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Caracas / Venezuela -
 


Carta al maestro Nicanor,
enviando copia al Dr. Alberto Méndez Arocha
Ranfo Lobelio* / Soberania.org - 24/01/06

Con todo el aprecio para usted, maestro Nicanor, y mis saludos para la señora Zoila.

Estuve muy pendiente de escribirle desde el Llano apureño. Pero, mire usted, no pude viajar el día pensado porque se cayó la carretera de Cumaná para Puerto La Cruz. Pero, mire maestro, siempre siguiendo sus consejos de estar informado por el "periódico" sigo leyendo. Encontré un escrito que parece ser un resumen de reflexiones del señor Méndez Arocha. Me llamó mucho leerlo y supe que el doctor Méndez, no sólo era un académico sillón número uno de la ingeniería y del hábitat, sino un observador de la vida militar. Usted sabe, maestro, que desde que yo hice mi servicio militar siempre me llama la atención todo lo que se diga de los militares. Yo necesito saber qué le parece maestro, se me ocurrió escribirle una carta al ingeniero Méndez. !! Imagínese maestro Nicanor !! Me entusiasmé para escribirle a un ingeniero !!. Gracias, otra vez. Usted siempre me decía.. !Adelante..!  Atrévete ...!  Bueno maestro, pero con todo respeto, le estoy mandando una copia de la carta que le mandé al señor Méndez. Dígame usted qué le parece. Siempre con la "consideración y la prudencia" que usted me ha aconsejado. Aquí va la carta:

Señor Méndez, disculpe mi atrevimiento al escribirle.

Le puedo decir que al leer sus comentarios sobre los militares en relación al viaducto y la ingeniería económica, me di cuenta que usted ha iniciado una clara aproximación a la realidad de nuestra "marcial burocracia".

Mire, yo lo más cercano que me tocó vivir en vida militar fue mi servicio militar. Una vez me llamaron para que presentara un examen especial, le digo que nos llamaron a un grupo de muchachos porque ya teníamos "sesto" grado. En el examen me preguntaron cosas muy difíciles. Me acuerdo que me llamó un oficial encargado de la educación de los que querían ser "cadetes". Una de las preguntas  era: "Diga usted si la casa verde del escritor Vargas Llosa era de color: a) AZUL b) BLANCA c) ROJA d) VERDE (Seleccione una opción)".

Mire, señor Méndez, me acuerdo que también me preguntaron: "Seleccione una característica del tigre de las selvas bolivarianas: a) Tiene escamas  B) Es ovíparo c) Tiene aletas d)Tiene rabo. (Seleccione una opción)".

Yo le voy a decir, señor Méndez, si no "hubiera" sido por mi maestro Nicanor, a quien le debo todo lo que aprendí, la verdad que todo habría sido muy difícil. Imagínese usted, señor Méndez, yo a los 9 anos ya sabia cuantos centilitros tenia un frasco que el señor Ambrosio, quien era el "botillero" que vendía los frascos en la botica, llevaba los jueves. También aprendí la diferencia entre las pesas de precisión de "miligramos" tan necesarias y peligrosas a la hora de preparar, en la recetura de la botica, las formulas que mandaba mi abuelo; debo decirle que solamente me enseñaba, ya que no podía comenzar a usar la "balanza" de precisión hasta que no cumpliera once años.

Yo en el pueblo conocí al cabo Encarnación. El era enfermero. Claro, era el militar que siempre visitaba la botica y nos llevaba la lista de las medicinas para los enfermos de los pulmones. Eso era el Hospital de Párate Bueno. Mire, usaba mucho el alcanfor, pulmobron (formula de mi abuelo), antifloguitine, aceite de tolú con ipecacuana, lamedor y pastillas "vick" para chupar. La verdad es que a nosotros no nos enseñaban nada de contabilidad ni administración. Eso era para aquellos que le gustaban los números. Esa escuela para aprender los "secretos "  de la administración, la exactitud de las cuentas y el manejo de los libros del "debe y haber" los llevaban a estudiar en el Puerto de La Guaira, por la carretera vieja  desde Catia hasta Montesano.

Yo recuerdo que en la curva de "Pedro García",  arribota, había una estatua de un carro chocado, montado en una basesota, para que vieran lo que le pasaba a un carro cuando se pasaba de 50 kilómetros por hora. También podían ir por el ferrocarril desde Caño Amarillo hasta La Guaira. En ese ferrocarril se montó aquel señor que cantaba tangos. Me acuerdo como mi abuelo oía los tangos en un radio que había en la botica... "Uno"... "Cambalache"... "Caminito"... "Por una cabeza"... Allá estaba, en el cerro, el  fortín de La Guaira y en aquellas aulas, que las habían dejado desde hace trescientos años los españoles, estaba una escuela que los enseñaba a ser "Administradores".

Pero mire, señor Méndez, esa escuela la cerraron y la verdad es que no sé dónde los mandan a estudiar. Creo que algunos los mandaron para los Estados Unidos, o para Europa. Lo que si sé es que el mejor cadete que pudiera salir mejor en los exámenes, ese era el más indicado para "administrar" las cantinas, o sea, los "quioskos" que existen dentro de los cuarteles. Es por eso que después pensaron mandarlos para administrar otros "quioskos" más grandotes. Es posible que así fueron llevados para vender petróleo,  electricidad, gas, carne, cereales y, a lo mejor, vender todas las cosas que necesite la revolución.

Yo le digo, señor Méndez, la culpa no puede ser de todas las personas que estaban administrando. Usted no se ha dado cuenta que también había que saber de "béisbol".  El que no estaba en el equipo de "béisbol" no tenia la mejor estrategia para ganar los juegos. Por eso es que yo siempre me acuerdo de los profesores de "béisbol" que conocí el día que presenté el examen. Mire, usted no sabe la emoción de conocer al maestro Benítez Redondo, aunque él fue la gloria del "Cervecería" y a mi me gustaba el Magallanes de "Pantaleón García".

Bueno mire, señor Méndez.. Yo le voy a contar a mi maestro Nicanor sobre esta carta para que él sepa que yo siempre sigo su consejo de leer el periódico todos los días, y cuando no sé de alguna cosa, la pregunto.

Con todo respeto. Su eterno admirador.

 

Ranfo Lobelio.

 

 

[*] Ranfo Lobelio



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