Cisneros: una jugada no muy limpia
Yamila Rodríguez
Eduarte / Cuba
Encuentro (USA)
- 03/06/04
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Venezuela entre Chávez y Cisneros
Una batalla campal
por la subsistencia: ¿Marcará el referéndum
revocatorio el destino de ambos personajes?
Como todo guerrero, Hugo Chávez necesita
un contendiente con un poder similar al suyo para que el antagonismo
trascienda. A Gustavo
Cisneros, el hombre más influyente de Venezuela,
le tocó recoger el guante que arrojara el comandante de
la "revolución" bolivariana. En esta batalla
política,
donde todo vale, los dos adversarios no han escatimado recursos
para doblegar al contrario.
Si
Chávez es omnipresente en la política, Cisneros lo
es en la economía. Aunque el poderío del empresario
venezolano, hijo de cubano, va más allá de las fronteras
nacionales. La Organización Cisneros, el imperio de las
telecomunicaciones, de su propiedad, agrupa a 72 empresas que operan
en 80 países. Este magnate de los medios, según la
revista Forbes, ocupa el puesto 64 en la lista de los
500 hombres más ricos del mundo. Tanta riqueza no le ha
valido para quitarse de encima al presidente venezolano, quien
lo considera su enemigo jurado.
Para entender el resentimiento
de Chávez es preciso conocer
un poco de la historia reciente de este país. A los venezolanos
les gusta contar cómo Diego Cisneros, el padre de Gustavo,
llegó "pelado" a este país, en 1928; luego de la
muerte de su padre, un médico y odontólogo habanero.
Como otros cubanos, escapó del hambre y los abusos de Gerardo
Machado, el gobernante en aquel entonces.
La manera en
que hizo fortuna todavía asombra a los que
viven aquí. Cuentan que Diego Cisneros andaba todo el día
montado en un camión de volteo convertido en autobús,
en el que transportaba mercancías y pasajeros. Hasta que
decidió darle un giro a su sencilla
vida.
Lo que hizo fue
insólito. Se adjudicó la representación
de la Pepsi Cola en Venezuela, la cual llevaba años distribuyendo
el producto en el país, pero sin registrarse
legalmente.
Cisneros inscribió la Pepsi
Cola a su nombre. Dicen que
el cubano logró posicionar a la marca en el número
uno, con una jugada no muy limpia. Les compraba
toda la carga a los conductores de los camiones de las embotelladoras
rivales, y luego rompía las botellas. Como la fabricación
de envases de vidrio demoraba mucho, ponía en crisis a las
embotelladoras de la competencia; lo que aprovechaba para saturar
el mercado con la Pepsi Cola.
Luego de un tiempo de forcejeo
con el mañoso cubano, la
compañía de gaseosas le otorgó finalmente
la representación, en litigio. Ese fue el primer paso de
una carrera en la que Diego Cisneros mostró un instinto
casi animal para oler buenos negocios. Otro buen momento fue cuando
se lanzó al mundo de las telecomunicaciones. Con la compra
del canal Venevisión, el líder de la televisión
venezolana, aumentó su poder de influencia y cuando los
políticos empezaron a rondarlo, pensó que no sería
malo comprar unas cuantas acciones en la política venezolana.
Vacunas contra la extensión del castrismo
Su relación con el poder comenzó en 1962, cuando
Carlos Andrés Pérez, quien dos años más
tarde sería presidente, se desempeñaba como ministro
de Relaciones Interiores. Cisneros
fue un gran aliado de Pérez
en la lucha contra los movimientos insurgentes procastristas. La
lucha de guerrillas no prosperó en Venezuela durante los
años sesenta, debido, en parte, al fuerte apoyo que le dio
Cisneros al gobierno de la época. Al cubano le atormentaba
la idea de que la revolución de Fidel Castro pudiera extenderse
a su segunda patria.
El viejo Cisneros murió en 1980, creyendo que el fantasma
del comunismo cubano había sido erradicado de Venezuela.
Su hijo Gustavo, además
del imperio
Cisneros, heredó el
gusto por la política. Pero no la pasión desmedida
del padre: hablar sobre Cuba con cualquiera que le mencionara el
tema. Cuentan que el viejo era capaz de interrumpir una negociación
para contar anécdotas de su niñez en La
Habana. En
relación con su país de origen, su actitud era similar
a la de cualquier cubano humilde, que le dolía morir en
el exilio sin poder ver la tierra natal.
Gustavo Cisneros,
aunque no deja de reconocer sus raíces
cubanas, considera que su misión principal está en
Venezuela. Ha apostado por este país, por su economía
y también por su democracia. La televisora Venevisión nunca ha estado al margen de las crisis políticas venezolanas.
En febrero de 1992, cuando Chávez intentó darle un
golpe de Estado al presidente Carlos Andrés Pérez, éste
escapó del Palacio de Miraflores, esquivando las tanquetas
rebeldes. En medio del caos, el gobernante intentó llegar
a una estación de televisión para hablarle al país.
Gustavo Cisneros le dio la oportunidad que
otros le negaron. "Tomamos
un chance por la democracia y ganamos'', dijo el audaz
empresario en aquella oportunidad.
La política da muchas vueltas. En
1998, Venevisión, como el resto de las
televisoras privadas, apoyó la candidatura
presidencial de Hugo Chávez porque creyó en su discurso
contra la pobreza y la corrupción. Los
medios privados le ofrecieron espacios, sin costo alguno, en un
gesto inédito
en las campañas políticas. Pero la luna de miel entre
Chávez y los medios duró poco. Cuando el gobierno
tomó el derrotero de la "revolución", las críticas
llovieron. Y el mandatario no estaba dispuesto a tolerarlas.
