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Algo
para recordar: las mentiras de Washington
Stella
Calloni
/ La Otra Aldea - 02/04/03
Para
invadir la isla caribeña de Granada (342
Km2 y 300 mil habitantes) en 1983, el gobierno de Estados Unidos,
citando informes falsos de la Central de Inteligencia
(CIA) y otros organismos adujo que Cuba estaba
construyendo un aeropuerto militar en el lugar, a sabiendas de que
en realidad estaba destinado al turismo, y es el único hoy
en esa isla. En 1984 el Departamento de Defensa de Estados Unidos
debió admitir que los informes sobre este caso fueron "exagerados"
y "manipulados" por la CIA y otros, pero ya era
tarde. Los hechos estaban consumados y la mayor potencia del mundo
había entrado a sangre y fuego en una isla tan pequeña
que la "hazaña" resultó
vergonzosa, utilizando un argumento de la Guerra Fría para
bombardear a la población civil, incluyendo un hospital de
enfermos mentales. Washington también argumentó la
necesidad de "proteger" a estudiantes
estadounidenses que estaban en Granada, los cuales negaron en todo
momento haber pasado peligros, salvo los que supuso la intervención
de su propio gobierno. Con el paso del tiempo nadie recuerda los
argumentos ni siquiera los hechos. Antes de esto había sido
la invasión a Guatemala en 1954, basada
en mentiras y desinformación y a Santo Domingo
en 1965, como todo lo actuado contra Cuba, incluyendo
Bahía Cochinos y el bloqueo de casi medio
siglo que es una acción de guerra, todo esto sostenido mediante
argumentos e información falsa para paralizar a la propia
población de Estados Unidos. El 4 de marzo de 1986, el coronel
Oliver North-el hombre del irán-gate, irán-contras
y el entonces subsecretario de Estado para Asuntos Latinoamericanos
Elliot Abrams iniciaron una campaña para
persuadir al presidente hondureño José Azcona
Hoyos que solicitara ayuda militar ante el supuesto avance
nicaragüense sobre su territorio, hecho que nunca existió.
Sólo se sabía que los "contras",
mercenarios del ejército norteamericano, incursionaban
criminalmente en Nicaragua por la frontera común. Unos
años después Azcona admitiría que Nicaragua
no representaba ninguna amenaza para Honduras, aunque Abrams sostuvo
ante el congreso que el mandatario había pedido ayuda "voluntariamente".
Esto fue desmentido más tarde por el ex embajador en Tegucigalpa,
John Ferch, quien dijo ante una comisión parlamentaria
que el presidente hondureño sólo solicitó ayuda
militar bajo presión.
Todo esto ocurrió cuando el gobierno de Ronald Reagan
estaba inmerso en su guerra encubierta contra Nicaragua
y el Congreso rechazó conceder nuevos fondos para la
"contra" y los sandinistas convocaban a un diálogo
directo con los contrarevolucionarios. Un acuerdo de solución
entre ambos países centroamericanos fue ignorado
por Washington porque Reagan consideró que el envío
de tropas norteamericanas era una "fórmula de
disuasión" para los sandinistas.
El plan contra Panamá comenzó también
en 1981 cuando el equipo de halcones entendió que tanto Omar
Torrijos en ese país, como León Roldós
en Ecuador, eran "molestos" para sus planes,
tal como está escrito en el Documento Santa Fe I, redactado
por la ultraderecha republicana. Ambos mandatarios murieron
en sendos "avionazos" en sus países ese mismo año.
De allí hasta llegar a la invasión a Panamá
del 20 de diciembre de 1989, Estados Unidos -campaña periodística
mediante – no escatimó ningún tipo de guerra
sucia contra ese país y a fines de 1986, el ex asesor de
seguridad nacional Norman Bayley afirmaba que había
que ejercer presiones "dosificadas" sobre
ese país pero advertía :"el gobierno
de Estados Unidos no podrá realizar acciones más profundas
sobre Panamá a menos que nuestras cámaras de televisión
puedan registrar allí grandes manifestaciones antigubernamentales,
con muertos y heridos" Bayley era entonces socio del
ex director de la CIA, Wlliam Colby, y colaboraba
con el mayor dirigente de la oposición panameña, Samuel
Lewis Galindo.
