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Caracas / Venezuela - Martes 8/04/03
 
 

La siguiente fase
Zoltan Grossman / Znet - 21/03/03




Cómo Estados Unidos ha prevenido que los iraquíes pudiesen derrocar a Saddam Hussein y por qué la siguiente batalla será contra los oponentes a Saddam Hussein

La estrategia de la zanahoria y el palo a primera vista parecía ingeniosa, o al menos con cierto mérito. En los días precedentes a la guerra de Estados Unidos contra Iraq, el "palo" de la invasión en preparación presionaría a los militares o funcionarios iraquíes a arrestar o asesinar a Saddam Hussein. "La zanahoria" o el incentivo para hacer desaparecer a Saddam y sus hijos era la posibilidad de prevenir que extranjeros arrasasen su país. El portavoz de la Casa Blanca, Ari Fleischer, lo planteó claramente cuando dijo a los iraquíes que "una única bala" podía ser menos costosa que una guerra.

Ya en el ultimátum que conduciría a la guerra, la administración Bush eliminó toda posibilidad de un golpe militar. Ari Fleischer (al menos parecía ser él, no un doble) proclamó inequívocamente que, incluso si Saddam era derrocado y se exiliaba voluntariamente, las tropas de Estados Unidos y Gran Bretaña invadirían Iraq en una incursión pacífica para buscar "armas de destrucción masiva".

La cuestión no deja lugar a dudas. No importa lo que los iraquíes hagan para derrocar a su tirano, los estadounidenses controlarán el país de todos modos. Si algún oficial de la guardia republicana estaba dispuesto a enfrentarse a Saddam para salvar a su país habría tenido que devolver la pistola a su funda. ¿Para que molestarse? "La zanahoria" ha sido suprimida. La potencial autoliberación de los iraquíes deviene en una guerra de conquista por una potencia extranjera. La tragedia es que el aplastamiento de la autodeterminación iraquí es totalmente consistente con la que ha sido históricamente la política de Estados Unidos respecto a la población iraquí.

El pueblo iraquí históricamente ha tenido la reputación de determinar su propio destino. En 1920, los turcos otomanos abandonaron Iraq tras la derrota. En 1932, los iraquíes se liberaron del mandato colonial inglés. En 1958, expulsaron a la monarquía hachemita y declararon una república. Son un pueblo que puede librarse de dictadores aun en condiciones muy adversas. ¿Por qué no han derrocado de la misma manera a Saddam? Porque a cada momento, Estados Unidos ha hecho todo lo posible para apoyar a Saddam o para asegurar que ellos serían la única alternativa posible a Saddam.

Traicionando a los rebeldes iraquíes

Desde que el partido Baaz de Saddam consiguió el poder en 1968, Estados Unidos ha llevado a cabo una política esquizofrénica respecto este gobierno nacionalista árabe. Nixon apoyó una revuelta kurda contra Irán pero vendió a los kurdos en 1975 cuando Bagdad firmó un acuerdo con su amigo el Sha de Irán. Los kurdos iraquíes aún recuerdan esta traición con resentimiento y con desconfianza.

Cinco años después, cuando los iraníes derrocaron al Sha, el nuevo líder supremo del Baaz, Saddam Hussein, invadió los pozos petrolíferos iraníes con la bendición de Estados Unidos. El presidente Ronald Reagan apoyó a Bagdad con inteligencia y protección de la marina de Estados Unidos a los petroleros con cargamento iraquí y su secretario de defensa, Donald Rumsfeld, daba la mano calurosamente a Saddam en Bagdad. Cuando ambos contendientes Iraq e Irán lanzaron ataques químicos en la región kurda, los funcionarios estadounidenses cargaron las acusaciones sólo contra Irán y minimizaron o bloquearon las resoluciones de condena de la ONU hasta que acabó la guerra en 1988.

