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Caracas / Venezuela -
 


La política energética nacional de Estados Unidos
y la seguridad energética mundial
José Pinto* / Soberania.org - 04/10/05

Avanzar hacia la etapa de transición de una nueva economía post petrolera requerirá de un esfuerzo compartido de todas las naciones. Se deben equilibrar las necesidades crecientes de energía con el uso eficiente y limpio de la misma, para ello todos los científicos del planeta deben juntos hacer los mayores esfuerzos para trabajar mancomunadamente en lo que es un problema vital para todos. No se trata de que los países más desarrollados traten de imponer y sostener su ritmo actual de consumo de hidrocarburos para mantener su habitual ritmo de vida, sino que concienzudamente permitan que los países menos desarrollados superen sus desigualdades y alcancen los niveles de desarrollo necesarios para que juntos puedan cruzar hidalgamente el puente hacia ese nuevo reto que significará vivir sin petróleo.

Sin embargo pareciera que los Estados Unidos de Norte América ( EEUU ) y su Organización Internacional de la Energía (OIE), compuesta por 26 miembros, no han querido tomar en cuenta ese equilibrio esencial de cooperación que debe imperar en los próximos años entre los países ricos y los países pobres, que les permita esencialmente a estos últimos un transito seguro hacia una nueva economía en un camino de desarrollo y lleno de paz. Su comportamiento ha sido egoísta, decretando y aprobando legislaciones energéticas que solo favorecen su modo de vivir desenfrenado y de derroche energético, que por seguro han contribuido en sobremanera a que el pueblo norteamericano haya tenido que sufrir las catástrofes naturales y no naturales recientemente vividas en su territorio.

Hace poco, el 8 de agosto del 2005, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la ley de energía norteamericana sin hacer demandas sobre un uso racional energético interno y sin prestar atención a las medidas de regulación de contaminación ambiental. En esta ley más bien se favorecen las subvenciones financieras para permitir el adelanto de la explotación de sus yacimientos en áreas difíciles.

Se han concretado además múltiples reuniones entre los representantes del gobierno de EEUU y los ministros de los organismos energéticos del hemisferio Occidental, Rusia, la cuenca del Mar Caspio, África, y otros lideres del resto de los países productores, donde se ha hablado de cooperación energética internacional y en la práctica apuntando a que esos discursos de cooperación signifiquen realmente un traslado de los recursos energéticos mundiales desde todos los confines del planeta hacia los EEUU, para así satisfacer su consumo creciente y estilo de vida de mimado imperialista. Desde su perspectiva, la seguridad energética es solo asegurarse de abastecimientos "costeables" a corto y largo plazo para enraizar su hegemonía y dominio de las naciones.

Solo hay que observar los hechos recientes de invasión a Irak, analizar los objetivos de sus llamados acuerdos comerciales como el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN), el Tratado de Libre Comercio para Centroamérica (CAFTA), el Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA) y los planes de integración latinoamericana Plan Colombia, Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) y Plan Puebla Panamá (PPP), y escuchar las declaraciones estridentes de los mismos representantes del gobierno del imperio para confirmar que los discursos energéticos de Washington van por un lado y por otro lado la práctica, orientada a una explotación irracional sin precedentes de los recursos, solapando algunas veces y en otras abiertamente la intervención ilegal de los países con conocidos y abundantes recursos energéticos.

La ilegal ocupación militar de Irak para adueñarse del petróleo mesopotámico es un ejemplo de esa apetencia imperial de consumo. En dos años de ocupación EEUU no ha logrado regularizar la producción anterior a la invasión, de millón y medio de barriles por día, hoy día solo han logrado alcanzar no más de 700 mil barriles diarios. La resistencia a la invasión creó un escenario de violencia e inestabilidad, siendo en la actualidad el promedio de los atentados a la infraestructura petrolera de dos por semana.

En cuanto a los acuerdos comerciales globalizantes y planes de integración de infraestructuras, mal llamados ejes de integración de las américas y del caribe, algunos de los cuales ya se han adelantado con muy pobres resultados (TLCAN, CAFTA, ALCA, Plan Colombia, IIRSA y el PPP), se ha pretendido desarrollar un plan de orientación de los recursos energéticos hacia los EEUU, enmarcados en ordenamientos jurídicos globalizantes y soportados mediante compromisos de financiamiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Banco Mundial (BM) y Chase Manhatan Bank (CMB), para evitar en lo posible que más tarde se trate de dar marcha atrás a cualquier acuerdo de entrega de la soberanía de los pueblos del caribe, centro y suramericanos.

En el marco de la globalización, las empresas petroleras se han fusionado desde mediados de la década de 1980 a fin de aumentar sus reservas de hidrocarburos, no por medio de nuevas exploraciones, sino por la compra o la integración empresarial. Ahora otra modalidad es la de la creación de las Empresas Mixtas, las que si bien en Venezuela solo se les ha planteado una máxima participación de un 49 % en las acciones, comprometen a futuro las reservas de nuestro subsuelo para el mercado norteamericano, dándoles además un mejor posicionamiento en el sistema financiero mundial sin incrementar reservas adicionales.

Recientemente el gobernador de Montana, Brian Schweitzer, en Seattle dio unas declaraciones destempladas a la prensa afirmando que en aras de no dejar el dinero de los EEUU en manos de "jeques, dictadores, ratas y granujas extranjeros" los cuales "están tratando de cambiar el modo de vivir del norteamericano", estaría dispuesto por su parte a invertir como estado más de 1.2 billones de dólares para convertir 120 billones de toneladas de carbón provenientes de las minas del este de Montana (en términos líquidos un cuarto del tamaño de todo el Medio Oriente) en 180 billones de combustible líquido, utilizando la patente de la compañía SASOL, en asociación con las compañías Shell, BP, Exxon y General Electric. Es claro que tales declaraciones no obedecen a un razonamiento de uso racional de la energía sino al pensamiento neoliberal del negocio y del derroche energético.

Los retos energéticos de hoy han venido surgiendo desde hace mucho tiempo, y las soluciones requerirán un esfuerzo mundial decidido y sostenido a lo largo de las décadas venideras. Los Estados Unidos siguen empeñados en satisfacer su voraz consumo energético sin importarle las regulaciones ambientales internacionales en la materia con el fin de mantener su desquiciado y vanidoso modo de vivir, a lo cual nosotros, aun si tenemos que ser los únicos, tenemos definitivamente que seguir oponiéndonos sin ningún temor para frenar ese afán egoísta de mirar al mundo y asegurar la convivencia solidaria y pacífica de los pueblos en un mundo post petrolero.



(*) José Pinto - Email: guariche1000@yahoo.com




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