Una batalla personificada
Comenzó una guerra entre éste y los medios de comunicación
de capital privado que aún no termina. Los medios son, en
la práctica, el último reducto que le queda por conquistar
al comandante Chávez. El resto de los poderes ha sido copado
por el chavismo. Y así, el mandatario personificó en
Gustavo Cisneros su batalla contra los medios. Convirtió al
empresario en blanco constante de sus ataques. No hay evento de
la oposición en que el gobernante venezolano no crea ver
la mano o el dinero de Cisneros.
El mandatario
ha lanzado graves acusaciones contra el magnate de los medios.
Entre las más duras está la de haberlo
señalado como uno de los "cabecillas" del golpe del 11 de
abril de 2002, que sacó a Chávez del poder por 48
horas. Hasta ahora, esta afirmación no ha podido ser corroborada.
Pero el chavismo le endilgó a Cisneros el cartel de golpista
y conspirador.
Hugo
Chávez Frías:
El Nacional
A/4, 5 de Julio 2003
"Nunca se me va a olvidar la
petición que me hizo uno de los grandes gurúes
del golpe mediático, magnate internacional,
dueño de medios, que se creía también
dueño de Venezuela, dirigente del golpe de Estado
y capo de la oligarquía apátrida y traidora,
que pretendía que yo nombrara en CONATEL a uno
de sus empleados" |
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Despotricar de Cisneros es una de las
pasiones favoritas de Chávez.
Aunque el tema no venga al caso. En una conversación entre
el gobernante venezolano y Kofi Annan, secretario
general de la
Organización de las Naciones Unidas (ONU), Chávez dijo
que "por allá por Naciones Unidas, muy cerca de
las instancias máximas, anda un fascista, un golpista, que
es dueño de una televisora en Venezuela, que se llama Gustavo
Cisneros. Ése es uno de los más grandes responsables
de lo que está pasando en Venezuela, y yo lo acuso ante
el pueblo y ante el mundo por golpista y por fascista".
En
otro momento, en un acto con sus seguidores, afirmó que "Cisneros
ha dicho en algunas partes del mundo que no descansará hasta
que Hugo Chávez esté fuera del poder, o esté muerto.
El señor Cisneros está equivocado. Aquí no
se trata de Hugo Chávez, se trata de un pueblo y un país
que se llama Venezuela. Nosotros los revolucionarios no le tenemos
miedo a un oligarca por más dinero que pueda tener".
El
gobierno considera que la derrota de Cisneros significaría
el fin de la independencia de los medios. Por ello, el oficialismo
abre nuevos frentes de batalla en su afán por acallarlos.
En varias oportunidades, a las televisoras privadas se les han
abierto procesos administrativos en su contra. También han
sido amenazadas con quitarles la concesión que les permite
transmitir en el espacio radioeléctrico, propiedad del Estado
venezolano.
Próximamente, Gustavo Cisneros, en representación
de Venevisión, y los directivos de los canales privados
Globovisión y Radio
Caracas Televisión (RCTV) deberán
comparecer ante la Asamblea Nacional para rendir cuentas sobre
la cobertura informativa del hallazgo de presuntos paramilitares
colombianos en las afueras de Caracas.
De acuerdo con el diputado
oficialista Luis Tascón, los
canales privados han restado importancia a un tema "que pone en
juego la seguridad de la nación". "Pareciera que existe
una complicidad de algunos medios de comunicación con los
paramilitares, en torno al tratamiento que se le está dando",
dijo el parlamentario.
¿La última jugada?
El pasado 9 de mayo, los cuerpos de seguridad venezolanos detuvieron
a un grupo de colombianos uniformados, los cuales fueron acusados
por el gobierno de integrar una banda paramilitar. Su
misión
era derrocar al presidente Chávez, asegura el oficialismo.
La tropa irregular fue encontrada en una hacienda deshabitada en
las afueras de Caracas, propiedad de Robert Alonso, un exiliado
cubano residente en Venezuela desde los años sesenta. Alonso
pertenece al ala radical de la oposición. Fue uno de los
impulsores de la "Guarimba", como se llamó popularmente
a la violencia desatada en las calles de Caracas y otras ciudades
de interior en febrero pasado.
También fue allanada una hacienda propiedad de Gustavo
Cisneros como parte de las investigaciones del caso de los presuntos
paramilitares. Para los representantes de la Hacienda
Carabobo, "este
allanamiento viene a constituir un nuevo ataque en la campaña
de descrédito que en forma reiterada impulsa el Ejecutivo
nacional en contra de Gustavo Cisneros".
Con respecto al asunto,
el mandatario venezolano dijo que evaluaba la posibilidad de expropiar
las propiedades de todo ciudadano que se le comprobara una vinculación
con grupos paramilitares colombianos en territorio venezolano.
El
chavismo está moviendo muchas fichas al mismo tiempo.
La última jugada causó estupor entre venezolanos
y extranjeros que consideran a este país su casa. La
Asamblea Nacional, con mayoría oficialista, aprobó solicitar
a la Fiscalía General el inicio de los trámites para
revocarle la nacionalidad a Gustavo Cisneros, además de
a los periodistas Marta Colomina, Napoleón Bravo y Norberto
Maza, y al exiliado cubano Robert Alonso. La solicitud se fundamenta
en la actuación "antipatriota" de estos conocidos personajes
de la oposición.
Todavía está por verse quién ganará en
la batalla de los medios. Está claro que la posición
de cada jugador dependerá del destino del referéndum
revocatorio presidencial. Si la consulta
popular va, los medios cobran ventaja. Si Hugo
Chávez se queda hasta 2006, nadie
sabe lo que podría pasar. Quizás
todos pierdan.
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