Mediante la Organización de la Opinión Pública,(
de desinformación, acción y espionaje) armaron el
plan de desestabilización , que también les era útil
contra Nicaragua. Le llamaron "el menú
de Panamá" creando en ese país una oposición,
la Cruzada Civilista (empresarios y derechistas, algunos sindicalistas)
cuya verdadera sede estaba en Washington (algo similar a lo que
sucede hoy en Venezuela), que mantuvieron la agitación en
las calles, creando imágenes de "inseguridad" en
la zona bancaria y de supuesta persecución a la oposición.
Todo esto ayudó a argumentar primero el bloqueo contra ese
país desde 1987, del que que hoy nadie habla y luego de fracasar
intentos de golpes militares tomaron el camino de la invasión.
Para actuar y convencer finalmente al embaucado hombre medio
norteamericano crearon la provocación necesaria, cuando ya
tenían todos los equipos y fuerzas en la Zona del Canal.
El 14 de diciembre de 1989 enviaron un camión cargado de
soldados que se "perdió" en las
callejuelas que rodeaban al cuartel central de las Fuerzas
de Defensa Panameñas, una edificación baja
y humilde.
La provocación no prosperó, pero los "enviados"
habían observado las defensas. Luego enviaron una pareja
de marines expertos en inteligencia, también perdidos en
el lugar que fue detenida por los militares panameños, quienes
avisaron al Comando Sur para entregárselos
ya que estaban alertas contra cualquier provocación. Muchos
periodistas fueron testigos de esa negociación. Pero ¿qué
dijo el entonces presidente George Bush padre? Hablando,
como ahora lo hace su hijo, sostuvo que una mujer estadounidense
había sido maltratada y hasta insinuó violada por
los "bandidos" panameños. Era una mentira absoluta,
como se demostraría después.
El 16 de diciembre enviaron un automóvil cargado con cuatro
marines tipo "rambo" que en momentos
de enorme tensión habían pintado en el auto en varios
lugares "gringo" y llevaban un cartel
de inteligencia. Dijeron que habían ido a tomar unas copas
en el centro panameño ( en momentos en que según
Bush sus soldados estaban amenazados en Panamá)
mientras había alerta roja en sus bases. Ellos también
se "perdieron" frente al cuartel central.
Después de provocar a vecinos del barrio de Chorrillo
(destruido en la invasión) decidieron volarse el retén
de tambores de aceite vacíos que cerraba la cuadra que pasaba
frente al cuartel central panameño y lo hicieron a tiros.
Tres civiles panameños- entre ellos una niña- fueron
heridos. Pero la explicación de Bush fue que los militares
de Noriega (Manuel Antonio, comandante del ejército
nombrado el 16 de diciembre como Jefe de gobierno por el parlamento)
habían disparado alevosamente contra "inocentes
soldados" de Estados Unidos. Luego agregaron que uno
de ellos, el teniente de orígen colombiano Robert
Paz había muerto a causa del incidente.
El Dailly Express de Londres señaló
en esos días que los cuatro oficiales podían haber
estado allí en " misión de espionaje
o reconocimiento de áreas para preparar la acción".
Tiempo después en un libro plagado de falsedades sobre Torrijos,
Noriega y Panamá, Frederick Kempes, eufemísticamente
llamado "corresponsal diplomático"
de The Wall Street Journal, en realidad señalado
como agente de la CIA, registraba la historia de aquella "acción"
relatada por el "rambo" capitan de marines,
Richard Haddad. Este estaba precisamente al mando
del grupo que "se extravió" frente
al cuartel central y se voló los retenes. Haddad, escribió
Kempes admirativamente ,"levantaba pesas, coleccionaba
pistolas y fanfarroneaba ante sus superiores asegurando que jamás
se detendría ante una barricada panameña" .
El capitán Haddad se ufanaba de su acción,
que le sirvió a Bush para engañar al pueblo estadounidense
y aceitar los cañones de la guerra. La invasión a
Panamá marcó un hito en los nuevos planes estadounidenses
hacia la región. Fue el gran comienzo de la dominación
cultural y un éxito en cuanto al dominio de la información.
Para vergüenza del mundo, y cuando ya comenzaba la enorme claudicación
de muchos intelectuales, Panamá fue invadido al terminar
la noche del 19 de diciembre de 1989, aunque el peso del bombardeo
comenzó la madrugada del 20 , y en esa acción se
probaron una cantidad de armas, aviones- como los Stealth
que vuelan en silencio - equipos infrarrojos, rayos lasser, y uniformes
especiales.
