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El
evento bautismal del movimiento de movimientos "Conexión
Social", que persigue la utopía del poder popular organizado
como eje de la existencia de la nación, sin pompa ni protocolo,
resultó ser un acontecimiento extraordinario por su audacia,
su originalidad, su autenticidad y su mística íntimas,
reflejadas en la elevada calidad y profundidad de las ponencias,
y en la coincidencia sorprendente acerca del compromiso entre sus
integrantes en el propósito de luchar por una democracia
directa y participativa, para sustituir lo que todavía es
una proclamación en el papel.
Esta transición, que
tiene en el referendo del 15 de agosto una encrucijada, no será posible
sin la intensa, lúcida y perseverante construcción
de un proceso constituyente permanente en y desde las bases mismas
de la sociedad venezolana en el ejercicio real de sus derechos,
o sea, la soberanía política, económica y
social de las comunidades en la defensa, conservación, explotación
y asignación de los recursos de todo orden en beneficio
de todos los ciudadanos por igual mediante el ejercicio del poder
popular.
Se trata, de una meta tan compleja y difícil que
vale considerarla una utopía, pero no para renunciar a ella
en aras del realismo y la moderación, sino para abordarla
como exigencia severa de compromiso para los "promotores
del poder popular", cuya primera camada salió de este primer encuentro.
Es pasar de las reformas a las medidas revolucionarias
que doten de poder político, comunicacional, defensivo, tecnológico,
económico, decisorio, planificador a todas las comunidades.
Es librarse de cúpulas, comandos y partidos, y situar el
liderazgo abajo, en las asambleas y los consejos comunitarios,
como ejercitantes plenos de la soberanía.
Los ponentes, William Izarra, José Guariguata, Gonzalo
Gómez y Felipe Pérez Martí, expusieron con
maestría y brío el diseño de los procesos
requeridos, mostrando con lucidez la viabilidad de los propósitos.
Se alcanzaron momentos de identidad y comunión emocionantes,
que elevaron a la audiencia a un entusiasmo casi místico.
Sin acuerdo explícito, se selló una alianza entre
los voceros de los sectores más revolucionarios de nuestra
sociedad, una alianza no para el reparto, sino para la acción.
Fue
una experiencia a ratos sublime que valió la
pena vivir.
* Francisco Mieres
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