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La
doctrina internacional de EE.UU.
Archipotencia delincuente
Ignacio
Ramonet* / Le
Monde Diplomatique
(Francia) - 27/03/03
¿Cuáles
son las causas verdaderas de la actual agresión contra Irak?
¿Qué objetivos persigue exactamente la Administración
de George Bush? Los argumentos oficiales esgrimidos por
Washington para desencadenar este conflicto no son convincentes.
Por eso la ONU no ha autorizado el uso de la fuerza contra el régimen
de Bagdad. Estamos ante una guerra ilegal y al invadir Irak,
Estados Unidos se ha convertido, de hecho, en un Estado delincuente.
LOS
ARGUMENTOS DE LA AGRESIÓN:
Los argumentos oficiales para atacar Bagdad fueron definidos por
el presidente en su intervención ante la Asamblea General
de la ONU el 12 de septiembre del 2002. En lo esencial, se resumen
en cuatro: Irak no ha respetado 16 resoluciones del Consejo
de Seguridad; posee armas de destrucción masiva; comete violaciones
de los derechos humanos y tiene vínculos con organizaciones
terroristas. Después de los atentados del 11 de septiembre
del 2001, el presidente Bush se rodeó de una camarilla de
ideólogos muy influenciados por ideas a la vez fundamentalistas
religiosas y lindantes con la extrema derecha. Constituyen una extraña
mezcla de fundamentalistas cristianos y de fanáticos proisraelís.
Como consecuencia del trauma de los atentados, considerados como
un "acontecimiento catalizador", este
grupo de halcones ha adquirido una enorme influencia sobre el presidente.
Ellos han diseñado la guerra contra Irak.
LA
CAMARILLA BELICISTA:
¿Quiénes son esos halcones? Los principales son cuatro:
el vicepresidente, Richard
Cheney, el secretario de Defensa, Donald
Rumsfeld, el número dos del Pentágono,
Paul Wolfowitz, y el presidente del Defense Policy
Board, Richard Perle
(apodado El príncipe de las tinieblas).
Estos
cuatro halcones constituyen --junto con Condoleeza
Rice la consejera de Bush para cuestiones de seguridad
y, en cierta medida, Colin
Powell, secretario de Estado-- el verdadero gabinete
de guerra. Son cuatro hombres peligrosos. Con una
paradójica particularidad: ninguno ha participado nunca en
ninguna guerra. Todos se las arreglaron para evitar ir a Vietnam.
A finales de los años 80 ya estaban reunidos en torno al
presidente Bush padre. Y ellos fueron los primeros en teorizar,
15 años después del final de la guerra de Vietnam,
que tanto había traumatizado a los norteamericanos, el recurso
a la guerra como instrumento de política exterior.
EL
PRECEDENTE DE PANAMÁ:
La primera gran aventura militar de este cuarteto infernal
fue la invasión de Panamá en diciembre de 1989, sin
autorización de la ONU y ni siquiera del Congreso norteamericano.
Cheney, Rumsfeld, Wolfowitz y Perle (con Colin Powell de jefe de
Estado Mayor del Ejército) imaginaron de cabo a rabo la operación
Causa Justa, que ya entonces consistía en
invadir militarmente Panamá, derrocar al autócrata
Noriega y "restaurar la democracia"
colocando en el poder a su protegido Guillermo Endara.
Estos cuatro halcones imaginaron el guión que consistía
en lanzar primero una intensa campaña mediática para
demonizar a Noriega (ex agente a sueldo de la CIA), calificándolo
de "traficante de droga", "verdugo de su pueblo",
"pornógrafo", "adepto de la brujería
vudú" y, claro está, "dictador adicto a
la tortura y violador de los derechos humanos".
Una vez la opinión publica preparada, se produjo el ataque
repentino, masivo y sin testigos. La prensa no fue avisada
de la ofensiva, y unos comandos norteamericanos abatieron, el 21
de diciembre de 1989, a Juantxu Rodríguez, fotógrafo
español del diario El País, por curioso. Se recurrió
a los comandos especiales de las bases militares de la Zona del
Canal, que aún era entonces posesión de Estados Unidos.
Se utilizaron, por primera vez, los aviones furtivos F-117A Stealth
(esos mismos que bombardearon Bagdad el primer día de la
actual ofensiva), los cuales queriendo alcanzar --para decapitar
el régimen-- el cuartel general de Noriega en Ciudad de Panamá
bombardearon por error el barrio popular del Chorrillo,
causando cerca de 2.000 muertos civiles inocentes.
