Gasoducto del Sur: Un sueño o el delirio amazónico
José Suárez-Núñez / El Nacional (Venezuela) - 27/03/06
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Las ilusiones de tres jefes de Estado de construir una tubería de 8.000 kilómetros para transportar gas de Venezuela hasta Argentina, obra que además es impulsada con vehemencia por el presidente Hugo Chávez, fueron cuestionadas por el Colegio de Ingenieros de Venezuela. Para Nelson Hernández, ingeniero de petróleo y de agua, el hidrocarburo será más costoso si se transporta a través de esta vía
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Una de las interrogantes de los expertos es si cada país construirá su parte
del gasoducto en su territorio y luego se conectarán en la frontera
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El gran Gasoducto del Sur –proyecto auspiciado por tres presidentes latinoa-mericanos, Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Luiz Inácio Lula Da Silva– fue calificado desde un “sueño en un verano caliente” hasta el “delirio amazónico” en una discusión sobre el proyecto, que se llevó a cabo en el Colegio de Ingenieros de Venezuela, la cual fue auspiciada por la Sociedad Venezolana de Ingenieros Petroleros.
La exposición estuvo a cargo de Nelson Hernández, ingeniero de petróleo y de agua, ante un nutrido auditorio de ingenieros, geólogos y geofísicos en ejercicio, quien comenzó diciendo que debe estimularse la confrontación de ideas para desarrollar una obra de tal magnitud.
El exponente decidió titular su trabajo “como un gasoducto sueño” o el “sueño de un gasoducto”.
Su primera observación es que el gas salido de Venezuela, a través del gasoducto, cuando llegue al consumidor final en Buenos Aires tendrá un precio de 12,55 dólares el millón de btu (la medida utilizada en las transacciones de gas), que es un precio mayor al que pagan los consumidores estadounidenses, chilenos, franceses y españoles.
Otras de las conclusiones de Hernández son las siguientes:
los beneficiarios de este proyecto, si se materializa, serán los “consultores y asesores”, porque los consumidores finales pagarán más caro el gas con respecto al que es suministrado por sus países.
Los bolivianos colocan sus volúmenes de gas en Argentina y Brasil a un precio que va de 3 a 4 dólares el millón de btu, y –se preguntan los expertos– quién subsidiará el diferencial de lo que pagan los suramericanos por el gas boliviano, argentino o peruano, para adquirir el gas venezolanos que ha recorrido 8.000 kilómetros.
Las cifras aportadas por Hernández revelan que en estos momentos no hay mercado en el cono sur que respalde una inversión de 20 millardos de dólares, excluyendo cualquier modelo geopolítico o integracionista que está fuera de los esquemas económicos.
Señaló el ingeniero que los proyectos de gas se caracterizan por requerir un largo tiempo de maduración y ejecución, y 10 años puede ser el período entre la concepción del proyecto y sus primeros ingresos. Las distancias largas y grandes diámetros de tuberías implican altas inversiones y ello necesita el desarrollo de un buen mercado y volúmenes certificados de reservas, para de esta forma darle viabilidad al proyecto.
Hernández expresó que los parámetros determinantes en el costo de un gasoducto son el diámetro, presión de operación, longitud y condiciones geográficas.
Otros factores que influyen son el clima, costos de labor, competencia entre empresas contratistas, regulaciones de seguridad, densidad poblacional y derechos de paso; pero el costo de operación de un gasoducto varía en función del número de estaciones de compresión.
El expositor se pregunta cómo resolverán los tres países los siguientes problemas que surgirán:
¿Cada país construirá su parte en su territorio y que luego se conecten en la frontera, o se creará una empresa trinacional?
¿Cómo será el financiamiento?
¿Será de empresas privadas, organismos multilaterales o de los gobiernos?
¿Cómo se decidirá la resolución de conflictos y cómo van a ser las participaciones de los países y los aportes de dinero?
¿Cómo enfrentar los subsidios de la factura energética existente?
¿Cómo enfrentar las necesidades de terreno de la ruta. Se expropiará o se crearán servidumbres?.
¿Cuántos dueños pueden existir en 8.000 kilómetros de territorio?
¿Será necesaria la contratación de pólizas especiales para indemnizar los posibles daños ambientales en la construcción y operación del gasoducto?
¿Cada país ejercerá su soberanía en el tramo que pasa por su territorio. De ser así, cómo serían tratados los costos de intermediación?
¿Qué sucede con el gas que no se consuma en Brasil y abastezca a Argentina u otro país?
Para Hernández, en el proyectado Gasoducto del Sur no hay conciencia ecológica; está muy distante el área de producción con el consumidor final; no se habla de almacenamiento y hay miles de kilómetros de tuberías solitarias en selvas y pantanos y ningún cliente en el camino, que lo hace incosteable.
Qué piensan los asociados
El experto hizo mención a algunos aspectos fundamentales; por ejemplo, el transporte desde el sitio de producción hasta el consumidor final, que es vital en la composición del precio, y singular importancia tiene el almacenamiento.
