Cachitos y algo más...
Henry Crespo F.
/ Semanario
Las Verdades de Miguel No. 8 (Venezuela)
- 21/05/04
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La abortada escalada sediciosa alentada y financiada desde fuera
y dentro de nuestros confines, esta vez pegando de las mangas a
contingentes de las Autodefensas Unidas Colombianas,
viene a reiterar el empecinamiento del atajo irredento amasijado
en la Coordinadora Democrática (sic) por seguirse jugando
a salidas de fuerza. Perdida la capacidad de asombro frente a las
maquinaciones urdidas en pos de ese empeño vale la pena
detenerse en algunas referencias acerca de las entidades paramilitares
cuya presencia en Venezuela la alcahuetería de los medios
insiste en presentar como un montaje.
La guerra civil en Colombia es
el conflicto más
antiguo de América. Tras
el asesinato de Gaitán y
durante el período que transcurre del 48 al 58 el balance
trágico alcanzó a casi trescientos
mil muertos, dos
millones de desplazados con el consecuencial cambio de propiedad
de la tierra y, por ende, acentuación de la desigualdad
económica. Durante ese lapso surge un movimiento izquierdista
rural por la defensa de los derechos de los campesinos oprimidos
que se constituyó en el germen de las futuras FARC-EP que
además de las reivindicaciones campesinas constituyó una
respuesta a las permanentes arremetidas cada vez más violentas
de los escuadrones de la muerte conservadores y los grupos
militares chulavitas.
El paramilitarismo en América
Latina ha sido
política de algunos estados alentado y financiado por EEUU,
vía doctrina de seguridad nacional, cuyo norte se convirtió en
la liquidación de organizaciones populares, sindicatos,
partidos políticos, movimientos religiosos, cooperativistas
y toda forma de disidencia frente a un status quo visto por el
imperio con simpatía o en condición de alianza. Su
eficacia como herramienta fue sometida a prueba en el sostenimiento
de regímenes criminales y antidemocráticos en Centro
y Suramérica. Con Kennedy en la presidencia, Estados
Unidos lanza la plataforma bautizada como Alianza
para el Progreso pretendiendo
fomentar el desarrollo económico y social en A.
L. mientras,
en paralelo, se desplegaba pleno apoyo a ejércitos y policías
para el combate contra "la amenaza comunista" en el hemisferio
haciendo parte de la doctrina de contrainsurgencia la organización
de grupos civiles armados. Estos, con el
correr de los tiempos, no harán distinciones entre grupos armados revolucionarios
y partidos políticos y activistas de izquierda democráticos,
sindicalistas entre otros, para más adelante hacer extensivo
el aniquilamiento indiscriminado a la población civil bajo
cualquier manto de sospecha como parte de sus usos cotidianos. En Colombia tuvo su punto de partida con el lanzamiento del Plan
Lazo por parte de las Fuerzas Armadas en 1962. Bajo la consigna
de "Corazones y mentes" una de sus vertientes-fachadas
consistía en la construcción de obras públicas
y el desarrollo de programas para superar el cúmulo de precariedades
sociales que abonaban la insurgencia armada. Simultáneamente
se alimentaba la estrategia de captación e incorporación
de civiles o autodefensas para la cooperación directa con
las tropas. Ya en el manual de operaciones contra las fuerzas irregulares
del ejército estadounidense se desarrollaba la idea de emplear
civiles en labores de contrainsurgencia. Este material, traducido
y publicado por el ejército de Colombia en ese año
junto a "La guerra moderna" de Roger Trunquier son fuente
de inspiración para la creación y estructuración
de fuerzas paramilitares.
En 1964 el gobierno de G. León
Valencia organiza una campaña para enfrentar y
acabar con el movimiento guerrillero FARC-EP y
en Dic. de 1965 sienta las bases legales para la participación
de civiles en operaciones de contrainsurgencia mediante el decreto
3.398 que contempla en
su definición de nación ".. la organización
y creación de grupos operativos de todos los habitantes
del país y sus...". El
decreto da soporte legal para el suministro, con carácter
temporal, de armas a civiles por parte del MinDefensa. En 1968,
durante la gestión de
C. Lleras Restrepo, la Ley 48 convirtió el decreto en legislación
permanente ampliando las facultades del Ministerio de la Defensa
para la creación de patrullas civiles a las cuales se les
podía suministrar armas de uso privativo de los componentes
militares. Aunque en principio no se crean muchas de estas
patrullas, la fundamentación legal para el uso de civiles
en operaciones de contrainsurgencia dio pie para el desarrollo
y posterior extensión
de grupos paramilitares.
