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La
destrucción de Irak, un buen negocio
Editorial
/ La Jornada (México) - 26/03/03
El gobierno de Washington confirmó públicamente la
firma de contratos y concesiones con empresas estadunidenses para
realizar obras públicas de reconstrucción en las zonas
de Irak previamente destruidas por las tropas invasoras. Sin
licitación previa, el Departamento de Defensa pactó
con la compañía Kellogg, Brown and Root
las tareas para apagar los pozos petroleros incendiados en el curso
del conflicto, en tanto que la Agencia Estadunidense para el Desarrollo
Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) otorgó
a la firma Stevedoring Services of America (SSA),
con sede en Seattle, una concesión de casi 5 millones de
dólares para la reconstrucción y gestión del
puerto iraquí de Um Qasr, recientemente
ocupado -y devastado, a lo que puede verse- por los efectivos de
Estados Unidos. Los mencionados son sólo los primeros
contratos de una serie de negocios para la "reconstrucción
de Irak" estimados en unos 900 millones de dólares.
Por si quedara alguna duda, y a contrapelo de las declaraciones
de los gobernantes estadunidenses en el sentido de que la agresión
militar en curso busca "liberar" al país
árabe, los contratos referidos, más los que
faltan, permiten confirmar que, aun antes de ganarle la guerra a
Saddam Hussein, el gobierno de George
W. Bush se comporta como propietario de Irak.
Cuando la propia CIA reconoce que no existen vínculos demostrables
entre el régimen de Bagdad y Al Qaeda, y
luego que las supuestas armas de destrucción masiva iraquíes
no han podido ser halladas ni por los inspectores ni por los invasores,
lo que salta a la vista es que el allanamiento y el arrasamiento
de la nación árabe tiene, como motivación real,
un conjunto de negocios en ramos como el petrolero, el de
construcción e infraestructura, el de consultoría,
y el de administración y gestión. Lo de menos es que
tales negocios se realicen sobre la base de civiles muertos, de
ciudades destruidas, de cientos de miles de desplazados, del dolor
y la miseria de la población de Irak y del luto de los hogares
estadunidenses a los que empiezan a llegar cadáveres condecorados
en bolsas de plástico negro.
Es
claro, también, con base en las informaciones mencionadas,
que la Casa Blanca no
tiene la menor intención de abrir la reconstrucción
de Irak a la participación internacional ni de abandonar
el país una vez que gane la guerra, si es que la gana.
Pero,
además de las ilegalidades manifiestas de la incursión
injustificada y genocida en la que está
empeñado el gobierno de Washington, empieza a evidenciarse,
en el manejo empresarial de este conflicto, un carácter abiertamente
mafioso y patrimonialista en el ejercicio de la
violencia del Estado. Prueba de ello es el hecho de que
una de las primeras firmas beneficiadas por las concesiones es filial
del consorcio Halliburton, el cual, según lo reconoció
impúdicamente el Pentágono, fue dirigido, hasta hace
tres años, por el actual vicepresidente de Estados Unidos,
Richard Cheney. Y cabe
preguntarse qué porcentaje de los 75 mil millones de dólares
que el presidente George W. Bush pedirá al Congreso para
cubrir los "costos adicionales" del arrasamiento
de Irak irá a parar a los bolsillos de Cheney y de
sus socios.
Así
está configurado, por ahora, el poder público de un
país que suele criticar con expresiones implacables la corrupción
de otras naciones. Ese es el grupo gobernante que pretende dar al
mundo lecciones de legalidad, probidad y democracia.
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