan en los bancos centrales y los ministerios de
Economía. Esta semana, el precio de referencia del crudo
había declinado un poco luego del nivel máximo que
alcanzó el 17 de mayo, pero al rondar los 40
dólares
por barril, el petróleo es aún suficientemente costoso
como para hacer que la política económica sea mucho
más complicada de lo que cualquiera, salvo la OPEP, habría
deseado durante los próximos meses.
Es cierto que en 40 dólares por barril el petróleo
resulta todavía bastante barato en términos reales
en comparación con los altos niveles de los años
setenta. Pero no se debe bajar la guardia:
no olvidemos que el oro negro causó entonces una baja económica
mundial.
Con
su precio actual, es poco probable que el crudo pueda causar un desempleo
masivo, una tasa de inflación de dos dígitos,
una turbulencia política extraordinaria o un retroceso del
bienestar económico mundial a una escala hasta ahora asociada
con una guerra total _pero, ¿cuán reconfortante es
esto? Si el petróleo cuesta sólo 10 dólares
por barril, más de lo que valdría en otras circunstancias
y se mantiene en ese nivel por algún tiempo, los precios
en general subirán, la producción y los ingresos
se reducirán y el desempleo, al menos durante cierto período,
se incrementará. Esta perversa combinación de alta
inflación y bajo crecimiento _o "estanflación", término
usado en los años setenta_ es prácticamente el peor
escenario que se puede plantear un planificador de políticas
económicas. Las economías quizás no sean tan
sensibles al petróleo como lo eran 30 años atrás,
pero no nos equivoquemos: este hidrocarburo todavía importa.
¿Qué impulsa el aumento y cuánto pueden
empeorar las cosas? Leer el mercado petrolero nunca ha sido una tarea fácil.
Pronosticar el precio del crudo como The
Economist puede atestiguar
sin dificultad alguna, es una empresa arriesgada. No obstante,
al menos un par de cosas son obvias. Para comenzar, los déficit
en el suministro no son la causa inmediata de la actual alza de
precios. La producción ya es bastante elevada. La
OPEP actualmente viola sus cuotas; además, con la notable excepción
de Arabia Saudí, que podría aumentar rápidamente
su producción si lo desea, los miembros de la organización
están produciendo al máximo de su capacidad. Con
un precio de 40 dólares por barril, esto es comprensible.
El
debate sobre cuotas no gira en torno a cuánto más
petróleo inyectarle al mercado la próxima semana,
sino qué señal enviar a los grandes consumidores
_y a ellos mismos_ en relación con el futuro a mediano plazo.
Los miembros OPEP desean alcanzar un equilibrio
entre evitar la percepción de que están cediendo a la presión
de EEUU para que bajen los precios, por una parte, y desalentar
medidas dirigidas a economizar el uso del petróleo, lo cual
disminuiría sus ingresos a largo plazo, por la otra. Nada
de esto guarda relación con la oferta a corto plazo.
Si ése no es el punto, entonces, ¿qué ha
causado la reciente alza de los precios? Tres
factores relacionados, aparentemente: aumento de la demanda; cuellos
de botella en el sistema de distribución de petróleo, especialmente
en EEUU; y la especulación relacionada con el riesgo de
algunos importantes reveses en el suministro en el futuro.
En este
momento, la demanda se encuentra elevada en todo el mundo, toda
vez que el crecimiento de la economía global es sólido.
Esto es particularmente aplicable a EEUU,
que experimenta una recuperación
económica aparentemente vigorosa y se acerca a la temporada
de mayor consumo de gasolina. Pero el crudo, que en principio está disponible
para cubrir esta demanda, está siendo retenido por bloqueos
en los canales internos de distribución del hidrocarburo. Esto provoca un aumento de los precios de la gasolina, lo cual
a su vez se refleja en el producto básico subyacente. Esto,
sin embargo, debería ser temporal. En
poco tiempo, los bloqueos se despejarán, el mercado de la gasolina se estabilizará y
el equilibrio fundamental de la oferta y la demanda, coherente
con un precio muy inferior a $40 por barril, debería restablecerse
en el mercado petrolero.
Aún falta el tercer factor: el riesgo de futuras interrupciones
en el suministro. Es aquí donde radica el verdadero peligro.
Parte del problema es que están disminuyendo las perspectivas
de una reanudación segura del suministro de crudo iraquí.
Un elemento más importante, sin embargo, es el nuevo riesgo
de una severa y prolongada interrupción en el suministro
saudí.
En pocas palabras, la vulnerabilidad ante el petróleo continúa
acosando a la economía mundial.
* Traducción José Peralta
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