Brasil necesita una nueva estrategia (III)
Norman Gall* / Soberania.org - 11/11/05
|
Este ensayo fue escrito en medio de la peor crisis
política que ha vivido Brasil desde el colapso del
régimen democrático, a principios de los años
60. Si bien las instituciones democráticas son
mucho más sólidas hoy en día y las posibilidades
del retorno de un régimen militar son remotas,
el resultado de los problemas actuales todavía es
incierto. No obstante, el Instituto Fernand Braudel
de Economía Mundial considera que en estos
momentos podría ser útil analizar los contornos
generales de tales dificultades, así como los problemas
a largo plazo inherentes a éstas.
1. Lula y Mefistófeles: Guerra de termitas (I)
2. Lula y Mefistófeles: La tierra feliz (II)

3. Brasil necesita una nueva estrategia (III)
Con todos sus recursos y logros, ¿por qué la
vida de Brasil está tan plagada de mediocridad
y corrupción? Como hemos visto, Brasil se
ha desarrollado rápidamente, pero todavía
carece de la capacidad institucional para resolver
problemas de una escala y complejidad
que sólo pueden ser manejados eficazmente
por una población educada. El fracaso para
desarrollar capital humano es uno de los
legados de la esclavitud, que poco a poco
está siendo superado. La corrupción florece
a partir de las oportunidades que brinda el
fracaso para manejar con éxito la gran escala
y la complejidad. Contrario al mito de su dedicación
al carnaval y al fútbol, los brasileños
son gente trabajadora que, desafortunadamente,
todavía carece de la capacidad para
manejar de manera espontánea los sistemas
complejos creados por una población que se
multiplicó por diez durante el siglo pasado,
que se desplazó a las ciudades a un ritmo
acelerado y que continuamente incorpora
una amplia gama de nuevas tecnologías. Hoy,
dentro de su enorme territorio, Brasil tiene
13 ciudades de por lo menos un millón de
habitantes y 32 ciudades con poblaciones de
medio millón o más. Existen ineficiencias e
injusticias en todas las sociedades y sistemas
políticos, pero mayores niveles de educación
tienden a reducir estas fallas institucionales. La educación tiende no sólo a disminuir la
corrupción, sino que también fortalece la
cooperación y dota a las personas con capacidades
para desarrollar otras oportunidades
para sí mismas.
Brasil tendría un brillante futuro si logra
superar sus obstáculos institucionales. Para
tener éxito, una nueva estrategia debe recibir
apoyo durante un largo periodo, sostenida por
una serie de gobiernos electos. Debe brindar
credibilidad a un programa de largo plazo para
el fortalecimiento de las instituciones públicas
y para desarrollar el potencial del país. Algunas de estas ideas fueron propuestas por
Felipe González, gran líder democrático de
España y nuevo miembro de nuestro Instituto,
quien durante un seminario en Sao Paulo, en
noviembre pasado, nos dijo:
En América Latina, y especialmente en Brasil,
nos falta consenso; un consenso estratégico
para definir una estrategia sostenible más allá
de un periodo de alternancia de gobierno, más
allá de un periodo presidencial o legislativo. Éste no puede ser un consenso sobre demasiadas
cuestiones porque sería muy complicado. Pero un consenso sobre tres o cuatro objetivos a
los que puedan sumarse los esfuerzos de todos.
Todos los países desarrollados tienen este tipo
de consenso sobre temas que unen a la gente
y quedan fuera de la arena de debates. Estos
elementos de consenso gozan de una permanencia
que fortalece a los países. Este tipo de
consenso es particularmente importante para
el desarrollo del capital humano. El fracaso
en el desarrollo del capital humano es una
fuente de considerable angustia. Aun en
países con grandes riquezas naturales como
petróleo, no hay posibilidad de desarrollo, no
hay futuro, si se descuida la formación de
capital humano.
Se requiere un consenso de largo plazo porque toma décadas consolidar los avances
en áreas como educación, infraestructura y
reforma política. Para evitar fragmentación
política y desorden, debe surgir un centro
democrático más sólido, con un programa
coherente y creíble de innovación tanto en
políticas como en procesos. Una alianza
centrada en este programa podría apoyar las
siguientes ideas:
1. Un consenso estratégico para desarrollar
educación e infraestructura de alta
calidad, como prioridades gubernamentales
a largo plazo.
2. Acabar con el estancamiento en política
social que obstruye mayor inversión en
educación e infraestructura.
3. Ratificación por el Senado de todos
los nombramientos presidenciales a cargos
de ministros y viceministros. Hoy en día, en
Brasil, sólo los embajadores, el presidente
del Banco Central y los jefes de entidades reguladoras
requieren aprobación del Senado.
