Chávez y la corrupción
Domingo
Alberto Rangel / Semanario Quinto Día No.
407 (Venezuela) - 27/08/04
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El comandante
Chávez desde Mérida, y a través
de su programa dominical Aló, Presidente, prometió una
campaña de exterminio contra la corrupción. Recordando
a Bolívar, lanzó su proclama de guerra a muerte contra
la corrupción, cáncer moral de la República. Dejando el estilo coloquial y el tono guasón que le caracterizan,
en aquel programa Chávez prometió dedicar los próximos
meses a una lucha tan crucial contra la corrupción como
las de don Quijote contra los "follones y malandrines".
Estoy conmovido
por tan recias palabras y quiero colaborar con la campaña que lanzará nuestro épico comandante.
Tal campaña debería iniciarse con una investigación
sobre las adquisiciones de Diosdado Cabello. Verificar si son ciertas
las acusaciones que se hacen a Cabello por haber adquirido, a través
de testaferros, la empresa Eveba de Cumaná y también,
valiéndose de testaferros, tres bancos de Caracas, incluido
el Nuevo Mundo. Al presidente de Venezuela no le sería difícil
constatar si los rumores, consejas y señalamientos insistentes
y solapados que circulan sobre esas operaciones, son ciertos o
no. De la misma manera, el señor Presidente debería
comprobar hasta dónde son ciertas las acusaciones veladas,
pero persistentes, que circulan en los medios bancarios y mercantiles
de Caracas sobre los negocios a la sombra de Cadivi y, según
criterio de entendidos, dieron origen a la salida de Adina
Bastidas de la directiva de aquel organismo.
Apartamentos y residencias
No sería difícil para el Presidente verificar
adquisiciones desmedidas que han hecho algunos de sus colaboradores
y compañeros
más cercanos. He visto una certificación emitida
por un notario del área de Fort Lauderdale,
Florida, EEUU,
donde se afirma que el señor Juan
Barreto ha adquirido o
posee en aquella jurisdicción un apartamento valorado en
casi trescientos mil dólares. Nuestro cónsul en Miami, que según entiendo es un militar bolivariano y patriota,
no sé si también es zamorano, podría comprobar
esta realidad acudiendo apenas al Registro
Público que deber
haber en el Estado de Florida. Varios chilenos me han dicho que
el actual vicepresidente tiene en el barrio alto de Santiago una
espléndida residencia que está decorando o ya decoró una
cuñada suya. El embajador en Chile podría comprobar
esta circunstancia para cuya precisión no se necesita gastar
el presupuesto de la NASA.
El comandante Chávez podría averiguar también
por qué los tupamaros reciben y cambian cheques suculentos
en el Banco de Venezuela emitidos, a propósito, por la Vicepresidencia.
No siendo funcionarios ni prestando servicios legítimos
al Estado, los tupamaros no tendrían por qué recibir
estipendio alguno. El comandante Chávez podría distraer
el tedio del mando dedicando algún tiempo a averiguar los
reposos sucesivos e interminables de Nicolás Maduro en el
Metro de Caracas. A Maduro ya se le llama el reposero desconocido.
La corrupción menuda Si todavía conservara Chávez algunas energías, podría dedicarlas a averiguar cómo
es que compañeros suyos hoy de causa política con
asiento en la augusta Asamblea Nacional, algunos de ellos, si no
estoy equivocado, participaron en uno de los deportes más
sórdidos de la UCV: quebrar la Caja
de Ahorros de la Asociación
de Empleados. En la UCV hay dos cosas que no fallan: las vacaciones
de agosto y diciembre y la quiebra anual de la Caja
de Ahorros de los empleados. De paso, el comandante podría averiguar
allí mismo en la UCV, cómo viven sus compañeritos
los dirigentes estudiantiles bolivarianos. Pero lo esencial son
las quiebras de la Caja de Ahorros.
Y si Chávez hace lo que sugería toda una literatura
en la Edad Media, disfrazarse de modesto ciudadano para conocer
realidades que no pueden columbrarse desde ese Himalaya que es
el poder, descubriría en cada ministerio, en cada despacho,
en cada cuartel, la huella de la corrupción. No hay en la
Venezuela de hoy un solo despacho donde, de alguna manera, no haya
penetrado o haga piruetas la corrupción. Aquí las
campañas contra la corrupción son arbitrio de periodistas
sin tema o sin talento para procurarse un tema y recurso de políticos
necesitados de votos y cortos de posibilidades.
Hasta ahora, en
medio siglo, no ha habido un solo presidente, un solo ministro,
un solo general preso por corrupto. Y aquí han
cometido abusos de corrupción adecos, copeyanos, militares,
civiles, andinos, orientales y hasta colombianos, gringos y ecuatorianos.
La corrupción goza de buena salud
La corrupción es en Venezuela estructural, secular e inseparable
del tipo de sociedad que aquí ha desarrollado el petróleo.
Petróleo y corrupción son sinónimos. Pero
dejemos las sociologías, siempre complacientes, para volver
al grano. Si el comandante Chávez mete las narices en la
corrupción con seriedad se queda sin MVR, sin Fuerza
Armada,
sin Asamblea Nacional y sin tribunales, es decir, sin poder. Entonces
tendría que gobernar con las hermanitas de los pobres, con
los recogelatas o con el viejo Partido Comunista, única
fuerza política honesta que existe en el país.
Aquí todo el que haya tenido poder en los últimos
sesenta o setenta años es un corrupto, salvo prueba en contrario. Puede establecerse al respecto una presunción de las que
los romanos llamaban "juris tantum", o sea, que admitían
prueba en contrario. Si en Venezuela entrara a gobernar Maximiliano
Robespierre armado de pistola, a los pocos minutos renunciaría
a sus funciones porque uno de sus espalderos ya habría negociado
aquella pistola con el jefe de una banda hamponil o con un contrabandista.
El
Presidente, todo presidente, tiene en Venezuela un
dilema: transige con el ambiente de corrupción o lo declaran loco
y lo echan del cargo. Si quiere Chávez convencerse de ello
le bastaría averiguar si es verdad que los periodistas denunciantes
viven ahora en el Palacio de Cristal.
* Domingo
Alberto Rangel
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