Después que Saddam invadiese Kuwait en 1990, la primera administración Bush ensambló una coalición para defender la autodeterminación de la millonaria monarquía petrolera, pero en ningún sitio aparecían oponentes de base a Saddam en lo que fue la exitosa estrategia militar. Washington buscó, en vez de ello, la formación de una oposición iraquí en el exilio (dirigida por ex generales iraquíes y el banquero Ahmed Chalabi) la cual sufrió escisiones internas y se hizo impopular entre los iraquíes en Iraq

Bush había promovido que los iraquíes se rebelasen contra Saddam, pero cuando los chiítas iraquíes liberaron sus ciudades en marzo de 1991, las tropas de Estados Unidos al alcance de sus posiciones recibieron órdenes de no prestar ayuda. Los aliados temporalmente suprimieron la zona de exclusión aérea para que los helicópteros de Saddam pudiesen ametrallar a los rebeldes chiítas antes de reestablecer las limitaciones de vuelo. Saddam drenó los pantanos de la región para finalizar la masacre.

La razón para la traición por parte de Estados Unidos a los chiítas era triple e instructiva para la presente crisis del 2003. Primero, Washington asumió que los chiítas iraquíes buscarían emular el régimen chiíta iraní aunque se habían enfrentado como soldados a Irán en los años ochenta (la policía secreta Mukhabarat de Saddam contribuyó a consolidar esta teoría pegando carteles del ayatolá Jomeini en las ciudades rebeldes).

Segundo, los aliados de Estados Unidos en Arabia Saudí y Kuwait temían el peligroso ejemplo de una república secular y democrática en sus fronteras, en el momento que la oposición interna crecía contra las monarquías. Los príncipes suníes y los jeques habían dado apoyo a Estados Unidos con bases militares e intereses petrolíferos y eran más importantes que la autodeterminación iraquí.

Tercero, una verdadera revolución democrática llevada a cabo por el pueblo iraquí pretendería tomar el total control de los pozos petrolíferos y quedarse con los beneficios del petróleo. Cuando el gobierno popular iraní de Mohammed Mossadeq nacionalizó las empresas petrolíferas con participación de intereses británicos y estadounidenses, la CIA derrocó al gobierno. Washington veía en Saddam una alternativa preferible y un factor predecible como gobierno suní para la estabilidad regional, con lo que continuó el reino de terror de Saddam.

Debilitando a la oposición interna

El golpe final a la autodeterminación del pueblo iraquí llegó con las sanciones impuestas por la administración Clinton en los años noventa que minaron cualquier potencial fuerza dejada en la población para oponerse a Saddam. Las sanciones, supuestamente, eran para presionar a los iraquíes a que derrocasen a Saddam. Pero en vez de ello, Saddam consiguió con éxito echar toda la culpa por la penuria económica a los Estados Unidos, y no sin razones. Iraquíes con educación y los trabajadores necesitaban todo su tiempo para conseguir los mínimos productos básicos para permitir la subsistencia de sus familias. Se hicieron demasiado débiles, distraídos y aterrorizados para organizarse contra el régimen y comenzó a crecer el resentimiento contra Estados Unidos por atacarlos a ellos en vez de Saddam.

La situación estaba preparada para la segunda guerra del Golfo en el 2003. Sin una oposición viable a Saddam, el presidente George W. Bush denomina una invasión angloestadounidense como "Operación Libertad para Iraq". En las 48 horas que algunos oficiales o miembros del Baaz tenían la opción de evitar la invasión eliminando a Saddam, Ari Fleischer suprimió esta opción.

Los estadounidenses derrocarán a Saddam o nadie lo hará. El objetivo no es eliminar al dictador o sus supuestas armas químicas (que en ningún modo han sido usadas) sino conquistar y gobernar Iraq. Liberar a los iraquíes no sólo es una gran oportunidad para asegurar el control de los pozos de petróleo iraquíes sino, más importante, extender la nueva esfera de influencia de Estados Unidos.