En mayo de 1989, a
instancias del presidente Virgilio Barco, la CSJ declara
la inconstitucionalidad de los artículos de ia mencionada
ley que facultaban al ejército para captar, reclutar, organizar
y entrenar a civiles para enrolarlos en labores militares. Barco
había señalado,
como antesala a la sentencia de la corte, que los grupos paramilitares
eran organizaciones terroristas cuyas víctimas, en su "mayor
parte... no son guerrilleros... son hombres, mujeres y niños
no alzados en armas contra las instituciones. Son
colombianos pacíficos...". Para
el momento de la decisión
demasiada agua había corrido bajo el puente y los grupos
armados eran estructuras consolidadas y extendidas que ejercían
control absoluto de vastas zonas del país. La
progresión
en el crecimiento de autodefensas ilegales como
eufemísticamente
les denominó el Ministerio de la Defensa,
se mantuvo constante desde 1986 hasta la elección de la
Asamblea Constituyente (1990), lo cual le permitió ampliar
su expansión
en zonas geopolíticamente estratégicas. Y con la
expansión de la industria ilegal de la droga, que
tiene lugar a principios de esa década, los paras habrían
ensanchado y diversificado sus fuentes de financiamiento y ramificaciones.
Al influjo del narcotráfico se desarrollaron
las organizaciones
Muerte a Secuestradores (MAS) estrechamente vinculados
con los dispositivos policiales y el ejército así como
con los grupos civiles contrainsurgentes equipados y entrenados
por la XIV Brigada del Ejército en el Magdaleno
Medio. Integrado por personal reclutado entre potentados terratenientes
y hacendados para enfrentar la guerrilla pronto estuvieron bajo
la égida
del cartel de Medellín convirtiéndose en canteras
del sicariato al cual se le atribuyen innumerables desapariciones
forzadas y la eliminación física, con predilección
de altos funcionarios públicos o candidatos a ocupar esos
cargos, incluyendo candidatos a la presidencia de la República.
(Uno de los más notorios ocurrió en la persona del
virtual vencedor en los comicios de 1990 Carlos
Galán).
Durante la gestión Samper,
otra ley promulgada en 1994 apuntalará la
creación de agrupaciones paras bajo la modalidad de cooperativas
de vigilancia y
seguridad privada (Convivir), que tuvieron al actual
primer mandatario Uribe
Vélez como uno de sus
principales artífices. Con ellas se dio aliento
al surgimiento de otras agrupaciones de similar cuño constituidas
por bananeros de Córdoba y Urabá.
Capítulo aparte merece,
en el contexto del narcotráfico, la organización
de escuadrones de la muerte entre los cuales los más violentos
que operaban en los departamentos de Antioquia y Córdoba fueron
orquestados por Fidel
Castaño, hermano mayor de,
hasta su reciente y extraña desaparición, Carlos
Castaño máxima figura que le sucedió en
este rol tras la muerte de aquél a principios de 1994. El
mayor de los Castaño fue el artífice en la conformación
de las Autodefensas Campesinas de Córdoba (ACU ) embrión
de las futuras Autodefensas Unidas de Colombia, que en abril de1997
se constituyen como confederación armada
con Carlos a la cabeza no reconociéndose como grupo paramilitar
sino como ejército ilegal paraestatal. (Véase "Mi
confesión: Carlos Castaño revela sus secretos",
de M. Aranguren. Bogotá 2001 e Informe sobre América
Latina N° 5, International Crisis
Group).
La historia de esa
triangulación entre escuadrones de la muerte, sicariato
y paramilitarismo es una historia plagada de horror y muerte. Con
la lucha antiguerriliera como estandarte, tanto el ejército
como el paramilitarismo han tenido como blanco a la población
civil, arrastrada a una guerra, aun cuando buena parte de ella
no tome partido y sin exclusión de niñas, niños
y adolescentes. En el caso de este segmento de la población,
aparte de ser sometidos a las vicisitudes de los adultos, también
son víctimas de violencia y abuso sexual y violaciones.
Cabe citar que durante el año 2002 la cifra de niños
y niñas víctimas de la violencia armada ascendió a
cuatro mil cuarenta y siete. Se estima que tres millones
de niños
entre los once y los diecisiete años no asisten a la escuela,
entre otras razones por que muchos de esos locales son utilizados
como bases militares y centros de reclutamiento. De los millones
de desplazados entre el cuarenta y ocho y el cincuenta y cinco
por ciento son menores de 18 años. (Watchlist
on children and armed conflict. Feb. 2004). Bajo
cualquier remota sospecha de simpatizar con la guerrilla los civiles
quedan sometidos a ejecuciones extrajudiciales y desapariciones
forzadas desde regiones campesinas hasta las regiones de las costas
del Atlántico y del Pacífico. En esta última
zona, poblada de familias afrocolombianas e indígenas que
con la promulgación del texto constitucional
del 91 legalizan la propiedad colectiva de las tierras, los paramilitares
han asesinado a
miles de líderes sociales y desplazado a más de dos
millones de personas de los cuales la mitad pertenece
a la comunidad negra. Un sobreviviente de
una las masacres perpetradas en su presencia da cuenta de la saña
con la cual actúan
las AUC con el apoyo del ejército y la policía. Relata
que le buscaron para obligarlo a presenciar la ejecución
de sus familiares mediante el uso de uno de los instrumentos favoritos
de estos grupos, la motosierra, con la cual rebanan
piezas humanas. En esta región, como en muchas zonas en
las cuales ellos actúan en connivencia con la policía
y el ejército,
este último, so pretexto de labores de rastreo de fuerzas
guerrilleras ahijados por los pobladores, al
no obtener confesiones a la fuerza amenazan con dar paso a la presencia
de los paras que, efectivamente, tras un lapso prudencial ingresan
masacrando a la comunidad.
