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Caracas / Venezuela -
 


Gasoducto continental: ¿Obra clave o cuento chino?
Francisco Olivera / La Nación (Argentina) - 29/01/06

La Argentina y Brasil se suman al anuncio venezolano, pero surge la duda sobre el gasoducto continental / No hay siquiera estudios de prefactibilidad y hay técnicos que afirman que existen opciones menos costosas

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Hay una vieja sentencia petrolera que podría justificar, en parte, la última grandilocuencia de Hugo Chávez. El presidente venezolano anunció, a fines del año pasado, la construcción de un gasoducto de 8.000 km, el más largo de la Tierra, que uniría Puerto Ordaz, en el país caribeño, con el Río de la Plata, atravesando el Amazonas brasileño. La sentencia es la siguiente: en un mundo empresario acostumbrado a arriesgar lo menos posible, las mayores apuestas petroleras fueron asumidas, siempre, por los Estados, más preocupados por la política que por la lógica de los negocios.

Dentro de ese paradigma debería enclavarse el proyecto chavista, al que rápidamente se sumaron los presidentes Néstor Kirchner y Luiz Inacio Lula da Silva. La obra cuenta, incluso antes de concretarse cualquier estudio de prefactibilidad, con una inocultable desconfianza de empresarios y analistas.

La primera duda está inscripta en las escasas precisiones que han mostrado, hasta ahora, los impulsores del proyecto. Los desencuentros son grandes. Los gobiernos venezolano y brasileño dejaron trascender que el valor de la iniciativa, que Chávez propone llamar "Gran Gasoducto del Sur", sería de 20.000 millones de dólares.

Pero el ministro argentino de Planificación Federal, Julio De Vido, fue más austero semanas atrás, en una conversación con Radio Del Plata: "Es una obra de unos 4.000 millones de dólares, que la Argentina y Brasil están perfectamente en condiciones de financiar, incluso no sólo con organismos multilaterales de crédito, sino que habrá infinidad de bancos en el mundo que estarán dispuestos a financiarla". De Vido dijo, además, que el ducto tendría 12.000 km. LA NACION intentó, sin éxito, comunicarse con algún funcionario o vocero del Ministerio de Planificación para conocer la postura oficial.

La segunda inquietud empresaria es más elemental: ¿vale la pena el esfuerzo? Dada la trascendencia que ha tomado el plan y el respeto hacia la investidura de Chávez, Lula y Kirchner, ningún ejecutivo de la región lo dirá abiertamente, pero la mayoría opina que existen opciones menos costosas para traer gas.

"Yo no lo descartaría, pero parece más razonable la alternativa Bolivia", dice el consultor argentino Enrique Devoto, ex secretario de Energía de la Nación. Es el pensamiento de todo el sector. Bolivia es un proveedor natural de la Argentina, porque está cerca, tiene mucho gas y consume poco. Devoto advierte que el costo de construcción, amortización y transporte de fluido podría ser muy caro. Teme, además, que la obra quede inconclusa. "Llegar desde Venezuela a Brasil es más fácil, porque es la frontera. Pero si Brasil se lleva toda la demanda, ¿seguirá la obra hasta la Argentina? Puede ocurrir que se empiece y no se termine."

LA NACION le preguntó el jueves pasado a Antonio Brufau, presidente de Repsol YPF, cómo juzgaba la idea de Chávez. Como siempre, el ejecutivo español midió las palabras: "Si el proyecto es viable, vale la pena. Sería una magnífica manera de integrar la región". Se le preguntó si prefería, en cambio, la ruta Bolivia, para la que habría que construir un ducto que está postergado desde hace dos años. "El del Nordeste es un gasoducto que es muy eficiente, y que podría abastecer a la Argentina. Creo que ambas iniciativas pueden convivir."

La propuesta venezolana presenta otro inconveniente. Aunque el país caribeño tiene las reservas de gas más importantes de América del Sur, su actividad energética se centra más en el petróleo. Venezuela, en estos momentos, importa gas colombiano para consumo interno. La construcción del gasoducto implicaría, entonces, desarrollar la exploración del fluido también en los mismos yacimientos, para lo que se requerirían inversiones adicionales. Esta condición, vale consignar, alcanza también cualquier emprendimiento en Bolivia, con una diferencia: el gas no es allí una actividad residual, sino el corazón del comercio internacional de ese país.

La idea de Chávez es, hoy, la más ambiciosa del mundo en términos de transporte de gas. No hay un solo Estado ni empresa que esté pensando en estos momentos en un gasoducto tan extenso. La iniciativa actual más ampulosa, proyectada para unir Kovikta, Rusia, con China y Corea del Sur, aún en estudio, tendría unos 5.000 km como máximo.

Es lo que asusta a muchos empresarios industriales argentinos, que no imaginan cuál podría ser el costo de transporte con semejante ducto. Muchos de ellos prefieren, por ejemplo, que la Argentina y Vene-zuela reemplacen la iniciativa por una más irrisoria, que consistiría en comprarle a Chávez GNL, gas natural licuado. Se trata de una metodología de enorme expansión en todo el mundo en los últimos años, que consiste en someter el gas natural a temperaturas inferiores a los -160ºC, a través de un proceso llamado licuación. Allí, se lo almacena y se lo transporta en buques hasta otra planta que lo vuelve a convertir en gas natural.

