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Insistimos
en que el deber del Consejo Electoral Nacional es garantizarle
al país un referendo limpio, blindado contra todo intento
de fraude.
Dados todos los antecedentes que conocemos, debe reconocerse
que no es tarea fácil. Por ello son vitales las precauciones
que se tomen para identificar los focos y los procedimientos que
pueden usarse para alterar los resultados. Creemos que el fraude
electrónico o informático es el más peligroso,
porque ese es el fuerte del enemigo externo y donde somos más
débiles, debido a nuestra dependencia tecnológica.
Además, hemos sufrido en el sector
petrolero, durante el paro golpista de diciembre
2002 y enero 2003, el efecto
devastador del sabotaje electrónico comandado por la empresa
mixta Intesa-SAIC,
cuya rama foránea pertenece al Departamento
de Estado y a la CIA, y actúa hoy como cerebro de la ocupación
de Iraq.
Pues bien, todavía hoy sus comandantes, que están
dentro de Gente del Petróleo, rondan por PDVSA y el MEM.
No contentos con eso, la Campiña contrató otra
empresa de capital norteamericano, la McKinsey, para
que le sirviera de asesora en la evaluación de sus filiales foráneas
y después en la elaboración de planes y políticas,
pero ¡oh sorpresa! su máximo ejecutivo en Venezuela, Alejandro
Plaz Castillo, resultó ser nada menos que Presidente
de SUMATE!, convertido en el aparato informático de la CD,
con los servicios de otras firmas del Norte especializadas en esta
rama.
De manera que estamos penetrados por el
enemigo en el mero corazón del Estado y de la economía,
y lo hemos estado alimentando. Por otra parte, tienen sus propias sedes, como la
embajada, Venamcham, etc. etc. desde donde actúan a sus
anchas. Además, los ataques electrónicos pueden lanzarse
desde sitios remotos, fuera del país. Prevenir
las amenazas de este tipo exigiría equipos técnicos blindados
y un equipo humano de alta calidad y fiabilidad, al que "conexión
social" podría aportar mucho.
La alternativa manual
permite trampas y fraudes más familiares,
las pillerías en que son duchos nuestros politiqueros, de
menor cuantía, pero también más fáciles
de contrarrestar.
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