La ratificación por el Senado resultaría en un
escrutinio más estrecho de nombramientos
políticos, e inhibiría tanto escándalos como
rápida rotación en cargos clave. Todos los
funcionarios ratificados deberían tener la
libertad de nombrar a sus propios subordinados en el ámbito de las políticas. Los partidos
participantes en el pacto deberían acordar el
nombramiento de profesionales calificados
para encabezar ministerios técnicos como
los de energía, transporte, seguridad social,
educación y justicia.
4. Organizar un referendo a escala nacional
para decidir si el voto debe ser obligatorio
u opcional. El voto ha sido obligatorio en
Brasil desde 1932, al igual que en todas las
repúblicas sudamericanas, con excepción de
Colombia, mientras que el voto es opcional
en casi todas las democracias avanzadas fuera
de América Latina. Muchos brasileños votan
sólo por obligación jurídica, sin conocimiento
o interés por partidos y candidatos. El voto
opcional reduciría el costo de campañas y
elecciones.
5. Reforma política amplia. Luego de más
de una década de deliberación, la Comisión de
Reforma Política del Congreso recientemente
propuso legislación que establece el financiamiento
público de campañas electorales y el
fortalecimiento de la disciplina en los partidos. Un sistema de elecciones primarias debería
resolver candidaturas partidarias disputadas.
El tamaño de los distritos electorales, que actualmente
son estatales y municipales, debería
reducirse a fin de uniformizar unidades de
población, haciendo que los legisladores sean
responsables ante un conjunto de votantes específico y coherente; bajo la actual legislación
no existe dicha responsabilidad. En la ciudad
de Sao Paulo, por ejemplo, los 55 miembros
del Consejo Ciudadano son elegidos por siete
millones de votantes que escogen entre varios
cientos de candidatos que no cuentan con
bases electorales claramente definidas. Las
enmiendas presupuestales que favorecen a
bases electorales determinadas y a miembros
del Congreso deberían declararse ilegales, restringiendo así incentivos perversos que
corrompen el comportamiento del Congreso
y el Ejecutivo. Para lograr la representación
de cualquier partido en el Congreso, debería
requerirse un umbral del 5% del voto nacional,
en por lo menos un tercio de los estados.
6. El financiamiento de las campañas
electorales se ha citado muchas veces como
motivo de corrupción, en Brasil y en muchas
otras democracias. No hay una sola solución
a este problema, pero algunas soluciones
parciales ayudarían a reducir el grado de
corrupción crónica. La Comisión de Reforma
Política del Congreso ha propuesto el financiamiento
público de las campañas electorales;
pero esto no es suficiente. Como lo sugirió el
periodista Elio Gasperi, todos los partidos y
candidatos deberían publicar sus cuentas en
Internet a fin de permitir al sistema político
vigilarse a sí mismo. Además, el personal y
el presupuesto de las autoridades electorales
debería aumentarse para permitir una supervisión
más eficaz y una revisión de las miles
de campañas realizadas cada dos años.
La aprobación de reformas como éstas
depende de qué tan avergonzados se sientan
los brasileños como resultado de los recientes
escándalos y de qué tan desesperados estén
por garantizar su futuro a largo plazo. Como
escribiera Maquiavelo hace cinco siglos:
"… tales reformas nunca se realizan sin
peligro, ya que la mayoría de los hombres
nunca adopta voluntariamente ninguna nueva
ley tendiente a cambiar la constitución del
Estado, a menos que la necesidad del cambio
esté claramente demostrada; y como dicha necesidad no puede hacerse sentir sin estar
acompañada del peligro, la república puede
ser destruida antes de haber perfeccionado
su constitución".
Impasse en política social
El desarrollo de una estrategia para el futuro
de Brasil se ve obstaculizado por la ‘herencia
maldita’ del estancamiento en política social.
Obligado por la constitución de 1988, que
fue promulgada después del fin del régimen
militar, Brasil generó uno de los mayores
aumentos a corto plazo en el gasto social
que haya tenido ningún país en la historia.
