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Caracas / Venezuela -
 


La hegemonía de las Cuatro Hermanas
Héctor Mondragón Báez* / Soberania.org - 09/12/05

El Plan Colombia y el petróleo

Plan Colombia, reservas petroleras, alza de los precios del crudo, amenza del auge de los países ricos, contrarreforma agraria, todas ruedas de un mismo engranaje. El país y su petróleo juegan un papel importante en las expectativas mundiales.

Estados Unidos y parte de Europa Occidental vivieron en 1999 y en el primer semestre del 2000 un auge económico poderoso, alimentado por los recursos de los países en crisis y avivado por la guerra en Kosovo. Tal auge está ahora amenazado, especialmente por el alza de los precios del petróleo, estimulada por otros países que podrían beneficiarse con ella.

En efecto, algunos de los países más golpeados por la crisis internacional de 1997-1998, que son productores de petróleo, entre ellos, Indonesia, Rusia, Ecuador y Venezuela, podrían beneficiarse de los precios actuales. Precisamente de Venezuela partió la iniciativa de una reactivación de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, Opep, muy debilitada desde la década del 80, cuando la producción masiva de los pozos del Mar del Norte y de México hizo echar atrás su unidad y los precios.

Entre tanto, otras naciones también afectadas por la crisis, se ven lesionadas con el alza, pues no son productoras del crudo y deben importarlo para su consumo. Es el caso del Brasil. Al tiempo, Japón, un país poderoso, comienza a salir de una fuerte recesión y al igual que Estados Unidos y Europa se interesa por lograr una rebaja de los precios de los combustibles.

En estos movimientos del mundo petrolero, las ‘siete hermanas’ dominadoras del petróleo en el mundo se redujeron en la práctica a cuatro: la Shell emergió como empresa rectora, seguida de la British Petroleum, BP, que compró la Amoco. A su vez, la Chevron compró la Texaco, que al igual que la Occidental había caído bajo la influencia de Shell, y la norteamericana Exxon adquirió la Mobil, rehaciendo la antigua Standard Oil. Así, las trasnacionales Shell, Exxon, BP y Chevron quedaron con la hegemonía petrolera y trabajan hoy rodeadas de empresas menores, que actúan por todos lados, y son ellas precisamente las que siguen con más intensidad el contrapeso de la Opep.

Llegó el momento

En esta situación, las reservas petroleras de Colombia aparecen como un jugoso bocado. Sin ser comparables a las de Venezuela, son importantes y hasta ahora cuidadosamente reservadas para un mejor momento, que parece haber llegado: los dos últimos gobiernos han reventado todas las defensas del país frente al saqueo transnacional.

Con Samper, una trasnacional (Texas, bajo el dominio de Shell) logró por primera vez que un contrato de hidrocarburos no revirtiera a Ecopetrol en la fecha fijada y se prorrogara: fue lo que ocurrió en el caso del gas de la Guajira. El gobierno entregó prebenda tras prebenda, a cambio del más decidido apoyo público de las petroleras, frente a la crisis que vivió por el proceso 8.000. A partir de entonces, se ha ido modificando el sistema de contratación, cambiando el reparto de asociación 50% y 50% [1], elevando escandalosamente la participación de las transnacionales, autorizando disminuciones de regalías y modificando contratos ya firmados, a favor de la parte extranjera.

En los años 1999 y 2000 se firmaron contratos a granel, con lo que se repartió el territorio nacional entre transnacionales gringas como la Chevron y la Occidental, las inglesas BP y Shell, las candienses Canadian-Oxy, Alberta y Mera-Mills, la española Repsol y la Hocol. Impresiona mirar el loteo en los mapas de Ecopetrol.

La Ronda 2000 completa el reparto. Se entregaron milímetro a milímetro el occidente amazónico y el departamento del Putumayo, que no por coincidencia es el escenario inicial del
Plan Colombia. Solamente quedan por distribuir buena parte de las cuencas del Pacífico y del suroriente de la Amazonia.

