La Rebelión contra el Poder (I)
Migdalia Valdéz *
/ Soberania.org - 03/11/05
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Es bien común, que cuando las personas asumen, se les asigna, eligen o son empleadas para responsabilidades de dirección, la mayoría termina, en mayor o menor grado, comportándose de manera: autoritaria; displicente y atropelladora; se permiten hacer uso personal o indebido de lo que se les asigna para el manejo colectivo; se adjudican beneficios personales y privilegios que no son de su propiedad; hacen tráfico de influencias; imponen que debe dárseles trato preferencial; cometen dolo y especialmente sienten que ya no son iguales al resto de quienes están bajo su dirección, por lo tanto sus acciones no pueden recibir cuestionamiento. Se olvidan por qué y cómo llegaron a ocupar esa posición; cambian o no cumplen sus promesas de realizar lo que se les encomendó y finalmente se empeñan a través del control y abuso de la autoridad, que se les ha delegado, en crear condiciones para mantenerse en ese espacio de dirección, exigiendo obediencia y fidelidad por cualquier vía. Esta posición se encuentra desde cualquier cargo de responsabilidad, hasta las más altas jerarquías dentro de la estructura de mando del Estado.
¿Cómo entendemos esta situación?
La respuesta cotidiana es que esa persona ya no es la misma, "se enfermó", el cargo se le "subió" a la cabeza y aunque llegue a ser reconocida como corrupta, mentirosa, delincuente e indeseable, muchas veces es reelegida legitima o fraudulentamente. Puede hasta llegar a saberse que hizo trampa para quedarse en el cargo, sin embargo, esto no causa la crisis o conmoción colectiva necesaria para desenmascarle y desmontar el fraude. Frente a esta realidad la mayoría puede llegar a responder con resignación, impotencia o incompetencia para resolver la situación. Otra respuesta es la de optar por un espacio de espera hasta una nueva elección para negarse a participar, buscando así castigar ese comportamiento o votar por el bando contrario, el cual en muy poco tiempo también mostrará el mismo modus operandi, causando frustración y desesperanza. Una gran mayoría del electorado termina en total abstención y rechazo a continuar participando, quedándose solo en la apariencia del problema sin analizar la esencia del mismo, sus orígenes y las posibilidades de erradicación.
Esta realidad esta altamente representada en las diferentes opciones ofertadas al pueblo como esperanza de cambios. Cada elección gubernamental de esta singular democracia Venezolana, se ha manejado alternadamente bajo la repetición del mismo esquema y patrón de comportamiento, no importa de lo que el "nuevo" candidato tenga que revestirse u ofertar. Todos comienzan desde el ataque feroz a la gestión anterior, cuestionándola como inoperante, vende patria y corrupta, hasta desgarrarse las vestiduras comprometiéndose a llevar a cabo "verdaderos cambios" estructurales hacia la mayoría de la población, la promesa en esencia encierra: solo basta que me lleven a Miraflores para darles todo lo que prometo. Quienes han integrado las posiciones formales de jerarquías en el manejo del país, desde la aparición del Estado venezolano (confeccionado desde hace más de 500 años a la medida de los intereses de quienes mandaban) hasta ahora, han tenido como hilo conductor, la reproducción del modelo jerárquico autoritario en la administración de todas las políticas públicas, incluyendo el manejo de nuestras riquezas y la renta que de ellas se derivan.
Una de las características que asumen todas las personas a quienes se les ha dado temporalmente la administración del país, es desconocer su función transitoria y la responsabilidad asignada para la conducción de los bienes colectivos; todas terminan saltando las mismas leyes y acuerdos constitucionales que aprueban para regir y regular sus acciones de Estado. Convierten sus obligaciones en monopolio personal, toman decisiones sobre convenios y acuerdos como gestión particular a espaldas de la revisión y aprobación que el pueblo debe dar por derecho constitucional. Todavía el pueblo Venezolano sigue esperando que se lleven a cabo las promesas sobre la distribución justa y equitativa de nuestras riquezas desde una gestión transparente, que rinda cuentas y consulte al pueblo como lo manda la constitución, sobre las decisiones medulares que incluyen y afectan a los bienes de la nación.
¿Por qué ese grado de tolerancia?