Brasil gasta una cuarta parte de su producto
interno bruto (PIB) en programas sociales, un
porcentaje más elevado que el de países más
ricos como España, Canadá, Japón, Australia y
Estados Unidos. Estos programas absorben dos
tercios del gasto federal, excluyendo pagos de
intereses. Entre 1987 y 2002, las transferencias
a personas se incrementaron en 344%. Sin
embargo, este gasto social tiende a evadir a
los pobres. La mayoría de los investigadores
están de acuerdo en que el final de la inflación
crónica en 1994-95 fue más eficaz para reducir
la pobreza que cualquier programa social. Un
estudio de especialistas del IPEA, instituto de
investigación del gobierno, descubrió que el
gasto en programas sociales desde 1995 no
ha logrado reducir el porcentaje de brasileños
que viven en la pobreza (54 millones o
32%) y en pobreza extrema (22 millones o
13%). La mortalidad de niños menores de
cinco años ha permanecido en los mismos
niveles desde 1990. Ricardo Paes de Barros,
del IPEA, señaló irónicamente: “Si todo el dinero
gastado en programas sociales en Brasil
sencillamente se tirara desde un helicóptero,
los pobres tendrían una mejor oportunidad
de beneficiarse con él, que de la manera en
la que se gasta actualmente”.
¿Qué tan productivo ha sido este enorme
incremento en el gasto social en Brasil, cuando
se le compara con el de otros países latinoamericanos?
En 2000-01, el gasto per cápita de Brasil en educación, salud, seguridad social y
vivienda fue casi igual al de Chile, cinco veces
mayor al de Perú y República Dominicana,
tres veces más que el de Colombia y dos veces
más que el de México. No obstante, Los
avances desde 1990 en indicadores sociales
tales como mortalidad infantil, escolaridad,
esperanza de vida, vivienda y saneamiento,
e ingreso familiar no son mejores que los de
países que gastan mucho menos en programas
sociales.
¿Por qué ha sido tan poco productivo este
incremento en el gasto social? De acuerdo
con el ministerio de finanzas, el gasto en
pensiones, que representa el 73% de todas
las transferencias monetarias realizadas por
el gobierno central en 2002, tiene un perfi l
regresivo en el que las familias más ricas se
apropian de la mayor parte de los recursos.
Durante la última década, Brasil incrementó
gradualmente la tributación, de 24% a 37%
del PIB, a fin de mantener la estabilidad,
igualando la carga impositiva de países mucho
más ricos. De todos los impuestos cobrados,
el 45% es para programas sociales, principalmente
el sistema de seguridad social, sin
tener impacto alguno en la reducción de la
pobreza o desigualdad. De todas las personas
empleadas, el 60% no está cubierto por
el sistema de seguridad social y permanece
en el sector informal. Los impuestos para
financiar improductivos programas sociales
son tan onerosos (35% de la nómina) que los
empleadores se muestran reticentes a hacer
contrataciones.
“Brasil constituye una excepción a las
tendencias internacionales, en las que una
alta carga impositiva está relacionada con
una distribución del ingreso más igualitaria”, observó el ministerio de finanzas. “En otras
palabras, Brasil es un país con un ingreso per
cápita relativamente bajo que ha logrado un índice tributario tan alto como el de países
ricos. No obstante, contrariamente a lo que
ocurre en países ricos, Brasil no ha podido
utilizar sus sistema impositivo y su gasto social
para incidir en su extrema desigualdad
de ingresos”. Las transferencias de ingreso
mínimo a los pobres sumaron únicamente
1.7% de todas las transferencias de ese año,
lo que en promedio incrementó los ingresos
de éstos en tan sólo 0.4%. La quinta parte más
rica de la población de Brasil recibe el 61%
del gasto en pensiones, en comparación con
el 26% en Estados Unidos. Brasil gasta 12% de
su PIB en pensiones, más que Gran Bretaña,
Holanda, España, Japón y Estados Unidos,
aunque dichos países tienen poblaciones
mucho más ancianas. La comparación con
España es particularmente reveladora. Mientras
que en España el 45% de las pensiones
lo reciben personas de más de 70 años, en
Brasil, la mayor parte (40%) la reciben pensionados
con edades de entre 40 y 60 años.
Los impuestos y las transferencias reducen
la desigualdad en tan sólo 14% en Brasil, en
comparación con 50% en Europa. Sin estas
políticas de redistribución, la desigualdad
en Europa sería tan grave como en Brasil.
Si bien sólo 6.5% de los brasileños tiene
más de 65 años, los programas y políticas
sociales favorecen a los ancianos más que a
los jóvenes, quienes se ven privados de una
educación digna. Las pensiones generosas
generan una de las más bajas tasas de pobreza
en la vejez en América Latina, mientras
que se sacrifica el bienestar y futuro de sus
niños. Otros países latinoamericanos gastan,
en proporción, de una tercera a una cuarta
parte de lo que gasta Brasil en pensiones, y
logran aproximadamente los mismos avances
sociales en general.
