Ética en las Comunicaciones Sociales
Walter Martínez / Radio
Nacional de Venezuela
- 04/07/04
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Discurso con ocasión de la entrega del Premio
Nacional de Periodismo 2004 Como lo aclaré en
el Acto, contrariamente a mi costumbre decidí leer un discurso
previamente escrito en lugar de improvisarlo. Este cambio de actitud
se debió a la necesidad de aprovechar el momento para lograr
la difusión textual de al menos parte de estos documentos
que, como lo enfaticé desde el podium, nunca han sido dados
a conocer en los canales comerciales y, probablemente, no lo serán.
Por eso me limité a leer lo que había estudiado y
seleccionado de estos densos trabajos, prometiendo, como en efecto
lo hice, señalar, pero sólo al final, su fuente.
Lo hice como un testimonio de fe cristiana, el cual estamos obligados a dar,
y en memoria del Padre Juan Vives Suriá a quién le dediqué el
Premio Nacional de Periodismo cuando estaba aún entre nosotros.
A continuación, las Citas textuales de los documentos que abajo se mencionan,
incluidas en el Discurso.
PONTIFICIO CONSEJO PARA LAS COMUNICACIONES SOCIALES:
ÉTICA EN LAS COMUNICACIONES SOCIALES
"La historia de la comunicación
humana, vista a la luz de la fe, puede considerarse como un largo
camino desde Babel, lugar y símbolo del
colapso de las comunicaciones (cf. Gn 11,4-8), hasta Pentecostés y
el don de lenguas (cf. Hch 2,5-11), cuando se restableció la
comunicación
mediante el poder del Espíritu Santo, enviado por el Hijo".
La evolución
tecnológica está teniendo como consecuencia
inmediata que los medios de comunicación resulten cada vez más
penetrantes y poderosos. « La llegada de la sociedad de la información
es una verdadera revolución cultural » ( Pontificio
Consejo para la Cultura, Para una pastoral de la cultura , 9); y las innovaciones
deslumbrantes del siglo XX pueden haber sido sólo un preludio de lo
que traerá consigo este nuevo siglo.
La gente, dependiendo de cómo
usa los medios de comunicación
social, puede aumentar su empatía y su compasión o puede encerrarse
en un mundo narcisista y aislado, con efectos casi narcóticos. Ni
siquiera los que rehuyen los medios de comunicación social pueden evitar el contacto
con quienes están profundamente influidos por ellos.
Lo decimos una
vez más: los medios de comunicación social no
hacen nada por sí mismos; son únicamente instrumentos, herramientas
que la gente elige usar de uno u otro modo.
Al reflexionar en los medios de
comunicación social, debemos afrontar
honradamente la cuestión «más esencial» que
plantea el progreso tecnológico: si, gracias a él, la persona
humana « se
hace de veras mejor, es decir, más maduro espiritualmente, más
consciente de la dignidad de su humanidad, más responsable, más
abierto a los demás, particularmente a los más necesitados y
a los más débiles, más disponible a dar y prestar ayuda
a todo » (Juan Pablo II, Redemptor hominis , 15).
Los comunicadores
más profesionales desean usar sus talentos para servir
a la familia humana, y están preocupados por las crecientes presiones
económicas e ideológicas tendentes a bajar los modelos éticos
presentes en numerosos sectores de los medios de comunicación social.
La
Instrucción Pastoral sobre las comunicaciones sociales Communio
et progressio , en continuidad con la Constitución
Pastoral del
Concilio sobre la Iglesia en el mundo actual, Gaudium et spes (cf.
nn. 30-31), subraya que los medios de comunicación están
llamados a servir a la dignidad humana, ayudando a la gente a vivir bien y a actuar
como personas en comunidad. Los medios de comunicación realizan esa
misión impulsando
a los hombres y mujeres a ser conscientes de su dignidad, a comprender los
pensamientos y sentimientos de los demás, a cultivar un sentido de responsabilidad
mutua, y a crecer en la libertad personal, en el respeto a la libertad de los
demás y en la capacidad de diálogo.
Los medios de comunicación
también pueden usarse para bloquear
a la comunidad y menoscabar el bien integral de las personas alienándolas,
marginándolas o aislándolas; arrastrándolas hacia comunidades
perversas organizadas alrededor de valores falsos y destructivos; favoreciendo
la hostilidad y el conflicto; criticando excesivamente a los demás y
creando la mentalidad de «nosotros» contra «ellos»;
presentando lo que es soez y degradante con un aspecto atractivo e ignorando
o ridiculizando lo que eleva y ennoblece. Pueden difundir noticias falsas y
desinformación,
favoreciendo la trivialidad y la banalidad. Los tópicos -basados en
la raza y en la pertenencia étnica, en el sexo, en la edad y en otros
factores, incluyendo la religión- son tristemente comunes en los medios
de comunicación.