Se inauguraban así los que luego, con hipócrita eufemismo,
los medios calificarían de daños colaterales. La
ONU condenó esta agresión, pero el embajador de Estados
Unidos hizo uso de su derecho de veto.
Ese
equipo de halcones, después de la victoria de Panamá,
había demostrado que la guerra no era una opción de
alto riesgo sino un método aceptable de regulación
diplomática. Estos cuatro hombres duros habían conseguido
lo que se proponían: devolverle a las fuerzas armadas
su caracter de herramienta fundamental de la política exterior
de una archipotencia. A partir de ahora, el superpoderío
militar de Estados Unidos estaría al servicio de un proyecto
de dominación imperial del planeta.
Estos
mismos halcones fueron quienes planearon la guerra del Golfo en
1991, y se quedaron muy frustrados porque el presidente Bush padre,
obedeciendo a la ONU y a las recomendaciones de sus aliados de entonces,
no permitió a las tropas proseguir su ofensiva hasta Bagdad.
EL
ORIGEN DE LA GUERRA PREVENTIVA:
Durante los años de Bill Clinton (1992-2000),
los halcones se refugiaron en universidades o centros de estudios
donde siguieron defendiendo y afinando sus tesis. El más
duro de los cuatro, Paul Wolfowitz, apodado el
Velociraptor , expuso, en un memorando publicado en 1992, las principales
conclusiones políticas que sacaba de la guerra del Golfo.
Afirmaba Wolfowitz, hace ya 10 años, y mucho antes de los
atentados del 11 de septiembre del 2001, la necesidad de
pasar a la "guerra preventiva", de atacar directamente
a los estados gamberros como Corea del Norte, Irán e Irak,
y de hacerlo sin demora porque la desaparición de la Unión
Soviética permitía a Estados Unidos aprovechar la
ocasión. Insistía en que Washington no debía
limitarse a administrar las crisis y a gestionarlas a medida que
estallaban, sino a tomar la iniciativa, por vía militar,
para redibujar las fronteras y reorganizar el mundo.
LOS
OBJETIVOS DEL ATAQUE CONTRA IRAK:
Ellos son los que han convencido al presidente Bush de atacar Irak.
Con los objetivos siguientes: Aportar una respuesta concreta al
ataque del 11 de septiembre, aunque no se haya podido demostrar
que hay el menor vínculo entre Sadam Husein y Osama bin Laden.
La opinión pública reclama venganza, el 55% de los
norteamericanos piensan que Irak participó de alguna manera
en los atentados, y se les va a satisfacer atacando a Bagdad.
Recuperar
el control del conjunto del golfo Pérsico, territorio
donde se hallan las dos terceras partes de las reservas conocidas
de petróleo, elemento fundamental del crecimiento económico
de los países desarrollados. El ataque contra Irak podría
presagiar otro, mas tarde, contra Irán, con el mismo objetivo
petrolero pero ampliado esta vez hasta el Mar Caspio.
Proteger
a Israel contra un improbable ataque iraquí y favorecer
las condiciones geopolíticas para una mejor inserción
del Estado judío en la región, dándose por
descontado que la cuestión palestina hallará mas fácilmente
solución en un Oriente Próximo controlado militarmente
por Washington e Israel.
Establecer
una democracia en Irak con el propósito de extender luego
este tipo de régimen político a Oriente Próximo.
Influenciados
sin duda por la propaganda dominante, algunos expertos pretenden
que Washington va en efecto a intervenir no sólo en Irak
sino, de paso, en el conjunto de la región para desembarazarla
por fin de todas las dictaduras que por allí hay. La liquidación
de Sadam Husein sería solo el botón de muestra. Y
por eso nos invitan a aplaudir esta "guerra por la
democratización del mundo árabe". En
cierto modo, nos dicen, el fin (la democracia por venir)
justificaría los medios (la guerra preventiva y las víctimas
inocentes).