“En el proyecto de este gasoducto no se habla de almacenamiento. No se han agotado ni discutido aspectos esenciales como las dimensiones de la oferta y la demanda, ni de dónde saldrá en ese momento el gas para una tubería tan larga. No sabemos tampoco que opinión tienen los países por donde pasará”, advirtió.
Lo que actualmente se llama desarrollo sustentable simplemente responde a estos aspectos:
economía, ecología, energía y mercado. Lo que se sabe del gasoducto es que va a ocupar 7 millones de kilómetros cuadrados de territorio, rodeado por Colombia, Ecuador, Brasil, Perú y Venezuela; con el segundo río más grande del mundo y más de 1.000 ríos con más de 20.000 kilómetros navegables; con zonas con lluvias diarias de 2 a 3 metros; 70.000 especies arbóreas; árboles de más de 100 metros de altura; 1.500 especies de aves; 2 millones de especies de insectos, y un archipiélago (Anavilhanas) con más de 400 islas.
Para construirlo se necesitan 533.000 tubos y será necesario fabricar 365 tubos diarios durante 4 años, por las dimensiones requeridas. Habrá que instalar 40 estaciones de compresión, 160 subestaciones de válvulas, abrir una zanja de 2 metros de profundidad y 1,5 metros de ancho, a cada lado de la tubería.
Para Hernández, es un gasoducto altamente publicitado por fuera, pero nada se sabe de sus interioridades. Se habla que tendrá 8.000 kilómetros cuadrados, costará 20 millardos de dólares y bombeará 150 millones de metros cúbicos diarios, pero se desconoce el diámetro de las tuberías, la presión de la operaciones y la ruta exacta.
Una opción errónea y costosa
El ingeniero señala que el transporte a través de tuberías es casi una tecnología milenaria, la cual se realiza enviando a presión volúmenes de gas por un ducto.
Así se envía el gas natural licuado desde hace 40 años. Consiste en licuar el metano mediante métodos criogénicos (a bajas temperaturas), de tal manera que un pie cúbico líquido equivale a 600 pies cúbicos gaseosos. El GNL es llevado a los centros de consumo en tanqueros, identificados como “metaneros”.
Otra modalidad es el gas natural comprimido (GNC), una tecnología que está en desarrollo y es necesario que factibilidad y economía sean probadas con un proyecto piloto. Consiste en transportar gas comprimido en tubos o recipientes, dispuestos en forma de “rack”, en una gabarra o barcaza. El GNC es un potencial competidor del GNL para algunos mercados nichos, principalmente para distancias cortas y pequeños mercados como, por ejemplo, el del Caribe, indica Hernández.
La obra que están impulsando Chávez, Lula y Kirchner, en la que Venezuela ejerce la mayor presión, por ser el productor del bien, es irracional, asegura Nelson Hernández.
Muchos países suramericanos y del Caribe están instalando plantas de regasificación y a través de metaleros reciben los volúmenes de gas que necesitan, a precios competitivos.
Hernández dijo que el gasoducto publicitado es todo menos un buen negocio, incluso si quiere verse como una estrategia política o integracionista. Es un “gasoducto soñado o el sueño de un gasoducto”.
Barreras
La experiencia de Nelson Hernández lo obliga a advertir sobre los obstáculos del supergasoducto.
1. La creciente distancia geográfica entre áreas de producción y regiones de consumo.
2. Limitada disponibilidad de volúmenes en países exportadores vía gasoducto.
3. Nuevas demandas de gas, principalmente de las economías emergentes, lejanas a las actuales redes de transmisión.
4. Diferentes fuentes de suministros disminuyen la seguridad para países importadores.
5. Dificultades geopolíticas en la ruta de gasoductos internacionales.
6. Desarrollo de plantas eléctricas en la costa reduce la importación vía gasoducto.
7. Desregulación de mercados (diversas formas contractuales y aumento de actores) rompe con la estructura tradicional.
8. Importante reducción costos del gas natural licuado (GNL).
9. Tendencia a crear mercados spot de GNL.
Como referencia histórica, el sólo hecho de pensar en una tubería de estas dimensiones que atraviesa el pulmón de la humanidad cuando existen más practicas, económicas y que no encarecerán el producto, sirve para que Hernández recuerde el desconocimiento al ambiente y a la ecología de gigantescas obras del pasado y del presente.
Recuerda Hernández que en las pirámides egipcias trabajaron sin descanso 100.000 hombres, en turnos de 3 meses, durante 20 años, pero se desconocen las pérdidas humanas La Muralla China fue construida durante 1.000 años y nunca se supo cuántos murieron en la ejecución de las obras.
En el Canal de Panamá –continúa– trabajaron 50.000 personas durante 33 años, y se registraron 22.000 pérdidas humanas.
Las obras de la represa china del río Yangtze se iniciaron en 1993 y concluirán en 2009. Se ha utilizado una fuerza hombre de 250.000 personas. Las obras son de tal dimensión que están reubicando 1,5 millones de habitantes, 13 ciudades, 140 pueblos y 1.300 sitios arqueológicos, sin definirse las pérdidas humanas que originará.
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