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Caracas / Venezuela -
 


Chávez y el final asimétrico
Alberto Garrido* / El Universal (Venezuela) - 23/10/05

El Presidente ejecuta su estrategia político-petrolera en el Continente

Si se llegara a producir la anunciada invasión estadounidense, Chávez tendría que abandonar el poder formal (Estado) para convertirse en jefe de la revolución, entonces transmutada en resistencia

Cuando Hugo Chávez decidió que el escenario final del proceso bolivariano sería una guerra asimétrica con el enemigo histórico de la revolución, Estados Unidos, concentró sus esfuerzos en la preparación de la resistencia cívico-militar de Venezuela, definida como "Defensa Integral de la Nación".

Bajo ese enfoque, varios de los 10 "objetivos estratégicos" del "Nuevo Mapa" de la revolución pasaron a un segundo plano en el orden de prioridades. Así, mientras algunas de las metas quedaron borrosas en el "Mapa Estratégico" (nueva estructura social -revolución social-, nueva estrategia comunicacional, nuevo modelo democrático de participación popular -poder popular-, creación de una nueva institucionalidad del Estado -guerra contra la burocratización-, lucha contra la corrupción, nueva estrategia electoral -elección de los candidatos por la base-), otras recibieron tibios impulsos (ejes de desarrollo, zonas de desarrollo con polos de desarrollo y núcleos de desarrollo endógeno).

El énfasis real de la acción oficial fue colocado sobre los objetivos 9 y 10 (profundizar y acelerar una nueva estrategia militar nacional y seguir impulsando el nuevo sistema multipolar internacional), que tienen que ver directamente con la esperada confrontación bélica con el verdadero enemigo: el imperialismo estadounidense aliado en un eje político-militar con el Estado colombiano.

La Doble Estrategia

Parte de la preparación para la guerra asimétrica se desarrolla en torno a dos estrategias de alcance continental. El arma utilizada para la guerra asimétrica es la principal vulnerabilidad del enemigo (petróleo). La primera estrategia empuña la jefatura del Estado para comprometer políticamente con la revolución bolivariana, en plena crisis petrolera mundial, la posición de otros Estados que ven en el oro negro venezolano y en el poderío de PDVSA la solución a graves problemas en sus economías dependientes del petróleo.

La operación se desarrolla en forma de pinzas. Por un lado se formalizan convenios petroleros con los gobiernos del subcontinente (Petrosur, Petrocaribe, Petroandina), otorgándole preferencia a los aliados estratégicos (Cuba, Brasil), a la par que cada Estado firmante queda neutralizado en el enfrentamiento diplomático entre Venezuela y Estados Unidos.


Por otro lado, la articulación de Petroamérica le permite a Chávez, mientras se involucran en su proyecto los países interesados en compartir el petróleo venezolano, romper paulatinamente la interdependencia petrolera con Estados Unidos. La dura posición sostenida por Chávez en la pasada reunión de la Confederación Sudamericana de Naciones, donde se negó hasta último momento a firmar la declaración final por considerar que su tono era economicista y no político (geopolítico), confirma que, lo que para varios de los jefes de Estado se reduce a la formula petróleo-negocios, para Chávez es petróleo-política (geopolítica).

Además, en la medida en que fueron creciendo las reservas internacionales de la revolución, a la diplomacia petrolera se añadió la diplomacia financiera, estrenada con la compra de bonos argentinos. A ello se agrega la tentadora propuesta de crear un Banco del Sur, con un aporte inicial de varios miles de millones de dólares venezolanos.

La otra estrategia no pasa por el ejercicio de la jefatura de Estado, sino por la conducción revolucionaria, y se ejecuta a través del Congreso Bolivariano de los Pueblos. En este caso no se trata de acuerdos entre gobiernos, sino entre partidos políticos y movimientos políticos y sociales. La dirección del Congreso Bolivariano de los Pueblos la ejerce la Secretaria Política, integrada por el Frente Sandinista, el MAS de Evo Morales, el Pachakutik ecuatoriano, el Movimiento Sin Tierra, los Piqueteros, el Farabundo Martí, el Partido Comunista Cubano y los Círculos Bolivarianos de Venezuela.