Evidentemente ese comportamiento autoritario y la respuesta obediente al mismo, tiene que ver con lo que se encuentra anidado en nuestra estructura psíquica, sobre lo que hemos aprendido para entender y enfrentarnos en los desempeños de jerarquía, es decir con el poder, definido como: Dominio, imperio, facultad y jurisdicción que uno tiene para mandar o ejecutar una cosa. (1)
Con el interés de entender nuestra actuación colectiva frente al fenómeno social del ejercicio del poder, me remitiré a algunas explicaciones que pueden ayudar a comprender su existencia, permanencia y las posibles respuestas a su eliminación, en los macro espacios y donde microfísicamente también se anida (2).
Entendiendo la lógica del poder
La presencia y permanencia del poder está dada por la posibilidad real de entronizarse y ser reconocido en la psiquis humana como "el modelo legítimo" de jerarquía. Como ya es conocido, el poder no existe por si mismo sino tiene quien lo reconozca como tal y su único fin esta centrado en hacerse obedecer, aunque para ello deba utilizar cualquier medio, el cual puede ir desde la mejor forma de disuadir y convencer, siguiendo con la manipulación y el chantaje, hasta llegar a la imposición de la fuerza física o psicológica sin medir consecuencias para quienes obedecen.
Históricamente el modelo de poder imperante se ha caracterizado por ser abierta o solapadamente: prepotente, arrogante, mezquino, imponente, descalificador, sordo, manipulador, voraz, posesivo y cruel. Quienes han ejercido y ejercen ese modelo de poder han recurrido a diferentes formas de opresión, para mantenerse hegemónicamente y garantizarse la obediencia de los pueblos. En todos los casos el poder ha justificado sus métodos y acciones bajo la propaganda de que lo hace por el "bien" de quienes deben obedecerle. En el mundo globalizado de hoy, el modelo de poder, también busca razones para "convencer" de sus acciones y su despliegue es de tal magnitud, que ya no le interesa si queda o no al descubierto, por eso muestra abiertamente: Avasallamiento, atropello, genocidio, invasión y guerras utilizando inaceptables razones para llevar "libertad y democracia" a pueblos que no la conocen.
El poder requiere pueblos: acríticos, débiles, desinformados, temerosos, desorientados, porque así son fáciles de manejar, engañar y someter a obediencia, para lograrlo ha perfeccionado un sistema, una estructura de sometimiento y control de la población.
La obediencia al poder se cimenta, en un sistema que permanece subyacente en muchas formas de relación humana, su reproducción ha sido posible porque convivimos con experiencias de dominación, toleradas y encubiertas desde las más tempranas experiencias de vida. Una vez que este sistema de relación es introyectado como válido y reconocido como vinculo cotidiano pasa a volverse "normal" en la forma de ver y estar en el mundo y continua reproduciéndose como modelo de relación entre las personas, al ser asumido como forma "natural", que no requiere cuestionamiento en los espacios de convivencia, y en quienes se eligen o delegan posiciones de poder para el manejo del Estado
En nuestro país, el modelo de dominación ha permanecido cómodamente por más de 500 años, sin crisis estructurales que lesionen su legitimidad. El sistema de creencias anidado en la población, ha funcionado muy bien y por esta razón, no es problema de Estado revisar y cambiar los elementos que permiten su reproducción, en esto juega un papel fundamental: las insanas costumbres y las creencias erradas, que históricamente se han anidado y sostienen, en las relaciones dentro de la familia; la calidad y el tipo de formación que se imparte dentro de la escuela (incluyendo la universitaria), lo que llega por los medios de difusión (a través de la televisión, en propagandas, novelas y películas); las leyes que sostienen y defienden la lógica de estructura jerárquica; la religión; la economía y el modelo de salud, por ser instrumentos donde naturaliza y legaliza su existencia. Todas estas instancias contienen una lógica de pensamiento y acción favorables a la reproducción de las condiciones de aceptación de la dominación.
El sistema de dominación cuida que la mayoría no tenga como establecer criterios de análisis y transformación de la sociedad en que vive, eso atentaría contra la permanencia del poder, por eso requiere que las instancias de formación contengan y transmitan información: tergiversada, parcelada, inconclusa, dudosa, empobrecida, mágico-religiosa, que puedan ser reproductoras de costumbres, mitos, creencias dañinas y erradas conducentes a influir básicamente sobre la calidad del análisis del mundo en que vivimos, sus complejidades geopolíticas, los derechos colectivos y el manejo de nuestras riquezas. También influye estructuralmente en la calidad del amor, la sexualidad, la convivencia, la creatividad, la recreación, la autovaloración y el cuidado del entorno en todas sus facetas
A pesar de que esta realidad no afecta a todo el mundo de la misma manera, es muy frecuente que la respuesta humana tenga tal grado de precariedad, que llega a resultar difícil integrar las causas, interconexiones y consecuencias; así mismo la calidad de la vida amorosa, sexual, laboral y social, fácilmente puede terminar siendo infantilizada, incoherente e incapacitada o castrada, entorpeciendo la posibilidad de poder desarrollar sentimientos, relaciones de calidad y dignidad, a los cuales el ser humano tiene derecho.
