La lucha de los fracasados
Norman Gall* - O Estado de S. Paulo / Soberania.org - 05/06/04
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Documento traduccido por: Soberania.org
Venezuela está entrampada en una lucha entre dos sistemas fracasados. La confirmación por el Consejo Nacional Electoral (CNE) de que la oposición
obtuvo las firmas suficientes para convocar un referendo para revocar el
mandato del presidente Hugo Chávez, abre una nueva fase en esa lucha.
Chávez surgió como figura central en la encrucijada en la que América Latina se encuentra: entre el populismo y la lucha de los regímenes democráticos para mantener la estabilidad política y económica. Esa estabilidad no podía ser mantenida después de cuatro décadas de “partidocracia” (1958-98) –dominadas por los partidos Acción Democrática (AD) y la unión social-cristiana Copei–, el único periodo desde su independencia en que el país podía huir de su ciclo vicioso de dictaduras y guerras civiles. En 1998,
Venezuela de nuevo escogió el camino del populismo al elegir a Chávez con 56% de los votos.
En nombre de su "Revolución Bolivariana", proclamada en su fracasada tentativa de golpe en 1992, el ex paracaidista Chávez intenta imponer a los venezolanos su cóctel de fidelismo y militarismo, inventando artificios jurídicos para consolidar su poder. "No importa si pasamos hambre o andamos descalzos si podemos preservar la revolución", dice. Pero esa revolución no reivindica un ambiente regido por las normas de la democracia y la libertad, por más fallidas y débiles que éstas sean.
De hecho, Venezuela se está empobreciendo más, empobreciendo muchísimo más, a pesar de la renta petrolera. La economía creció cerca de 6% al año en las décadas del '60 y '70, pero el crecimiento está estancado desde 1980. Más recientemente, conflictos políticos sangrientos agravaron un remolino de desorganización, con la pérdida del 17% en el PIB entre 2002-03. En los próximos días, semanas o meses, Chávez puede dejar el poder por renuncia o por la revocación de su mandato.
Según estudios de opinión, el apoyo a Chávez cayó desde el 80%, en el auge de su popularidad, a 30-40%. Varios militares y líderes de izquierda que apoyaron a Chávez ahora militan en la oposición.
Chávez reconoce que la Coordinadora Democrática (CD), una coalición de grupos de oposición, obtuvo firmas suficientes para convocar el referendo revocatorio. "Oí sectores de la oposición afirmando que me derrotaron", dijo Chávez durante un discurso por TV el jueves en la noche. "Debo decirles a ellos y a los que me siguen que, en mi alma, no hay nada de derrota. Ahora comienza el juego. La oposición ha venido jugando solita. No es bueno cantar victoria antes de tiempo."
En el referendo, la CD necesita movilizar más de 3,76 millones de votos contra Chávez –el número de electores que votaron por ella en la última elección– para revocar su mandato. Algunos amigos de Chávez opinan que él debe renunciar para participar en las nuevas elecciones: una opción vista como viable con una mayoría chavista en el parlamento dispuesta a cambiar la Constitución para permitir eso.
Existen muchos Estados fracasados en el mundo, pero pocos fueron tan ricos como Venezuela. El empobrecimiento del país dramatiza el colosal espectáculo de oportunidades desperdiciadas por una sociedad atrasada, inundada por el dinero del petróleo después del descubrimiento en 1917 de enormes reservas por compañías extranjeras.
En otras épocas, Caracas, enclavada en un estrecho valle, hervía de esperanza. Cubriendo la revuelta popular-militar que derrocó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, como joven reportero de la revista Momento, el novelista colombiano Gabriel García Márquez calificó a Caracas como "una ciudad apocalíptica, apocalíptica, irreal, inhumana". La riqueza del petróleo atrajo emigrantes de todos los rincones, del interior rural, de Colombia, también italianos, portugueses, españoles, norteamericanos. Pero el populismo estéril ya se había radicado. El jefe del entonces nuevo gobierno interino, Almirante Wolfgang Larrazábal, ya era candidato presidencial para las elecciones de 1958, obtuvo una gran mayoría de votos en Caracas con su "Plan de Emergencia", en el que invitó a los campesinos a migrar para Caracas e construir ranchos, garantizándoles salarios para trabajar en obras públicas, reales y ficticias. Desde 1950, la población de Venezuela se multiplicó cinco veces, con una de las tasas de crecimiento urbano más altas del planeta. Tal como han aprendido otros países de América Latina, promesas populistas de asistencialismo quiebran el Estado y no producen resultados efectivos. Pueden ganar votos, pero no se sustentan.