Cada intervención de Estados Unidos desde 1990 (en el Golfo, los Balcanes y Asia Central) ha dejado detrás racimos de nuevas bases militares en zonas estratégicas en los territorios entre los competidores emergentes de Europa y el Este Asiático. No es de extrañar que los principales opositores a esta guerra hayan sido Alemania, Francia, Rusia y China. Irán e Iraq son los únicos obstáculos bloqueando el dominio estadounidense de la zona entre Hungría y Pakistán, como el perno de un nuevo imperio económico-militar.

A los habitantes de la esfera de influencia de Estados Unidos no se les permite derrocar a sus propios dictadores. El movimiento contra la guerra, de forma entendible, se ha concentrado en la posibilidad de gran cantidad de bajas en las segunda guerra del Golfo y en la crisis humanitaria que ya ha comenzado. Pero el verdadero crimen de Washington ha sido la negación de la posibilidad de autodeterminación del pueblo iraquí en las últimas tres décadas hasta incluir la presente guerra, incluso si no mueren demasiados iraquíes.

¿Dando la bienvenida a las tropas?

No sería del todo inusual para algunos fatigados y atemorizados soldados o civiles iraquíes dar un buen recibimiento a las tropas invasoras (sean cuales sean los motivos de Estados Unidos para invadir) como una reacción humana al fin de la pesadilla del gobierno de Saddam Hussein. Pero entonces, ¿qué? Algunos saudíes dieron buena acogida a las tropas de Estados Unidos en 1990 hasta que estos extralimitaron su estancia en la tierra santa islámica después de la victoria en la primera guerra del Golfo. Los somalíes también recibieron amigablemente a las fuerzas de Estados Unidos cuando estos desembarcaron en Mogadiscio en 1992, hasta el momento que Estados Unidos se puso de lado de uno de los clanes en la guerra civil y pagaron las consecuencias en la infame batalla del "Halcón Negro derribado".

Conquistando Iraq, los militares se adentran en un país que está muchísimo más dividido religiosamente y étnicamente que Somalia, quizá al mismo nivel que Bosnia y Afganistán. En este intrínsicamente complejo país, Estados Unidos pronto comenzará con su práctica de definir "chicos buenos" y "chicos malos" y a tomar partido en los conflictos internos. Los iraquíes pueden estar lanzando flores a las tropas americanas en el 2003, pero lanzar granadas en el 2004.

Con su orgullosa historia de autodeterminación, los iraquíes no estarán nada contentos siendo gobernados por un comandante militar americano. No se plegarán a un títere iraquí de estilo Karzai como Chalabi, que ha plantado sus cuarteles en el norte de Iraq. Ni los kurdos aceptarán tropas turcas en el norte de Iraq, aunque sea esta la concesión al gobierno turco por los vuelos desde Turquia para atacar a Saddam.

Los chiítas en el sur podrían recibir calurosamente a los estadounidenses que los liberan del dictador suní Saddam, pero se resentirían de los gobernantes americanos que les impiden tomar su lugar justo como mayoría de la población iraquí y poder mejorar su estatus socio-económico de segunda clase. Los iraquíes educados de zona urbana y los partidos de izquierda contrarios a Saddam no estarían contentos al encontrarse un nuevo jefe idéntico al jefe anterior.

Ganar es la parte fácil. Bush puede ganar fácilmente esta guerra pero perder la paz. La parte más complicada no será la resistencia de los seguidores de Saddam sino la resistencia por parte de los oponentes de Saddam. Como en Filipinas hace un siglo, Estados Unidos llega para liberar a un población de un gobierno tiránico, pero al final deviene en una potencia imperial combatiendo a los rebeldes que ha venido a apoyar.

Zoltan Grossman es profesor agregado de Geografía en la Universidad de Wisconsin - Eau Claire y desde hace mucho tiempo pacifista, ecologista y dirigente antirracista. Sus escritos pacifistas pueden ser leídos en www.uwec.edu/grossmzc/peace.html y se le puede escribir a zoltan@igc.org

(*) Traducido por Manuel Cubero y revisado por Bea Martínez.


 
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