Un Plan de saqueo

En este marco toma auge el Plan Colombia. Precisamente, en torno a él se orquestó el más humillante listado de ofertas hechas realidad a favor de las trasnacionales petroleras, pues es en el terreno de la explotación del petróleo donde más esperan recibir las transnacionales, a cambio de la ‘ayuda’ que Estados Unidos y otros países den al Plan Colombia. En octubre de 1999, Andrés Pastrana ofreció el oro y el moro a los petroleros gringos reunidos en Houston bajo la batuta del candidato republicano George Bush y para el candidato demócrata también hubo un gesto: sacrificar el territorio de los indígenas U'wa a la Occidental, de la que es socio Al Gore. En fin, el presidente Pastrana dio todo, por lo que espera recibir de Europa en apoyo al Plan y por la migaja de 900 millones de dólares, que Estados Unidos dará para la guerra.

El caso de El Cerrejón es ilustrativo. La transnacional Exxon (Intercor) se benefició de la eliminación de la norma que ratificó la Constitución de 1991, que permitía la expropiación sin indemnización por razones de equidad, cuando el país hubiera sido estafado. En este ultimo capitulo en la historia de la mina se relaciona con las medidas del Plan Colombia y significa una lesión enorme a la nación, que sin ganar nada privatizó ‘su parte’, entregándola a una filial de la Shell.

Pues bien. El Plan Colombia favorece a las transnacionales y su globalización neoliberal al proponerse como objetivo prioritario implantar “medidas para atraer la inversión extranjera y promover la expansión del comercio" [2], fortaleciendo los tratados de protección de las inversiones foráneas y las disposiciones de libre importación de la Organización Mundial de Comercio. De hecho, en la enmienda al Plan Colombia propuesta en Estados Unidos por los senadores Dewine, Grassley y Coverdell se exige la prioridad para la inversión extranjera y en particular para la industria petrolera. [3]

Pero lo que las transnacionales quieren va más allá. Esperan que el Plan Colombia les sirva para recuperar el mango de la sartén en la región. El mismo senador Coverdell afirmó además que la necesidad de proteger los intereses petroleros en Venezuela justificaba la ayuda a Colombia [4], en concordancia con la visión del vicepresidente de la Occidental Petroleum, quien afirmó [5] que se necesitaba duplicar el Plan Colombia en Norte de Santander (frontera con Venezuela), donde está la explotación petrolera del Catatumbo y la perforación de Gibraltar, en territorio de la comunidad indígena U'wa.

RECUPERAR LA HEGEMONÍA

Las cuatro grandes transnacionales tienen otra gran preocupación, además de la referida al inmenso potencial petrolero de la región latinoamericana: es el hecho de que el gobierno venezolano, además de promover la revitalización de la Opep y de visitar Irak, alimente alianzas con países consumidores del ‘Sur’. La agencia Reuters anunció desde Caracas que "los gigantes petroleros de Venezuela y Brasil firman acuerdos para crear empresas conjuntas de distribución y comercialización de gasolinas y de derivados petroleros venezolanos en Brasil [6] (véase recuadro)

Se sabe que el gobierno de Brasil no es totalmente consecuente con su aliado venezolano y trata a la vez de intercambiar acciones de Petrobrás con la empresa española Repsol y que se asocia con la filial canadiense de la Occidental para sacar el petroleo colombiano en Melgar, El Boquerón y El Guamo. Sin embargo, el doble papel de Brasil y de Petrobrás no hace sino aumentar los celos estadounidenses y británicos, ante la posibilidad de una monumental ruptura de la hegemonía de ‘las cuatro hermanas’.

Por otra parte, Venezuela generosamente ha fortalecido convenios para suministrar petróleo más barato a los países centroamericanos y de El Caribe, incluida Cuba.

Así pues, se trata de defender la hegemonía de las cuatro y sería ingenuo abordar el problema petrolero por fuera de este panorama estratégico. La visión de Coverdell es efectivamente la de las grandes petroleras: la intervención de Estados Unidos en Colombia y en el Putumayo, en particular, es la llave para reinstaurar la hegemonía de Estados Unidos y especialmente para defender la de las grandes trasnacionales. Es la forma de llamar militarmente al orden político al incómodo gobierno de Venezuela y al inestable Ecuador y de llamar al orden económico al vacilante Brasil y a Petrobrás.