LA
HISTORIA OBLIGA A DESCONFIAR:
Este cuento de hadas no lo puede creer nadie ya que Estados
Unidos ha sembrado dictaduras por doquier. Principalmente
en América Central y el Caribe, en donde pocos han olvidado
las sangrientas tiranías de Pérez Jiménez en
Venezuela, de Batista en Cuba, de Trujillo en la República
Dominicana, de Duvalier en Haití, de Somoza en Nicaragua,
de Ríos Montt en Guatemala, de Stroessner en Paraguay, de
Videla en Argentina y de Pinochet en Chile, por citar sólo
algunas de las más memorables.
Pero,
en el propio Oriente Próximo, el proyecto de establecer una
democracia en Irak resulta muy poco creíble puesto que Estados
Unidos es el padrino de las peores dictaduras de la región
y nunca ha hecho nada en estos países para alentar
el establecimiento de democracias.
Washington
apoya, desde hace decenios, algunas de las más espantosas
autocracias: Egipto (que vive en estado de sitio desde hace 22 años
y es uno de los países que más presos políticos
tiene en el mundo, más de 20.000), Arabia Saudí (foco
principal del islamismo radical), los Emiratos del Golfo, Pakistán
(protector durante años de los talibanes), Uzbekistán...
El argumento propagandístico es excelente: morir
por la democracia. La realidad, mucho más prosaica: conquistar
el petróleo iraquí y proteger a Israel.
LA
INDEPENDENCIA DE EUROPA:
Esta hipocresía y los peligros que conlleva la conquista
por un país occidental de un Estado musulmán en el
contexto actual han sido denunciados por Francia y Alemania. En
realidad, pocos esperaban tanta muestra de independencia de Europa
frente al Gran Hermano yanqui. Basta con ver cómo, desde
el primer minuto, el Reino Unido, Italia y España
se precipitaron a postrarse ante el amo de Washington en humillante
gesto de vasallaje. Al principio, en la propia Francia, muchos pensaron
que la actitud de Chirac era una mera gesticulación, una
actitud simpática pero sin trascendencia, destinada a la
opinión pública interna. Se creía que, a la
primera exigencia seria de Washington, el soberanismo se desvanecería.
Se estimaba que la fecha límite para la resistencia francesa
era la de la presentación de las pruebas contra Irak por
Colin Powell en la ONU. Pero no fue así. París
declaró que nada había cambiado, que las pruebas no
eran convincentes, y contraatacó proponiendo duplicar o triplicar
el numero de inspectores de la ONU en Irak. Luego vino el veto en
la OTAN y la declaración de Putin que alineaba a Rusia con
las posiciones franco-alemanas.
A
partir de entonces, todos comprendimos que la resistencia de París
iba en serio. Y París y Berlín crearon una dinámica
internacional que, con el apoyo explícito de Moscú
y Pekín, pasaba por la amenaza del derecho de veto en el
Consejo de Seguridad. Todo eso produjo el mayor descalabro
diplomático que jamás haya conocido Washington, a
quien se le negó la autorización explícita
de usar la fuerza contra Bagdad. Tal firmeza no ha impedido
la guerra. El presidente Bush la deseaba y sabíamos que la
haría. Pero el contexto internacional se ha modificado completamente.
En primer lugar, se ha puesto fin al unilateralismo dominante que
transformaba a Estados Unidos en la hiperpotencia hegemónica
del mundo. Y ha aparecido, a escala planetaria, un contrapeso
--no hostil-- constituido por el cuadrilátero inédito
París-Berlín-Moscú-Pekín.
ESTADOS
UNIDOS, FUERA DE LA LEY:
No
por ser una archipotencia se esta fuera de toda ley. Desde el punto
de vista del derecho internacional, Estados Unidos es hoy
por hoy un Estado delincuente, que está llevando a cabo una
agresión ilegal contra un país soberano y miembro
de Naciones Unidas. Las familias de todas las víctimas
inocentes de esta agresión pueden reclamar ante el Tribunal
Penal Internacional y ante algunas jurisdicciones nacionales
(Bélgica por ejemplo) la condena de este agresor y las indemnizaciones
correspondientes.
Convertido
en el malo de la película, es posible que Washington considere
que la ONU ha dejado de estar bajo su control. Después de
su victoria militar en Irak, podría amenazar con retirarse
de las Naciones Unidas. Eso significaría el fin del sistema
internacional creado después de la segunda guerra mundial.
Y entraríamos entonces en territorio desconocido.
*
Director de 'Le Monde Diplomatique' (Noticia publicada en la página
23 de la edición de Lunes, 24 de marzo de 2003 de - edición
impresa)
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