Además, con frecuencia la comunicación social descuida lo que
es auténticamente nuevo e importante, incluyendo la Buena
Nueva del Evangelio, y se concentra en lo que está de moda o en lo excéntrico.
Existen abusos [por parte de los Medios de Comunicación]:
Económicos: Los medios de comunicación
se usan a veces para construir y apoyar sistemas económicos
que sirven a la codicia y a la avidez. El neoliberalismo es un
caso típico:
El proceso de globalización «puede
crear oportunidades extraordinarias de mayor bienestar» ( Centesimus
annus , 58); pero con él,
e incluso como parte de él, algunas naciones y pueblos sufren la explotación
y la marginación, quedándose cada vez más atrás
en la lucha por el desarrollo.
No basta que los comunicadores digan simplemente
que su trabajo consiste en referir las cosas tal como son. Eso es indudablemente
su tarea. Pero algunos casos de sufrimiento humano
son en gran parte ignorados por los medios de comunicación,
mientras informan acerca de otros; y en la medida en que esto refleja una
decisión
de los comunicadores, también refleja una selectividad inadmisible. en
una época en que la prosperidad, e incluso la supervivencia, depende
de la información.
Por tanto, de este modo los medios de comunicación
a menudo contribuyen a las injusticias y desequilibrios que causan el sufrimiento
sobre el que informan: « Hay
que romper las barreras y los monopolios que colocan a tantos pueblos al
margen del desarrollo,.
Políticos:
Ridiculizan
a sus adversarios y sistemáticamente
distorsionan y anulan la verdad. más que unir a las personas, los
medios de comunicación sirven para separarlas, creando tensiones
y sospechas que constituyen gérmenes de nuevos conflictos.
Incluso
en países con sistemas democráticos, también
es frecuente que los líderes políticos manipulen la opinión
pública a través de los medios de comunicación,
Despliegan
en nombre de políticas que explotan a grupos particulares
y violan los derechos fundamentales, incluso el derecho a la vida (cf.
Juan Pablo II, Evangelium vital ).
Culturales:
La
crítica condena con frecuencia la superficialidad
y el mal gusto de los medios de comunicación que, sin estar obligados
a la estrechez de miras o la uniformidad, no deberían tampoco
caer en la vulgaridad o la degradación. No
sirve de excusa afirmar que los medios de comunicación social reflejan las costumbres
populares, dado que también
ejercen una poderosa influencia sobre esas costumbres, y, por ello, tienen
el grave deber de elevarlas y no degradarlas.
El problema presenta diversos
aspectos. Uno de ellos se refiere a los temas complejos, cuando en vez
de ser presentados con esmero y veracidad, los noticiarios los evitan
o los simplifican excesivamente. Otro serían
los programas de entretenimiento de tipo corruptor y deshumanizante,
que incluyen y explotan temas relacionados con la sexualidad
y la violencia.
Es una grave irresponsabilidad ignorar o disimular el hecho de que «la
pornografía y la violencia sádica deprecian
la sexualidad, pervierten las relaciones humanas, explotan a los individuos -especialmente
a las mujeres y a los niños-, destruyen el matrimonio y la vida
familiar, inspiran actitudes antisociales y debilitan la fibra moral
de la sociedad» (Pontificio
Consejo para las Comunicaciones Sociales,.
En el ámbito internacional,
el dominio cultural impuesto a través
de los medios de comunicación social también constituye
un problema cada vez más serio. En algunos lugares las expresiones
de la cultura tradicional están virtualmente excluidas del acceso
a los medios populares de comunicación
y corren el riesgo de desaparecer; mientras tanto, los valores de las
sociedades ricas y secularizadas suplantan cada vez más los valores
tradicionales de las sociedades menos ricas y poderosas. Teniendo esto
en cuenta, habría
que prestar particular atención a los niños y jóvenes,
proporcionándoles
programas que les permitan tener un contacto vivo con su herencia cultural.
Es
de desear que la comunicación se haga según modelos
culturales. Las sociedades pueden y deben aprender unas de otras. Pero
la comunicación
transcultural no debería realizarse en detrimento de las más
débiles.
Educativos.
En
lugar de promover la enseñanza, los medios
de comunicación pueden distraer a la gente y llevarla a perder
el tiempo. De este modo, los más perjudicados son los niños
y los jóvenes,
pero los adultos también sufren esa influencia de programas
banales e inútiles. Una de las causas de este abuso de confianza
por parte de los comunicadores es la avidez, que pone el lucro por
encima de las personas.
