Ni izquierda ni derecha:
pensamiento popular
Alberto Buela / Mi
Amigo Pic (Argentina)
- 23/06/04
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El
lúcido pensador italiano Marcello
Veneziani comienza
un bello artículo sobre el antiglobalismo con la siguiente
observación: "Si te fijas en ellos,
los anti-G8 son la izquierda en movimiento: anarquistas, marxistas,
radicales, católicos rebeldes o progresistas, pacifistas,
verdes, revolucionarios. Centros sociales, monos blancos, banderas
rojas. Con el complemento iconográfico de Marcos y del Ché Guevara.
Luego te das cuenta de que ninguno de ellos pone en discusión
el Dogma Global, la interdependencia de los pueblos y de las culturas,
el melting pot y la sociedad multirracial, el fin de las patrias.
Son internacionalistas, humanitarios, ecumenistas, globalistas.
Es más: cuanto más extremistas y violentos son, más
internacionalistas y antitradicionales resultan". [1]
Se da cuenta que la oposición desde la izquierda a la globalización
es sólo una postura que se agota en una manifestación. Seattle,
Génova, Nueva York, Porto Alegre, pero no pasa nada, "el mundo sigue
andando" como decía Discepolín. Es que la política
del "progresismo" como ha observado agudamente el filósofo, también
italiano Massimo Cacciari, ordena los problemas pero no los resuelve. [2]
De
esto mismo se percata el sociólogo marxista más
significativo de Iberoamérica, Heinz
Dieterich Steffan quien
en un reciente artículo
señala: "Si la tarea actual de todo individuo anticapitalista
es, por lo tanto, absolutamente clara: ¿Por qué "la izquierda" y
sus intelectuales no la encaran? ¿Por qué repiten en foro tras
foro la misma letanía sobre la maldad del neoliberalismo y se contentan
con sus ritualizadas propuestas terapéuticas inspiradas en Keynes, Tobin
y Stiglitz? ¿Por qué no convierten la realidad capitalista en
objeto de transformación antisistémica, en lugar de mantenerla
como muro de lamentaciones?" [3].
El fracaso rotundo de la izquierda, hoy
rebautizada "progresismo",
es que, además de no haber elaborado, deglutido sería
el término
exacto, la derrota del "socialismo real" con la implosión
soviética
y la caída del Muro, no reelaboró sus categorías de lectura,
y se quedó anclado al mundo categorial de Marx, Engels, Lenín,
Rosa Luxemburgo y eventualmente Trotsky, haciendo arqueología política.
Lo
más significativo del siglo XX, la escuela neomarxista
de Frankfurt, luego de los esfuerzos de Adorno,
Apel, Cohen y Marcuse,
termina con el publicitado Habermas y su teoría
del consenso (sin percatarse que el consenso
siempre ha sido de los poderosos entre sí) y sus discípulos
aventajados James Bohman y Leo Avritzer con
su teoría de la democracia
deliberativa o "chamuyera", que como un nuevo nominalismo
pretende arreglar las injusticias políticas, económicas y sociales con palabras.
Conversando en una especie de asambleísmo permanente.
Si la izquierda
está liquidada, ¿qué queda
de la derecha? ¿Se
puede esperar algo de ella?
De la derecha clásica, tanto del nacionalismo orgánico
o integral al estilo de Charles Maurras, como del fascista de Mussolini o del católico
de Oliveira Salazar no queda nada. Sólo trabajos de investigación
históricos y pequeños grupos políticos sin peso en sus
sociedades respectivas.
Eso sí, queda como derecha el neo
conservadorismo estadounidense y los gobiernos
que le son afines. Y de esta derecha liberal, la única
que existe con peso político, solo se puede esperar que
las cosas empeoren para la salud y el bienestar de los pueblos.
Si
esto es así, denunciamos una vez más de entre
las cientos de veces que lo hemos intentado mostrar, que la dicotomía
izquierda-derecha es estrecha, por no decir falsa, para encarar
una lectura adecuada de la realidad.
Hoy situarse a la izquierda o
a la derecha es no situarse, es colocarse en un no-lugar, sobre
todo para el pensador (rechazo
de plano el término
intelectual) que pretende elaborar un pensamiento crítico. Y
el único método que hoy puede
crear pensamiento crítico
es el disenso. Disenso no sólo con el pensamiento único y políticamente
correcto sino también y sobre todo, con el orden constituido, con
el statu quo vigente.
El disenso es estructuralmente una categoría del pensamiento
popular, en tanto que el consenso, como vimos, es una apropiación
de la izquierda progresista para lograr la democracia deliberativa
que tiene mucho de ilustrada, y también, aunque en otro
sentido, propiedad del liberalismo como acuerdo de los que
deciden, de los poderosos (G8, Davos, FMI, Comisión trilateral,
Bildelbergers, etc.).
El disenso que se manifiesta como negación tiene distinto
sentido en el pensamiento popular que en el culto. En este último,
regido por la lógica de la afirmación, la negación
niega la existencia de algo o alguien, en tanto que en el pensamiento
popular lo que se niega no es la existencia de algo o alguien,
sino su vigencia. La vigencia puede ser entendida como validez,
como sentido. El disenso niega el monopolio de la productividad
de sentido a los grupos o lobbys de poder, para reservarla al pueblo en su
conjunto, más allá de la partidocracia política.
La alternativa
hoy es situarse más allá de la izquierda
y la derecha. Consiste en pensar a partir de un arraigo, de nuestro genius
loci dijera
Virgilio. Y no un arraigo cualquiera sino desde las identidades nacionales,
que conforman las ecúmenes culturales o regiones que constituyen hoy
el mundo. Con esto vamos más allá incluso de la idea de estado-nación,
en vías de agotamiento, para sumergirnos en la idea política
de gran espacio y cultural de ecúmene.
