Venezuela: Oil Republic
Domingo Alberto Rangel* / El Mundo (Venezuela) - 17/03/05
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El comandante Chávez aspira a ser el gran vengador de los pueblos latinos y al mismo tiempo el gran vocero del antiimperialismo en el continente americano. Pero ambas ambiciones son incompatibles con el ejercicio de la Presidencia en un país como la Venezuela de hoy, sacada a licitación para repartirla entre los grandes tiburones del capital petrolero.
Pdvsa, la empresa estatal venezolana del petróleo, es cada vez más un símbolo envejecido, enflaquecido y achacoso. No hay año sin que la compañía vea disminuir las cantidades extraídas por ella de nuestro subsuelo. La producción venezolana de petróleo vendría desde hace años en descenso si no fuera por las transnacionales imperialistas cuyas actividades en nuestro territorio crecen y se expanden en la misma medida en que se contraen las de la empresa estatal. Quien quiera expresar de manera gráfica, valiéndose de curvas, la producción recíproca de Pdvsa y de las transnacionales petroleras en Venezuela verá aparecer, frente a sus ojos, unas "tijeras" como la llaman los estadígrafos a aquellas curvas que se cruzan, una hacia arriba y la otra hacia abajo.
De los tres millones de barriles diarios que hoy se producen en Venezuela, quinientos mil barriles tocan ya a las grandes empresas internacionales del petróleo, eso que los gringos llaman las "majors", que no son las mejores sino las más voraces. Dentro de diez años se calcula que Pdvsa apenas producirá un millón de barriles, el resto hasta completar los cinco millones con los cuales se llegará a nuestro nivel de extracción, tocará a las transnacionales o provendrá de ellas.
Europeas o gringas
Las transnacionales invitadas por el gobierno bolivariano al festín reflejan el peso dentro del sistema internacional del imperialismo petrolero. La parte del león corresponde a la Chevron-Texaco, tejana y californiana como la familia Bush. A esta compañía predestinada toca la plataforma Deltana y, bastante probable, la zona del Ticoporo al sureste del Lago de Maracaibo y es también probable que la tajada de esta misma compañía en el proyecto Gran Mariscal, al norte de Carúpano, en nuestra plataforma caribeña sea también sustanciosa.
El lomito de la res petrolera y gasífera va a las fauces de la Chevron-Texaco, ligada a la Casa Blanca, excelente "broker" para gestionar en Washington la reconciliación del comandante, a quien hoy nadie toma en serio, con el Presidente de los Estados Unidos. En lo que toca a los europeos, cabe señalar que la Royal Dutch Shell, reina entre todas las empresas petroleras del Viejo Mundo, tiene bocados suculentos desde hace años en el convite petrolero de Venezuela . Y la otra gran petrolera europea, British Amoco, no tiene una parcela en el remate de Venezuela porque se está atragantando en otras latitudes. Pero cualquier vacío lo va a llenar, en cuanto a compañías europeas, la Total de Francia, la más yanquizada de las empresas galas, vieja socia de la Shell de Deterding y de la Standard de Rockefeller en más de un proyecto imperialista, cómplice de varios gobiernos en la expoliación del Medio Oriente.
Chávez no tiene autoridad moral
Para tener autoridad moral hoy como combatiente antiimperialista hay que morir en una selva de Bolivia, llevando en el morral de guerrillero la "Historia de la Revolución Rusa" y desafiando con desprecio a la CIA. Sólo el Che Guevara tiene autoridad moral en la izquierda. Para acaparar el cariño de los pueblos y forjar una leyenda que se empine frente a un imperialismo cosmopolita y tentacular es indispensable hoy el riesgo de la vida. Las Farc y el ELN, con todas las desviaciones y alcahueterías que ya casi los caracterizan, tienen la autoridad moral del peligro y el azar.
El Presidente de Venezuela, viajero en avión de setenta millones de dólares, portador en la muñeca de un reloj de veinte mil dólares, vestido por los sastres de Saville Roads, anda en las antípodas de la autoridad moral si a esas extravagancias de resentido sumamos la licitación escandalosa del petróleo venezolano entre multinacionales yanquis y europeas. La nacionalización del petróleo pasó a mejor vida. Dentro de diez años las transnacionales petroleras producirán 80% del crudo que se extraiga de nuestros subsuelos y Pdvsa ya va como entierro de pobre. Y habrá un presidente que desde el aro de un programa televisado gritará: ¡muera el imperialismo!
(*) Domingo Alberto Rangel / E-mail: darangel@cantv.net
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