Otro de los modus operandi,
de acuerdo con el mismo testimonio, consistía en convocar
a los pobladores de comarca en comarca a reuniones estilo asamblea
en medio de las cuales se les obligaba a tenderse en el piso. A
quienes intentaban huir les disparaban y a los capturados vivos,
antes de ejecutarlos, les obligaban a presenciar como decapitaban
y descuartizaban vivos a punta de hachazos a quienes yacían
en el pavimento. Las cabezas de algunas de las víctimas
servían como balones
de fútbol a los equipos paras que en medio de la carnicería
se improvisaban. Incluso
se permitían el lujo de anticipar
las masacres a través dé volantes o grafittis dándole
estricto cumplimiento de acuerdo con lo anunciado. Materializadas
las amenazas, cabía esperar el éxodo de los pobladores
de veredas vecinas y favorecidas en el próximo listado y
la posterior ocupación de esos espacios por parte de la
canalla invasora.
Debido a tal cúmulo de aberraciones irradiadas
a lo largo y ancho de la geografía colombiana, este país
se ha convertido en el mayor signatario de convenios, pactos y
acuerdos relacionados con los derechos humanos. Queda
claro que el paramilitarismo es algo más que cachitos y uniformes
limpios, o en todo caso se trataría de cachitos remojados
en sangre y rellenos de visceras de venezolanos. Pretender que
porque el hallazgo y detención de los inquilinos de la hacienda
Daktari se prudujese de manera incruenta, y bajo las condiciones
que se produjo, borra las intenciones y la eventual puesta en práctica
de sus conocidos métodos es hacerse deliberadamente los
pendejos frente al inmenso riesgo que significa sembrar en Venezuela la cultura del paramilitarismo y sus parientes: el
sicariato y los escuadrones de la muerte de tan infausto recuerdo
en el cono sur y algunos países centroamericanos o muestra
de claros signos de complicidad.
Nuestra cultura política ha sido
ajena a esa fatídica triangulación. Pretender inaugurarla
ahora, transplantarla colocándonos al borde de una guerra
civil o importarla propiciando la actuación a sus anchas
de paras vecinos es por lo menos suicida. Pero cuando
se pierden los escrúpulos al ritmo de la fanatización
exacerbada no hay razón que prive por encima de la mezquindad,
la ruindad y las bajas pasiones que prevalecen en esa abigarrada
maledicencia que llaman Coordinadora Democrática.
Por eso me suenan tan ilusos y a ratos ridículos
los emplazamientos del vicepresidente y otros voceros oficiales
dirigidos al oposicionismo patológico
a que se deslinden de aquellos radicales
que insisten en repetir las experiencias acumuladas a lo largo
del año 2002 y principios
del 2003 y que, ante el fracaso de la salida de Chávez,
vía referéndum, ya tienen cocinados el plan B, el
plan C, el plan D... y así hasta agotar el abecedario. La
insistencia gubernamental en ese deslinde supone ia asunción
de que los capos de la coordinadora son muy distintos entre sí.
Eso es gastar pólvora en zamuro, es no entender que los
cuadros delirantes en el campo de la clínica de las enfermedades
mentales se caracterizan por su condición de irreversibilidad y de cronificación.
El emplazamiento a un pronunciamiento
serio de la CD respecto a la presencia de los
fantasmas de la hacienda propiedad de Robert Alonso,
es del mismo corte inútil que
los llamados a definirse públicamente frente a los resultados
adversos en los procesos de consulta en marcha. Cuantas veces se
les ha preguntado si aceptarían, de acuerdo con las reglas
del juego, esos resultados adversos. ¿Cuantos de
ellos han asumido responsablemente que los reconocerían? Por
supuesto que no los van a reconocer y para su desgracia y para
bien de todos el plancito Guarimba II les fue abortado. Esa era
una de sus respuestas institucionales y democráticas como
casi todo lo que de allí surge. En
su seno y desde su periferia, a ratos tácticamente
distanciada, se
maquina lo imaginable y lo inimaginable. Las patrañas
mas torvas y descabelladas incluida esta última joyita de
la incursión paramilitar cuyo estreno nos tenían
reservado para la noche del nueve de mayo. Día de la Madre.
Su madre...
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