Desde estas grandes regiones es
desde donde es lícito y
eficaz plantearse el enfrentamiento a la globalización o
americanización del mundo.
Hacerlo como pretende el progresismo desde el humanismo internacional de los
derechos humanos, o desde el ecumenismo religioso como ingenuamente pretenden
algunos cristianos, es hacerlo desde un universalismo más. Con el agravante
que su contenido encierra un aspecto de loable, pero vacuo, inverosímil
y no eficaz a la hora del enfrentamiento político.
Pero este enfrentamiento
se está dando igual, a pesar de
la falencia de los pensadores en no poder elaborarlo aún,
a través del surgimiento
de los diferentes populismos, que más allá de los reparos que
presentan a cualquier espíritu crítico, están cambiando,
como observa Robert de Herte [4] las categorías
de lectura. Así la
oposición entre burgueses y proletarios de la izquierda clásica
va siendo reemplazada por la de pueblo vs. oligarquías, sobre todo financieras
y las de izquierda y derecha por la de justicia y seguridad.
Así, mientras que desde la izquierda progresista la crítica
a la globalización queda limitada a la no extensión
de sus beneficios económicos a la humanidad sino sólo
a unos pocos. Porque la izquierda, por su carácter internacionalista
no puede denunciar el efecto de desarraigo sobre las culturas tradicionales
y sobre las identidades de los pueblos. Su
denuncia se transforma así, en un reclamo formal
para que la globalización
vaya unida a los derecho humanos.
En cambio, es desde los movimientos populares
que se realiza la oposición
real a las oligarquías transnacionales [5]. Es
desde las tradiciones nacionales de los pueblos donde mejor se muestra la oposición
a la sociedad global sin raíces, a ese imperialismo desterritorializado
del que hablan Hardt y Negri. Es desde la actitud
no conformista que se rechaza la imposición
de un pensamiento único y de una sociedad uniforme, y se denuncia la
globalización como un mal en sí mismo.
Es que el pensamiento popular,
si es tal, piensa desde sus propias raíces,
no tienen un saber libresco o ilustrado. Piensa desde una tradición
que es la única forma de pensar genuinamente según Alasdair MacIntayre
[6], dado
que "una tradición viva es una discusión históricamente
desarrollada y socialmente encarnada". Por lo que les resulta imposible
a los pueblos y a los hombres que los encarnan situarse fuera de su tradición.
Cuando lo hacen se desnaturalizan, dejan de ser lo que son. Son ya otra cosa.
Notas
[1] El antiglobalismo de
derecha. Marcello
Veneziani (1955) periodista del Giornale y del Menssaggero y
colaborador con la Rai, es autor de varios ensayos entre los que
se destacan: La rivoluzione conservatrice in Italia (1994),
Processo all´Occidente (1990) y L´Antinovecento
(1996). Podemos inscribirlo dentro de la corriente de pensamiento
no-conformista.
[2] Massimo Cacciari(1944). Filósofo,
diputado del PC y Alcalde de Venecia hasta 1993. Autor de varios
ensayos: L´Angelo
necesario (1986), Dell´Inicio
(1990), Dran: Meridianos de la decisión en el pensamiento contemporáneo
(1992), Geo-filosofia dell´Europa (1995). Pensador disidente de
la izquierda europea.
[3] La bancarrota de
la izquierda y sus intelectuales (31-3-04). Heinz
Dieterich Steffan, es sociólogo y profesor en la UNAM de Méjico
y columnista del diario El Universal. Predicador itinerante en todos
los países de Nuestra América de un nuevo proyecto histórico
del marxismo. Es autor de una treintena de libros entre los que se destacan: El
fin del capitalismo global (1999) y La crisis de los intelectuales en América
Latina (2003)
[4] Robert de Herte es el seudónimo de Alain de Benoist
(1943). Editor de las revistas Eléments y Krisis y
autor de innumerables trabajos entre los que cabe recordar Vu du droite
(1977), Orientations pour des années décisives (1982), L´empire
intérieur
(1995), Au-dela des droits de l´homme (2004). Es el más significativo
pensador de una corriente de pensamiento no conformista, alternativa y antiigualitarista
en donde se destacan, entre otros, Guillaume Faye, Robert Steuckers, Julien
Freund, Alessandro Campi, Claude Karnoouh, Tarmo Kunnas, Thomas Molnar, Domminique
Venner, Pierre Vial, Javier Esparza, Giorgio Locchi, etc.
[5] Sobre la relación entre pensamiento popular y
negación puede
consultarse con provecho el libro La negación en el pensamiento
popular (1975) del filósofo argentino Rodolfo Kusch (1922-1979),
así como nuestro trabajo: Papeles de un seminario sobre G.R.Kusch
(2000). Entre los no pocos filósofos originales
que ha dado la Argentina (Taborda, de Anquín, Guerrero,
Cossio, Rougés)
Gunther Rodolfo Kusch ocupa un destacado lugar. No sólo
por la originalidad de sus planteamientos filosóficos sino
además porque los mismos han generado toda una corriente
de pensamiento a través de la denominada filosofía
de la liberación en su rama popular.
[6] Alasdaire MacIntyre (1929) es un filósofo
escocés que vive
y enseña en los Estados Unidos y que se destacó por su crítica
a la situación moral, política y social creada por el neoliberalismo.
Sus trabajos son el basamento de todo el pensamiento comunitarista norteamericano.
Sus libros más destacados son: After Virtue (1981), Whose Justice?
Which Rationality? (1988), Three rival versions of moral enquiry (1990) .
* Alberto Buela [Argentina]
- 23.VI.2004
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