De acuerdo con el Banco Mundial: “La
seguridad social es el problema fiscal más
importante que en la actualidad enfrentan el
gobierno federal y los gobiernos estatales en
Brasil”. País de población joven, Brasil gasta
más en sus 24 millones de retirados, dos
veces el número de brasileños mayores de
65 años, que en los 50 millones inscritos en
primaria, secundaria y universidades. De los
24 millones de retirados, aproximadamente
el 40% del gasto en pensiones lo reciben
sólo tres millones de ex empleados públicos.
Entre 1993 y 1998, el número de jubilados
del sector privado que recibía pensiones del
gobierno se incrementó en 90%, creciendo
a un ritmo anual de 11%, un aumento sin
precedente en la experiencia internacional,
mientras que la edad promedio de retiro
cayó de 54 a 49 años. En ningún país desarrollado
se permite a las personas retirarse
tan jóvenes y con salarios completos. Cuando
cambiaron las reglas a fin de limitar este
crecimiento, el número de nuevos jubilados
con pensiones de discapacidad aumentó más
del doble entre 1999 y 2003, un síntoma de
la corrupción que ha plagado al sistema de
seguridad social. De continuar las actuales
tendencias, el déficit de seguridad social crecerá
de 5% del PIB en la actualidad, a 10%
para el 2030, lo que impedirá inversiones en
infraestructura y educación que son sumamente
necesarias. Explicado de otro modo,
el déficit acumulado por la seguridad social
entre 1995 y 2005 suma aproximadamente
un billón de reales, incluyendo pagos de
intereses, cantidad equivalente a la totalidad
de la deuda pública.
Ninguno de estos problemas de política social
es fácil de resolver. Todos los especialistas
concuerdan en que los programas sociales
para apoyar a los más pobres son necesarios
y sustentables. El problema principal es que
el sistema de pensiones coloca a Brasil en la
ruta del suicidio colectivo, drenando al país
de recursos necesarios para invertir en su
desarrollo futuro. Desde la aprobación de la
constitución de 1988, que incrementó el gasto
social considerablemente, la inversión pública
ha caído de 4% a 1.5% del PIB. Las soluciones
probablemente serán graduales y se aplicarán
con el transcurso del tiempo. Son sencillas,
obvias, ampliamente discutidas y siempre
enfrentan una feroz resistencia política.
1. Incrementar la edad de retiro. Dada
la mejor esperanza de salud y de vida de la
población, el problema fiscal del sistema de
seguridad social puede resolverse elevando
la edad para el retiro a 65 años y eliminando
disposiciones especiales, como permitir a las
mujeres retirarse cinco años antes que los
hombres.
2. Desligar las pensiones del salario
mínimo reduciría la carga fiscal creada cada
vez que el Congreso aprueba un incremento
considerable al salario mínimo, como lo hizo
este año. Las pensiones podrían ajustarse con
base en el índice de precios al consumidor o
de acuerdo con las tendencias de los salarios
promedio en toda la economía.
3. Proporcionar más recursos financieros
y humanos para que el sistema del seguro
social combata fraudes y corrupción. Estos
recursos se han recortado en años recientes,
reduciendo la capacidad investigadora del
sistema, que había dado resultados alentadores
en años anteriores.
Educación
Poco después de la elección de 2002, publiqué
un artículo en el diario O Estado de
São Paulo, “Lula, el educador”, expresando
esta esperanza: “El terrible desempeño de las
escuelas públicas de Brasil amenaza el futuro
del país. Lula, quien sólo completó cinco años
de escuela primaria, se convirtió en símbolo
de la movilidad social y podría llegar a ser
nuestro gran presidente educador. La mejoría
de la enseñanza pública es la mejor manera
de fomentar la justicia social”.
No hay manera de que Brasil maneje eficazmente una sociedad compleja sin una
estrategia específica para fortalecer la calidad
de la educación. Para operar una sociedad
cada vez más compleja, necesitamos más y
mejores especialistas y profesionales: ingenieros,
maestros, gerentes, médicos, enfermeros,
contadores, policías, operadores de maquinaria
y programadores de software que sólo
una mejor educación puede proporcionar.
Brasil gasta 12% de su PIB en pensiones, lo
que gastan países europeos en pensiones para
poblaciones mucho más viejas y ricas. Si el
gasto en pensiones pudiera reducirse en sólo
1% del PIB, el gasto por alumno en educación
primaria y secundaria podría incrementarse
en más de 25%. Actualmente, Brasil gasta únicamente 150 dólares estadounidenses por
año por cada alumno en el noreste y de 400
a 500 dólares en Río de Janeiro y Sao Paulo. Es muy difícil mejorar escuelas y enseñanza
con tan poco dinero.