EL PLAN COLOMBIA EN COLOMBIA

Los derechos, un obstáculo

El Plan Colombia y el proyecto de entrar al tratado de libre comercio con Estados Unidos, Canadá y México, conocido como Nafta, amenazan los territorios indígenas, al apuntar contra la inalienabilidad de los resguardos y tierras comunales. Quieren meter toda la tierra al mercado y echar al basurero el derecho fundamental de los indígenas.

En la Constitución de 1991, los pueblos indígenas de Colombia lograron que sus resguardos y tierras comunales se reconocieran como inalienables. Pero el presidente Pastrana declaró el 11 de febrero de 2000, en el Congreso de Calidad de los empresarios, que Colombia hará una reforma constitucional para dar más libertad a la inversión extranjera y para poder afiliarse al Nafta.
[7]

Las transnacionales consideran que los pueblos indígenas son un obstáculo a sus inversiones, porque les impiden destruir la naturaleza y apoderarse de todo lo que quieran con dinero, para hacer más dinero. Consideran un obstáculo que la Constitución les prohíba dañar la integridad cultural, social y económica de los pueblos indígenas. Se empeñan ahora en expropiar a los U'wa una tierra comunal que hace parte del resguardo creado por Cédula del Rey de España desde 1616. Quieren que la Occidental inicie la perforación petrolera de Gibraltar. Por orden judicial se decretó esa expropiación, en una modalidad que se quiere imponer para desconocer la propiedad de las tierras indígenas y campesinas, a través de proyectos como el Código de Minas, que en diversas versiones se viene tramitando en el Congreso de la República desde 1996. Con ellos se pretende además hacer valer los contratos otorgados en el escritorio por el gobierno, pasando por sobre los derechos de las comunidades y desconociendo conquistas sociales de los indígenas sobre la minería.

El Plan Colombia y la reforma agraria

Y si las transnacionales amenazan los territorios indígenas, los terratenientes del país también pretenden apoderarse de ellos. La ayuda extranjera pagaría a los gamonales colombianos la entrega del petróleo.

En el Plan Colombia se da prioridad a las llamadas alianzas estratégicas, principalmente en plantaciones de palma africana, madereras, caucheras y cacaoteras:

Dice el gobierno:

Se impulsarán núcleos productivos agrícolas y forestales, en los cuales se focalicen los esfuerzos de apoyo estatal al desarrollo rural. Estos se entienden como procesos socioeconómicos generados alrededor de una actividad principal en la cual las comunidades rurales se integren con el sector empresarial en alianzas estratégicas dentro de proyectos productivos exitosos ya emprendidos o con altas probabilidades de competitividad [...] (fuente: véase recuadro 2)

Los grandes proyectos de inversión serían la ‘actividad principal’ y los ‘proyectos productivos exitosos’ estarían definidos por las ‘alianzas estratégicas’, que son aparcerías en gran escala, en las que el indígena y el campesino entregan su tierra para que los terratenientes y empresarios se beneficien. De esa manera, con el proyecto de ley agraria 151 de 1999, el gobierno quiso condicionar la recuperación de tierras indígenas a la elaboración de tales ‘proyectos productivos’, desconociendo la protección constitucional a la diversidad cultural.

El desarrollo alternativo propuesto por el Plan Colombia no es otra cosa que el modelo malayo de un empresario de la palma africana, exministro de Agricultura y asesor del presidente Pastrana, el señor Carlos Murgas Guerrero. Su modelo es apoyado por Fedepalma, Augura y Fedegán, que representan las llamadas Alianzas Estratégicas bajo su comando.

El sistema de priorizar las plantaciones se copió de Malasia, Tailandia e Indonesia, en donde los efectos ecológicos han sido terribles: selvas destruidas, contaminación del aire por las quemas y aniquilamiento cultural y étnico de las poblaciones indígenas.
Por supuesto, este aspecto en nada interesa a los grandes terratenientes. Pero curiosamente tampoco el de las pespectivas económicas de sus plantaciones.