Es lo que ha hecho Chile para solucionar el desabastecimiento que le generó la crisis energética argentina: con una obra de no más de 350 millones de dólares que se adjudicará el mes próximo, prevé nutrirse con 6 millones de metros cúbicos de gas por día.

"La ventaja -dijo a LA NACION un representante de una cámara industrial argentina, que prefirió mantener su nombre en reserva- es que uno puede tener más de un proveedor con este sistema. El problema del gasoducto puede aparecer si, por ejemplo, el país proveedor, Venezuela, tiene un conflicto político y decide cortar el gas."

Hay quienes dan, además, argumentos económicos en favor del GNL para esta ocasión. El consultor Francisco Mezzadri cita estudios que indican que el punto de indiferencia entre un gasoducto y un proyecto de GNL es por lo menos de 3.800 km. Es decir que, para distancias superiores, como sería ésta, conviene el transporte marítimo, no por tubos.

La explicación es técnica. Cuando se trata de un caño tan largo, es necesario agregar varias plantas de compresión para transportar el gas, y eso encarece el traslado. Mezzadri dice que el costo de transporte es, en líneas generales, en todo el mundo, de un dólar por cada 1.000 km de gasoducto. "Pero supongamos que en este caso fuera la mitad, que lo subsidiaran, y que Chávez decidiera vender el gas en boca de pozo a 2,50 dólares el millón de BTU, el precio que en estos momentos tiene Bolivia con la Argentina, un valor que Evo Morales quiere subir, porque es muy bajo en relación con el resto del mundo. Bueno, si fuera ese valor, que es muy bajo, insisto, los industriales argentinos pagarían 6,50 dólares el millón de BTU. Japón pagó el año pasado, en promedio, 4 dólares por el gas licuado que le compra a Indonesia, Malasia, Qatar y Australia." Cálculos internos de las petroleras coinciden: afirman que el valor oscilaría entre los 5 y los 6,50 dólares.

Vale aquí recordar que las negociaciones entre la Argentina y Bolivia por el precio del gas se estancaron cuando el país del Altiplano pidió 4 dólares el millón de BTU. La sola mención del tema reflotó en los últimos días una vieja controversia que involucra a los gobernadores Juan Carlos Romero (Salta) y Jorge Sobisch (Neuquén). Ellos consideran que, a los precios que se proyectan, pueden perfectamente desarrollar el gas de las cuencas de sus provincias. Hoy, los valores del transporte y la distribución están en los niveles de 2001 por decisión del Gobierno. De ahí, las críticas de Sobisch, la semana última, en el programa de Mirtha Legrand: "El gasoducto que promociona el Gobierno desde Venezuela es una de las mentiras más grandes que les quieren vender a los argentinos", dijo.

En una petrolera plantearon a LA NACION una nueva objeción, en este caso topográfica. "Se lo compara con el gasoducto entre Siberia e Italia (de unos 5.500 km), pero ese caño atraviesa ciudades importantísimas en Europa y las abastece a todas. En este caso, estamos hablando de un gasoducto que cruza la selva amazónica, con kilómetros y kilómetros inhóspitos."

Mezzadri agrega que no existen, en esa zona europea, alternativas fluviales. "El mar Caspio es un mar cerrado. Pero nosotros tenemos el océano Atlántico." El consultor cuestiona directamente a Chávez. "Habla de que la obra cuesta entre 12.000 y 20.000 millones de dólares, como si estuviéramos hablando de un paquete de chicles. La Argentina y Brasil están bailando al compás de las locuras de este señor. Si quieren hacer el estudio, háganlo, pero necesitamos la mayor transparencia."

Los empresarios petroleros argentinos tienen una sospecha:
advierten en el apoyo de Brasil a Chávez sólo una herramienta para negociar el precio del gas con Bolivia. Algo así como recordarle a Evo Morales que existen alternativas y que nadie se convertirá en rehén de su gas. En la misma especulación incluyen a la Argentina.

En otra petrolera local agregaron que descontaban que el gas venezolano sería más caro que el boliviano, y que suponían que semejante construcción no podría ser asumida en un 100% por capitales privados. Estimaciones del sector afirman, además, que el ducto podría ser más corto: si se origina en Puerto Ordaz y atraviesa Manaos y Brasilia hasta llegar a Colonia, la extensión sería de 6.000 km hasta Buenos Aires. Y el precio se ubicaría a partir de los 10.000 millones de dólares.

Jorge Lapeña, ex secretario de Energía, objeta que existe quizás un apre-suramiento de expectativas que no se condice con la realidad de este tipo de proyectos. El consultor recuerda que Yacyretá se empezó a idear en 1926, a construir en 1984 y todavía no se terminó. Que la represa Salto Grande tuvo su piedra fundamental en 1946, se inició en 1974 y empezó a generar a principios de los 80. "Hace seis o siete años se habla de un gasoducto entre Venezuela y México y todavía no hay nada", agregó.

Convendría ser cauto con los planes chavistas. Hace un año, el carismático líder anunció la apertura de 600 estaciones de servicio de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) en la Argentina, en asociación con Enarsa. Más allá de un nuevo impulso, revelado a mediados del año pasado, por adquirir los activos de Rhasa para sinergias con la red Sol Petróleo, hasta ahora, lo concreto es que sólo existen aquí dos estaciones abiertas al público: una frente a la ESMA, en Avenida del Libertador, y otra en la esquina de la Panamericana y la ruta 202.








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