¿Democracia para quién?
P.
Samuelson / Semanario
Las Verdades de Miguel No. 8 (Venezuela) - 21/05/04
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El capital humano: la clave para
el desarrollo económico
y el ejercicio de la democracia
El desarrollo económico no es posible en sociedades poco
educadas. Venezuela no es la excepción. Nuestro país
ha experimentado un decrecimiento sostenido por más de veinte
años. No es casual que la formación de nuestros ciudadanos
haya sido cada vez más precaria. El crecimiento económico
se detuvo desde 1977. No sólo el diseño y aplicación
de políticas netamente economicistas, no ajustadas a nuestra
realidad histórica, desencadenaron esta tragedia que poco
a poco ha empobrecido económica, política, cultural
y éticamente a nuestra sociedad.
El
cierre de las escuelas técnicas, centros de preparación
para el trabajo para los venezolanos de menos recursos, durante
el primer gobierno de Rafael Caldera,
fue el inicio de este quiebre social. Pasaron ocho años para que nuestro país comenzara
a sentir las nefastas consecuencias de esta política. Se
destruyó la posibilidad de tener un oficio. Nuestros
liceos comenzaron a producir bachilleres con baja formación académica,
sin oportunidad de ingresar a la universidad y lo que es peor sin
capacitación para el trabajo. Desaparecieron las
enfermeras graduadas, los orfebres, electricistas, plomeros, los
maestras de obra, etc., etc., etc. Nuestros jóvenes asomaban al mercado
laboral y no podían insertarse en la economía productiva. Esta situación degradó de tal manera las aspiraciones
de la población de menos recursos que cada
vez la deserción
escolar se producía más tempranamente. Todo
ello fue el detonante para abrir cada vez más la brecha
entre ricos y pobres. Hoy, en las universidades públicas más
de 95% de los estudiantes provienen de colegios privados. La educación
de escuelas y liceos públicos es cada vez de menos calidad.
El Estado comenzó a financiar e impulsar la brecha social
al cerrarle cualquier oportunidad a los jóvenes de menos
recursos y acabando con la permeabilidad social. Su ideólogo:
un social-cristiano con ambición
desmedida de poder,
sin sensibilidad y que ha pasado su vida pensando que su gran defecto
es parecerse demasiado a Dios.
Hoy nos atreveríamos a afirmar que
Venezuela sería
un país más justo y socialmente más armónico
si hombres como Luis Beltrán Prieto
Figueroa hubiesen alcanzado la Presidencia de la República; pero acuerdos y componendas
de nuestras élites sociales, políticas, eclesiásticas
y económicas cambiaron el futuro de los venezolanos. El
impulso a la educación tal y como lo planteaba el maestro
Prieto hubiese significado el desarrollo humano para las
grandes mayorías, la lucha de clases habría desaparecido
y la competencia de una masa formada e informada se centraría
en aprovechar oportunidades de trabajo, y ello significaba el fin
de los privilegios y la mejor distribución de los ingresos.
No estábamos preparados entonces y no lo estamos ahora,
para repartir el bienestar y desarrollarnos como sociedad y como
país. Las élites de entonces y las élites
de ahora sólo apuestan al crecimiento económico,
no al desarrollo, porque ello significa una más justa distribución
de las riquezas que no están dispuestos a compartir.
Cuando hablamos de educación hablamos de desarrollo, hablamos
de democracia. La democracia implica el ejercicio de derechos políticos,
sociales y económicos.
El
premio Nobel, Oscar Arias, en su reciente visita
a nuestro país
sorprendió a todos con las siguientes declaraciones: "En
los años noventa, en América Latina la democracia
era el modelo político dominante, las políticas de
libre mercado eran las que determinaban las relaciones económicas,
pero también es durante este
período cuando aumenta más aceleradamente la pobreza
y se hacen más profundas las brechas sociales".
Entonces, cabe preguntar: ¿democracia para qué?, ¿democracia
para quién?
La democracia debe ser oportunidad para todos,
y el primer eslabón
está en la educación, que con salud y trabajo lograrán
concatenar una sociedad en paz. Las diferencias sociales determinaron
la fractura de nuestro país. Cuando el pobre se da cuenta
de que sus derechos han sido conculcados en aras de una democracia
que hoy le resulta hueca, a pesar de su ignorancia alza la voz
y reclama sus derechos. Sólo un pueblo educado es capaz
de insertarse al mercado laboral y acumular riquezas. De qué sirven
las inversiones extranjeras si no hay mano de obra calificada para
emprender los proyectos.
Hoy, la premisa mundial es que el capital
humano está por
encima de la acumulación de capital físico y de capital
financiero. El desarrollo económico está vinculado
al capital humano. Las tecnologías determinan los cambios
en la economía y si no tenemos educación y formación
no podremos asimilarlas y ponerlas al servicio de nuestra sociedad.
Para los gobiernos del tercer mundo la inversión en educación
es un gasto, para los países desarrollados es una inversión
en capital humano; por ello los países desarrollados invierten
proporcionalment en educación el doble de lo invertido por
los países en desarrollo. Esto acrecienta día a día
la brecha entre países ricos y países pobres. La
manó de obra de los países del tercer mundo es cada
día menos calificada, menos productiva y más costosa.
En el corto plazo las ventajas comparativas que en comercio internacional
significa mano de obra barata irán desapareciendo, ya que
la calificación para el trabajo, en una economía
dominada por las tecnologías, se hace cada vez más
imperante.
Actualmente, en el mundo existe una evaluación crítica
de los sistemas educativos, países
en desarrollo y países subdesarrollados están analizando
bondades y carencias de su educación. El
futuro de sus ciudadanos, su paz social, dependerá de las
posibilidades de trabajo que cada individuo pueda desarrollar. La
guerra y el terrorismo tienen un alto contenido de desesperanza
y por ello la educación
deberá orientarse hacia sistemas de oportunidades. Nadie
debe estar excluido y para ello todos deben ser educados para y
por el trabajo, lo cual garantizará la supervivencia individual
y colectiva. En Venezuela, por fin hemos
entendido que el analfabetismo es un problema,
la deserción
escolar es un problema, el desencanto y desasosiego cultural son
un problema. No nos debería
sorprender la aceptación y el respaldo a las misiones
Robinson, Ribas y Sucre por parte de la mayoría de los pobres,
para quienes el futuro estaba reducido a sobrevivir, hoy se sienten útiles
frente a un libro, han desarrollado autoestima, empiezan a creer
que la felicidad de aprender también es para ellos. Sólo
al encontrarnos la mirada brillante de estos jóvenes, no
tan jóvenes y viejos podemos decir que vale la pena intentarlo.
No nos dejemos llevar por el simplismo de creer que están "adoctrinando" a
estos muchos venezolanos olvidados. No obstante
es oportuno y justo acotar que actores importantes de la oposición
han mostrado, aunque con timidez, respeto por estas misiones y
han incluso expresado su voluntad de mantenerlas vigentes una vez
culmine el gobierno de Chávez. El desarrollo económico,
social y ético
que este aprendizaje dará al país lo empezaremos
a ver y a vivir todos. El tiempo hoy es nuestro amigo, el desasosiego
mediático de nuestra sociedad tiene que desaparecer.
El crecimiento económico se traducirá en desarrollo
económico. Todos y no unos pocos podremos escribir nuestro
nombre, leer un libro, aprender un oficio y tener la oportunidad
de mirar la felicidad a la cara.
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