www.soberania.info
 
Artículo
Caracas / Venezuela - Lunes 21/04/03
 


Las otras destrucciones masivas
Ricardo Cuadros / Radio Nederland - 21/04/03


Destruir de manera efectiva y rápida moviliza el ingenio de uno de los sectores más prósperos de la economía mundial: la industria de armamento. En la Guerra del Golfo de 1991, Estados Unidos probó la eficacia de un nuevo invento, las cabezas de bomba reforzadas con uranio empobrecido, material de dureza suficiente como para vencer la coraza de cualquier tipo de blindado.

El domingo 30 de marzo de 2003, ya en plena guerra de invasión a Iraq, el periódico escocés Sunday Herald informaba que dos días antes un avión norteamericano A-10 había disparado un proyectil reforzado con uranio empobrecido sobre un carro de combate, destruyéndolo, matando a uno de sus ocupantes y dejando heridos a otros tres. Este hecho hubiera pasado desapercibido de no ser por el detalle de que el tanque destruido, el muerto y los heridos eran británicos: lo que se llama un caso de "fuego amistoso".

Más allá de la ironía mortal de la amistad anglo norteamericana, lo que debe preocupar es la presencia del uranio empobrecido en Iraq, dispersado por (parte de) los centenares de miles de bombas que están dejando caer a diario los aviones del general Tommy Franks. Después de dos semanas de ataques – a lo que deben sumarse los residuos de la Guerra del Golfo en el sur del país -, Iraq es hoy ya un depósito de veneno radioactivo que no perdonará a la población iraquí, sus aguas, sus animales y sus siembras, pero tampoco a los soldados de Iowa o Gales que hayan tenido la mala suerte de ir a dar a esos lugares.

Desde que la aviación de guerra comenzó a utilizar munición reforzada con uranio empobrecido, se han hecho célebres dos cuadros clínicos que afectaron, y afectan hasta hoy, a las tropas que estuvieron expuestas a sus radiaciones por inhalación: el Síndrome del Golfo (1991) y el Síndrome de los Balcanes (1999). Pronto tendremos un tercer síndrome, que tal vez se dé en llamar Síndrome de Bagdad, cuyas consecuencias médicas serán, como en los casos anteriores, las afecciones renales y hepáticas, la leucemia, los tumores óseos, distintos tipos de cáncer, la malformación de embriones, los problemas respiratorios, pérdida de la memoria, etc. Se calcula que unos 100.000 veteranos norteamericanos y unos 8.000 británicos sufren algún tipo de enfermedad típica del Síndrome del Golfo. Sobre los afectados en los Balcanes las cifras son aún más imprecisas, por la cerrada negativa de la OTAN a investigar las relaciones entre los ex soldados enfermos y el uranio empobrecido.

El uranio empobrecido es un residuo de la fisión nuclear, de radioactividad baja pero altamente peligroso para la salud y el medioambiente, y su vida media es de 4.500 millones de años, lo que equivale a decir que una vez presente en algún lugar o cuerpo, no desaparece nunca más. Estados Unidos, que es el mayor productor mundial de energía nuclear y armas atómicas, acumula cerca de 500.000 toneladas de uranio empobrecido, que destina a su propia industria de armamento y a la de "países amigos" como Gran Bretaña, Canadá, Israel, Pakistán y Francia.

En 1999, una subcomisión de la ONU concluyó que el uranio empobrecido era lo suficientemente peligroso como para promover su prohibición: la iniciativa no ha prosperado por la oposición de Estados Unidos. En octubre de 2001, Cynthia McKinney, congresista demócrata norteamericana, propuso "la suspensión del uso, venta, desarrollo, producción, pruebas y exportación de municiones con uranio empobrecido hasta que se conozcan sus efectos en la salud humana": la iniciativa fue bloqueada por el Pentágono. El 29 de octubre de 2001, la Asamblea General de la ONU rechazaba la petición de Iraq de un estudio sobre los efectos del uranio empobrecido utilizado por las fuerzas militares lideradas por Estados Unidos en la Guerra del Golfo: el comité de la Asamblea para el desarme y la seguridad internacional había aprobado la petición iraquí un par de semanas antes, pero el lobby de Washington fue suficiente para obtener, en la Asamblea General, las 45 abstenciones necesarias para evitar el estudio.