El Congreso Bolivariano de los Pueblos (2003) se maneja con un Programa Mínimo, donde los puntos centrales son, entre otros, el rechazo al ALCA, al
Plan Colombia y al Plan Puebla-Panamá, la condena al bloqueo a Cuba, la defensa de la revolución bolivariana y la disposición a luchar "desde los pueblos" contra el imperialismo estadounidense.

Los partidos y movimientos integrantes del Congreso Bolivariano de los Pueblos dividen sus acciones entre procesos electorales y agitación callejera. Los ejemplos más claros sobre su metodología se encuentran en Bolivia, Ecuador y Nicaragua. En esos países el MAS, el Pachakutik y el Frente Sandinista han contribuido a tumbar gobiernos con acciones de calle (Bolivia, Ecuador), o los han puesto al borde de la renuncia (Nicaragua), mientras participan en los procesos electorales. Con menor fuerza política y social, pero de similar impacto mediático, son las frecuentes movilizaciones del MST (Brasil) y de los Piqueteros (Argentina).

La Operación Multipolar

La estrategia política-petrolera posee una proyección igualmente ambiciosa: la conformación de un mundo multipolar, capaz de enfrentar el plan global unipolar (Nuevo Orden Global) de Washington. En América el proyecto tiene un eje revolucionario (Venezuela-Cuba), que fusiona ambas revoluciones en un destino común. De triunfar Evo Morales en Bolivia el eje se convertirá en un triángulo que reunirá petróleo (primera reserva mundial) y gas (segunda y tercera reservas del continente) con revolución.

A escala intercontinental la revolución busca aliados antiestadounidenses interesados en el petróleo. Pueden ser tácticos (España, Francia, entre otros) y estratégicos (China, Irán, Rusia).

El problema de la revolución, en este marco global, es que las relaciones geopolíticas y económicas entre las grandes potencias son extremadamente complejas. Tanto los acuerdos antiterroristas como los intereses comerciales (China, Rusia, Unión Europea) pueden aparecer como limitantes de la alianza multipolar estratégica en los momentos decisivos de la esperada confrontación asimétrica revolución-imperialismo.

El énfasis militar asimétrico

La guerra asimétrica significa mucho más que la suma de todas las tácticas bélicas imaginables sin regla alguna que las limite, tal como ocurre en Irak. La guerra asimétrica parte del supuesto de que el enemigo a combatir es más fuerte tecnológicamente y entonces hay que enfrentarlo en base a ideas (creencias o ideología) y creatividad, explotando sus debilidades y minimizando sus fortalezas.

Pero la guerra asimétrica también conduce a la entrega del poder del Estado. Si se llegara a producir la anunciada invasión estadounidense (de manera directa o por "extensión" del Plan Colombia II o Andino) Chávez tendría que abandonar el poder formal (Estado) para convertirse en jefe de la revolución, entonces transmutada en resistencia.


La nueva organización cívico-militar establecida (componentes regulares y fuerzas combinadas para la resistencia, que pudieran incorporar fuerzas externas) se traducen, en la práctica, en dos etapas de confrontación. La primera sería regular, con los componentes de la FAN asistidos por las fuerzas de resistencia. La segunda, asimétrica, con las fuerzas de la resistencia organizadas de forma descentralizada, pero bajo un mando único (Chávez). Los efectivos revolucionarios de los componentes regulares se fusionarían con los irregulares. El primer choque tendría rápida definición (Irak). Luego comenzaría lo que Chávez reiteradamente ha definido como la Guerra de los 100 Años. En ese momento el deslave se llevaría el sin fin de convenios petroleros Estado-Estado correspondientes a la confrontación formal entre la multipolaridad revolucionaria y el imperialismo unipolar, hasta que se supere la fase de Estado fallido que provoca una guerra asimétrica.

Después de Chávez Presidente, por un buen tiempo, el diluvio.