De igual modo, los medios de comunicación
se usan en algunas ocasiones como instrumentos
de adoctrinamiento,
con la intención
de controlar lo que la gente sabe y negarle el acceso a la información
que las autoridades no quieren que tenga. Ésta es una perversión
de la educación
auténtica, que se esfuerza por ampliar el conocimiento y la
capacidad de las personas y ayudarles a perseguir propósitos
elevados, sin limitar sus horizontes y sin aprovechar sus energías
al servicio de ideologías.
En síntesis, los medios de
comunicación pueden usarse
para el bien o para el mal; es cuestión de elegir.
Los medios
de comunicación pueden a veces reducir a los seres
humanos a simples unidades de consumo, o a grupos rivales de interés;
también
pueden manipular a los espectadores, lectores y oyentes, considerándolos
meras cifras de las que se obtienen ventajas.
Y todo ello destruye
la comunidad. La tarea de la comunicación
es unir a las personas y enriquecer su vida, no aislarlas ni explotarlas.
Los medios de comunicación social, usados correctamente, pueden
ayudar a crear y apoyar una comunidad humana basada en la justicia
y la caridad; y, en la medida en que lo hagan, serán signos
de esperanza» (Juan Pablo
II, Mensaje
para la XXXII Jornada mundial de las comunicaciones sociales de 1998 ).
Urge
la equidad en el ámbito internacional, donde la mala distribución
de los bienes materiales entre el Norte y el Sur se ha agravado a causa
de la mala distribución de los recursos de la comunicación
y de la tecnología
de la información, de los que dependen en gran medida la productividad
y la prosperidad.
Los responsables de las decisiones tienen el serio
deber moral de reconocer las necesidades y los intereses de quienes
son particularmente vulnerables -los
pobres, los ancianos, los hijos por nacer, los niños y los jóvenes,
los oprimidos y los marginados, las mujeres y las minorías,
los enfermos y los minusválidos.
Hay que estar siempre a favor
de la libertad de expresión, porque «cuantas
veces los hombres, según su natural inclinación, intercambian
sus conocimientos o manifiestan sus opiniones, están usando
de un derecho que les es propio, y a la vez ejerciendo una función
social» ( Communio
et progressio , 45: L'Osservatore Romano.)
Sin embargo,
considerada desde una perspectiva ética, esta presunción
no es una norma absoluta e irrevocable. Se dan
casos obvios en los que no existe ningún derecho a comunicar, por ejemplo el de
la difamación y la
calumnia, el de los mensajes que pretenden
fomentar el odio y el conflicto entre las personas y los grupos, la
obscenidad y la pornografía,
y las descripciones morbosas de la violencia. Es
evidente también
que la libre expresión
debería atenerse siempre a principios como la verdad, la honradez
y el respeto a la vida privada.
Otro principio importante, ya mencionado,
concierne a la participación
pública en la elaboración de decisiones sobre la política
de las comunicaciones. Este principio se aplica siempre y, tal vez
de manera especial, cuando los medios de comunicación son de
propiedad privada y operan con fines de lucro.
Los comunicadores profesionales
no son los únicos que tienen
deberes éticos.
También las audiencias -los usuarios- tienen obligaciones. Los
comunicadores que se esfuerzan por afrontar sus responsabilidades merecen
a su vez audiencias conscientes de las propias.
El primer deber de
los usuarios de la comunicación social consiste
en discernir y seleccionar. Deberían informarse acerca de los
medios de comunicación -sus
estructuras, su modo de actuar y sus contenidos- y hacer opciones responsables,
de acuerdo con sólidos criterios éticos, sobre lo que
conviene leer, ver o escuchar.
Quienes representan a la Iglesia deben
ser honrados e íntegros
en sus relaciones con los periodistas. Aun cuando « sus
preguntas provocan algunas veces perplejidad y desencanto, sobre todo
cuando corresponden poco al contenido fundamental del mensaje que debemos
transmitir », debemos tener presente
que « esos interrogantes desconcertantes coinciden con los de
la mayor parte de nuestros contemporáneos » (Para una
pastoral de la cultura, 34). Si la Iglesia quiere hablar de modo creíble
a la gente de hoy, quienes hablan en su nombre tienen que dar respuestas
creíbles y verdaderas a
esas preguntas aparentemente incómodas.
Los medios de comunicación
también pueden usarse para
separar y aislar. La tecnología permite cada vez más
a la gente reunir informaciones y servicios elaborados exclusivamente
para ella. Eso supone ventajas reales, pero plantea una cuestión
inevitable: ¿será la audiencia
del futuro una multitud de audiencias de una sola persona? La nueva
tecnología,
a la vez que puede aumentar la autonomía individual, tiene otras
implicaciones menos positivas.