Curiosamente, la trayectoria política de Chávez muestra paralelos con el radicalismo militar del presidente de Libia, Muamar Kadafi. Ambos nacieron en lejanas regiones rurales y pobres, Kadafi en una familia de beduinos nómadas en el desierto de Sirte, Chávez como hijo de humildes profesores del Estado Barinas, cerca de la frontera entre Venezuela y Colombia. Ambos comenzaron jóvenes sus carreras militares. Ambos utilizaron su turbulento ascenso al poder para predicar un mesianismo de revolución continental. Kadafi con el pan-arabismo y el pan-africanismo (salpicado con aventuras terroristas), Chávez con el "bolivarianismo" latinoamericano.
En Caracas, hoy los contrastes son alarmantes. En las urbanizaciones privilegiados afloran mansiones de una vulgaridad agresiva y pretensiosa, jamás vista en otras capitales de América Latina, y edificios residenciales de gran lujo, todos sobrevivientes de la fiebre de especulación inmobiliaria de las décadas doradas. Lo cotidiano es la suciedad, creciente violencia y, sobre todo, falta de ideas.
Los homicidios se triplicaron en la última década, aumentando en 50% entre 2002-03 hasta alcanzar una tasa de 50 por cada 100.000 habitantes, mayor que en Brasil. Los ranchos quedaron atrapados en el tiempo, sin el progreso material o institucional, todavía modesto y deficiente, que vemos en las periferias de Sao Paulo o Lima. Los dueños portugueses de los abastos y carnicerías en los barrios pobres han cedido sus puestos a los nativos, quienes atienden a sus clientes protegidos por rejas.
Las únicas innovaciones aparentes en esos barrios son las pequeñas edificaciones redondas de dos pisos, construidos como pequeños cuarteles, que sirven de clínicas y dormitorios para los médicos y enfermeras cubanos enviados a Venezuela por Fidel Castro, a cambio del petróleo que Chávez envía a Cuba. Las relaciones entre Chávez y Fidel son cada vez más estrechas.
En las casas humildes del viejo centro de la Habana, los retratos de los dos caudillos son colocados en lugares importantes, uno al lado del otro. Además de abastecer a Cuba con petróleo, la solidaridad de Chávez permite que el crudo venezolano sea entregado a terceros países y pagado a Cuba.
Para muchos, Venezuela está polarizada entre el chavismo y la oposición democrática. Pero las fuerzas democráticas, empeñadas en derrocar a Chávez, no proponen alternativas para legitimar el sistema con una estrategia de desarrollo y justicia. Ni hablan de eso.
Ese es el desafío para el futuro. Si no lo encaran, otros Chávez pueden surgir.
(*) Norman Gall es director ejecutivo del Instituto Fernand Braudel de Economia Mundial y editor de Braudel Papers.
Versión original en portugués Luta dos fracassados
Norman Gall* - O Estado de S. Paulo / Soberania.org - 05/06/04
A Venezuela está engajada numa luta entre dois sistemas fracassados. A confirmação pelo Conselho Nacional Eleitoral (CNE) que a oposição colheu assinaturas suficientes para convocar um referendo para revogar o mandato do presidente Hugo Chávez abre uma nova fase nessa luta.
Chávez surgiu como figura central na encruzilhada em que a América Latina se acha entre o populismo e a luta dos regimes democráticos para manter a estabilidade política e econômica. Essa estabilidade não podia ser mantida após quatro décadas de “partidocracia” (1958-98) – dominadas pelos partidos Ação Democrática (AD) e pela coligação social-cristã Copei –, o único período desde sua independência em que o país podia fugir do ciclo vicioso de ditaduras e guerras civis. Em 1998, a Venezuela de novo escolheu o caminho do populismo ao eleger Chávez com 56% dos votos.
Em nome de sua “Revolução Bolivariana”, proclamada em sua fracassada tentativa de golpe de 1992, o ex-páraquedista Chávez tenta impor aos venezuelanos seu coquetel de fidelismo e militarismo, inventando artifícios jurídicos para consolidar seu poder. “Não importa se passamos fome ou andamos descalços se podemos preservar a revolução”, diz. Mas essa revolução não vingou num ambiente até agora regido por normas de democracia e liberdade, por mais falhas e fracas que sejam.
De fato, a Venezuela está ficando mais pobre, muito mais pobre, apesar da renda do petróleo. A economia cresceu cerca de 6% ao ano nas décadas de 60 e 70, mas o crescimento está estancado desde 1980. Mais recentemente, conflitos políticos sangrentos agravaram um remoinho de desorganização, com perda de 17% no PIB em 2002-03. Nos próximos dias, semanas ou meses, Chávez pode deixar o poder por renúncia ou pela por renúncia ou pela revogação de seu mandato.
Segundo as pesquisas de opinião, o apoio a Chávez caiu de 80%, no auge de sua popularidade, a 30-40%. Vários militares e líderes da esquerda que apoiaram Chávez agora militam na oposição.
