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Caracas / Venezuela -
 


El Debate y la Decadencia
Elie Habalián* / Soberania.info - 05/07/05

La historia nos relata que, a mediados del siglo VII, los árabes recien-convertidos al Islam llevaron fuera de la Península Arábiga valores milenarios como la lealtad, la generosidad, la hospitalidad y el arrojo, todos potenciados por el nuevo despertar; y otros como la fe, la universalidad, la igualdad ante el todopoderoso y la disciplina, todos inculcados por Mahoma. Al llegar al Creciente Fértil, combinaron la totalidad de estos valores con la civilización duramente trabajada durante más de seis milenios por sus primos semitas, y repotenciaron sus valores adormecidos por el dominio de los debilitados imperios pérsico y bizantino. El resultado fue el nacimiento de la Umma que rápidamente asumiría la hegemonía del mundo, llenando de esta manera el vacío producido por la disolución del imperio romano occidental, el debilitamiento del imperio bizantino y la decadencia del imperio pérsico sasánida. Una especie de Renacimiento tuvo lugar con la irrupción de la Revolución Islámica , permitiéndole al mundo sustraerse de un profundo estancamiento de varios siglos de duración. Incontables potencialidades culturales, políticas y sociales fueron desencadenadas dando lugar al rápido desarrollo de una gran civilización que los árabes-musulmanes llevaron hasta la India , el Asia Central, el Norte de África y la península ibérica.

Durante los primeros siglos florecientes del Islam el debate estuvo presente entre sus élites. La razón vs. la fe fue el más importante de todos los debates. El poder no podía actuar a sus anchas porque la fe se combinaba con la razón para la toma de las mejores decisiones que no eran exclusivas de un gobernante déspota o un grupo dominante. La nación siempre encontraba una salida que garantizara la continuidad del progreso frente a incontables intentos de personas y grupos en secuestrar lo que es del colectivo. El debate presente permanentemente en la sociedad arrojaba luces suficientes para evitar la perversión del poder. El debate entre la razón y la fe no le dejaba lugar al fanatismo como expresión extrema de la fe, de donde se alimenta el despotismo para actuar en forma arbitraria y autoritaria. Sin embargo, a medida que el irracionalismo religioso fue creciendo y marcando el desplazamiento de la razón por parte de la fe, fue desapareciendo el debate de esa gran nación; lo cual marcó el inicio de su decadencia.

Paralelamente a la desaparición paulatina del debate y el inicio de la decadencia en la nación árabe-islámica, en el mundo occidental cristiano estaba empezando a darse un proceso a la inversa. Frente a la hegemonía absoluta de la fe sobre la razón se fueron introduciendo algunos elementos que perseguían la viabilización del debate. Santo Tomás de Aquino, aun convencido plenamente de la fuerza que la fe proporciona al hombre, promueve la introducción de la razón no como un elemento contrario a la fe sino como una vía paralela para llegarle al todopoderoso (el Dios-verdad). Entre otros, ese gran sabio sienta las bases de lo que posteriormente sería la metodología científica sin confrontar abiertamente el dogma religioso. A medida que la intelectualidad que al principio se circunscribía a los escolásticos de algunas órdenes religiosas fue utilizando la razón para llegarle a Dios, el método científico racionalista fue contagiando paulatinamente a la sociedad. El debate entre la razón y la fe así como el debate en general fueron dándoles riendas sueltas a las potencialidades contenidas durante mucho tiempo en la sociedad cristiana dando lugar a lo que se ha dado en llamar el triunfo de Occidente.

A lo largo del siglo XX asistimos a una experiencia única en la historia. A principios del siglo se dio lo que parecía ser el comienzo del fin de la explotación del hombre por el hombre. Una utopía conmovió a toda la humanidad. ¡Por fin! Íbamos a tener una sociedad de iguales. Sin embargo, el protagonismo popular de la Revolución de Octubre tropezó con la muerte prematura de Lenin y el ascenso al poder de Stalin. A partir de entonces se fue ahogando el debate, la crítica y la autocrítica, dando lugar a una sociedad de pensamiento monolítico que terminó por llevar a los países del bloque socialista a las formas más salvajes y perversas del capitalismo. El desastre de Chernobyl constituyó una manifestación emblemática de la ineptitud, la incapacidad, la improvisación, la corrupción y la burocratización del denominado socialismo real. Otras experiencias "socialistas" han terminado desembocando a sus pueblos en un capitalismo de Estado que, en alianza con el gran capital transnacional, han implementado el aberrante modelo de la explotación del hombre por el binomio: Estado y capital trasnacional. Estas infelices experiencias de lo que podría denominarse la "sovietización" fueron posibles gracias al secuestro del debate por parte de una minoría dominante.

Con esta larga introducción quiero resaltar la importancia del debate para el progreso de una sociedad. Toda vez que éste desaparece en cualquier institución o cualquier colectivo, éstos entran automáticamente en un proceso de decadencia. A partir de esta conclusión que también puede ser objeto del debate, quiero aterrizar en Venezuela.

A pesar de las distintas manifestaciones que se dieron en la sociedad venezolana a partir de finales de los setenta, la perplejidad fue la única respuesta que dieron las élites venezolanas -salvo algunas excepciones- a la necesidad de un verdadero debate que llevara a la sociedad por el cauce de las necesarias transformaciones políticas, jurídicas, sociales, económicas y culturales. La inmensa mayoría de las élites venezolanas asumieron una posición inerte o contraria a los cambios y en lugar de contribuir a un debate genuino sobre la viabilización del proceso de transformaciones promovido por Hugo Chávez, lo confrontaron con métodos irracionales como la emoción que terminó por contagiar a la acera del frente alejando cada vez más la posibilidad de entablar un debate nacional que contribuyera al progreso de la sociedad.

La nueva realidad política del país no puede significar el fin de la historia. Ahora es cuando las fuerzas agrupadas bajo el denominador común del chavismo deben promover con valentía el debate. Factores dentro de esta macro-corriente pretenderán convertirla en un acto de fe alejando todo debate verdadero y de esta manera provocar su prematura decadencia. Si esto llegara a ocurrir el resultado sería de un nivel de frustración similar al producido por el desenlace de la Guerra Federal hace casi un siglo y medio.

(*) Elie Habalián, Ex-Gobernador por Venezuela ante la OPEP (2003) - habalianelie@yahoo.ca


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