Esta forma de "alimentar" a los pueblos garantiza que puedan ser vencibles, intimidables, y atracables, porque en una gran mayoría de la población se han fertilizado sentimientos de miedo, fracaso e incompetencia, todos inhibidores de los procesos de transformación social, los cuales contribuyen poderosamente para que la realidad cotidiana desde esta forma de ver el mundo y manejarse individualmente pase a ser ". la forma ideológica del obrar humano de cada día" (3).
Cada quien, en mayor o menor grado, va arrastrando su propia "guerra" interna cargada de explicaciones banales, temores, frustraciones e insatisfacciones. Los medios de "drenaje" ofertados por el sistema de dominación, cada vez mas insanos, van masificando, por todas las vías globalizantes, sus deteriorados modelos de vida, ya no son suficiente la droga, el alcohol, el tabaco y los excesos para "entretener", ahora va imponiendo como valor fundamental la vida chatarra donde vale todo, incluyendo la "naturalización" de la guerra y la muerte hasta en los videojuegos de alto consumo infantil; deterioro que apunta a la destrucción de los vínculos civilizatorios, verdadera arma silenciosa llamada por el imperio "guerra tranquila" (4), conducente a un caos social que les permita lograr el máximo control poblacional y social.
El sometimiento y obediencia al poder comienza a ser asimilado desde la infancia en los modelos del manejo de la disciplina, la mala educación sexual (Sobre la relación de la castración de la sexualidad con la obediencia nos detendremos en una próxima entrega) y en la calidad de los vínculos entre quienes integran la familia. Comenzaremos por detenernos en la misma por ser el espacio primario de socialización.
La familia primer escenario para aprender a convivir con relaciones de poder
Entre los años 1960 y 1970, Con la expansión de la defensa de los derechos humanos hacia los grupos excluidos y discriminados, las mujeres organizadas en los países llamados desarrollados, comenzaron a develar y visibilizar la existencia de vínculos de dominación, sometimiento y control, construidos históricamente que daban paso a relaciones basadas en la violencia dentro de la gran mayoría de las familias. Esta realidad, que permanecía invisibilizada y justificada, a través del tiempo, puso en entredicho a la familia; conceptualizada en el basamento jurídico en Venezuela (5) como la célula primordial de la sociedad; valorada como el lugar más seguro y el espacio en el cual se debería brindar la máxima expresión del bienestar para las personas que la conforman, independientemente de su edad o sexo. En el mundo entero la familia dejó de ser el espacio privado "inviolable", para ser objeto de investigación y análisis, del tipo de relaciones que contiene y como ellas afectan psíquica y socialmente la vida de las personas.
La relación cotidiana de la mayoría de las familias se basa en la fuerza, el control y el poder para imponer la voluntad del padre a la madre, así como el de ella, él, en conjunto o independientes a hijos e hijas, utilizando cualquier medio que puede comenzar desde agresiones verbales y físicas, hasta llegar a extremos como la muerte de la pareja, que en muchos casos también puede incluir a hijos e hijas.
Esta forma de relación ES UNA CONSTRUCCIÓN histórica que se ha impuesto en la vida de la familia, quedando entre las más insanas costumbres que no interesa cuestionar y erradicar, porque hasta ahora, este tipo de relación ha facilitado el aprendizaje del sometimiento y la obediencia a un modelo de poder que no admite cuestionamiento. Este sistema abarca a toda la familia, niños y niñas van internalizando estos patrones de relación entremezclados con los afectos como modo básico de vida, porque también en los métodos utilizados por padres y madres en la búsqueda de obediencia, se encuentran modos de sometimiento y control, en una etapa de la vida en la que hijos e hijas permanecen en total dependencia biológica y afectiva. De esta manera van asumiendo como "natural" convivir con formas impositivas que terminan por llevarles a obedecer a quienes les cuidan.
Los des-encuentros dentro de la familia
Las creencias instaladas dentro de lo que se considera "normal" a través del tiempo, han venido legitimando y naturalizando dentro de la pareja, cómo los elementos que inicialmente llegan a ser los impulsores y estimulantes de los deseos de formar uniones legales o no como: el amor, la ternura, la comprensión, la solidaridad, la comunicación, el entendimiento mutuo, la búsqueda de descendencia, las promesas de brindarse afecto duradero y permanecer en unión y armonía, en muchos casos, terminan por sufrir una hipertrofia o una metamorfosis, un cambio cualitativo displacentero, que comienza a deteriorar y a empobrecer las relaciones entre la pareja, afectando inevitablemente a hijos e hijas.
