www.soberania.org
 
Artículo
Caracas / Venezuela -
 


Los partidos políticos fragmentan el Estado
Manuel C. Martínez M. * / Soberania.org - 30/08/05

Simón Bolívar no se peló: ya al final de sus fructíferos días independentistas y antiimperialistas, y luego del fracaso en sus ensayos integracionistas en buena parte del continente americano, cayó en la cuenta que para nada servían los convenios internacionales si dentro de cada país seguía reinando la anarquía separacionista de las agrupaciones políticas, cada una de éstas con intereses particulares y directivas independientes en finanzas, ideología y fuerza militar.

Después de 175 años de su famosa petición y sabio consejo al mundo político para que cesaran los partidos, en nosotros siguen vivos los ejemplos demostrativos de cómo la gran tragedia de estos pueblos sigue siendo la coexistencia de partidos políticos.

Pretendemos demostrar que no son las relaciones leoninas que sostiene Venezuela con EE UU o con cualquier otra potencia comercial del mundo las causantes primarias de nuestros males, como tampoco lo es la llamada "explotación burguesa" la causa fundamental de la pobreza de las mayorías ciudadanas ni de la pésima distribución de la riqueza petrolera nacional.

Necesaria e inevitablemente, todo gobierno tiene que contratar burócratas para llevar a cabo el proceso de trabajo político como tal, y de allí la existencia de ministerios especializados técnicamente en cada una de las ramas del quehacer administrativo.

Por ejemplo: Con el negocio petrolero, propiedad colectiva exclusiva del pueblo, tenemos una compañía accionaria en manos de venezolanos, de quienes se espera una conducta impoluta y preñada de moral profesional para que los compradores de nuestro petróleo no nos escamoteen en precio, en volúmenes de extracción ni en ventajas unilateralmente disfrutables por ellos con cargo al malestar doméstico de las grandes mayorías nacionales.

Con los servicios públicos de educación, seguridad, asistencia médica, vivienda, alimentación, etc., el Estado venezolano dispone de gran cantidad y variedad de instituciones ministeriales, de oficinas desparramadas a lo largo y ancho de nuestro vasto territorio.

La elaboración del Presupuesto Anual de Ingresos y Gastos es una actividad administrativa más del gobierno; en ésta nos va la correcta apreciación de nuestros recursos viables y factibles, y de su empleo en favor de todos los venezolanos, o sólo de grupos privilegiadamente controladores de nuestra riqueza, al margen de cualquier ingerencia extranjera y de cualquier patrono esquilmador de asalariados.

Pues bien, en esos organismos gubernamentales está el control de una
sana o mala administración pública de los ingresos y gastos petroleros y extrapetroleros, y este control de calidad administrativa guarda muy poca relación con la conducta de los imperios extranjeros, ya bastante ocupados con su problemática interior, y poca relación también con los empresarios que bastante problemas confrontan con sus plantillas laborales. Pero, aun así, los problemas subsisten, a pesar de que somos constitucionalmente independientes, soberanos y etceteranos, como si todavía fuéramos colonias oficiales de viejos imperios.

De momento, pues, debemos buscarle una explicación extraimperialista y extraburguesa a nuestros actuales desórdenes administrativos. Es entonces cuando caemos en cuenta que los partidos políticos que actualmente cogobiernan a Venezuela no disponen aún de los funcionarios más idóneos para ejercer un verdadero control de calidad administrativa beneficiosa al pueblo venezolano.

Y no podemos esperar milagros de unos partidos políticos que, en primer lugar, dan cuenta de cada funcionario público que ingresa a la administración, comenzando por los Ministros, los cuales escoge el Presidente de la Repúblicas de ternas o cuaternas o sexternas que a bien le presentan las respectivas Presidencias de los partidos que lo ayudaron a ser Presidente e la República. En segundo orden, esos partidos se reservan para sí buena parte de los ingresos nacionales para financiar sus propias actividades partidistas.

Baste el ejemplo de saber que los empleados públicos, una vez que consiguen sus cargos a través del partido de su preferencia, se consideran empleados y servidores del presidente de ese partido, de ese subestado, en primer lugar, y luego, a duras penas, fungen de servidores públicos con obediencia al Presidente de la República.

Digamos que los partidos políticos se yerguen en verdaderos coestados, con presupuestos independientes, con servidores públicos independientes, con administración independiente, es decir que estos partidos políticos terminan fragmentando el Estado, a favor de subestados anárquicos, interesados en sus propias parcelas de cogobierno. De esto se dio cuenta el Libertador cuando sugirió que nos desprendiéramos de ellos  . 



(*) Manuel C. Martínez M. - Economista (Colegio Econ. #39) - Email: marmac@cantv.net
Web: www.pagina.de/sadelas




Imprimir Imprimir Enviar a un amigo Enviar
Arriba
Volver
Volver a página anterior
 
Regresar a Portada
Portada