En estos días se mencionan las armas y vestuarios de las
tropas de Estados Unidos en el Golfo, pero nadie recuerda que en
Panamá incluso se probaron cascos de un nuevo material "kevlar"
que reemplazaban a nada menos que 16 láminas de acero compacto.
Ante la indiferencia del mundo Panamá fue la Guernika
de América. Cientos de helicópteros y aviones
del comando sur, en ese momento con sede en la Zona del Canal
de Panamá, levantaron vuelo para cruzar la calle
que separaba esa zona de la capital y en pocos minutos las bombas
caían sobre una ciudad de 600 mil habitantes, en un país
con una población total de poco más de dos millones,
mientras el mundo se entretenía con los también manipulados
sucesos en Rumania.
El argumento: derrocar al general Noriega, según
ellos narcotraficante y dictador, quien fue llevado y juzgado ilegalmente
en Miami, donde hasta hoy está preso, mientras Alfredo Stroessner
y Augusto Pinochet, entre otros, responsables de miles de crímenes
de lesa humanidad envejecen sin castigo alguno. Los cadáveres
de algunas fosas comunes abiertas en Panamá mucho después
de la invasión mostraron los "métodos
democráticos" de las tropas norteamericanas:
tiros de gracia en la nuca en varios de ellos, entre al menos cuatro
mil muertos la mayoría civiles incluyendo a niños.
Con el paso del tiempo se conoció que en realidad el teniente
Paz, que según Bush padre había sido muerto por los
"temibles" hombres de Noriega, en realidad
había sido traído herido desde Colombia, en el puente
aéreo establecido el 15 de diciembre de 1989 entre ese país
y el Comando Sur, ya que soldados estadounidenses intervenían
ilegalmente en un asalto al cuartel del narcotraficante colombiano
Gonzalo Rodríguez Gacha. Era una de las tantas operaciones
encubiertas en un país de América Latina. Duchos en
mentir, la historia de los argumentos falsos de Estados Unidos abona
la saga de guerra y las intervenciones, contra América Latina
y el mundo desde fines del siglo XIX.
La Guerra del Golfo
No menos argumentaciones falsas se usaron en 1991 para la operación
contra Irak después que ese país invadiera Kuwait
Existieron todas las posibilidades diplomáticas
para llegar a un acuerdo, pero no era eso lo que quería Washington.
"Necesitaba" la guerra. Hace 15 años Estados
Unidos no se hubiera atrevido a mandar tropas al desierto, pero
ahora hace lo que quiere. Cuando Estados Unidos invadió Panamá,
Elliot Abrams señaló de manera bastante
clara que ahora era mucho más libre para usar fuerza militar,
porque no tenía que preocuparse por ningún factor
de disuasión.
Por tales motivos no era sorprendente que Estados Unidos haya preferido
llevar la confrontación a la arena de la fuerza, decía
el politólogo y lingüista estadounidense Noam
Chomsky, en una entrevista el 14 de enero de 1991 en vísperas
de la guerra contra Irak iniciada el 16 de enero. Todos los analistas
concluían en que esa guerra le permitió a Bush
poner en marcha la nueva diplomacia no
para buscar mecanismos de solución, sino para garantizar
el estallido y por eso desestimó todas las vías diplomáticas
posibles y los ofrecimientos de Irak para evitar el conflicto. Su
política exterior sólo actuó en base a su hegemonía
militar indiscutible.
La guerra de Estados Unidos y sus aliados, más los países
árabes que apoyaron por intereses, presión, temor
o cohechos, fue un factor fundamental de inestabilidad en la región
donde existen problemas profundos y resoluciones de Naciones Unidas
que nunca se cumplieron como la desobediencia de Israel
frente al caso palestino, fuente de conflicto y tragedia.
Nadie aprobaba la invasión de Kuwait por Irak el 2 de agosto
de 1990, aunque ese emirato no constituía ningún ejemplo
de democracia. Kuwait estaba haciendo el juego a Estados
Unidos, con una mayor producción de petróleo para
obligar a disminuir los precios mundiales.