En Brasil, debido a las muy generosas pensiones, la pobreza tiende a concentrarse
en los niños más que en los ancianos.
Los niños tienen menores posibilidades de
desarrollar sus capacidades a fin de poder
ganarse la vida de una mejor manera en
el futuro. En 1950 se consideraba a Coreacomo un país irremediablemente pobre,
mucho más pobre que Brasil, pero hoy Coreaes mucho más rico; desarrolla y exporta
productos avanzados que quedan fuera de
la capacidad de Brasil. Una de las razones
por las cuales Corea es más rico es que
gasta sólo una cuarta parte en pensiones
de lo que gasta en educación, mientras
que Brasil gasta en pensiones el doble de
lo que invierte en educación. Más que por
el dinero que Corea gasta en educación, a
su esfuerzo lo impulsa la motivación de las
familias y la atención a la calidad y al buen
desempeño en todas las esferas. El fracaso
de Brasil para invertir en enseñanza primaria
y secundaria se refleja en los resultados de
exámenes a escala nacional e internacional
que demuestran lo poco que los alumnos
aprenden en la escuela.
Durante la pasada década ha habido
grandes avances en términos de inscripción
escolar, pero la mala calidad de la instrucción
condena a millones de jóvenes a una vida sin
un acceso útil a la palabra impresa. En un
examen realizado por la Organización para
la Cooperación y el Desarrollo Económico
(OCDE) con sede en París, a jóvenes de 15
años de 32 países, los estudiantes brasileños
terminaron en último lugar en lectura y matemáticas.
Obtuvieron resultados inferiores
al nivel 1, la norma de desempeño más baja,
el 56% de los estudiantes en Brasil, 50% en
Chile, 44% en Argentina y México, y 80% en
Perú. Un supervisor brasileño del examen
observó que muchos estudiantes brasileños
no podían ni siquiera leer las preguntas. El
Sistema Nacional para la Evaluación de la
Educación Primaria (SAEB) del ministerio de
educación no encontró avances en el aprendizaje
de los alumnos desde 1991. A pesar
de todas estas deficiencias, Brasil es un país
de aspiraciones. Los brasileños de 15 años se
ubicaron en primer lugar entre estudiantes de
31 países en cuanto a su grado de ambición
ocupacional, aspiraciones socavadas por la
calidad de su enseñanza.
Durante la labor de nuestro Instituto organizando
Círculos de Lectura en escuelas
públicas de la periferia de Sao Paulo, constatamos
que muchas escuelas están plagadas
de violencia, vandalismo, tráfico de drogas y
armas, ausencias frecuentes y elevada rotación
de maestros y directores y – principalmente– falta de enseñanza. Los maestros y directores,
víctimas de amenazas o ataques de alumnos
o personas ajenas que invaden la escuela, no
reciben ningún apoyo institucional. Sencillamente
se les dice que presenten una queja
ante la policía civil, pero los agresores amenazan
con peores consecuencias si acuden a la
policía. Las escuelas por lo general cambian a
los directores cada año, algunas de ellas dos
o tres veces al año. La ausencia endémica de
profesores permite que los alumnos ociosos
se congreguen y jueguen en los corredores,
creando un ruido infernal que impide el trabajo
en las clases donde hay un maestro presente.
La mayoría de los profesores está demasiado
ocupada para aprenderse los nombres de sus
alumnos y pasan lista por números que le
son asignados a cada niño. La mayor parte de
la enseñanza tiene lugar con el profesor de
espaldas a la clase, escribiendo en el pizarrón
para que los alumnos copien mecánicamente
sin ninguna explicación o discusión. Estos patrones de comportamiento son aceptados
como normas. Los padres a menudo se
sienten impotentes al ver que sus hijos siguen
siendo analfabetos en quinto o sexto grado.
Los episodios de presión de los padres para
solicitar mejoras son poco comunes porque
carecen de acceso a las autoridades escolares. La mayoría trabaja durante muchas horas. Muchos sólo completaron dos o tres años
de estudio en escuelas rurales, por lo que es
difícil para ellos evaluar la forma en la que
sus hijos aprenden en la escuela. Hay algunas
escuelas públicas buenas, pero constituyen
una pequeña minoría.
Brasil necesita una nueva estrategia, apoyada
por un consenso nacional para mejorar
las escuelas primarias y secundarias. A continuación
se mencionan algunas ideas:
1. Crear un cuerpo nacional de profesores
maestros, que ganen salarios equivalentes a los
de los miembros del Congreso, seleccionados
mediante un examen de competencia y una
evaluación independiente de su práctica en
clase. Estos profesores maestros recibirían
una capacitación especial durante uno o dos
años, en grupos de mil, en un nuevo Instituto
Nacional de Enseñanza, donde tomarían
cursos intensivos en métodos de enseñanza
de lectura, matemáticas y estudios sociales,
buscando mejorar la calidad del contenido. Debido a la considerable inversión pública en
sus elevados salarios y capacitación especial,
estos profesores maestros normalmente serían
elegibles para el retiro hasta los 65 años.