Chávez reconhece que a Coordenação Democrática (CD), uma coalizão de grupos de oposição, obteve assinaturas suficientes para convocar o referendo revogatório. “Ouvi setores da oposição afirmando que me derrotaram”, disse Chávez num discurso pela TV na quinta-feira à noite. “Devo dizer a eles e aos que me seguem que, na minha alma, não tem nada de derrota. Agora começa o jogo. A oposição vem jogando sozinha. Não é bom cantar vitória antes da hora.”
No referendo, a CD precisa mobilizar mais de 3,76 milhões de votos contra Chávez – o número de eleitores que votaram nela na última eleição – para revogar seu mandato. Alguns amigos de Chávez acham que ele deve renunciar para concorrer nas novas eleições: uma opção vista como viável com a maioria chavista no Parlamento disposta a mudar a Constituição para permitir isso.
Existem muitos Estados falidos no mundo, mas poucos foram tão ricos como a Venezuela. O empobrecimento do país dramatiza o espetáculo colossal de oportunidades desperdiçadas numa sociedade atrasada, inundada por dinheiro de petróleo depois da descoberta em 1917 de reservas enormes por companhias estrangeiras.
Em outras épocas, Caracas, encostada num vale estreito, fervia de esperança. Cobrindo a revolta popular-militar que derrubou a ditadura de Marcos Pérez Jiménez como jovem repórter da revista Momento, o romancista colombiano Gabriel García Márquez qualificou Caracas de “uma cidade apocalíptica, apocalíptica, irreal, desumana”. A riqueza do petróleo atraiu migrantes de todo canto, do interior rural, da Colômbia, também italianos, portugueses, espanhóis, norte americanos. Mas o populismo estéril já se havia radicado. O chefe do então novo governo interino, Almirante Wolfgang Larrazábal, já era candidato presidencial às eleições de 1958, ganhando grande maioria dos votos de Caracas com seu “Plano de Emergência”, em que convidou os camponeses a migrarem para Caracas e construir barracos, garantindo-lhes salários para trabalharem em obras públicas, reais e fictícias. Desde 1950, a população da Venezuela multiplicou-se cinco vezes, com uma das taxas de crescimento urbano mais altas do planeta. Como outros países da América Latina têm aprendido, promessas populistas de assistencialismo quebram o Estado e não produzem resultados efetivos. Podem ganhar votos, mas não se sustentam.
Curiosamente, a trajetória política de Chávez mostra paralelos com o radicalismo militar do presidente da Líbia, Muamar Kadafi. Ambos nasceram em regiões afastadas e pobres, Kadafi numa família de beduínos nômades no deserto de Sirte, Chávez como filho de pobres professores do Estado Barinas, perto da fronteira entre Venezuela e Colômbia. Ambos começaram cedo a careira militar. Ambos utilizaram sua subida turbulenta ao poder para pregar um messianismo de revolução continental, Kadafi no pan-arabismo e pan-africanismo (salpicado com aventuras terroristas), Chávez no“boliviarianismo” latino-americano. Em Caracas, os contrastes hoje são gritantes. Nos bairros privilegiados, afloram mansões de uma vulgaridade agressiva e pretensiosa, jamais vista em outras capitais de América Latina, e prédios residenciais de alto padrão, todos sobreviventes da febre de especulação imobiliária das décadas douradas. O cotidiano é de sujeira, crescente violência, decepção e, sobretudo, falta de idéias.
Os homicídios triplicaram na última década, aumentando em 50% em 2002-03 para atingir uma taxa de 50 para cada 100.000 habitantes, maior que no Brasil. As favelas ficaram paradas no tempo, sem o progresso material ou institucional, ainda que modesto e deficiente, que vemos nas periferias de São Paulo ou Lima. Os donos portugueses das quitandas e açougues dos bairros pobres têm cedido seus postos aos nativos, que atendem seus fregueses atrás de grades.
As únicas inovações aparentes nesses bairros são as pequenas edificações redondas de dois andares, construídos como pequenos quartéis, que servem de clínicas e dormitórios para os médicos e enfermeiras cubanos enviados à Venezuela por Fidel Castro em troca do petróleo que Chávez manda para Cuba. As relações de Chávez com Fidel são cada vez mais estreitas.
Nas casas humildes no velho centro de Havana, retratos dos dois caudilhos são colocados em lugares de honra, lado a lado. Além de abastecer Cuba com petróleo, a solidariedade de Chávez permite que óleo venezuelano seja entregue a terceiros países e pago a Cuba.
Para muitos, a Venezuela está polarizada entre o chavismo e a oposição democrática. Mas as forças democráticas, empenhadas em derrubar Chávez, não propõem alternativas para legitimar o sistema comuma estratégia de desenvolvimento e justiça. Nem falam disso.
Esse é o desafio para o futuro. Se não o encaram, outros Chávez podem surgir.
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