Todo el entramado de intereses que estaban detrás de la acción
estadounidense fueron observados por varios países que se
opusieron a la guerra, cuando la doble moral de Washington quedó
expuesta pues sus tropas aún estaban en Panamá, un
año después de la invasión. Allí impusieron
como presidente a Guillermo Endara, quien había
sido abogado de la siniestra policía política (DINA)
de Chile, comandada por el general Manuel Contreras,
durante la dictadura de Augusto Pinochet.
Toda una alegoría para imaginar a quien podrían colocar
en un gobierno de Irak post invasión. Mal podían
mostrarse ante el mundo como "los liberadores de Kuwait".
La invasión a Panamá no se vio en televisión,
sólo imágenes fragmentadas y convenientemente elegidas
por el invasor.
Tampoco se vio la guerra del Golfo, sino los trazados luminosos
de los misiles y nunca los miles y miles de muertos. Además
de la lógica del mayor control de los mercados y los precios
del petróleo, donde también Estados Unidos se posesionaba
con poder frente a sus principales competidores económicos,
Japón y Alemania, rivales que lo aventajaban en la competencia
mundial, enviaba un mensaje al mundo: aunque la Guerra fría
hubiera terminado nadie podría desafiarlos fácilmente.
Chomsky señalaba entonces que Estados Unidos estaba
políticamente débil y militarmente fuerte "y
no buscaba emplear la diplomacia sino la fuerza".
Como ahora, analizaba también que había que considerar
que el factor de la división imperialista de Medio Oriente
dejó el petróleo en manos de pequeñas familias
de dictadores dependientes de Estados Unidos y Gran Bretaña.
"Ese arreglo imperial fue impuesto por Washington y Londres
y siempre han estado comprometidos ambos países con el derecho
de intervención y el empleo de la fuerza si cualquiera se
salía del control estadounidense o británico. Con
ello ambos países intentan controlar el petróleo del
Medio oriente y más crucialmente intentan controlar las ganancias
que producen los recursos petroleros. Eso implica el uso de fuerza",
sostenía Chomsky.
Para Ramsey Clark, quien fue subprocurador en los
gobiernos de John Kennedy y Lyndon Jhonson, Estados
Unidos no sólo estaba invadiendo por temas de petróleo
y otros sino también "como esquema de dominio
en la región de interés estratégico para consolidar
el poder militar y el poder económico frente a sus competidores"
y por esa razón las grandes movilizaciones mundiales que
se produjeron entonces contra la guerra no iban a disuadir a Washington.
En una entrevista también por esos días advertía
que "las coaliciones son sólo máscaras"(como
son también ahora) ya que antes de iniciar los combates Washington
tenía en el Pérsico el 80 por ciento de los hombres
y al iniciar la guerra contaría con el 97 por ciento de capacidad
bélica propia. Clark denunciaba entonces que Estados
Unidos había transformado a Naciones Unidas- que le dio un
cheque en blanco- de "una institución creada para desalentar
y terminar con el uso de la fuerza y con la guerra, en un instrumento
de guerra".
En relación a la invasión a Panamá
sostenía "que tuvo que ver con la necesidad de manifestar
poderosamente la intención de Estados Unidos de dominar la
región, no sólo la zona del Canal, sino la región.
Estamos hablando de fuerzas militares de Estados Unidos en el terreno,
en Colombia, Perú, Bolivia, en un intento por dominar la
región" y añadía: " hay otros aspectos
como la expiración de los Tratados del canal, el descontento
con Noriega porque no era dependiente, si lo hubiera sido las cosas
hubieran sido distintas".
Clark fue uno de los primeros denunciantes estadounidenses sobre
la cantidad de muertos, la mayoría civiles, que había
dejado la invasión a Panamá, lo que había sido
ocultado a la población de Estados Unidos y al mundo, gracias
al dominio de los medios de comunicación masiva.
Panamá y luego el conflicto del Golfo Pérsico
exhibieron como nunca, el uso de los medios de medios de información
como armas de guerra.
En estos días Washington ha forzado hasta lo burdo pruebas
inexistentes, falsificando documentos con un dominio casi absoluto
de los medios, basados en la mentira, la manipulación, incluyendo
la imposibilidad de demostrar con pruebas contundentes quienes fueron
los autores reales de los atentados del 11 de septiembre del 2001.
Esto le sirvió para avanzar sobre el mundo haciendo
tabla rasa de todas las leyes internacionales, de la justicia, los
derechos y violentando todo a su paso, como en su momento lo hizo
Adolf Hitler, cuyo esquema repite
corregido y aumentando.
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