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Caracas / Venezuela -
 


Antiimperialismo, las palabras no quiebran hueso
Domingo Alberto Rangel* / El Carabobeño (Venezuela) - 03/07/05

El comandante Chávez tiene un pasatiempo favorito, el de disparar los dardos de su dialéctica tribunicia contra Estados Unidos. No hay discurso presidencial en la Venezuela de hoy que no acarree, como sobrecarga emocional, una requisitoria contra el imperialismo yanqui. A ratos, cuando el comandante no ha logrado sacudir a su auditorio, para alcanzar tal objetivo lanza unas trompetillas retóricas contra el presidente Bush. Y si aun así el auditorio sigue renuente al aplauso o a la exaltación del grito, el Presidente de Venezuela apela entonces al arma suprema de su arsenal oratorio: la diatriba contra alguna otra figura del gobierno gringo, como aconteció hace algunos meses con la señora Condoleezza Rice. Nuestro comandante ha desarrollado un antiimperialismo caluroso y temperamental que encuentra su cenit, como los astros, bajo el firmamento de las multitudes. Pero no todos los leones, como sostiene el refrán, son tan fieros como los pintan, ni todos los antiimperialismos son tan auténticos como sugerirían las pasiones tribunicias que les sirven de lecho. El antiimperialismo del comandante Chávez tiene un lunar o, cuando menos, una desvaída peca que, si no lo afea, parece restarle vigor y capacidad de convicción sobre el vasto auditorio de la opinión pública. No hay entre la retórica del Presidente montado en una tribuna y la acción del Presidente recluido en su despacho la necesaria concordia. El mismo sujeto, en este caso Hugo Chávez, engendra dos predicados contrapuestos, según suba a una tribuna o se siente en la silla presidencial.

MARACAIBO: LA REPLICA MUDA

La retórica del Presidente de Venezuela no resiste a ese sublimado corrosivo que son las realidades. En Maracaibo, hace pocos días, pudo verse sin tapujos la verdadera posición del gobierno venezolano frente al imperio gringo. La capital del Zulia realizó una exposición petrolera latinoamericana, la decimosexta de tal especie. Cuando un país tiene de veras las posiciones que enuncia el comandante Chávez desde la tribuna, que en él parece deslizar una segunda personalidad, Estados Unidos no tarda en aplicar las represalias más duras. Fue ese país, recordar es vivir, como decía un viejo tango, el único que en 1917 no reconoció al naciente régimen soviético y sólo en 1933, 16 años después, vino a producirse tal reconocimiento, y ello en gran medida por la llegada de los nazis al poder en Alemania, que hacía de la URSS el aliado indispensable y salvador. Y fueron los Estados Unidos aquellos que en 1960, a menos de dos años de la victoria revolucionaria en Cuba, habían roto relaciones ya con el régimen de Fidel Castro. Estados Unidos no tolera juegos ni se permite complacencia, al sistema político que ellos perciban como enemigo o en el cual adviertan un peligro real, lo someten a una inmediata cuarentena o, en casos más riesgosos, a un bloqueo secular, como viene ocurriendo con Cuba. A la luz de estos análisis podría haberse esperado, de los intereses petroleros norteamericanos, el más completo boicot. No fue así.

CAPITULO IMPERIAL

Las grandes empresas petroleras de Estados Unidos, con alguna señalada excepción, se hicieron por el contrario presentes en la cita de Maracaibo. La British Petroleum Amoco, híbrido británico-gringo, tercera petrolera del mundo de hoy, estaba allí encabezando una dilatada fila. Al lado de ella la ya consabida Chevron-Texaco escoltada por la Unocal, ambas muy ligadas a la familia Bush, la cual tiene una compañía ad hoc para manejar sus pertenencias petroleras. La Chevron es hoy la quinta petrolera del mundo. Los Bush deben tener ese pragmatismo sajón que tolera insultos al santo mientras no se atente contra la limosna. Estuvo también presente en Maracaibo una compañía que no tiene sus máximas jerarquías en Estados Unidos, pero es tan tejana por sus intereses como un traje de "cowboy". Es la Royal Dutch Shell, pionera en Venezuela, que ya en 1914 perforó aquel pozo, Zumaque Nº 1, con el cual nació nuestra industria petrolera. Ya en esa época, míster Doyle, yanqui de nacionalidad y gerente de la Shell en Venezuela, inauguró la costumbre de halagar, complacer o rodear a los presidentes buscando toda clase de granjerías, grandes o pequeñas. Heredero de tal tradición palaciega, creada por míster Doyle desde 1914, parece ser el actual gerente de la Shell, quien declaró a la prensa que su compañía llevaba ya 90 años en el país y ahora, con las concesiones que le viene haciendo el Gobierno, va a pasar aquí otros 90. No hay Doyle sin su Gómez, podría decirse.

LA COMEDIA ES FINITA

Como puede inferirse de esta crónica de situaciones y personajes, todo el proceso ilustra más sobre las realidades de Venezuela que 20 discursos. En la exposición de Maracaibo estaban presentes seis de las antiguas "siete hermanas", de las cuales una, la Chevron-Texaco, es la quinta del mundo hoy, pero despliega tal dinamismo, que pronto ascenderá por la escalera jerárquica. No parece haberle ido mal al imperialismo yanqui en nuestro país, cuando empresas suyas tan emblemáticas como la ya varias veces mencionada Chevron y otras, tales como la British Petroleum Amoco, la Conoco-Phillips, de una familia tan heráldica para el capitalismo gringo como la de los Dupont de Nemours y la Unocal, californiana muy cercana a míster George W. Bush, fueron a tal cita. Estaban también en Maracaibo, aunque no son norteamericanas, la Total, de Francia, y la Petrobras, de Brasil, que tienen la curiosa particularidad de estar a la cabeza del mundo en técnicas para la prospección y explotación de yacimientos situados debajo de mares o lagos. Una coincidencia inocente: las reservas aún no explotadas en la cuenca de Maracaibo parecen yacer bajo el Lago, cuyas aguas, gracias a Dios, son poco profundas. La comedia es divertida, pero, por desgracia para quienes la gozan, dura poco.

 

(*) Domingo Alberto Rangel - Email: darangel@cantv.net

 


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