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Caracas / Venezuela - Miércoles 2/04/03
 
 

El camino más largo entre Basora y Bagdad
Modesto Emilio Guerrero / Argenpress (Argentina) - 02/04/03




Una de las trampas de propaganda que más se ha impuesto en esta guerra-invasión a Irak, es esta: “A pesar de que nadie duda quién será el ganador en esta guerra... por la enorme diferencia tecnológica en armamento, lo que preocupa, tanto a expertos como a los gobiernos aliados, es cómo reorganizar un régimen estable en Bagdad, el mapa político regional y la crisis humanitaria”. Mensaje: No dude, el triunfador será EE.UU. ¿La razón?, una sola: su inexpugnable tecnología guerrera. Lo demás lo veremos después del triunfo.

Esto lo declaraba desde Washington el segundo día del conflicto, Jorge Gestoso, jefe de corresponsales de la CNN y hombre clave en la elaboración de la batería de mensajes a favor de los Aliados. Como si hubieran estado en la misma reunión de edición, escuchamos y leímos esta afirmación en canales televisivos y diarios de Europa, Estados Unidos y América latina.

No fue el primero que lo dijo, sí, en cambio, el primer periodista que reprodujo en palabras propias lo que venían proclamando Bush, Rumsfeld, Blair y los mandos militares norteamericanos e ingleses.

Desde entonces, como si fuera el efecto de una propagación bacteriológica, buena parte de la opinión pública mundial, tiende a tener esa opinión en su cabeza. A veces de manera difusa, pero es una idea instalada. Mucha gente que está a favor del triunfo de Irak en este conflicto, dice cosas parecidas, incluso entre la izquierda internacional, lo que ya es mucho decir.

Una muestra de 27 emisiones desde 11 lugares distintos, entre el mediodía del viernes 28 y la noche del sábado 29 de marzo, nos arrojó el siguiente resultado: 25 noticias, reportes y opiniones desde Bagdad, Qatar, Bassora, Kuwait, Kurdistán, Washington, Londres, París, Madrid, Roma y Buenos Aires, informaban desde el lugar imaginario de un solo vencedor: 'Los Aliados'.

Las únicas excepciones que encontramos fueron las cadenas alemana Deutsche Welle y la ibérica COPE.

Y no es para menos, se apoya en un poderoso hecho real: un desproporcionado poderío militar como jamás concentró una sola potencia (Paul Kennedy, Auge y caída de las grandes potencias, capítulo II). Ningún país desarrollado del G7 (los siete dueños del mundo) es equiparable en estos momentos en ese terreno. Entonces la simpleza informativa y analítica se asocia (a veces voluntariamente) a los propagandistas de triunfo inexorable de 'los Aliados'.

Menos de mil bolsas negras

Si el curso de la guerra lo medimos por la insuperable capacidad tecnológica de los invasores, no hay más nada que decir o hacer, ni pensar, ni sentir. El triunfador es uno solo: Estados Unidos (a lo sumo con una pequeña ayuda de sus amigos: Blair, Aznar, Berlusconi, etc.).

Sin embargo, la realidad misma en Bassora, Unkassar y Nassiriya, en los alrededores de Bagdad, como la otra realidad, en las calles de decenas de ciudades del mundo, está demostrando una vez más en la historia, que el resultado de la guerra sólo lo da el final de la guerra. Es la misma 'ley' que funciona en una huelga o conflicto social de cierta envergadura. En la lucha entre opresores y oprimidos dos más dos no siempre da cuatro. Fue así en Vietnam, con diferencias quizá más abismales en armamento, fue así en Argelia contra el imperialismo francés, y en Cuba, remember Bahía Cochinos.

La lucha social, cuando es genuina, nunca puede ser determinada por la propaganda de ninguno de los bandos. Stalingrado pudo caer en manos del Eje y Stalin seguir en su modorra etílica. Stalingrado es símbolo de la derrota nazi porque a la debilitada defensa militar de la ciudad se le sumó el poderoso levantamiento guerrillero de los stalingradenses. Las 'inesperadas', 'desconocidas' y 'sorpresivas' dificultades encontradas por los invasores en la resistencia en el sur de Irak, manifiestan que nada está asegurado para 'los aliados', salvo la superioridad de su máquina militar. Lo demás dependerá de fenómenos sociales y político-militares por conocer.

Bagdad será la prueba final, y Bassora mostró lo que podría ser Bagdad.

Pero entre Basora y Bagdad hay complicaciones político-militares, de relaciones de Estado y emotivas. Por ejemplo, Siria, que ya declaró su apoyo a Irak, o Irán, Yemen, el rechazo masivo en Europa y el que existe en Estados Unidos desde el primero día de combate, un hecho sin precedente en las guerras de todo el siglo.

Si el régimen de Saddam se apoya en su pueblo para convertir la defensa militar de la capital en una guerra patriótica de los iraquíes contra las tropas súper tecnológicas, el camino entre Basora y Bagdad será más largo que el recorrido por el ejército más poderoso de la historia para llegar a Kuwait. Entre los estadounidenses, en cambio, haría muy corto el trecho que hay entre el limitado rechazo actual y una oposición masiva en las calles que sea capaz de paralizar su propio ejército. La última encuesta del New York Time es sospechosa de ese temor: más de la mitad no soportaría más de mil bolsas negras.


 
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