¿Aquí es inevitable otro "Punto Fijo"?
Domingo Alberto
Rangel / Semanario
Quinto Día No. 397 (Venezuela)
- 18/06/04
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Es
casi seguro que este artículo sea leído con el
mismo aire de estupor que se pone cuando se oyen los desatinos
de un loco. Creo que la situación venezolana sólo
tiene una salida: la firma de un nuevo pacto de Punto Fijo. No
hay otra alternativa, no se columbra otro desenlace a largo plazo,
sin duda. Y aunque Keynes dijo una vez,
burlándose de los
economistas de su tiempo, que a largo plazo todos estarían
muertos, no hay más remedio que enfocar el asunto así los
análisis para este caso contemplen epílogos tardíos.
Ante
todo, algo elemental: descarto la guerra
civil y el golpe de Estado. A la guerra
civil le profesan miedo, pánico,
todos los actores de las sociedades cómodas que ha creado
entre nosotros el capitalismo. El sistema contemporáneo
con su sociedad de consumo, sus medios electrónicos de comunicación
y sus políticas de diálogo -en el fondo de cabronería-
ha configurado una civilización apoltronada donde
el acomodo es la virtud primera. Y el golpe
de Estado, la otra alternativa
teórica, es cada vez más peregrino como desenlace.
Los generales golpistas hacen más el ridículo hoy
día que lo sublime.
A la larga, el "Punto Fijo" irá apareciendo
como única
solución,
así hoy los actores de nuestro drama político lo vean como monstruosidad
y juren matarse a pellizcos. Entre paréntesis, mucho del odio que hoy
destilan Gobierno y oposición es ficticio, cuestión de utilería
de teatro. Ni "Fosforito" es fiera, más bien es comerciante, ni doña
Maeca es la versión actual de Pilar Primo de Rivera.
¿Medio farsa?
Hay que decir algunas cosas categóricas: la
polarización
actual es artificiosa, creada por Chávez y los medios al
auspiciar, cada uno de ellos, su bando en la pelea. No nace la
polarización del fondo oscuro de las almas. Es una de las
razones por las cuales aquí no habrá guerra civil,
aunque a veces ella aparezca como posibilidad cierta o como alternativa
inevitable.
En España, hace 70 años, el vecino disparaba
contra el vecino, el hermano peleaba a tiros con el hermano,
en fin, una sociedad entera enfrentaba a plomo a todos
sus miembros. Aquí tenemos 60 o 100 asesinatos
cada fin de semana provocados por el reparto de botín
entre bandas o entre los miembros de la misma banda,
por los celos que despierta la negra
Fidelina o porque
me miraste mal.
Tenemos una polarización teatral
que se maquilla de tigre o de sabueso para ir a las manifestaciones
y marchas. Y
otra cosa categórica:
Gobierno y oposición son minorías claras. De los 13 millones
de personas que componen el padrón electoral apenas votaría
el 40%, según
sondeos que se mantienen en secreto porque no conviene divulgarlos sin que
se afecte el negocio democrático, tan productivo como el petróleo.
Los jóvenes no sólo guardan una saludable indiferencia ante el
espectáculo de la política, sino que desprecian a los actores
de la política. Vayan a la UCV, allí el foro más concurrido
reúne 20 personas, de 60 o 70 años las menos viejas.
¿Puede funcionar la democracia?
El panorama sería ideal para una burguesía
codiciosa.
Políticos sin prestigio, partidos sin honor, farsas republicanas
más parecidas a un "vaudeville" de Place Pigalle que a un
drama, héroes de papelillo, todo ello compondría
el escenario con el cual una burguesía prospera. Un sistema
político en el cual un periodista hace una denuncia para
chantajear a alguien que afloja una buena "mascada", un tribuno
parlamentario aguarda su comisión y un caudillo de barrio
que busca ver cómo se acomoda constituye el paraíso
para una burguesía. Donde todos tienen
precio como en Venezuela hoy, el Harpagón de Moliere encuentra
su mejor medio ambiente. El
problema con las cosas del régimen imperante es que los
políticos tienen que representar bien su
farsa. En
ese sentido, nuestros políticos habrían figurado entre aquella
colección de actores que buscó Shakespeare para su
teatro. Son tan atildados en su arte que parece que en realidad
sí están peleando. ¿Acaso el buenote de Carter
deja a sus nietos de Atlanta, para venir a Caracas, si no creyera
como buen calvinista, que aquí arden ya las primeras chamizas
de una guerra civil? Y, aunque todo esto sea comedia, hay en la
vida ciertas cosas con las cuales no se juega e imitaciones que
son prohibitivas.
Entre ellas la guerra...
La guerra, sí, con ella no se juega. Nuestra
burguesía,
que es irresponsable como clase y cegata como núcleo político,
tolera esos jueguitos, pero el imperio a la larga no lo consentirá. Hay que referirse al imperio. En el siglo XXI no existen ya naciones
tal como ellas fueron concebidas en el siglo XIX, existe un vasto
campo internacional.
Hoy son inconcebibles los proyectos nacionales. Hay
que concebir toda lucha en escala continental cuando no mundial.
El imperio arma sus estrategias en escala mundial. Empeñada
como anda en apagar la fogata del Medio Oriente, necesita
una retaguardia tranquila. El resto del fundamentalismo
es mucho más
serio de lo que creyeron en el Pentágono hace meses. Le
Monde del 4
de julio, trae una larga crónica sobre la voladura, el 31 de mayo, de
unas instalaciones petroleras en Arabia Saudí, reivindicada por Al-Qaeda,
la cual refleja el estupor reinante en medios muy altos del complejo internacional.
Si
en Venezuela son imposibles la guerra civil y el golpe de Estado y la democracia
es ineludible, sólo un acto de "Punto Fijo" entre
Chávez y la
oposición podría dar seguridades a los grandes intereses que
gravitan sobre nuestro país. Chávez aceptaría. ¿Acaso
no exhibió un crucifijo cuando aún cargaba el miedo del 11 de
abril? A la larga, el pacto de "Punro Fijo" es la única alternativa
para el sistema.
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