Este deterioro va estableciendo vínculos donde se presentan individualmente o se combinan: indiferencia, incomunicación, control, vigilancia, insulto, vejaciones, humillaciones, amenaza, privación de alimento, despojo de enseres del hogar, imposición de relaciones sexuales, empujones, golpes, heridas, quemaduras y, en casos cada vez más frecuentes, homicidios incluyendo el suicidio de quien arremete, esto es lo que se conoce como violencia doméstica. Esta forma de relación se encuentra "naturalizada" en el orden familiar bajo la creencia de que alguien "debe" mandar, llevar la jefatura; ordenando e imponiendo sus necesidades, opiniones y creencias, como únicas e incuestionables en detrimento e inexistencia de las de su pareja. Como es una construcción social de un modelo, este lo pueden reproducir hombres y mujeres, solo que de acuerdo a las asignaciones que se dan a los niños desde temprana edad, estos terminan en la vida adulta con un mayor porcentaje de prevalencia. Todas las investigaciones arrojan que el 90% del maltrato a la pareja, es del hombre contra la mujer. (6)
Una gran mayoría de niños, niñas y adolescentes se relacionan desde una convivencia en el hogar cargada con amenazas o vivencias de desintegración y muerte. La vivencia y la experiencia o la sola presencia de alguna forma de violencia ha llegado a producirles efectos psicológicos de importancia como: cuadros de angustia, estados depresivos; ansiedad, terrores nocturnos, hiperactividad y reacciones psicosomáticas entre las que se encuentran: asma, trastornos febriles, gastrointestinales, enuresis, encopresis y onicofagia. También pueden presentar inapetencia; irritabilidad; agresiones; mal comportamiento en el aula de clases y el recreo. Vivir bajo violencia doméstica convierte a la casa en una escuela para la violencia. De esta manera infancia y la adolescencia ven y reproducen como algo "natural" ese patrón de relación entre hermanos y hermanas, en los juegos, con sus amistades y en la escuela, así mismo, lo continúan estructuralmente en los vínculos que establecen en sus vidas adultas. (7)
Como podemos ver, la familia contiene y reproduce bases de sistema y control, es en ella donde se aprende, interioriza el que alguien debe mandar y el resto debe obedecer. Es así como, hombres y mujeres desde las más tempranas experiencias, van aprendiendo e internalizando aceptar convivir con sistemas impositivos y de control conducentes a la domesticación y la obediencia. Entre los métodos más efectivos utilizados para socializar a la infancia, se encuentran en mayor o menor grado: el castigo físico, la descalificación, la imposición, la obligación, el aislamiento, el silencio, el deber, el sacrificio y muchas formas de abusos. La respuesta más común es la instauración de significantes de vida basados en el displacer, el tormento, la inhibición, la culpa, el miedo, la anulación y la autodescalificación consciente e inconsciente, los cuales luego pasan a manejar las acciones individuales y en colectivo de la sociedad.
Como se "solidifica" el modelo de poder
El crecer desde la relación poder-sumisión como modelo "normal" de convivencia es lo que permite que pueda ser tolerada y reconocida como válida en cualquier contexto, ya que ese sistema de jerarquía y dominación familiar, en nuestro país, se reafirma y legitima en el deficiente y acrítico sistema escolar; se cotidianiza desde lo atrofiante a través de los medios de difusión; se legaliza en las leyes que solo defienden los desmanes de quienes realizan manejan con la complicidad con el Estado; se instaura como natural y normal en todas las instituciones; se reproduce en los entes del estado y los gobernantes para el control y represión de la disidencia; se diviniza a través de la religión para frenar la justicia terrenal; se utiliza como vinculo de relación en el sistema de salud, y controla que la distribución de los bienes y servicios siga favoreciendo a la misma oligarquía de siempre, legitimado como un orden "natural", un modelo que puede aparecer en todas partes, reproduciendo el que alguien debe mandar y otros obedecer.
Otra razón que subyace en el mantenimiento del modelo de poder se encuentra, en cómo esas figuras autoritarias pueden llegar a reescenificar simbólicamente el autoritarismo materno o paterno, frente a los cuales, como en las primeras experiencias de vida, se dificulta rebelarse o desobedecer. Este también es un mecanismo inconsciente poco fácil de reconocer cotidianamente.