[*] Alberto Garrido / chegarrido@yahoo.com


Bush entre el petróleo y el Pentágono

El alto poder estadounidense debe decidir si sigue guiándose frente a Chávez y la revolución bolivariana por los intereses petroleros, o si adopta definitivamente la línea militar propuesta por los halcones, que plantean "cercarlo" hasta expulsarlo del poder.

El cruce de posiciones ha colocado en callejones enfrentados al Pentágono y al Departamento de Estado, mientras Bush se reserva la decisión final.

El Pentágono ha dado dos ultimátum a Chávez. El primero lo hizo el Subsecretario de Defensa para Asuntos Hemisféricos, Roger Pardo Maurer, en conversación con el Financial Times (15-03-05). Pardo Maurer sostuvo que el gobierno de Bush "había llegado al limite de la actual política" con Chávez y que se aplicaría una "nueva estrategia", que consistiría en "cercar" a Chávez.

Pero la teoría del cerco de Pardo Maurer va más allá de las fronteras venezolanas. En la misma declaración señaló que "sin duda" Chávez estaba "financiando y dando apoyo moral" a las fuerzas radicales de Bolivia con el dinero procedente de la venta de petróleo. Más tarde, en una charla ofrecida en el Hudson Institute de Washington, el Subsecretario acusaría a Fidel Castro de organizar y dirigir los movimientos insurreccionales "en todas partes" y a Hugo Chávez de financiar la agitación con el fin de "capitalizar la formación de un Estado marxista-socialista" ( El Nuevo Herald , 26-07-05).

El otro ultimátum lo hizo el Secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, y estuvo específicamente dirigido a la anunciada adquisición por parte de la revolución bolivariana de un lote de 100 mil fusiles Kalashnikov rusos. Rumsfeld advirtió -en una velada insinuación a Moscú- sobre la inconveniencia de que esas armas llegaran a Caracas, ya que existía la posibilidad de que fueran utilizadas por otras fuerzas insurgentes del continente.

Evitar la llegada de los 100 mil fusiles AK a Venezuela y "cercar" a la revolución debería ser parte de la estrategia político-militar para detener a Chávez, de acuerdo a lo expresado por el Pentágono. Para concretar esa línea Washington ha aprobado la extensión del Plan Colombia (Plan Andino) hasta el 2010, comenzando a ejercer presión sobre Ecuador y Bolivia (llegada de Lucio Gutiérrez a Manta mientras el Pentágono instala, con autorización del Congreso de Paraguay, Fuerzas Especiales en ese país, cerca de la frontera con Bolivia).

Paralelamente Rumsfeld gestiona la creación de una fuerza de "Paz y Rescate" integrada por los Ejércitos centroamericanos, pero con proyección hacia el Plan Colombia II (Andino). Para que ese propósito quedará claramente definido Rumsfeld dijo: "la materia de seguridad y pacificación es una oportunidad para trabajar en temas como la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo" ( El Nuevo Herald , 12-10-05).

El Departamento de Estado, a su vez, ha sostenido ante Chávez, en líneas generales, un discurso conciliador, de "buenos consejos", en el cual se le pide contener la retórica inflamada y se le recuerda permanentemente la interdependencia petrolera. En la interpelación que el senado estadounidense le realizara al nuevo Subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos, Thomas Shannon, cuando el congresista Bill Nelson preguntó: "Es la amenaza del Presidente Chávez de cortar el petróleo a Estados Unidos insignificante?", Shannon respondió "En el corto plazo la amenaza es insignificante. En el largo plazo es la articulación de una visión estratégica". En la interpelación Shannon afirmó que "Venezuela depende en una enorme parte de sus divisas y su presupuesto público de la refinación de crudo y venta de gasolina en los Estados Unidos. Esto es algo de lo que Venezuela no puede prescindir porque no tiene mercados alternativos" (26-9-05).

Asumiendo la interpretación de largo plazo del Departamento de Estado la Chevron-Texaco continúa firmando a placer convenios con Venezuela (el último de ellos (4-10-05) para explotar gas por 30 años en la zona costera occidental. Chevron ya produce 600 mil barriles diarios de petróleo venezolano.

Chávez exhibe el petróleo. Bush tiene el dilema.

Alberto Garrido




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