En la situación actual, el futuro del mercado de palma africana es muy inseguro. Aunque en el primer trimestre de 1999, la producción aumentó en 24% y las exportaciones en 12%, los precios internacionales disminuyeron simultáneamente en 25% y los precios internos bajaron 31%.

La caída de tales precios tiene varias explicaciones. Se vislumbra un aumento de 1,8 millones de toneladas de fríjol soya en Estados Unidos frente a la de 1998. También se espera una mayor oferta de aceite de soya y girasol, por cosechas récord en Argentina y Brasil. La producción mundial de aceite de palma superará en 1,3 millones de toneladas a la del año anterior.

De otro lado, la gran devaluación de la moneda brasileña, la reducción de impuestos a las exportaciones en Indonesia y las menores compras por parte de China, país que junto con India ha venido participando con 50% del crecimiento de la demanda total de aceites y grasas en los últimos tres años, son factores adicionales que han contribuido a la descolgada de precios.

Entonces, ¿cuál es la perspectiva de estos grandes cultivadores, si es tan evidente esa situación de los precios? Su perspectiva es la misma que la de otros terratenientes industriales y ganaderos. Lo que les interesa en realidad es la valorización de las tierras, de las que se apoderan en el Magdalena Medio, Carmen de Bolívar, el Catatumbo o el Putumayo, tierras que aumentarán de precio por la explotación petrolera y los megaproyectos.


La alternativa del Plan Colombia significaría ni más ni menos, que en las zonas donde se exterminen los cultivos ilegales de los campesinos e indígenas, mediante fumigaciones, a ellos no les quedaría más remedio que subordinarse a contratos de aparcería en gran escala. Es decir, habría una contra-reforma agraria, en la que se sustituiría la propiedad campesina por el dominio de grandes cultivadores que se beneficiarían de la mano de obra campesina e indígena con formas de servidumbre y con la cual se pagará la entrega del petróleo.

El Plan Colombia serviría así para mantener un sistema histórico de dominación de la tierra, de la economía rural y de la gente.

Un cuadro completo

A los terratenientes no les importa esto porque lo que les interesa es la valorización de las tierras de las que se apoderan en el Magdalena Medio, Carmen de Bolívar, el Catatumbo o el Putumayo, tierras que aumentarán de precio por la explotación petrolera y los megaproyectos. El pueblo trabajador de Colombia, el enfrentamiento al Plan Colombia tiene que ver directa y estrechamente con la defensa de sus recursos petroleros, su ambiente y a los pueblos indígenas. Desde luego defender la empresa estatal Ecopetrol de la ola privatizadora es vital. Pero no basta: Es necesario además de revertir la legislación progresiva y cínicamente favorable a las transnacionales, es necesario defender los derechos de los pueblos indígenas y las normas constitucionales sobre el ambiente y urge adoptar una estrategia petrolera latinoamericana.

Debemos exigir que Colombia ingrese al acuerdo Brasil-Venezuela, un acuerdo que en el futuro debe integrar a toda Suramérica y a Latinoamérica. Sabemos que en México las transnacionales han colocado a uno de sus ejecutivos, el expresidente de Coca-Cola como presidente del país. Tal vez ese sea como dicen los obreros petroleros un patevaca, es decir un esquirol, en este propósito, como no lo son menos Pastrana, Noboa, Banzer y similares. Pero hay que hacerse el propósito, que se convertirá en bandera de lucha y de unidad de nuestros pueblos: ¡Por una empresa latinoamericana de producción y distribución de hidrocarburos, que rompa la hegemonía de la banda de las cuatro hermanas! ¡Por los derechos de los pueblos indígenas! ¡Por el respeto al territorio U’wa!


Recuadro 1

La agencia Reuters informó así desde Caracas sobre el acuerdo entre Venezuela y Brasil [8]:


"Los gigantes petroleros de Venezuela y Brasil firman acuerdos para crear empresas conjuntas de distribución y comercialización de gasolinas y de derivados petroleros venezolanos en Brasil.