2. El número de profesores maestros empezaría
a aumentar después de varios años. Podrían concentrar sus esfuerzos de enseñanza
en comunidades pobres, mediante cursos
especiales para profesores y evaluación continua. Estarían apoyados por financiamiento
para bibliotecas y materiales educativos
especiales. Podrían asesorar a secretarías de
educación municipales y estatales, pero no
podrían aceptar cargos burocráticos. Estarían
sujetos a una evaluación continua y volverían
al Instituto Nacional de Enseñanza cada cinco
años para actualizarse.
3. Establecer un programa nacional de
acreditación para maestros, con altos estándares
y primas salariales para quienes
califiquen.
4. Establecer un programa federal para
escuelas públicas en regiones metropolitanas;
desarrollar nuevos métodos para mejorar la
seguridad en las escuelas; modificar leyes
y reglamentos a fin de disminuir el ausentismo
de los profesores, y crear incentivos
financieros para atraer profesores calificados
a escuelas ubicadas en áreas pobres.
5. Decenas de miles de prometedores
brasileños graduados de preparatoria y
estudiantes universitarios son demasiado
pobres para seguir estudiando. Este talento
potencial podría movilizarse a través de un
programa de becas bajo el cual, con capacitación
especial, candidatos cuidadosamente
seleccionados podrían dar clases en escuelas
primarias de comunidades pobres durante
un mínimo de dos años. Cada año de enseñanza
satisfactoria otorgaría el derecho a
una beca universitaria, incluyendo gastos de
alojamiento y viáticos.
6. Ampliar el sistema de escuelas de capacitación
técnica y crear cursos de dos años
en colegios comunitarios para graduados de
preparatoria.
7. La evaluación de los resultados de la
enseñanza es algo a lo que tradicionalmente
se oponen sindicatos de maestros y administradores
de la enseñanza en muchos países,
debido a que podría poner en evidencia su mal
desempeño en el trabajo. El buen desempeño
debería ser recompensado. En los años 90
empezó un ambicioso programa de pruebas
a estudiantes de los ciclos básico, medio y
superior. No obstante, los resultados no se
publican por escuelas individuales, profesores
y alumnos. Los consumidores de educación,
principalmente padres y estudiantes, necesitan
conocer estos resultados para realizar una
autoevaluación y para estimular a profesores
y escuelas a seguir su buen ejemplo.
8. Las tendencias decrecientes en los índices de fertilidad de décadas recientes
han disminuido las presiones demográficas,
creando oportunidades para ampliar y mejorar
la educación de niños pequeños. Un considerable
cuerpo de investigación demuestra
que la educación preescolar mejora los logros
académicos de los niños en años posteriores. En preescolar, aprenden cooperación y adaptación
en el entorno de un salón de clase y
dan los primeros pasos para su alfabetización. Al terminar preescolar, los niños deberían
iniciar la escuela primaria a los seis años y no
a los siete como se requiere actualmente.
9. Reducir la disparidad en el financiamiento
por estudiante entre escuelas primarias,
secundarias y universidades. Calculado
por la OCDE en poder de compra constante
en dólares estadounidenses, Brasil gasta sólo
una quinta parte por alumno de escuela primaria
por año y una sexta parte por alumno
de escuela secundaria por año, de lo que gasta Gran Bretaña, pero gasta casi 50% más
por estudiante universitario por año que Gran
Bretaña.
Infraestructura
Niveles avanzados de educación e infraestructura
son las dos necesidades básicas para
la gestión eficiente de sociedades complejas,
a fin de garantizar la distribución equitativa de
beneficios a un costo razonable. Se requieren
especialistas altamente capacitados y bien
pagados para lograr equidad y eficacia en la
producción y distribución de bienes públicos,
tales como instalaciones de transporte y
energía, particularmente en una democracia
compleja como Brasil, que abarca un territorio
continental con cientos de ciudades y puntos
de producción remotos. Crear y administrar
infraestructura moderna significa dominar
complejas cuestiones jurídicas, financieras,
de ingeniería, reglamentarias y contables a fin
de satisfacer el interés público. Brasil necesita
avanzar considerablemente en el desarrollo
de capital humano para evitar escándalos y
desperdicio que degradan las condiciones de
vida en lugar de mejorarlas. Sólo un consenso
democrático para la reasignación de recursos
puede impulsar las inversiones y crear las estructuras
reglamentarias y jurídicas necesarias
para lograr estos avances.