El « web » del futuro, en
lugar de ser una comunidad global, ¿podría
convertirse en una vasta y fragmentada red de personas aisladas -abejas
humanas en sus celdas-, que interactúan con datos y no directamente
unos con otros? ¿Qué sería
de la solidaridad, o qué sería del amor, en un mundo
como ese?"
"NUEVO CATECISMO:
LA AUTORIDAD CIVIL"
-Publicado en Dossier
8 de Junio 2003, Ultimas Noticias-
"2498: "La autoridad civil tiene en esta materia deberes peculiares en razón
del bien común, al que se ordenan estos medios. Corresponde, pues, a dicha
autoridad. defender y asegurar la verdadera y justa libertad. Promulgando leyes
y velando por su aplicación, los poderes públicos se asegurarán
de que el mal uso de los medios no llegue a causar "graves peligros para los
costumbres públicas y el progreso de la sociedad." Deberán sancionar
la violación de los derechos de cada uno a la reputación y al secreto
de la vida privada. Tienen obligación de dar a tiempo y honestamente las
informaciones que se refieren al bien general y responder a las inquietudes fundadas
de la población. Nada puede justificar el recurso a falsas informaciones
para manipular la opinión pública mediante los mass-media. Estas
intervenciones no deberán atentar contra la libertad de los
individuos y de los grupos. EL SECRETO DE LA FUENTE
2491: Los secretos
profesionales -que obligan, por ejemplo, a políticos,
militares, médicos, juristas- o las confidencias hechas bajo secreto deben
ser guardados, salvo los casos excepcionales en los que el no revelarlos podría
causar al que los ha confiado, al que los ha recibido o a un tercero daños
muy graves y evitables únicamente mediante la divulgación de la
verdad. Las informaciones privadas perjudiciales al prójimo, aunque no
hayan sido confiadas bajo secreto, no deben ser divulgadas sin una razón
grave y proporcionada.
DERECHO DE REPLICA
2487: Toda falta
cometida contra la justicia y la verdad entraña el deber
de reparación, aunque su autor haya sido perdonado. Cuando es imposible
reparar un daño públicamente, es preciso hacerlo en secreto; si
el que ha sufrido un perjuicio no puede ser indemnizado directamente, es preciso
darle satisfacción moralmente, en nombre de la caridad. Este deber de
reparación se refiere también a las faltas cometidas contra la
reputación del prójimo. Esta reparación, moral y a veces
material, debe apreciarse según la medida del daño
causado. Obliga en conciencia.
RESPETO A LA VIDA PRIVADA
2488:
El derecho a la comunicación
de la verdad no es incondicional. Todos deben conformar su vida
al precepto evangélico del amor
fraterno. Este exige, en las situaciones concretas, estimar si
conviene o no revelar la verdad a quien la pide.
2489: La caridad
y el respeto de la verdad deben dictar la respuesta a toda petición
de información o de comunicación. El bien y la seguridad
del prójimo,
el respeto de la vida privada, el bien común, son razones
suficiente para callar lo que no debe ser conocido, o para usar
un lenguaje discreto. El deber de evitar el escándalo obliga
con frecuencia a una estricta discreción.
Nadie estará obligado a revelar una verdad a quien no tiene
derecho a conocerla.
2492: Se debe guardar la justa reserva respecto
de la vida privada de la gente. Los responsables de la comunicación
deben mantener un justo equilibrio entre las exigencias del bien
común
y el respeto de los derechos particulares. La injerencia de la
información en la vida privada de personas comprometidas
en una actividad política o pública, es condenable
en la medida en que atenta contra su intimidad y libertad.
DE LA VERDAD Y LA MENTIRA
2483:
La mentira es la ofensa más directa contra la verdad. Mentir es
hablar u obrar contra la verdad para inducir a error. Lesionando
la relación
del hombre con la verdad y con el prójimo, la mentira ofende
el vínculo
fundamental del hombre y de su palabra con el Señor.
2484:
La gravedad de la mentira se mide según la naturaleza
de la verdad que deforma, según las circunstancias, las
intenciones del que la comete, y los daños padecidos por
los que resultan perjudicados. Si la mentira en sí sólo
constituye un pecado venial, sin embargo llega a ser mortal cuando
lesiona gravemente las virtudes de la justicia y la caridad.
2482: "La
mentira consiste en decir falsedad con intención
de engañar." El
Señor denuncia en la mentira una obra diabólica: "Vuestro
padre es el diablo. porque no hay verdad en él; cuando dice
la mentira, dice lo que le sale de dentro, porque es mentiroso
y padre de la mentira." (Jn
8, 44).
Citas textuales del "CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA" con las últimas
correcciones hechas por la Santa Sede."
Atentamente,
WALTER
MARTÍNEZ
CNP 980 -
CL 6888
Caracas, 3 de Julio de 2004
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