Una de las futuras compañías del esfuerzo conjunto entre Petróleos de Venezuela (PDVSA) y Petrobras de Brasil tendrá como objetivo crear en el norte y noreste de Brasil una red de estaciones de servicio. Las ganancias, por venta de gasolinas y diesel, serán compartidas entre PDVSA y Petrobras. La otra compañía tendrá el propósito de comercializar al por mayor productos venezolanos, derivados del petróleo, aprovechando la ventaja competitiva que ofrece la posición geográfica de Venezuela.

"Vamos a estar en Brasil las dos empresas juntas, con un negocio de distribución de combustibles que comienza con 600 estaciones de servicio, y esperamos llevarlo en breve lapso hasta 1.800", dijo el presidente de la petrolera estatal venezolana, Héctor Ciavaldini.

La asociación "se beneficiará de la experiencia de PDVSA en la operación de una extensa red de estaciones de Citgo en los Estados Unidos", dijo la estatal venezolana en un comunicado. Agregó que "pretende capturar el 10 por ciento del mercado en el norte-noreste de Brasil, lo cual equivale a un volumen de 180 millones de litros al mes".

El presidente de Petrobras, Henri Reichstul, dijo que la petrolera brasileña tiene la visión de que habrá "a corto, mediano plazo, integración energética en América del Sur, tanto en la parte de líquido, de gas y de energía eléctrica".

Reichstul informó que se conversa entre las dos petroleras para hacer estudios de exploración y producción en Venezuela. Espera que un tercer acuerdo se firme en 60 ó 90 días. Sería para "la producción en campos ya descubiertos y también exploración conjunta, y quizás producción (...) en la plataforma deltana (del Delta del Orinoco)", en el noreste de Venezuela, precisó. Dijo que Petrobras aportaría su experiencia en la explotación en aguas profundas debido a que del 80 al 90 por ciento de su producción es en el mar.

El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que asistió al acto de firma de los convenios, dijo que permitirán avanzar hacia la consolidación de una política de integración latinoamericana y de consolidación de las relaciones comerciales con Brasil. Los acuerdos forman parte de un convenio firmado hace un año para avanzar en negocios conjuntos en exploración y producción, procesamiento de crudo brasileño en refinerías de PDVSA, producción de asfaltos en Brasil y comercialización de productos venezolanos en el mercado brasileño. "

 

Recuadro 2, sobre el agro y el plan colombia

"Esta estrategia contará además de los recursos del sector privado, con fondos públicos y originados en el Fondo para la Paz y en cooperación internacional".

"En las regiones donde sea factible se buscará la vinculación de capital privado a través de recursos financieros o tierras para el mejoramiento del acceso al recurso por parte de trabajadores sin tierra bajo la modalidad de un programa de alianzas productivas para la reactivación sostenible del agro que liderará el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural.

Con esta política se pretende convertir el campo en un negocio productivo para todos, impulsando proyectos de inversión descentralizados..."




Notas:

[1] Vease además en esta misma publicación el articulo Determinantes de la Política Petrolera.
[2] "Plan Colombia..." traducción de "desde abajo" p.p. 15-16. La versión europea dice en el segundo capítulo: "negociar acuerdos bilaterales de comercio que garanticen la protección de la inversión extranjera".
[3] “Insitir en que el Gobierno de Colombia complete las reformas urgentes orientadas a abrir completamente su economia a la inversión y comercio exteriores, particularmente a la industria del petroleo, como un camino hacia la recuperación económica” (Senado los Estados Unidos(cursivas del autor))
[4] COVERDELL, Paul "Starting with Colombia"; Washington Post, April 10, 2000; p. A 21.
[5] EL TIEMPO, cit.
[6] CNNenEspañol.com "Petróleos de Venezuela y Petrobrás de Brasil firman acuerdos" Junio 28, 2000 11:05 PM EDT (0305 GMT)
[7] Para entrar al Nafta se hizo en México en 1993 la tal reforma constitucional, que consistió en eliminar la inalienabilidad de las tierras comunales, lo que provocó el alzamiento armado zapatista.
[8] CNNenEspañol.com "Petróleos de Venezuela y Petrobrás de Brasil firman acuerdos" Junio 28, 2000 11:05 PM EDT (0305 GMT)

 



[*] Héctor Mondragón Báez / Colombia, 2002 / Asesor Consejo Nacional Campesino

 


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