La infraestructura brasileña requiere mayor
inversión y mejor reglamentación a fin de
modernizar y ampliar redes de transporte,
comunicaciones, saneamiento público y abastecimiento
de energía. El gobierno calculó que
entre 2000 y 2007 se necesitaría una inversión
de 100 mil millones de dólares estadounidenses
en infraestructura para apoyar un crecimiento
económico anual del 4%. Brasil está poniendo
en peligro su desarrollo futuro al no invertir
lo suficiente tanto en obras públicas como en
concesiones de proyectos a inversionistas privados,
dadas sus restricciones presupuestales.
La privatización parcial de puertos, ferrocarriles
y carreteras, así como el fin del cártel del transporte
aéreo comercial, ha propiciado avances
en la última década. Pero en años recientes
estos avances se han estancado bajo el peso de
disputas políticas e ideológicas, falta de fondos
para inversión pública, y ausencia de un marco
jurídico y reglamentario claro para los inversionistas
privados. El ex presidente Fernando
Henrique Cardoso (FHC) se lamentó:
Los baches dificultan la vida de los conductores,
incrementan el consumo de gasolina,
desgastan los automóviles, retrasan las
entregas de carga y – esta parte es dramática– provocan accidentes y muertes… El gobierno
federal no está en condiciones de cuidar de
todas las carreteras. Se ha comprobado que
empresas privadas pueden mantener parte del
sistema. Esto ocurre en carreteras que unen a
Río de Janeiro y Sao Paulo, a Río de Janeiro
y Teresópolis, a Río y Juiz de Fora, a Osório
y Porto Alegre, en Río Grande do Sul, y en el
puente Río-Niteroí. Quienes ya han recorrido
estos tramos pueden ser testigos de que el peaje
pagado garantiza mejores carreteras. Seguiremos
privatizando y transfiriendo tramos de
carreteras a los estados.
No obstante, durante los ocho años de administración
de FHC, no se hicieron nuevas
concesiones de carreteras a inversionistas privados
y el 98% de la red carretera permanece
en manos del gobierno. Mientras operadores
privados mejoran la eficiencia interna de
los puertos, a pesar del proteccionismo de
los sindicatos, largas filas de camiones que
transportan exportaciones desde miles de
kilómetros de distancia, de la Amazonia y
la región de los cerrados, esperan durante
días a las afueras del puerto de Santos, el
más grande de América Latina, debido a
la falta de capacidad ferroviaria y carretera
para entrar al puerto. Y la estabilidad del
abastecimiento de energía eléctrica para una
economía creciente ha sido comprometida
en un atolladero legal e institucional que
impide nuevas inversiones.
Los costos logísticos absorben 20% del
PIB en Brasil, dos veces más que en países
desarrollados. Estos costos pueden dividirse
de varias maneras. Una logística ineficiente
significa mayores costos de inventarios y
almacenamiento en toda la economía. Gran
parte del transporte de carga nacional se
encuentra en manos de camioneros, en su
mayoría informales, que trabajan sin reglamentación
y proporcionan un servicio de baja
calidad, plagado por el robo de mercancías y
exceso de capacidad, con viajes de retorno sin
mercaderías a través de grandes distancias, lo
que les impide obtener utilidades razonables.
La mala condición de los 55 mil kilómetros
de carreteras federales retrasa las entregas
e incrementa los costos de transporte hasta
en 30%. El mantenimiento a las carreteras
se colapsó después de que la constitución
de 1988 eliminó el Fondo para Carreteras
Federales, así como el Fondo de Desarrollo
para el Transporte Urbano (FDTU). Las carreteras
pavimentadas se dañan con el peso de
camiones sobrecargados que causan grietas
en el pavimento, a través de las cuales entra
el agua hasta que el pavimento se desbarata.
El ministerio de transporte calcula que el 20%
o 30% de la carga excesiva de los camiones
puede reducir la vida útil de una carretera en
60%. El sistema de carreteras federales está
equipado con 70 estaciones de peso para
camiones, pero sólo seis de ellas funcionan.
La red de carreteras federales podría mejorarse
y mantenerse a un costo anual de 300
millones de dólares estadounidenses, durante
un periodo de cuatro años, reduciendo los
costos de operación de vehículos en 500
millones de dólares anualmente, lo que en
términos prácticos sólo puede llevarse a
cabo con más concesiones para la operación
y mantenimiento privados de carreteras. El
Banco Mundial calcula que resolver estos
problemas de transporte podría incrementar el
PIB en 2%. En otras palabras, el crecimiento
económico de Brasil podría haber sido de
7% en 2004, en lugar de 5%, creando más
empleos y otras oportunidades.