Reproduciendo el modelo y posibilidades de rebelión
Retomando la esencia de lo ya señalado para comprender por qué quien recibe cualquier responsabilidad, por muy pequeña que sea, rápidamente llega a reproducir el modelo dominador, controlador o pasa al de obedecer y callar, ya sabemos que está repitiendo lo que ha quedado entronizado en la realidad psíquica como un comportamiento normal, el cual luego pasa a ser compartido socialmente desde el imaginario colectivo como componente esperable sin cuestionamiento. ¿Qué hacer?, ¿cuál sería una salida?.
Se requiere entender el problema, darnos cuenta qué nos pasa como sociedad, evidentemente hay temor de cambiar el "molde", pues en el se reconoce una autoridad y una postura ante la misma que no nos es ajena, es demasiado cercana especialmente a nivel del inconsciente humano, donde se han guardado los mas irreconocibles temores para la vida consciente.
Las posibilidades de rebelión frente al poder, va a estar determinada por la preponderancia de los mecanismos psíquicos de sometimiento o por reconocimiento del modelo de opresión, como intruso al cual hay que combatir desde todos los frentes. En esto juegan papel fundamental los sentimientos irreductibles de dolor, rabia, impotencia, malestar y desagrado que van quedando de todo el sistema de sometimiento, estos sentimientos llevan a muchas personas a desconocer como válidos el sistema de injusticia subyacente y explícito. Además de reconocer al enemigo interno psíquicamente hay que desenmascarar al externo, el cual cada vez se globaliza más al encontrar en gobiernos "revolucionarios" o no la entrega de todas las riquezas que engordan su macabra gula de riquezas. Es impostergable la colectivización en la claridad y la verdad de la información, como forma de contrarrestar la precariedad en la formación imperante, ya nos lo señaló Simón Bolívar: "Un pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción".
También es impostergable implementar las bases para una sociedad mas justa y equilibrada, es por esto que deben darse cambios estructurales hacia las formas dañinas de convivencia, para que nadie se sienta con el derecho de someter a otra persona en ningún espacio, ni a utilizar la fuerza para beneficio propio en detrimento de otros y otras. Crecer dentro de la familia con relaciones basadas en vínculos democráticos, solidarios y respetuosos, como un ejercicio cotidiano de vida, es una vía para aprender a experimentar el ejercicio de la democracia esto apuntaría al derrumbamiento de todas las otras formas de reproducciones de poder.
Venezuela en el ojo del huracán
Otra vez ocurrió en Venezuela, como siempre ha sido, la repetición del mismo modelo de poder, esta vez bajo el ropaje de un Mesías que daría cumplimiento a las esperanzas represadas por todos los anteriores, llegó como un padre simbólico idealizado, a un pueblo huérfano en espera de cambios y de inclusión. Nuevamente la esperanza debe pasar a postergarse, poco a poco se le va haciendo realidad al pueblo una verdad que le ha costado digerir para reconocer en el poder a la misma gente que siempre los ha marginado y utilizado, esta vez solo recibe migajas de consolación para los sectores mas empobrecidos con una invasión mediática que le quiere convencer, que lo que le llega se encuentra cercano al paraíso.
Venezuela también espera entender sus posibilidades de rebelión.
Continúa en la segunda parte...
La Rebelión contra el Poder (II)
Migdalia Valdéz * / Soberania.org - 28/11/05
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Referencias bibliográficas
(1) Diccionario general ilustrado de la Lengua Española. (1979) 5ta. Reimpresión corregida. Barcelona, España. Edic. Bibiograf.
(2) Fouccault, M. (1979) Microfísica del poder. 2da Edición. Edic. La Piqueta.
(3) Kosik, K. (1967) Dialectica de lo Concreto. Primera edición en Español. Edic Grijalbo
(4) Cooper, W. (1991) Publicado en anexo en el libro "Behold a pale horse" Light Technology Publishing.
(5) Código Penal Venezolano (1964) Gaceta oficiad de la república de Venezuela, 915 (Extraordinaria) Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (1999) Gaceta oficial 5.463.
(6) Bancroft, L (1993) . Conferencia: Comparación de la violencia doméstica con la guerra. Costa Rica
(7) Valdez, M. (2005) La Violencia Doméstica , un problema histórico en la familia. Una propuesta desde la Infancia y la Adolescencia para su erradicación. Trabajo para postgrado UPEL Maracay.
(*) Migdalia Valdéz / E-mail: migdaliaval11@yahoo.es
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