Las denuncias de organismos internacionales e iraquíes sobre el desastre humano, en el sur de Iraq, derivado de la Guerra del Golfo, han sido constantes. Primero la contaminación con uranio empobrecido y luego el embargo, que impidió a las autoridades médicas iraquíes adquirir el material necesario para investigar y combatir sus efectos, han convertido la región de Basora en una región que, en situaciones normales, tendría que haber sido declarada zona de catástrofe. Los informes médicos señalan un notable aumento de distintos tipos de cáncer y malformaciones de nacimiento, en esta región iraquí, desde 1991 en adelante: estas enfermedades y anomalías son exactamente iguales a las que afectan a algunos veteranos de la Guerra del Golfo y a sus familias. El Pentágono puede intentar tapar el sol con el dedo, pero es muy difícil negar el nexo entre la contaminación causada por el uranio empobrecido y la desgracia de la población civil iraquí y de los soldados norteamericanos.

El propósito de la industria de armamento es inventar munición cada vez más letal, pero esta vez la eficacia de los ingenieros ha superado los peores pronósticos: junto con eliminar al enemigo, las bombas enriquecidas con uranio están dejando en el camino a sus propios soldados. Para el efecto, claro, los generales y funcionarios de gobierno ya nos han enseñado a manejar un nuevo concepto: daños colaterales. De lateral, nada: el daño causado por el uranio empobrecido es central y afecta a la vida humana y al medioambiente, y como tal es un crimen contra la humanidad y quienes ordenan su uso deben ser juzgados como criminales de guerra.

Mientras llegan nuevos refuerzos de tropas norteamericanas a Kuwait, con la Cuarta División de Infantería de Marina, y la guerra de invasión a Iraq se alarga por la inesperada resistencia iraquí, Human Rights Watch denuncia que Estados Unidos está utilizando armamento prohibido por la ONU en Iraq: las bombas de racimo. El Pentágono calla pero HRW, mediante filmaciones y testigos presenciales, ha mostrado pruebas del uso de este tipo de armas. Las bombas de racimo se abren en el aire y dejan caer centenares de pequeños explosivos, no más grandes que una lata de gaseosa. Las cargas que no estallan de inmediato se convierten en minas anti personas, que según los investigadores de Human Rights Watch ya han matado a dos marines norteamericanos y a una cantidad no especificada de iraquíes.

En el cúmulo de horrores que causa cualquier guerra, en esta de Iraq falta todavía el capítulo de las famosas armas de destrucción masiva. Dada su apabullante superioridad bélica, es probable que Estados Unidos y Gran Bretaña dobleguen al régimen de Saddam Hussein e impongan en Bagdad un régimen adecuado a sus intereses. Esto no significa, en absoluto, el fin de la guerra, que se extenderá por los países limítrofes – Siria el primero – y convertirá a Iraq mismo en un campo de batalla entre milicias de distinta etnia y de milicias contra las fuerzas extranjeras. ¿Dónde estarán las armas de destrucción masiva iraquíes, esa amenaza contra Estados Unidos que justificó la guerra? Todavía no lo sabemos, pero de existir están en Bagdad y serán utilizadas en la batalla final. Con ellas o sin ellas, los altos mandos iraquíes que sobrevivan serán juzgados por tribunales militares y condenados a duras penas. ¿Y qué sucederá con los generales norteamericanos y británicos que ordenaron el uso de uranio empobrecido y bombas de racimo en esta guerra? Nada, ellos se irán a celebrar a casa, porque a los vencedores no se les juzga. A esta altura es más que comprensible que Estados Unidos se haya negado a ratificar el Tribunal Penal Internacional: esa sería la instancia adecuada para que sus altos mandos respondieran ante el mundo por la barbarie que están desatando.



Lecturas recomendadas en Soberania.info:

• En Irak y Afganistán el "eje del bien" cometió crímenes contra el patrimonio genético de la humanidad

• ¿Qué es el uranio empobrecido?

• La podadora de margaritas

• Sección "Crímenes de Guerra"


Webs recomendadas:

• Asociación de Medicinas Complementarias

• Comité de Solidaridad con la Causa Árabe


 
Arriba
Portada
 
www.soberania.info
Contacto: opinion@soberania.info