Resolver la escasez de infraestructura y los
cuellos de botella implica superar problemas
jurídicos y técnicos en diferentes áreas. Pero
hay soluciones institucionales disponibles
que gradualmente pueden satisfacer algunas
de las necesidades más urgentes con el
transcurso del tiempo:
1. Una de las necesidades más urgentes es
la de especialistas altamente calificados para
trabajar en las agencias reguladoras, que deberían
ser políticamente independientes. Para
superar esta escasez, Brasil debería establecer
un Instituto para Estudios Reglamentarios en
Brasilia, que ofreciera cursos de uno o dos
años a ingenieros, contadores, abogados
y economistas a fin de que adquirieran el
conocimiento especializado necesario para
trabajar en las agencias reguladoras. Los
graduados de este instituto deberían recibir
primas salariales equivalentes a las de los
miembros del Congreso. El instituto debería
ayudar a establecer agencias reguladoras
capaces de desarrollar y aplicar reglamentos
eficaces; a diseñar e implementar contratos
de concesiones, y a incrementar la transparencia
y credibilidad reglamentaria mediante
la definición de conceptos jurídicos ambiguos
tales como “equilibrio financiero”, que causan
incertidumbre entre los inversionistas. Dicho
instituto también podría ayudar a las agencias
reguladoras a desarrollar normas de contabilidad
e información, modelos financieros y
de costos para el establecimiento de tarifas e
indicadores a fin de comparar la productividad
y eficiencia entre los concesionarios en Brasil y en otros países.
2. Sin agencias reguladoras independientes
de la influencia política, mejorar el
personal no funcionará. Los directivos de
estas agencias deberían prestar sus servicios
en periodos escalonados, diferentes a los del
calendario electoral.
3. Consolidar la reglamentación del transporte
terrestre en una sola agencia, con un
mandato para emitir nuevas concesiones a
operadores privados de puertos y carreteras. Esta agencia podría operar exitosamente sólo
bajo estatutos y reglas claras, con mecanismos
de apelación rápidos e imparciales a fin de
evitar prolongados litigios en tribunales.
4. La privatización del sector energético
debería acelerarse a fin de evitar la influencia
política y la corrupción expuesta en escándalos
recientes.
5. Reactivar el Fondo para Carreteras
Federales, así como el Fondo de Desarrollo
para el Transporte Urbano (FDTU), abolidos
por la constitución de 1988, a fin de financiar
la construcción y el mantenimiento de
infraestructura de transporte y disciplinar el
impuesto sobre la gasolina (CIDE) para que
se invierta en mantenimiento de carreteras,
de donde los políticos lo han desviado en
años recientes.
6. Establecer un Fondo de Inversión
en Infraestructura, de acuerdo con un plan
maestro aprobado por el Congreso cada cinco
años, financiado por el BNDES y agencias
internacionales que reciclan pagos de deuda,
bajo el control conjunto de agencias de
financiamiento brasileñas e internacionales.
* * *
“Brasil no se merece todo lo que está
ocurriendo”, dijo Lula en París, al inaugurar
el “Año de Brasil en Francia”, conforme los
escándalos se multiplicaban. “Se merece mucho
más”. Mucha gente estaría de acuerdo.
Pero para evitar problemas como estos en el
futuro se requieren innovaciones institucionales.
Al enfocarse a las prioridades de largo
plazo en educación e infraestructura, Brasil
podría lograr la eficiencia que le permitiría
avanzar más rápidamente hacia un mejor
manejo de su compleja sociedad, resolviendo
gradualmente otros problemas institucionales
no mencionados en este ensayo, tales como
seguridad pública, salud, la Amazonia y el
sistema judicial, así como la plaga de la corrupción.
Sólo persiguiendo nuevas estrategias
institucionales basadas en un consenso político
amplio puede Brasil superar los traumas
y fracasos que nos han afligido durante losúltimos meses. La sociedad brasileña sólo puede lograr confianza en sí misma si invierte
en su futuro, en lugar de en su pasado; en
estrategias para el desarrollo de la capacidad– como educación e infraestructura – en lugar
de en el parasitismo fiscal generado por un
sistema político arcaico.
(*) Norman Gall es director ejecutivo del Instituto Fernand Braudel
de Economia Mundial y editor de Braudel Papers.
Imprimir
Enviar |
|
|
Volver |
|
|
|
Portada |
|